Alquilamos una carreta de burros y al cabo de media hora llegamos al confin occidental de Pekin, donde las calles se estrechaban y el aire olia a agrio. Descendimos hasta el final de una calle bulliciosa en la que los mercaderes apilaban su fruta podrida y cestas de verduras. Con el rostro oculto tras un panuelo, camine apresuradamente con Hermana Mayor Fann y An-te-hai, hasta que nos detuvimos delante de un viejo edificio. Del segundo piso, iluminado por un farol, colgaba un cartel en el que se leia: CASA DEL LOTO.
Los tres entramos en un zaguan tenuemente iluminado. El interior estaba cubierto de murales en los que aparecian elaborados dormitorios donde personas ricamente vestidas se solazaban de todas las maneras imaginables. Los personajes estaban dibujados de modo estilizado. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, pude comprobar el estado de deterioro en el que se hallaba: pintura desconchada y yeso caido por todas partes. El lugar desprendia un extrano olor, una mezcla de perfume y tabaco rancio.
Detras del mostrador aparecio una mujer con cara de rana fumando una pipa y saludo a Hermana Mayor Fann con una amplia sonrisa.
– ?Que vientos te traen por aqui, amiga mia?
– El viento del sur, madame -respondio Fann-. Vengo a pedirte un favor.
– No seas recatada acerca de tus intenciones. -La madame dio un golpecito en el hombro a Hermana Mayor Fann-. Se que vienes con el espiritu del dios del dinero o no estarias aqui. Mi templo es demasiado pequeno para grandes fieles como tu.
– No seas modesta tu tampoco, madame -replico Hermana Mayor Fann-. Resulta que tu pequeno templo tiene al dios con el que necesito hablar. Venid.
Y diciendo esto, me empujo hacia delante y me presento como su sobrina del campo y a An-te-hai como a mi hermana.
La madame me miro de arriba abajo y se volvio hacia Hermana Mayor Fann.
– Me temo que no puedo ofrecer mucho. Esta chica esta demasiado flaca; ?como quieres que una arana teja si no tiene culo? Me costaria demasiado dinero engordarla.
– ?Oh, no te preocupes! -Hermana Mayor Fann se inclino hacia la madame y le dijo al oido-: Mi sobrina esta aqui solo para hacer una consulta.
– Ya no me dedico a asuntos menores, lo siento. -La madame saco un mondadientes de un estante de detras del mostrador y empezo a hurgarse los dientes con el-. El mercado anda mal, ya sabes.
Hermana Mayor Fann me hizo un guino, yo me aclare la garganta y An-te-hai se acerco para darme una bolsa. Me aproxime al mostrador, saque lo que habia en el fondo de la bolsa -mi pasador de cabello en forma de libelula, con incrustaciones de jadeita, rubies, zafiros y perlas que brillaban a la luz- y lo puse encima del mostrador.
– ?Oh, cielos! -La madame respiro hondo e intento no mostrar su sorpresa. Tapandose la boca con ambas manos, estudio el pasador, lo levanto hasta la barbilla y me miro con suspicacia-. Lo has robado.
– No, no lo he robado -negue con serenidad-. Es una herencia.
– Es cierto -repitio Hermana Mayor Fann-. En su familia han sido joyeros desde hace… siglos.
– No dudo de que sea cierto -dijo la madame mientras continuaba escrutandome-. Solo me pregunto por que tan preciado tesoro ha salido de la Ciudad Prohibida.
Para evitar la mirada de la madame, me gire y mire los murales.
– ?Es suficiente para pagar tu consulta? -pregunto Hermana Mayor Fann.
– Eres muy amable. -La madame cogio su pipa y la lleno de hojas secas-. Mi unica duda es que no se si sera seguro para mi conservarlo. Si es una pieza robada…
Se callo y trazo con la mano una soga de ahorcado en el aire.
– Vamos a otra casa, tia.
Alargue la mano para coger el pasador de cabello.
– ?Espera! -La madame puso su mano encima de la mia; con cuidado pero con energia cogio el pasador. Su rostro se convirtio en una rosa sonriente-. ?Oh, mi querida nina, no te atrevas a dejar en ridiculo a tu tia! ?No he dicho que no lo quiera, verdad? Esta bien que hayais acudido a mi porque soy la unica senora en la ciudad que puede ofreceros lo que andais buscando. Mi nina, voy a darte la leccion de tu vida, voy a ser digna de tu preciado pasador.
