Imagine a la gran emperatriz sentada en su orinal en medio de una habitacion llena de doncellas.

– Debe de creer que caga diamantes y sus pedos perfuman. ?Tiene su majestad normas sobre el tamano, la forma, la longitud, el color y el olor de las deposiciones?

– Por favor, mi senora. -An-te-hai se estaba poniendo nervioso-. No querreis que vos y yo nos metamos en problemas.

– ?Problemas? ?Lo unico que quiero es cagar sola!

– No se trata de defecar, mi senora -murmuro An-te-hai como si tuviera la boca llena de comida.

– ?Entonces de que se trata?

– Se trata de la gracia, mi senora.

– ?Gracia? ?Puede alguien cagar con gracia?

Que me maquillaran, me pusieran aceite en el cabello y me lo peinaran, me vistieran y me cineran el vestido solo para salir por la tarde no solamente era aburrido sino tambien fatigoso. Los eunucos y damas de honor sostenian bandejas y desfilaban de un lado a otro con vestidos, ropa interior, accesorios, ornamentos, cinturones y pasadores para el cabello. Deseaba fervientemente que acabara el ritual. Habria preferido que me dijeran donde estaban aquellas cosas y cogerlas yo misma, pero no tenia autoridad para cambiar las reglas. Empece a comprobar que la vida imperial no era mas que una serie de minuciosos pormenores. Mi mayor problema era la paciencia.

An-te-hai me hacia compania mientras me peinaban. Me divertia con relatos y chistes. Se quedaba de pie detras de mi, frente al espejo.

Primero el peluquero me suavizaba el pelo con agua perfumada. Luego le aplicaba aceite de un extracto de girasoles de montana. Despues de peinarlo, me lo recogia en una cola. Aquella manana intentaba darle la forma de un cisne. El proceso me fastidiaba y estaba empezando a sacarme de quicio. Para aliviar la tension, An-te-hai me pregunto si me apetecia conocer detalles del cinturon del emperador Hsien Feng. Le conteste que no me interesaba.

– El cinturon es del color imperial, amarillo, por supuesto -empezo An-te-hai, ignorandome-. Es una obra de autentica artesania manchu, funcional, pero exquisita. -Al ver que yo no protestaba, continuo-: Esta reforzado con crin de caballo y decorado con cintas de seda blanca plegadas. El cinturon lo ha heredado de los antecesores de su majestad y lo cine durante las ceremonias importantes. El astrologo de la corte especifica exactamente cuando debe su majestad ponerse semejantes prendas. Por lo general, el emperador Hsien Feng tambien lleva un cilindro de marfil con mondadientes, un cuchillo con funda de cuerno de rinoceronte y dos bolsitas de perfume con bordados de minusculas perlas. En su origen estaban hechos de lino rigido y se utilizaban para sustituir una brida rota.

Sonrei, agradeciendo las intenciones del eunuco. An-te-hai siempre sabia como satisfacer mis ansias de conocimiento.

– ?Sabe Nuharoo lo que tu sabes? -le pregunte a Ante-hai.

– Si, mi senora, lo sabe.

– ?Fue eso parte de la razon por la cual la eligieron?

An-te-hai se quedo callado. Estaba segura de que no queria ofenderme. Cambie de tema y le anuncie:

– An-te-hai, a partir de ahora seras el responsable de renovar mi conocimiento acerca de la vida regia.

Evite pronunciar la palabra «ensenarme»; notaba que Ante-hai se sentiria mas comodo y me informaria mejor si me comportaba como su ama en lugar de como su alumna.

– Quiero que me sugieras que deberia vestir durante la inminente celebracion del Ano Nuevo chino.

– Bueno, primero teneis que aseguraros de que nunca vestireis por encima de vuestro rango, pero no querreis parecer poco imaginativa. Eso equivale a decir que tendreis que prever que vestira la gran emperatriz y la emperatriz Nuharoo.

– Parece juicioso.

– Supongo que se acicalaran con colgantes de jadeita en forma de hojas de loto y demas ornamentos de perla y turmalina rosada. Se cuidaran de no pisar al emperador Hsien Feng. Su colgante es la figurita de una triple cabra, un signo auspicioso que lleva solo la vispera del Ano Nuevo chino.

