– Levanta la barbilla, Orquidea. -Mi madre cogio una toalla y empezo a secarme-. Deberias avergonzarte de llorar de este modo.

La abrace con los brazos mojados.

– Espero que la felicidad refuerce tu salud.

– Si, si -sonrio mi madre-. El arbol de mi longevidad ha crecido un centimetro desde anoche.

Rong entro en la habitacion vestida con una tunica de seda verde claro con mariposas doradas. Se puso de rodillas y me hizo una reverencia. Su voz indicaba el placer que sentia al decir:

– Estoy orgullosa de pertenecer a la familia imperial.

Antes de que pudiera hablar con Rong, un eunuco anuncio en el exterior:

– El duque Kuei Hsiang viene a ver a la dama Yehonala.

– Es un honor.

Esta vez las palabras fluyeron con soltura de mi boca.

Mi hermano entro a trompicones.

– Orquidea… ejem, dama… dama Yehonala, su ejem… majestad el emperador Hsien Feng ha…

– Ponte de rodillas, primero -le indico mi madre corrigiendo sus modales.

Kuei Hsiang corrigio desmanadamente su postura. Con el pie izquierdo se piso un extremo de la tunica y se tropezo. A Rong y a mi se nos escapo una risa tonta. Kuei Hsiang hizo torpes reverencias. Tenia las manos cruzadas debajo del pecho, lo que le daba el aspecto de tener dolor de estomago.

– Hace el tiempo de una vela -dijo Kuei Hsiang despues de calmarse- que su majestad ha terminado de vestirse y entrado en su silla de dragon.

– ?Como es su silla? -pregunto Rong con entusiasmo.

– Tiene nueve dragones bajo un palio de saten amarillo. Su majestad ha ido al palacio de la Benevolencia para encontrarse con la gran emperatriz. Ahora ya debe de haber completado la ceremonia en el salon de la Armonia Suprema y debe de estar inspeccionando el Libro de registro de los matrimonios imperiales. Despues de eso, recibira las felicitaciones de los ministros y despues…

Un fuerte estrepito quebro el cielo.

– ?La ceremonia fuera de la corte ha empezado! -grito Kuei Hsiang-. Su majestad debe de estar firmando en el libro de registro. En un momento dara la orden a los guardias de honor para que vayan a buscar a las novias imperiales.

Estaba sentada como una peonia abriendose a la luz de la manana. Mi vestido era una mezcla de rojos distintos: suntuoso magenta con despuntes amarillos, color vino salpicado de crema y calido lavanda virando a casi azul. Estaba hecho de ocho capas de seda y llevaba bordadas flores frescas de primavera, autenticas e imaginarias. La tela estaba cosida con hilo de oro y plata y adornada con grandes racimos de jade, perlas y otras joyas. Nunca habia vestido nada tan hermoso ni tan pesado e incomodo.

Llevaba el pelo recogido en un tocado de treinta centimetros de alto, repleto de perlas, jade, coral y diamantes. Al frente llevaba tres grandes peonias recien cortadas de color rosa amoratado. Temia que se soltase y los ornamentos se cayeran. No me atrevia a moverme y tenia la nuca casi rigida. Los eunucos iban y venian a mi alrededor y hablaban en voz alta. La casa se lleno de funcionarios de la corte a quienes nunca habia visto. Como en un escenario, todo el mundo estaba vestido y se movia segun un guion invisible.

Mi madre seguia agarrando las mangas del eunuco y preguntandole una y otra vez si habia algo mal. El eunuco, irritado, envio a sus ayudantes, unos muchachos adolescentes, a distraerla. Los chicos le ofrecieron una silla, sonrieron y le suplicaron que no se lo pusiera dificil.

Habian despejado la habitacion principal de la casa para la chieh-an, una mesa fabricada especialmente para sostener el libro de registro del emperador y el sello de piedra imperial. Tambien vaciaron las camaras de la izquierda y la derecha y colocaron mesas para los incensarios. Delante de las mesas habia esterillas en las que yo me arrodillaria cuando recibiera el decreto matrimonial. Flanqueando las esterillas aguardaban eunucos vestidos con brillantes tunicas amarillas. Estaba agotada, pero el jefe eunuco dijo que aun faltaba mucho para que empezara la ceremonia.

