Paul murio. Yo jugaba con el de pequeno, llore con el la muerte de su madre y fui yo quien tuvo que decirle que su ex prometida habia muerto… No quiero verlo sufrir de nuevo.
– Entiendo, pero…
– Creo que esta enamorado de usted -la interrumpio Dominic-. Por eso le hablo de esta forma.
– ?Enamorado de mi? -repitio Tammy, atonita.
– Si, senorita.
– Pero si apenas me conoce.
– La conoce. La conocemos todos. No era posible. ?Marc enamorado de ella? -?Por que cree que se ha ido? - pregunto Dominic.
Tammy lo penso, pero lo unico que veia era que debia marcharse… a Australia.
– No puedo quedarme aqui.
– Usted tambien lo quiere.
– No. Si. ?No lo se! No se que hacer. Estamos esperando un milagro y…
– ?Y?
Ella dejo escapar un suspiro.
– Y creo que solo usted puede ayudarme -dijo finalmente.
Aquella noche no durmio bien. Despues de jugar hasta las tantas con Henry, el nino se quedo dormido, pero ella no podia pegar ojo. Estuvo paseando por la habitacion, pensando, dandole vueltas al asunto…
?Que podia hacer?
?Marcharse, llevarse a Henry? ?Quedarse con Marc? ?Verlo todos los dias? ?Esperar que Dominic tuviera razon?
Pero no podia ser. ?Como iba a amarla un hombre como Marc?
Tammy no pudo pegar ojo en toda la noche.
Al dia siguiente, trabajo un poco en los jardines mientras Henry dormia la siesta, pero durante el resto del dia jugo con el, hablo con el e intento no pensar en Marc.
En su amor.
Lo amaba. Lo veia con una claridad que la dejaba sorprendida. Se habia enamorado de su sobrino y luego se enamoro de Marc.
La situacion era absurda. De ella dependia que Marc fuera el principe regente de Broitenburg o que lo tirase todo por la borda.
Si volvia a Australia, Marc tendria que ser el principe, quisiera o no. Un principe solitario en aquel enorme palacio. Un hombre solo con sus sombras.
Y tambien podia quedarse alli, mirandolo, deseandolo, sonando con el… con un hombre que no podria ser suyo.
Y se volveria loca.
Pero habia una alternativa. Y Tammy sabia que era la decision mas importante de su vida.
Eran las siete. Marc estaba frente a su escritorio en el chateau de Renouys. Era una habitacion magnifica, dentro de una casa magnifica. Su casa.
No el palacio. El palacio de Broitenburg era la casa de Henry. Y la de Tammy. No era sitio para el. El ya habia cumplido con su pais llevando a Henry de vuelta a Broitenburg.
Sin embargo, ?por que su casa, que siempre le habia gustado tanto, le parecia fria y solitaria?
Deberia llamar a sus amigos. No a Ingrid. Otros amigos. El tenia un estupendo circulo de amigos. Podria ir al teatro, cenar en el nuevo restaurante del que hablaba todo el mundo…
Pero no le apetecia nada. Tenia trabajo, ademas. Encendio el ordenador y un diseno aparecio en pantalla. Era el «diseno» que habia hecho Henry. Marc sonrio. Le gustaba mucho jugar con su primo.
Y seguiria jugando con el, pero cuando quisiera, no cuando Tammy lo ordenase. Entonces miro su reloj: las siete. ?Ja! Segun Tammy, el deberia encargarse de Henry a partir de aquel momento.
Ridiculo.
Tenia que trabajar, se dijo. Pero entonces oyo el ruido de un coche. No seria nada, penso, algun envio, algun recado. El chateau era una granja y siempre habia gente yendo y viniendo.
Pero entonces oyo voces… la de Andre, el capataz de la granja.
– Por ahi, senorita. La primera puerta a la izquierda.
Marc se quedo helado.
Tammy.
Tenia que hacerlo. Tenia que decirle lo que habia ido a decir y luego se marcharia. Y no queria tener a Henry en brazos mas tiempo del necesario para no ponerse a llorar.
No podia creer que fuese capaz de hacerlo, que hubiera tomado aquella terrible decision.
Pero era lo mejor. Aquel no era su sitio. Era el sitio de Henry y de Marc.
– Tammy.
Marc estaba en el pasillo cuando Tammy entro en la casa.138
Iba en vaqueros, como siempre. Y estaba tan guapa como siempre.
– Es la hora -dijo ella, poniendo al nino en sus brazos. Henry, que parecia encantado de verlo, empezo a tirarle del pelo. Pero Marc solo podia mirarla a ella.
– ?Que estas haciendo?
Tammy acababa de dejar en el suelo una bolsa con las cosas del nino y en su mirada habia un dolor que no podia disimular.
– Ya te dije que yo no era una ninera. Mi mision era comprobar que alguien cuidaria a Henry con carino y ahora se que lo haras.
– Pero…
– Henry te quiere tanto como a mi.
– Pero yo no…
– ?No lo quieres? Claro que lo quieres -suspiro Tammy-. Eres capaz de amar, Marc, pero te da miedo reconocerlo. Yo puedo soportarlo, pero Henry no. El nino te necesita y tu lo necesitas a el. Seas principe regente o no…
– ?Porque dices…?
– Has salido corriendo, Marc. Yo tambien lo he hecho muchas veces, pero ha pasado algo… Lo que hay entre tu y yo me ha hecho ver que el mundo es lo que hagamos de el. Y me temo que me he enamorado de ti, Marc.
– ?Que?
– No, no deberia haber dicho eso. No es justo decirtelo. Ademas, no espero nada de ti. He vivido muchos anos sin amor y no me pasara nada por seguir asi. Y a ti tampoco. Pero el importante es Henry. Es un nino especial y necesita un papa. Te necesita, Marc.
– ?Te vas? -pregunto el, intentando disimular la angustia que sentia-. ?Lo dejas aqui hasta manana?
– Lo dejo aqui… hasta que me necesite -contesto Tammy.
Despues se dio la vuelta y bajo los escalones corriendo.
Antes de que Marc pudiera ver sus lagrimas.
Unas lagrimas de despedida.
?Que habia dicho?
«Me temo que me he enamorado de ti».
Marc penso que habia oido mal. ?Como podia amarlo? Si apenas se conocian.
?No sabia que podria destruirla? Su familia contaminaba todo lo que tocaba.
?Amaba el a Tammy?
No, el no amaba a nadie.
Pero tenia a Henry en brazos y lo que sentia por el nino hacia que tuviera que replantearse muchas cosas.
?Replantearse el amor? Imposible.
Mientras le daba la cena a Henry, intento no pensar en la mirada dolorida de Tammy. ?Como podian traer y llevar al nino de una casa a otra cada veinticuatro horas? Era absurdo.
Quiza ella tenia razon. Quiza deberia vivir en el palacio.140