– ?Cual deberia ser mi colgante?

– Cualquier signo o simbolo que sea de vuestro agrado, mientras no eclipse a las dos damas. Como he dicho, tampoco querreis vestir mal, porque no deseais perder la atencion del emperador. Debereis hacer todo lo que este en vuestra mano para descollar entre los millares de concubinas. Puede que no veais a vuestro marido mas que en estas ocasiones.

Me habria gustado poder invitar a An-te-hai a desayunar conmigo y que no hubiera tenido que servirme, mirarme comer y luego ir a sus dependencias a comer un name frio.

An-te-hai agradecia mis sentimientos y era feliz de servirme como un esclavo. Yo sabia que estaba tejiendo su futuro en torno a mi. Si me convertia en favorita de Hsien Feng, su posicion se elevaria, pero su majestad no me hacia ni caso. ?Cuanto tendria que aguardar? ?Disfrutaria alguna vez de una oportunidad? ?Por que no tenia noticias del eunuco jefe Shim?

Habian pasado siete semanas desde que entrara en el palacio de la Belleza Concentrada. Ya no miraba los tejados vidriados amarillos. Su esplendor se habia apagado para mis ojos. La tarea de elegir vestidos por la manana me aburria hasta las lagrimas. En aquel momento cai en la cuenta de que iba a vestirme para que nadie mas lo viera. Ni siquiera mis eunucos y damas de honor estarian alli para contemplar la perfeccion de mi belleza. Tenian instrucciones de retirarse cuando no se les llamaba. Solia acabar sola una vez estaba completamente vestida.

Cada dia me encontraba en medio de un palacio majestuoso pero vacio, con la nuca rigida y dolorida desde la manana hasta el mediodia. En innumerables ocasiones sonaba la visita del emperador Hsien Feng. En mis fantasias venia, me tomaba de la mano y me abrazaba con pasion.

Ultimamente me sentaba junto al estanque, vestida como una loca, y observaba las tortugas y las ranas. Por la manana, el sol se demoraba en el jardin y dos tortugas nadaban perezosamente. Flotaban en el agua un rato y luego se arrastraban hasta una roca plana para relajarse. Lentamente una se subia encima de la otra y yacian inmoviles en aquella posicion durante horas, y yo me sentaba junto a ellas.

«Los hermosos ojos abiertos parecen muertos, aunque su postura es erguida y su traje magnifico»; versos de viejas operas se repetian dentro de mi cabeza.

An-te-hai aparecio entre los arbustos con una taza de te en una bandeja.

– ?Estais pasando un buen dia, mi senora?

An-te-hai coloco el te delante de mi.

Suspire y le dije que no me apetecia. An-te-hai sonrio, se inclino y aparto con delicadeza las tortugas, que volvieron al agua.

– Estais demasiado ansiosa, mi senora. No deberiais estar asi.

– La vida es demasiado larga en la Ciudad Prohibida, Ante-hai. Incluso los segundos tardan en pasar.

– Llegara el dia -anuncio An-te-hai, con una expresion que demostraba su sinceridad- en que su majestad el emperador os mande llamar, mi senora.

– ?Me llamara a su lado?

– Debeis creer que asi lo hara.

– ?Por que habria de llamarme?

– ?Y por que no habria de hacerlo?

An-te-hai, que estaba arrodillado, se levanto.

– ?No me des falsas esperanzas, An-te-hai!

– No podeis permitiros perder la esperanza, mi senora. ?Que otra cosa podeis hacer ademas de esperar? Su majestad el emperador os ha colocado en el lado oeste de su palacio. Creo que es un signo muy interesante. Todos los adivinos a quienes he consultado predicen que os mandara llamar.

Mi humor mejoro y cogi el te.

– ?Me permitis preguntaros -pregunto el eunuco sonriendo como si el tambien se sintiera mejor- si mi senora esta preparada si el emperador os convocara esta noche? En otras palabras, ?esta mi senora familiarizada con el ritual de apareamiento?

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