forma de dragon y sombrillas amarillas. Entre ellos se encontraban unas amazonas vestidas como guerreras manchues del siglo XVI. De los costados de sus monturas colgaban cintas amarillas atadas a cacharros de cocina.
Detras de estas damas caminaba un rebano de animales tenidos de rojo. Parecia un rio de sangre andante. Al mirar por segunda vez, vi ovejas y gansos. Se decia que estos animales simbolizaban la suerte bien guardada y el color rojo, la pasion por la vida.
Solte la cortina para ocultar mis lagrimas. Estaba empezando a aceptar que no veria a mi familia durante mucho tiempo. Me convenci de que aquello era lo que mi madre queria. Recorde un poema que ella me leia cuando era pequena:
En verdad mis recuerdos eran plenos y dulces; eran todo lo que tenia y me los llevaba conmigo. En cuanto note que el palanquin avanzaba a paso firme, descorri un poco la cortina trasera y mire. Mi familia ya no se divisaba. El polvo y los guardias ceremoniales me tapaban la vision. De repente vi a Kuei Hsiang; aun estaba a cuatro patas con la cabeza pegada al suelo. Mi corazon me traiciono y me quebre como un laud chino en mitad de su feliz canto.
Capitulo 6
El dia en que me converti en concubina imperial, apenas pude ver la celebracion. Sentada dentro del palanquin, oia tocar las campanas de las torres de la puerta del Cenit.
Nuharoo fue la unica que cruzo por la puerta de la Pureza Celestial, la entrada principal al jardin imperial. A las demas nos condujeron por patios a traves de puertas laterales. Mi palanquin vadeo el rio del Agua Dorada por uno de los cinco puentes que lo cruzaban. El rio senalaba el limite del paisaje prohibido; cada uno de los puentes representaba una de las cinco virtudes del confucianismo: la lealtad, la tenacidad, la honestidad, el pudor y la piedad. Luego atravese la puerta de la Conducta Correcta y entre en otro patio, el mas grande de la Ciudad Prohibida. Mi palanquin bordeo el salon del Trono, cuyas enormes columnas esculpidas y magnificos tejados en voladizo se alzaban sobre la pura extension de marmol blanco del pavimento de la terraza del dragon.
Me dejaron en la puerta del Movimiento Celestial. Para entonces ya era media tarde y habian llegado otros palanquines. Eran las sillas de las damas Yun, Li, Soo, Mei y Hui, que descendieron en silencio. Nos saludamos y luego aguardamos.
Llegaron unos eunucos para comunicarnos que el emperador Hsien Feng y la emperatriz Nuharoo habian empezado la ceremonia nupcial. Me senti extrana. Aunque me habia quedado mas que claro que yo solo era una de las tres mil damas del emperador Hsien Feng, no podia evitar querer ocupar el lugar de Nuharoo.
Pronto reaparecio el jefe eunuco y nos informo de que era hora de ir a nuestras viviendas. La mia era el palacio de la Belleza Concentrada, donde residiria muchos anos. Alli fue donde aprendi que el emperador Hsien Feng nunca distribuiria su esencia por igual entre sus esposas.
El palacio de la Belleza Concentrada estaba rodeado de arboles antiquisimos. Cuando soplaba el viento, las hojas rugian. El sonido me recordaba mi verso favorito: «El viento muestra su cuerpo a traves de las hojas temblorosas». Intente localizar la puerta por la que habia entrado. Se encontraba en el lado oeste y parecia ser la unica entrada. El edificio que tenia delante era como un templo, con un tejado alado y altas paredes. Bajo las tejas amarillas vidriadas, las vigas y las columnas estaban pintadas de colores vivos. Las puertas y los paneles de las ventanas tenian tallados los simbolos de la fertilidad: frutas redondas, verduras, la mano de Buda, capullos en flor, olas oceanicas y nubes.
Un grupo de hombres y mujeres bien vestidos aparecieron sin hacer ruido, se aproximaron y se arrodillaron. Los mire sin saber que esperaban de mi.
– Ha llegado el feliz momento, dama Yehonala -anuncio por fin uno de ellos-. Por favor, permite que te ayudemos en tu camara.
Me di cuenta de que eran mis criados. Me levante la tunica y estaba a punto de dar un paso cuando oi un ruido tremendo procedente de afuera. Casi me fallaron las piernas y los criados se apresuraron a sujetarme. Me dijeron que era el sonido de un gong chino. Era el momento en que el emperador Hsien Feng y la emperatriz Nuharoo entraban en la gran camara nupcial.
Hermana Mayor Fann me habia hablado de los ritos nupciales imperiales. Yo estaba familiarizada con el lecho nupcial y su cortina de gasa solar llena de dibujos de la fertilidad. Recordaba la descripcion que Fann habia hecho de la colcha de saten amarillo fuerte, con bordados de cientos de ninos jugando.
Algunos anos mas tarde, Nuharoo me conto que el olor de la camara imperial era el mas dulce que habia conocido. El olor procedia de la propia cama nupcial, de madera de sandalo fragante. Tambien me describio el recibimiento que le depararon. Nuharoo llevaba tres fenix dorados en la cabeza y le acompanaba el eunuco jefe Shim, que portaba su insignia.
Tras descender de su palanquin, camino por el vestibulo de la Bendicion Maternal. Luego entro en la camara nupcial, que estaba en el palacio de la Tranquilidad Terrenal. En aquella habitacion de dulce aroma, Nuharoo se cambio el vestido de color amarillo frio por otro del mismo color pero de un tono calido. Con un pedazo de seda dorado cubriendoles la cabeza y los ojos, ella y el emperador Hsien Feng hicieron una promesa y bebieron de la taza nupcial.
– Las paredes de la camara eran tan rojas que pense que me pasaba algo en los ojos -recordaba Nuharoo anos mas tarde con una sonrisa-. La habitacion parecia vacia porque era extraordinariamente grande. En el lado norte estaban los tronos y en el sur habia un gran lecho de ladrillo rojo caldeado desde debajo por un brasero.
Lo habia imaginado todo a la perfeccion. El escenario y el ritual coincidian con la version de Nuharoo, pero, cuando yo lo estaba viviendo, simplemente intentaba sobrevivir al momento. No estaba preparada para aquella decepcion.
Me dije a mi misma que no tenia motivos para llorar, que era muy ingrato por mi parte desear mas de lo que se me concedia. Pero la tristeza se negaba a abandonarme. Intente imaginarme a Ping y sus asquerosos dientes tenidos de opio. Sin embargo, mi mente discurria por sus propios derroteros, evocaba la melodia de mi opera favorita,
?Por que mis ojos no encontraban placer en aquella habitacion llena de tesoros? Mis criados me vistieron con una preciosa tunica de saten de color salmon salpicada de tiernos brotes de ciruelo, una prenda que habia vestido muchas veces en mis suenos. Me acerque al espejo del vestidor y descubri una belleza sorprendente. En la cabeza llevaba un pasador en forma de libelula con incrustaciones de rubies, zafiros, perlas, turmalinas, ojos de tigre y
