plumas de martin pescador. Me di la vuelta y mire el mobiliario de la habitacion, sus paneles con mosaicos de joyas y cosechas abundantes. A mi izquierda habia unos armarios de madera de sandalo roja decorados con jade y piedras preciosas; a mi derecha, un lavamanos de palisandro con incrustaciones de madreperla. A mi espalda se extendian unos biombos hechos con las mas valiosas pinturas antiguas. Mi corazon gritaba: ?Que mas podrias o te atreverias a desear, Orquidea?

Tenia frio, pero me dijeron que dejara la puerta abierta durante el dia. Me sente en la cama, tapada con una colcha beis. Ocho edredones plegados, de la seda y el algodon mas delicados, se apilaban contra la pared. Las cortinas de la cama, que llegaban hasta el suelo, estaban bordadas con glicinas blancas y rematadas por una cenefa roja con peonias rosadas y verdes.

Vi pasar al eunuco jefe Shim ante mi ventana, seguido por un grupo de jovenes eunucos.

– ?Por que no estan encendidos los faroles? -Estaba disgustado. Luego me vio a traves de la ventana. Con una humilde sonrisa el eunuco jefe Shim se arrodillo y dijo-: Dama Yehonala, vuestro esclavo Shim a vuestro servicio.

– Levantate, por favor -le pedi saliendo al patio.

– ?Se han presentado los esclavos, dama Yehonala? -pregunto Shim aun de rodillas.

– Aun no -respondi.

– Entonces, seran castigados. Es su obligacion.

Se levanto y chasqueo los dedos.

Aparecieron dos enormes eunucos sujetando cada uno un latigo de cuero mas largo que un hombre. Yo me encontraba confusa, no entendia las intenciones del eunuco jefe Shim.

– ?Los culpables, en fila! -ordeno.

Mis criados se pusieron en fila temblando. Trajeron dos cubos de agua y los eunucos forzudos mojaron los latigos en ellos.

– Jefe Shim -grite-. Por favor, comprended que no ha sido culpa de mis criados no haberse presentado. No he estado lista hasta ahora.

– ?Perdonais a vuestros esclavos? -pregunto el eunuco jefe Shim con una sonrisa perversa cruzandole el rostro-. De vuestros esclavos solo debeis esperar la perfeccion, dama Yehonala. Los esclavos deben ser castigados. La tradicion de la Ciudad Prohibida podria resumirse en seis palabras: El respeto sale de un latigo.

– Lo siento, jefe Shim. No puedo ver azotar a nadie que no ha hecho ningun mal.

Me arrepenti al instante de haberlo dicho, pero era demasiado tarde.

– Estoy seguro de que los criados son culpables.

Shim estaba contrariado, se dio media vuelta y propino una patada a un joven eunuco.

Me senti ofendida y me retire a mi habitacion.

El eunuco jefe Shim tardo en revelarme el proposito de su visita. Estabamos en el salon en presencia de mas de veinte criados y eunucos. Con un aire de preocupacion y paciencia, me explico la organizacion de la Ciudad Prohibida. Me describio las diversas secciones y tiendas de artesania, la mayoria de las cuales parecian estar bajo su autoridad. Mandaba en las secciones que supervisaban los depositos de oro y plata, pieles, porcelana, seda y te; tambien era responsable de quienes proveian a la corte de animales para el sacrificio y de grano y fruta para las ceremonias religiosas. Controlaba a los eunucos que cuidaban las perreras donde se criaban los pequineses. Supervisaba las secciones que mantenian los palacios, templos, jardines y huertos de hierbas.

Yo estaba de pie con la espalda erguida y la barbilla ligeramente levantada. Aun cuando el jefe Shim estaba haciendo una mera exhibicion de poder, me alegraba de que me informara. Ademas de las localizaciones de las cortes y las escuelas donde educaban a los principes, me hablo de la armeria imperial, que abastecia a la policia de palacio.

– Mis deberes abarcan la mantequeria, los telares y talleres de tintado y tambien los establecimientos que se encargan de los barcos, el guardarropa, los juegos, las obras de arte, las bibliotecas, las sederias y las granjas de miel imperiales.

De todas las secciones, el teatro real era la que mas me interesaba. Tambien los talleres artesanales imperiales, que producian las obras de los artistas y artesanos con mas talento de China.

