– ?Eres una chica de campo?
– Ya te lo dije, vivimos en una granja. Ordeno vacas para ganarme la vida.
?Vivimos? ?Quienes? Bueno, no importaba… ?o si?
– ?Vives en una granja y suenas con venir a Nueva York para montar a caballo?
– Es diferente -Rose sonrio levemente y Marcus vio que aun se agarraba las manos con fuerza. Tuvo que luchar contra el impulso de tomar esas manos entre las suyas-. A John Lennon le encantaba este parque, y tambien a Jackie Kennedy.
– ?Admirabas a Jackie Kennedy? -pregunto Marcus.
– Tenia clase.
– ?Y John Lennon?
– Sus gafas eran muy sexys -contesto ella.
– ?De verdad? -dijo Marcus debilmente, y fue recompensado con una pequena risa. Sus manos, observo con satisfaccion, estaban empezando a relajarse-. ?Y quien mas crees que era sexy? ?Paul? ?George? ?Tal vez Ringo?
– Ringo era sexy -afirmo ella-. Mucho. Cada vez que veo los video clips pienso que era usa monada.
Rose era tan diferente… Marcus se descubrio preguntandose como el dia habia acabado de aquella manera. En vez de firmar acuerdos de millones de dolares, estaba conversando sobre el sex appeal de Ringo. Y estaba disfrutando.
Pero en aquel momento llegaron a las oficinas, y las manos de Rose se agarrotaron de nuevo.
– No te preocupes -le dijo Marcus, poniendo una mano sobre las suyas. El contacto los sorprendio a los dos. Fue como si los recorriera una corriente de electricidad, pero calida, intima y reconfortante-. Estare detras de ti. A cada momento.
La senorita Pritchard, alias Atila el Huno, la secretaria de Charles, era una mujer insoportable. Cuando Rose salio del ascensor, la vio acercarse y suspiro. Ni siquiera fingio ser educada.
– ?Que quiere?
– Tengo una cita -dijo Rose, intentando que su voz fuera firme-. Era a las diez de esta manana.
– El senor Higgins tenia un momento libre a las dos -contesto la mujer con desden-, pero usted no estaba. Ya no va a tener un hueco hasta la semana que viene.
– Entonces, preguntele al senor Higgins si me concede a mi una cita -dijo Marcus, que se habia quedado detras de Rose, haciendo que la mujer desviara hacia el la mirada-. Creo que su contrato de alquiler esta a punto de expirar y, como arrendador, espero un comportamiento profesional de mis arrendatarios. Rose tenia una cita a las diez esta manana y todavia esta esperando. No me gusta tener a clientes contrariados vagando por las oficinas -senalo una silla-. Rose, si quieres sentarte… -le dirigio a la secretaria una sonrisa burlona-. Esperaremos. Digale al senor Higgins que estamos aqui y que esperaremos lo que haga falta.
La frialdad de los ojos de Atila desaparecio al instante. Habia muy pocas personas en la ciudad que no fueran conscientes del poder de Marcus.
– Pero… -empezo a decir la mujer.
– Usted digaselo -dijo Marcus con aire cansado-. Me gustaria acabar con esto cuanto antes, y espero que el senor Higgins piense lo mismo.
Y el senor Higgins lo pensaba. Cinco minutos despues, Marcus y Rose eran conducidos a su presencia.
Decir que Rose estaba tensa era quedarse corto. Aquella entrevista era extremadamente importante para ella, penso Marcus. Intentaba parecer tranquila, practica y eficiente, aunque por dentro hervia de rabia.
Charles estaba sentado tras un enorme escritorio de caoba. Antes de que pudiera levantarse, Rose habia atravesado el despacho, golpeando con las pateas de las manos la pulida superficie de madera con tanta fuerza que una de las bandejas de papeles salto.
– Eres un sapo asqueroso-le espeto. Marcus parpadeo asombrado al oirla-. Hiciste venir a Hattie hasta aqui y ella vino porque pensaba que la querias, pero no era asi. La abandonaste -la voz de Rose estaba cargada de desprecio y de ira-. Podria haber muerto en casa conmigo. Con Harry. Con la gente que la queria. Pero le dijiste que querias que estuviera aqui, donde no conoce a nadie. ?Como pudiste hacerlo?