Nos sentamos en la habitacion principal. En ella habia una gran cama con columnas decorativas que llegaban hasta el techo. Era de madera de secoya labrada con peonias, berenjenas, tomates, platanos y cerezas que evocaban los organos sexuales masculinos y femeninos. Las cortinas, de una blancura inmaculada, estaban perfumadas. En los estantes de obra de las paredes laterales descansaban esculturas en miniatura, la mayoria de los dioses budistas habilmente representados en poses elegantes mientras practicaban el acto sexual: las mujeres montaban a los hombres en posiciones de meditacion, los amantes entornaban los ojos y, entre pareja y pareja, aparecian ilustraciones de peonias rosas y berenjenas; peonias con pistilos oscuros como el vello y berenjenas con el extremo pintado de un morado mas claro.
– Se trata de estimular la imaginacion -comento la madame mientras servia el te-. Cuando las chicas llegan por primera vez a mi casa, les enseno una tecnica que llamamos la danza de los abanicos.
La madame abrio un armario y saco un conjunto de objetos: una pequena almohada redonda, un fajo de billetes y una docena de huevos en una bandeja de bambu.
– Pongo los objetos uno sobre el otro; el dinero debajo, la almohada en el medio y los huevos encima. La chica se sienta encima y en un minuto tiene que darle al fajo de billetes la forma de un abanico. La condicion es que los huevos no se pueden romper.
?Como era eso posible?, pense.
La madame chasqueo los dedos. Entraron dos chicas por una puerta lateral, adolescentes vestidas con finas tunicas de brocado. Aunque sus rasgos eran agradables, no daban muestras de hospitalidad. Escupieron unas pipas de girasol, se quitaron las zapatillas de un puntapie y se subieron a la cama. Luego se abrieron de piernas y se pusieron a horcajadas sobre los huevos como dos gallinas. La madame volvio a chasquear los dedos y las muchachas empezaron a contonear el trasero. La vision era insoportablemente comica y no pude reprimir una risita. Hermana Mayor Fann me dio un codazo y me disculpe, pero apenas podia controlarme.
– No te reiras cuando lo practiques tu, creeme -me amonesto la madame-. Se necesita mucho esfuerzo para dominar la tecnica.
Pregunte para que era aquel movimiento.
– Es para ayudarte a ganar potencia y control sobre tu cuerpo -respondio la madame-. Anade sensibilidad a tus labios inferiores.
?Labios inferiores?, me pregunte a mi misma.
– Sigue mi consejo y practica y ya veras para que es. Cuando domines esta tecnica, provocaras tal placer al hombre que este debajo de ti que recordara tu nombre.
Las palabras me cautivaron. Si, me gustaria que el emperador Hsien Feng recordase mi nombre. Me gustaria que su majestad recordase el placer y a la provocadora de ese placer.
Mire el balanceo de los traseros eburneos e intente imaginarme a las chicas en la cama con hombres. Se me encendieron las mejillas, no de verguenza sino de pensar que yo iba a probar aquello.
– Llevamos mucho tiempo en el negocio -se jacto la madame, intentando despejar mis dudas-. Vienen hombres que pagan cualquier precio y les devolvemos la vida. Desatamos la bestia de los mas jovenes y retornamos la juventud a los mas viejos.
Miraba a las muchachas que ahora se mecian apoyandose en sus piernas.
– Esta es una posicion infalible. -La madame esbozo una misteriosa sonrisa-. Ya ves, a las muchachas de buena familia se les ensena a despreciar mi casa, las pobres ignoran que gracias a ellas tengo mi negocio. Las chicas buenas nunca sabran lo que mis chicas saben; por tanto, ellas conservaran su casa y mis chicas se quedaran con sus maridos y su dinero.
– ?Cuanto se tarda en dominar la… danza? -le pregunte, con ganas de salir de alli lo antes posible.
– Tres meses.
La madame acerco una silla y se sento.
?Yo solo tenia diez dias!
– Sientate cada dia encima de unos huevos y menea tu trasero. -La madame encendio la pipa y aspiro-. Despues de tres meses, tus labios inferiores creceran mas gruesos y gordos que los de una mujer normal. Cuando
