El publico aplaudio al cantante y la dama Yun se levanto. Supuse que necesitaba ir al excusado, pero algo en su movimiento atrajo mi atencion: contoneo el trasero y su vientre parecia hinchado.

?Esta embarazada! Nuharoo, Li, Mei, Hui y todas las demas pronunciaron la misma frase.

Despues de una severa mirada, Nuharoo se dio media vuelta. Cogio el abanico y movio la muneca con violencia. Las demas damas imperiales hicieron lo mismo.

Mi humor se ensombrecio. La diadema de Nuharoo y el vientre de la dama Yun eran como dos brasas ardientes pegadas a mi piel. El emperador Feng ni se molesto en saludarme. Se levanto y se fue en el intermedio. Lo vi salir seguido de eunucos y damas de honor llevando lavamanos, escupideras, abanicos, platos de galletas, soperas y bandejas.

El eunuco jefe Shim nos dijo que nuestro marido volveria enseguida. Esperamos, pero su majestad no regreso. El publico volvio a dirigir su atencion hacia la opera. Tenia la cabeza como una olla hirviendo de malos pensamientos. Me quede sentada hasta el final; los oidos me zumbaban con el ruido de los tambores.

La gran emperatriz estaba complacida con la representacion.

– ?Es mucho mejor que la original El rey mono! -dijo al director de la compania-. La version antigua me da sueno, pero esta me ha hecho reir y llorar.

Alabo la interpretacion y le dijo al eunuco jefe Shim que aflojara dinero.

La gran emperatriz me pidio que me reuniera con los principales actores, el joven que interpretaba el rey mono y el que interpretaba la zorra blanca. Los actores salieron de bastidores aun maquillados; tenian las caras como si las hubieran empapado en salsa de soja.

La gran emperatriz ignoro al rey mono y hablo efusivamente con la zorra blanca.

– Me encanta tu voz. -Saco una bolsa de taels y la deposito en su mano-. Me embriaga de felicidad. -Le habia cogido la mano y no se la soltaba-. Un autentico pajaro cantor. ?Mi pajaro cantor! -Miraba al actor con los ojos de una joven enamorada, murmurando-: ?Hermoso muchacho! ?Adorable criatura!

En mi opinion el actor tenia un aspecto convencional, aunque admiraba enormemente su canto y su danza. Su zorra blanca poseia la esencia de la belleza femenina. Nunca habia visto un hombre que representara a una mujer de una manera tan poetica. Me asombraba lo que el arte podia hacer, pues la gran emperatriz era famosa por su odio hacia los eunucos.

La gran emperatriz se volvio hacia nosotras.

– ?Os ha gustado la opera?

Capte la indirecta; era el momento de ofrecer nuestra contribucion. Las esposas y concubinas imperiales, incluida yo misma, echamos mano a las bolsitas que todas llevabamos. Los actores se arrodillaron, tocaron el suelo con la frente y se retiraron.

La gran emperatriz se levanto de su asiento y comprendimos que era hora de marcharse. Nos arrodillamos y exclamamos:

– ?Hasta la proxima ocasion! ?Os deseamos una estacion placida!

Nuestra suegra se fue sin hacer una reverencia.

– ?Los palanquines imperiales, en marcha! -grito el eunuco jefe Shim, y llegaron los porteadores con nuestras sillas.

Inclinamos la cabeza ante Nuharoo y luego ante las demas en silencio. La cortina de mi palanquin estaba echada. Luche con todas mis fuerzas contra la amargura y me avergonce de mi debilidad. No mejoro cuando me dije a mi misma que yo habia elegido entrar en la Ciudad Prohibida y que no tenia derecho a quejarme ni a sentirme desgraciada.

La imagen de An-te-hai aparecio en el espejo mientras me desmaquillaba. Me pregunto si necesitaba que mi asistenta me ayudara a desvestirme. Sin que me diera tiempo a responder, dijo que podia ayudarme el si no me importaba. Deje que me ayudara. An-te-hai cogio un peine y empezo a soltar cuidadosamente los adornos de mi cabello.

