Rodeada de eunucos y damas de honor, me sente a la mesa gigante tanto rato que me empezaron a rugir las tripas. La cena no se veia por ninguna parte. Me fije en la estancia. Era muy grande y carente de calidez salvo en la pared opuesta, donde colgaba una pintura que representaba a una familia campesina. En el rincon superior derecho, estaba escrito un precioso poema.
?Quien habra vivido aqui antes que yo?, me preguntaba. Debio de ser una de las concubinas imperiales del difunto emperador Tao Kuang. Le debia de encantar el arte. El estilo era sencillo, reconfortante. Me maravillaba el contraste entre el entorno grandioso y la imagen humilde.
La pintura me recordaba la calidez de mi propia familia. Recordaba cuando mi hermana, mi hermano y yo nos reuniamos en la mesa a la hora de cenar esperando la llegada de mi padre. Recorde una ocasion en que mi padre conto un chiste. Todos estallamos en carcajadas y el arroz salio disparado de nuestras bocas. Rong se atraganto con la sopa de tofu y mi hermano se cayo debajo de la mesa y su cuenco de ceramica se quebro. Mi madre no podia mantener la compostura. Tambien ella estallo en risas y califico a su esposo de «viga podrida que hacia caer toda la casa».
– Vuestra cena esta aqui, mi senora.
La voz de An-te-hai me desperto de mi ensonacion.
Como si viviera una fantasia, vi un desfile procedente de la cocina. Una hilera de eunucos, cada uno con un plato humeante, avanzaba graciosamente hacia mi. Las vasijas y tarrinas estaban cubiertas con tapaderas de plata. Pronto la mesa estuvo llena de platos. Los conte; habia noventa y nueve. ?Noventa y nueve platos solo para mi! An-te-hai anuncio lo que iban a servirme.
– Garras de oso estofadas, verdura mezclada con higado de ciervo, langosta frita con salsa de soja, caracoles con pepinos y ajo, codorniz marinada y asada con salsa agridulce, empanadas rellenas de tiras de carne de tigre, sangre de ciervo con ginseng y hierbas aromaticas, piel de pato crujiente banada en una especiada salsa de cebolla, cerdo, buey, pollo, marisco…
Me sirvieron platos de los que nunca habia oido hablar. El desfile continuaba. Las expresiones de mis criados me decian que aquello era lo corriente. Intente ocultar mi asombro. Cuando los platos estuvieron servidos, hice un gesto con la mano. Los criados se retiraron y se quedaron de pie en silencio, junto a la pared. Yo me sentia incomoda ante aquella mesa monstruosa.
– ?Deseamos que disfrute de una magnifica cena! -cantaron mis criados al unisono.
Levante los palillos.
– Aun no, mi senora.
An-te-hai corrio a mi lado.
El eunuco camino alrededor de la mesa con un par de palillos y un plato pequeno. Tomaba trocitos de cada plato y se los llevaba a la boca.
Mientras miraba comer a An-te-hai, recorde la historia que Hermana Mayor Fann me habia contado sobre la madre del emperador Hsien Feng, Chu An, que intento envenenar al principe Kung. La idea me quito el apetito.
– Ahora podeis cenar a salvo.
An-te-hai se limpio la boca y se retiro unos pasos de la mesa.
– ?Se supone que voy a comer todo esto yo sola? -le pregunte.
– No se espera que lo hagais, mi senora. La etiqueta de la corte ordena que se os sirvan noventa y nueve platos en cada comida.
– ?Que gran desperdicio!
– No, no desperdiciareis nada, mi senora. Siempre podeis recompensar a vuestros ayudantes con algun plato. Los esclavos estan hambrientos, nunca les dan suficiente comida.
– ?No les importara?
– No, se sentiran honrados.
– ?En la cocina no se prepara comida para vosotros?
– Nosotros comemos lo que los caballos, solo que la cantidad es escasa en comparacion. Mi racion diaria son tres names.
Termine con todo lo que pude. Oia el ruido de mi mandibula engullendo pepinos, masticando tendones de oso y chupando costillas de cerdo. Los criados seguian de pie, mirando. Volvi a preguntarme que se cocia dentro de sus cabezas. Cuando estuve saciada, deje los palillos y me tome el postre, un bollito dulce de judias rojas y sesamo negro. An-te-hai se acerco, como si supiera que tenia algo que decirle.
– No me gusta tener gente a mi alrededor mirandome mientras como -le comente-. ?Hay alguna manera de despedirlos?
– No, mi senora, me temo que no.
– ?A las damas de los otros palacios tambien les sirven asi?
– Si, mi senora.
– ?Lo hace la misma cocina?
– No, tienen sus propias cocinas. Cada palacio tiene su propia cocina y sus propios cocineros.
– Por favor, coge un taburete y ven a hacerme compania mientras como.
An-te-hai obedecio. Cuando cogi una taza, An-te-hai me acerco la tetera desde la otra esquina de la mesa y me la lleno de te de crisantemo.
No tarde en descubrir que An-te-hai tenia un don para anticiparse a mis deseos. ?Quien era?, me preguntaba. ?Que habia llevado a un muchacho dulce e inteligente como el a convertirse en eunuco? ?Como era su familia? ?Como habia crecido?
– Mi senora. -Mientras terminaba el ultimo bocado del bollo, An-te-hai se inclino, con voz dulce-. Seria buena idea que enviarais un mensaje al emperador Hsien Feng y a la emperatriz Nuharoo para desearles una buena cena.
– ?No preferira Nuharoo que no les moleste en los ratos que pasa con el emperador Hsien Feng?
Ante la silenciosa respuesta de An-te-hai, supe que era mejor seguir su consejo.
– No se trata de enviar un mensaje de buena voluntad -me explico An-te-hai al cabo de un instante-. Se trata de causar buena impresion, de que vuestro nombre aparezca en una de las cajas de bambu para mensajes del emperador Hsien Feng, para recordar a su majestad vuestra existencia. Las demas damas estan haciendo lo mismo en sus palacios.
– ?Como lo sabes?
– Tengo hermanos que me informan de lo que sucede en todos los palacios.
Me enjuague la boca con una taza de te verde. Se suponia que tenia que hacer la siesta despues de una comida, pero mi mente no se relajaria. Visualizaba una batalla en la que cada concubina estaba disfrazada de soldado. Segun An-te-hai, mis rivales ya habian empezado a construir sus defensas. Muchas de ellas habian
