– Parece tan inalcanzable como el tuyo, ?verdad?

– Paciencia y fe, mi senora.

– Pero el emperador Hsien Feng no me ha llamado a su lecho. No puedo mas de dolor y verguenza. -No me atrevi a enjugarme las lagrimas que corrian por mis mejillas-. He entrado en la Ciudad Prohibida, pero parece que nunca ha existido mayor distancia entre mi cama y la de su majestad. No se que hacer.

– Cada dia estais mas delgada, mi senora. Me duele ver que apartais vuestra comida.

– An-te-hai, dime, ?en que me estoy convirtiendo?

– En una peonia en flor, mi senora.

– Lo era, pero ahora me estoy agostando y pronto la primavera se esfumara y la peonia morira.

– Hay otra manera de verlo, mi senora.

– Muestramela.

– Bien, para mi vos no sois una flor muerta, sino un camello.

– ?Un camello?

– ?Habeis oido el refran «Un camello muerto es mayor que un caballo»?

– ?Que significa?

– Significa que seguis teniendo mas oportunidades que la gente humilde.

– Pero lo cierto es que no tengo nada.

– Me teneis a mi.

Se acerco de rodillas, levanto los ojos y me miro.

– ?Y que puedes hacer tu?

– Puedo descubrir que concubinas han compartido lecho con su majestad y cual fue su suerte.

Capitulo 8

Lo primero que atrajo mi atencion en el Gran Teatro Changyi del Sonido Magnifico no fue el emperador Hsien Feng, ni sus invitados, ni el fabuloso decorado operistico, ni los actores con sus atuendos. Fue la diadema de la cabeza de Nuharoo, hecha de perlas, coral y plumas de martin pescador en forma de la letra shou, longevidad. Tuve que apartar la mirada para mantener la sonrisa en mi rostro.

Me condujeron a traves de una puerta ferreamente custodiada y un pasillo; luego entre en el teatro al aire libre, que estaba en un patio. Los asientos ya estaban ocupados. El publico vestia con fastuosidad. Eunucos y damas de honor recorrian los pasillos con bandejas llenas de teteras, tazas y comida. La opera habia empezado, sonaban gongs y campanas, pero la multitud no se callaba. Mas tarde supe que era costumbre que el publico siguiera hablando durante la representacion. Me parecio una molestia, pero era la tradicion imperial.

Mire a mi alrededor. El emperador Hsien Feng estaba sentado junto a Nuharoo en el centro de la primera fila. Ambos vestian tunicas amarillas de seda bordadas con los motivos del dragon y el fenix. La diadema del emperador estaba coronada por una gran perla manchu y tenia incrustaciones de plata con cintas y borlas. La cinta de su barbilla era de marta cibelina.

Hsien Feng observaba la representacion con gran interes. Nuharoo se sentaba con elegancia, pero no centraba su atencion en el escenario; miraba a su alrededor sin girar la cabeza. A su derecha se sentaba su suegra, la gran emperatriz. Vestia una tunica de seda bermellon con mariposas azules y purpura bordadas. El maquillaje de la gran emperatriz era mas dramatico que el de los actores que estaban sobre el escenario. Se habia pintado las cejas tan oscuras y gruesas que parecian dos trozos de carbon. Se le movia la mandibula de un lado a otro como si mascara nueces. Su boca pintada parecia un caqui mustio. Sus ojos barrian al publico de un lado a otro como una escoba. Detras de ellas las nueras imperiales, las damas Yun, Li, Mei y Hui, todas suntuosamente vestidas, se sentaban con cara de palo. Detras y a los lados, los principes de la realeza, sus familias y otros invitados.

El eunuco jefe Shim vino a saludarme. Me disculpe por llegar tarde; aun cuando no era culpa mia, el palanquin no habia llegado puntual. Me dijo que mientras pudiera sentarme sin molestar a mi marido y a mi suegra, todo iria bien.

– Su majestad nunca exige realmente la presencia de sus concubinas -dijo Shim, haciendome caer en la cuenta, para mi aplastante decepcion, de que yo estaba alli solo por mera formalidad.

El eunuco jefe Shim me ayudo a sentarme entre la dama Li y la dama Mei. Me disculpe por distraerlas y ellas me devolvieron educadamente las reverencias sin decir nada.

Nos concentramos en la opera. Se llamaba Las tres batallas entre el rey mono y la zorra blanca. Me sorprendio el talento de los actores, quienes, segun me dijo la dama Mei, eran eunucos. Me gusto en especial la zorra blanca. Su voz era excepcional y hermosa y su danza tan sensual que olvidaba que era un actor y no una actriz. Para lograr aquel nivel de destreza y flexibilidad los actores empezaban su entrenamiento desde muy ninos.

La representacion llego al momento de accion en que los monos desplegaron sus acrobacias. Dando volteretas y saltos mortales, el rey mono salto sobre los hombros de los monos mas pequenos, se propulso en el aire y aterrizo suavemente en la rama de un arbol, un apoyo hecho de madera pintada.

La multitud aplaudio. El rey mono se encaramo de un salto a una nube, una tabla colgada del techo mediante cuerdas. Cayo una gran tela blanca que representaba la cascada celestial, izaron la nube y el actor salio.

– ?Shang! ?Dadle una propina! ?Shang! -gritaba el emperador mientras aplaudia.

El publico lo imitaba y gritaba:

– ?Shang! ?Shang! ?Shang!

La cabeza de Hsien Feng se mecia como el tambor de un mercader. A cada golpe del gong, pataleaba y reia.

– ?Excelente! -grito, senalando a los actores-. ?Teneis pelotas! ?Grandes pelotas!

Bandejas de nueces y platos de temporada pasaban junto a la gran emperatriz. Como no habia comido nada desde la noche anterior, me servi panecillos de bayas, datiles, judias dulces y nueces. Parecia ser la unica que realmente disfrutaba de la opera ademas de la gran emperatriz. El resto de las damas parecian aburridas; Nuharoo se esforzaba en parecer interesada, la dama Li bostezaba y la dama Mei charlaba con la dama Hui.

Para animar a sus nueras, la gran emperatriz nos ofrecio abanicos de papel. Los cogimos e hicimos una reverencia en direccion a su majestad; luego nos sentamos y abrimos los abanicos.

Era el momento de la escena culminante. Los monos guiados por su rey, todos a cuatro patas, rodeaban al enemigo, la agonizante zorra blanca, que cantaba al publico:

Si quieres un consejo, amigo mio, no te preocupes por la riqueza. Sino que, mientras tengas juventud y lozania, aprovecha cada precioso momento. Cuando las flores esten listas para ser cogidas, arrancalas mientras puedas. ?Ah! No esperes a que la flor se marchite para coger una ramita.
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