– Mi senora, ?os importaria ir al jardin del este manana? -pregunto-. He descubierto ciertas plantas interesantes…

Le hice callar porque notaba que mi rabia buscaba una valvula de escape. An-te-hai cerro la boca; sus dedos trabajaban mis cabellos sin cesar. Quito una flor de jade y luego me quito el collar de diamantes. Iba dejando las piezas en el tocador una tras otra. Incapaz de controlar mis sentimientos, rompi a llorar.

– La mente comprensiva es lo suficientemente poderosa como para recuperarse del desastre -susurro An-te- hai en voz baja como si hablase para si.

Una compuerta se rompio en mi interior y salio el agua furiosa.

– Pero para mi la comprension es dolorosa.

– La comprension es el principio de la curacion, mi senora.

– Sigue y ahonda en mi herida, An-te-hai. La verdad es que he fracasado estrepitosamente.

– Ninguna dama en este lugar puede hacer que las cosas sucedan sin pagar un precio.

– ?Nuharoo lo hizo y tambien la dama Yun!

– Pero esa no es toda la verdad, mi senora. Vuestra perspectiva necesita ajustarse.

– ?De que perspectiva estas hablando? Mi vida ha sido desarraigada por un tornado; me ha arrojado por los aires y ahora estoy dando tumbos. ?Que otra cosa puedo hacer salvo rendirme?

An-te-hai me miro por el espejo.

– Nada, mi senora, nada es mas terrible que rendirse.

– ?Como continuare, entonces?

– Estudiando el modo en que el tornado sigue su curso. -Cogio un cepillo y siguio peinandome el cabello.

– ?Que curso?

– Un tornado esta en la cuspide de su fuerza alrededor de los extremos. -El eunuco me sujeto el cabello con una mano y con la otra lo cepillaba con un rapido movimiento-. El viento tiene fuerza para levantar vacas y carruajes y arrojarlos otra vez a la tierra, pero el centro del tornado esta en calma… -Se detuvo y sus ojos trazaron el recorrido de los cabellos hasta mis rodillas-. Hermoso cabello, mi senora. Es sedoso y negro, lo que promete una salud fuerte. Asi es la esperanza en su sentido mas basico.

– ?Y el tornado?

– ?Ah!, el tornado, si, el centro en calma, esta relativamente inmovil. Alli es donde vos deberiais estar, mi senora. Deberiais evitar ciertos senderos donde sabeis que teneis pocas oportunidades y concentraros en crear nuevos senderos por los que nadie haya transitado y donde las espinas son aparentemente gruesas.

– Has pensado bien, An-te-hai.

– Gracias, mi senora. He pensado el modo en que podeis hacer de vuestra vida real una opera, en la que vos interpretariais a la primera dama.

– Quiero oirlo, An-te-hai.

Como un consejero ofreciendo su estrategia a un general, An-te-hai me revelo su plan. Era sencillo, pero parecia prometedor. Yo realizaria una ceremonia imperial de sacrificio, un deber que pertenecia al emperador Hsien Feng.

– Creo que deberiais ir y realizarla en el nombre de su majestad, mi senora -me aconsejo An-te-hai, cerrando la caja de los adornos. Se sento y me miro-. El sacrificio se sumara a la piedad del emperador y le servira en el cielo.

– ?Estas seguro de que es esto lo que desea su majestad?

– Completamente -respondio el eunuco-. No solo su majestad sino tambien la gran emperatriz.

An-te-hai me explico que las fechas en que debia honrarse a los antepasados imperiales eran numerosas y la familia real llevaba retraso.

– El emperador rara vez tiene energia para asistir a las ceremonias.

– ?Han hecho esto la gran emperatriz y las demas concubinas?

– Si, pero no tienen interes en hacerlo cada ano. El emperador Hsien Feng teme molestar a sus antepasados, por lo que ha pedido al eunuco jefe Shim que envie a Nuharoo y a la dama Yun, pero ellas se han negado aduciendo como excusa su mala salud.

– ?Por que no me ha enviado a mi el jefe Shim?

– Bueno, no quiere daros ninguna oportunidad de complacer a su majestad.

– Yo he hecho todo lo posible para complacerle.

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