– Tengo muchas responsabilidades -concluyo el eunuco jefe Shim-. Pero sobre todo la finalidad de mi existencia es salvaguardar la autenticidad de la descendencia del emperador Hsien Feng.

Me di cuenta de que esperaba que reconociera su poder.

– Guiadme, jefe Shim, por favor -empece-, no soy mas que una ingenua muchacha de campo de Wuhu y agradeceria vuestro consejo y vuestra proteccion.

Satisfecho de mis modales, me confeso que estaba alli para cumplir dos ordenes de mi suegra. La primera era la de regalarme un gato.

– Los dias seran largos para vos en la Ciudad Prohibida -dijo el eunuco jefe Shim haciendo senas a un eunuco para que trajera una caja-. Y el gato os hara compania.

Abri la caja y vi una hermosa criatura blanca.

– ?Como se llama? -le pregunte.

– Nieve -respondio Shim-. Es una gata, claro.

Cogi la gata con cuidado; tenia unos adorables ojos de tigresa. Parecia asustada.

– ?Bienvenida, Nieve!

En segundo lugar, el eunuco jefe Shim me notifico mi asignacion anual.

– Sera de cinco lingotes de oro, mil taels de plata, treinta bobinas de tela de saten, seda y algodon, quince pieles de bufalo, oveja, serpiente y conejo, y cien botones de plata. Parece mucho, pero se os quedara corta a final de ano, porque sois responsable del pago de los salarios de vuestros seis eunucos, seis damas de honor, cuatro doncellas y tres cocineros. Las doncellas atenderan vuestras necesidades personales, mientras que los eunucos limpiaran, haran de jardineros y de mensajeros. Los eunucos tambien son responsables de velar vuestro sueno. Durante el primer ano, se turnaran; cinco dormiran fuera de vuestro dormitorio y uno dentro. No podreis elegir al eunuco que dormira en vuestra habitacion hasta que la gran emperatriz crea que estais preparada.

Los criados me miraron con los ojos en blanco. No tenia ni idea de lo que pasaba por sus cabezas.

– Os he asignado los mejores criados. -El eunuco jefe sonrio con una mirada perversa-. Los que roncan se los he dado a la dama Mei y los perezosos, a la dama Hui. He asignado los malos a la dama Yun y…

Me miro y se detuvo, como si esperase que yo dijera algo.

Era una costumbre tacita de la corte recompensar a un eunuco por semejante muestra de lealtad. Claro que lo sabia, pero mi desconfianza de Shim me frenaba para hacerlo. Me pregunte que diria de mi delante de Nuharoo y las damas Yun, Li, Soo, Mei y Hui. Estaba segura de que tenia suficientes embustes en su saco como para enganarnos a todas.

– ?Puedo tratar a las otras esposas de su majestad? ?Donde viven?

– Bueno, la emperatriz Nuharoo pasara el resto de la semana con el emperador Hsien Feng en el palacio de la Tranquilidad Terrenal. Luego se ira a vivir al palacio de la Recepcion Celestial. A la dama Yun le han concedido el palacio de la Herencia Universal; a la dama Li, el palacio de la Paz Eterna; a la dama Mei, el palacio de la Gran Misericordia; y a la dama Hui, el palacio de la Felicidad Prolongada.

– ?Y que ha sido de Soo?

– A la dama Soo la han devuelto a sus padres, en el sur; su salud necesitaba cuidados. El palacio de la Agradable Luz del Sol le esta reservado para cuando regrese.

– ?Por que los palacios de las otras damas se encuentran todos en el lado este de la Ciudad Prohibida? ?Quien mas vive por aqui, en el lado oeste?

– Vos sois la unica que vive en el lado oeste, dama Yehonala.

– ?Puedo saber por que?

El eunuco jefe Shim bajo la voz hasta convertirla en un susurro.

– Mi senora, os metereis en problemas si haceis tantas preguntas. Sin embargo me arriesgare a perder la lengua para satisfaceros, pero primero necesito vuestra confianza absoluta. ?Me dais vuestra palabra?

Dude un instante y luego asenti. Shim se acerco a mi y me hablo al oido.

– La idea de alojaros aqui podria ser del emperador Hsien Feng o de la gran emperatriz. Veamos, si fuera

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