Paso el tiempo de dos velas y por fin oi ruido de cascos de caballos. Las ocho damas de honor se apresuraron a retocarme el maquillaje. Me rociaron un perfume de fuerte fragancia y repasaron mi vestido y mi tocado antes de ayudarme a levantarme de la silla.

Al levantarme, me senti como un enorme carruaje herrumbroso. Mis cenidores cargados de joyas tintinearon al arrastrarse sobre la silla y cayeron al suelo.

Guardias imperiales y eunucos llenaban la calle. Kuei Hsiang, que habia estado esperando en la puerta principal, recibio al embajador de su majestad. Arrodillado, Kuei Hsiang recito el nombre de mi padre y pronuncio un breve discurso de bienvenida. Mientras hablaba, golpeo el suelo con la frente tres veces e hizo nueve reverencias. Al cabo de un momento, oi que el embajador pronunciaba mi nombre. Las damas de honor formaron rapidamente un pasillo en torno a mi. Sali por la puerta y avance lentamente hacia la chieh- an.

Delante de mi habia un eunuco muy maquillado con cara de conejo. Era el embajador, vestido con una tunica amarilla resplandeciente. En el sombrero llevaba una pluma de pavo real y un diamante rojo. Evitaba mirarme. Despues de hacerme tres intensas reverencias, «invito a entrar» a tres objetos: una cajita amarilla de la que saco un rollo de seda amarilla: el decreto; el Libro de registro de los matrimonios imperiales y, por ultimo, un sello de piedra con mi nombre y mi titulo grabado en la superficie.

Siguiendo al eunuco, cumpli el ceremonial delante de las mesas. Hice una reverencia y golpee el suelo con la frente tantas veces que me maree. Me preocupaba que se me empezaran a caer los adornos del pelo. Despues de eso, recibi las bendiciones de mi familia.

Primero entro mi madre, seguida de Rong, de mi tio y de mi primo Ping. Se arrodillaron y le hicieron una reverencia al embajador y luego me la hicieron a mi. Mi madre temblaba tanto que uno de sus casquetes empezo a ladearse.

– Levantaos -dije rapidamente, en un intento de frenar su caida.

Los eunucos trasladaron el libro de registro y el sello de piedra hasta las mesas de los quemadores de incienso. Parecian esforzarse debido a su peso.

Me quite la capa de saten, tal como indicaba la etiqueta e hice una reverencia al libro y al sello. Despues me quede arrodillada hacia el norte.

El embajador desplego el rollo y empezo a leer el decreto. Tenia una voz profunda, resonante, pero yo no entendia una palabra de lo que decia. Tarde un rato en comprender que estaba leyendo el decreto en dos idiomas, en manchu y en mandarin, ambos con un estilizado tono arcaizante. Mi padre me dijo una vez que, cuando trabajaba en su despacho, solia saltarse las partes manchues de los informes y pasarse a las partes chinas para ahorrar tiempo. Intente hacer lo mismo.

El peso de mi cabeza me hacia sentir como un caracol arrastrando su casa. Mientras proseguia la lectura, mire hacia la entrada. Estaba llena de guardias. En la terraza central habian aparcado dos palanquines. ?Por que dos?, me pregunte. ?No iba a ser la unica que saldria de aquella casa?

Cuando el embajador acabo su lectura, descubri la razon del segundo palanquin. Los eunucos volvieron a guardar el libro de registro y el sello de piedra en sus cajas. Luego aquellos objetos fueron «invitados a sentarse» en el segundo palanquin. El embajador me explico que aquellas cosas se consideraban parte de mi.

– ?Andando, fenix imperial!

Ante la llamada del embajador, mi familia se arrodillo por ultima vez. Llegado ese punto, el maquillaje de mi madre estaba hecho un desastre y ella se enjugaba las lagrimas con las manos, sin importarle su aspecto.

Una banda empezo a tocar. El sonido de las trompetas chinas era tan fuerte que me dolian los oidos. Un grupo de eunucos corria delante de mi tirando petardos. Camine sobre pedacitos de papel rojo, pajitas amarillas, cuentas verdes y fruta seca de muchos colores. Intente mantener la barbilla alta para que mi tocado no se moviera.

Me escoltaron amablemente hasta mi palanquin. Ahora si era un autentico caracol. Con un movimiento que casi me tira del asiento, los porteadores levantaron la silla.

Al otro lado de la verja, los caballos habian empezado a moverse. Los portaestandartes llevaban banderas en

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