– Mi relacion con mi madre no tiene nada que ver contigo -respondio Charles. Tenia casi cuarenta anos, era obeso y llevaba un traje de tres piezas que, aunque se veia desalinado, era carisimo. Miraba a Rose con evidente desprecio-. No tengo ni idea de lo que quieres de mi, Rose, ni por que te has molestado en concertar esta cita - miro a Marcus rapidamente y luego volvio a centrar su atencion en ella. Era evidente que Marcus era la unica razon por la que habia accedido a verla-. Tampoco se como has conseguido arrastrar al senor Benson hasta aqui.
– A mi no me arrastra nadie a ningun lado -dijo Marcus con suavidad. Agarro una silla y se sento, como si fuera alguien que estaba alli para pasarselo bien.
– Esto es un asunto familiar -dijo Charles, y Marcus le dedico una sonrisa.
– Considerame de la familia de Rose. Rose, odio decirlo, pero no creo que sermonear a Charles por el comportamiento que ha tenido con su madre, sea justificado o no, nos vaya a llevar a ninguna parte. Dejemoslo y salgamos de aqui. Este lugar me pone nervioso.
Charles se ruborizo.
– No tienes por que quedarte.
– He venido con la dama. Rose, di lo que tengas que decir.
Rose se mordio el labio y su mirada se encontro con la de Marcus. Este le envio un mensaje silencioso: «Calmate. Enfadandote no vas a conseguir nada».
Rose lo entendio y lucho por recuperar el control, inspirando profundamente.
– El testamento… -empezo a decir.
– Ah, si -Charles tambien habia tenido tiempo para tranquilizarse-. El testamento -le lanzo otra mirada nerviosa a Marcus y se hundio aun mas en su sillon de cuero. El enorme escritorio estaba pensado para intimidar a los clientes, y Charles no tenia intencion de abandonar su proteccion-. ?Que demonios tienes que decir del testamento de mi madre?
– Se suponia que Hattie me iba a dejar su parte de la granja.
– Me temo que no, primita.
A Marcas le entraron ganas de golpearlo, y tuvo que contenerse con todas sus fuerzas.
– Hattie ha vivido siempre en la granja -dijo Rose-. Igual que todos nosotros. Todos menos tu. Te fuiste hace veinte anos, pero la granja te ha pagado la educacion y los viajes -paseo la mirada por el lujoso despacho-. Estoy segura de que subvenciono todo esto. Tas gastos casi nos han dejado en la ruina. Ademas, siempre te has llevado la mitad de los beneficios. Es una locura que te dejara su mitad de la granja.
– Soy su hijo.
– Pero te lo hemos dado todo y ella sabia que yo no podria comprar tu parte. Eso me obligaria a vender.
– No es problema mio -dijo Charles con frialdad.
– No -ella tomo aire, obligandose a calmarse-. No es problema tuyo, y no deberia serlo. Todo lo que te pido… Todo lo que te pido es que conserves tu mitad de la granja y dejes que yo la siga llevando hasta que Harry sea mayor de edad.
– Harry… -Charles hizo una mueca de desprecio, pero parecio recordar que Marcos aun estaba alli y forzo una sonrisa-. ?Cuantos anos tiene Harry?
– Doce.
Doce. Marcus fruncio el ceno, procesando la informacion. Rose no era lo suficientemente mayor como para tener un hijo de doce anos… ?no?
– Necesitamos quedamos en la granja hasta que Harry cumpla los dieciocho. Charles, sabes lo importante que es la granja para todos nosotros -Rose casi estaba rogando.
– A mi nunca me importo.
– Pero te pago los estudios. Te permitio ser lo que querias ser, y quiero que Harry tambien tenga esa oportunidad. No me importa que te sigas llevando la mitad de los beneficios, y la tierra no hace mas que revalorizarse.
– Lo he comprobado -dijo el-. Ahora se venderia por una fortuna y, como esta cerca del mar, podria convertirse en una granja de animacion.
– Nos encanta la granja.
