idea de la gran emperatriz… Perdonadme, estoy nervioso por deciros esto… Su majestad tiene la costumbre de colocar a sus favoritas cerca de ella, en el lado este. Es por su conveniencia; asi puede convocarlas siempre que quiere compania.
– ?Me estais diciendo que no me quiere cerca?
– Yo no he dicho eso. Vos habeis sacado esa conclusion.
– ?Acaso no es cierto?
– No respondere a esta pregunta.
– ?Y si ha sido idea del emperador Hsien Feng?
– Si la idea procede de su majestad el emperador, significa que os adora… por tanto os quiere tan lejos de su madre como sea posible. En otras palabras, asi a la emperatriz le costara mas espiarle si el decide visitaros. ?Alegraos, mi senora!
Al poco de marcharse, le envie un criado con doscientos taels de plata como regalo. Era mucho, pero me parecio necesario. Sin el eunuco jefe Shim, yo seria como un ciego caminando por un sendero plagado de trampas. Sin embargo me parecia un hombre temible.
Pronto llego la noche, el cielo se oscurecio y las hojas de los arboles se volvieron negras, como si el verde se hubiera manchado de tinta. Las nubes arrugaron y plegaron sus contornos hasta cambiar de forma. Los cuervos regresaron a sus nidos en las ramas altas. Gritaban de modo estridente, como si hubieran tenido un mal dia.
Llame a mis criados y les comunique que me gustaria cenar. Los eunucos y las damas de honor me hicieron una reverencia y transmitieron mis ordenes a la cocina. El ultimo eunuco de la fila no se levanto. Permanecio de rodillas como para llamar la atencion. Me molestaba y le dije que se fuera, pero cuando levante la vista, lo reconoci. Era el joven eunuco que habia conocido el dia de mi seleccion, el que me habia traido el agua.
– ?An-te-hai? -le llame casi con emocion.
– ?Si, mi senora! -respondio con igual entusiasmo-. An-te-hai, vuestro fiel esclavo.
Me levante y alargue los brazos. El retrocedio inmediatamente dos pasos, recordandome mi estatus. Volvi a sentarme y ambos sonreimos.
– Bueno, An-te-hai, ?que quieres?
– Dama Yehonala, se muy bien que podeis ordenar mi muerte en cualquier momento si mis palabras os molestan, pero hay algo que debo deciros.
– Tienes mi permiso.
Dudo y luego levanto la vista hasta mirarme directamente a los ojos.
– Soy bueno para vos.
– Eso ya lo se.
– ?Me nombrareis vuestro primer asistente?
Me puse en pie.
– ?Como te atreves a pedirme eso si acabas de llegar?
An-te-hai toco el suelo con la frente.
– Castigadme, dama Yehonala.
Alzo la mano y empezo a abofetearse una y otra mejilla.
Yo no sabia que hacer; An-te-hai no paraba, como si estuviera abofeteando a otra persona y no a si mismo.
– ?Basta! -grite.
El eunuco dejo de golpearse, me miro con un extrano anhelo y con los ojos llenos de lagrimas de adoracion.
– ?Que te hace pensar que vas a servirme mejor que los demas?
An-te-hai bajo la vista al suelo y contesto:
– Porque yo os ofrezco algo que los otros no pueden ofreceros.
– ?Y que me ofreces?
– Consejo, mi senora. En mi humilde opinion, el tiempo y la suerte no estan necesariamente de vuestra parte en este momento. Mi consejo puede ayudaros a desenvolveros en este lugar. Soy un experto en etiqueta imperial, por ejemplo.
– Estas muy seguro de ti mismo, An-te-hai.
– Soy el mejor de la Ciudad Prohibida.
– ?Como podria comprobarlo?
– Ponedme a prueba, mi senora. Vos misma lo descubrireis.
– ?Cuantos anos hace que entraste en la Ciudad Prohibida?
– Cuatro anos.
– ?Y que has conseguido?
– Una creencia, mi senora.
– ?Una creencia?
– Que el gran melon que llevo entre los hombros es un melon muy duro. Me he equipado con el conocimiento de la sociedad imperial. Se los nombres de los constructores de la Ciudad Prohibida, el palacio de Verano y el gran jardin Circular. Se donde estan incluso en el plano astrologico. Puedo explicar por que no hay arboles plantados entre los palacios de la Armonia Suprema, la Armonia Central y la Armonia Preservada.
– Sigue, An-te-hai.
– Las concubinas del padre y del abuelo del emperador Hsien Feng son mis amigas. Viven en el palacio de la Tranquilidad Benevolente. Conozco sus historias y sus relaciones con su majestad el emperador. Puedo deciros como se calienta su palacio en invierno y como permanece fresco en verano. Puedo deciros de donde procede el agua que beben. Estoy familiarizado con los asesinos y fantasmas de la Ciudad Prohibida. Las historias que hay detras de los misteriosos incendios y las subitas desapariciones de personas. Conozco a los centinelas de las puertas y soy amigo personal de muchos de los guardias, lo que significa que puedo entrar y salir de los palacios como un gato.
Intente no parecer impresionada. Me dijo que el emperador Hsien Feng tenia dos lechos en su dormitorio. Cada noche se hacian las dos camas y se corrian las cortinas para que nadie supiera en que cama yacia su majestad. An-te-hai me hizo saber que su conocimiento iba mas alla de la casa imperial, hasta la corte exterior y el funcionamiento del gobierno. Su secreto para conseguir informacion era hacer creer a todo el mundo que era inofensivo.
– Asi que eres un espia nato.
– Por vos, mi senora, estoy dispuesto a ser cualquier cosa.
– ?Cuantos anos tienes exactamente?
– Cumplire los dieciseis dentro de pocos meses.
– ?Que se oculta detras de esta propuesta, An-te-hai?
Se levanto y retrocedio en silencio hacia la puerta. Note que cojeaba un poco y recorde que era el eunuco al que el jefe Shim le habia propinado una patada en el patio.
– Aguarda -le detuve-. De ahora en adelante, An-te-hai, seras mi primer asistente.
Me cambie y me puse una tunica ocre antes de que me acompanaran hasta la silla donde me sentaria para cenar. La mesa era tan grande como la puerta y los trabajos labrados del tablero y las patas, excepcionales. Mientras esperaba que me sirvieran, aprendi los nombres de mis eunucos y damas de honor. Mis eunucos tenian nombres unicos: Ho-tung, «Rio del Este»; Ho-nan, «Rio del Sur»; Ho-tsu, «Rio del Oeste»; Hopei, «Rio del Norte»; Ho-yuan, «Nacimiento de Rio» y Ho-wei, «Desembocadura de Rio». Aunque todos sus nombres empezaban por la misma letra,
