– Pero… -No podia imaginarme a mi misma actuando como una boba a proposito-. No forma parte de mi naturaleza.
– ?Pues haz que asi sea!
La madame me miraba con los ojos muy abiertos. Su piel palidecia a la luz; estaba muy blanca, casi azulada.
– Gracias, madame.
Saco el pasador de su bolsillo interior y lo limpio con la manga.
– Estamos hablando de supervivencia. Como he dicho, quiero ser digna de tu pasador.
– Ha sido una buena leccion. -Incline levemente la cabeza-. Adios y gracias.
La madame lamio el pasador con la lengua.
– ?Que clase de hombre estas buscando, si no te importa que te lo pregunte?
– Ojala lo supiera.
Camine hacia la puerta y corri la cortina.
Capitulo 10
La glicina morada se derramaba en cascadas desde el tejado y pajaros, grillos y otros insectos canturreaban en los arbustos. Habia llegado el momento; el emperador Hsien Feng me habia mandado llamar.
Para calmar mis nervios, fui a sentarme en el jardin de las peonias. Las terrazas eran el ornamento arquitectonico mas hermoso de mi palacio. Las flores de un tono azul fuerte crecian junto a la orilla del estanque y se iban aclarando a medida que el jardin avanzaba en una colina, creando la ilusion de un paisaje que se difuminaba en la distancia. La vision me inspiraba un ejemplo de lo que uno puede lograr con lo que la vida le ofrece.
Pedi mi plato favorito para almorzar: fideos Yang-chou. An-te-hai y yo celebrabamos mi buena suerte. Yo escribi un poema titulado «Fideos Yang-chou».
Los preparativos oficiales duraron varias horas. Enviaron eunucos del palacio del emperador que ayudaron a mis eunucos y damas de honor a banarme y perfumarme. Despues me envolvieron desnuda en una tela de seda blanca y cuatro eunucos me transportaron en litera hacia la camara del emperador Hsien Feng, en el salon de la Nutricion Espiritual, tres palacios al sur del de la Belleza Concentrada, donde yo vivia.
Pasamos el palacio de la Gran Armonia y el de la Virtud Luminosa y atravesamos los grandes corredores del palacio de la Longevidad Apacible. La temperatura descendia a medida que caia la noche y senti frio bajo la fina tela. Por suerte An-te-hai habia tenido la prevision de coger una manta y me abrigo con ella.
En el instante en que llegamos a las camaras interiores de su majestad, ordenaron a An-te-hai que se retirara. El eunuco jefe Shim me recibio y, en silencio, indico a los porteadores de la litera que entraran. Despues de dar unas vueltas, entre en una habitacion iluminada por grandes velas rojas, donde unas cortinas de seda amarilla cubrian la pared de un lado a otro. En medio de la habitacion, estaba el lecho de su majestad.
Se fueron los eunucos que me habian traido y los sustituyeron un nuevo grupo de eunucos de Hsien Feng, vestidos con exquisitas tunicas de seda amarilla. Rapidamente sacaron sabanas bordadas, mantas y colchas. Despues de preparar la cama, me subieron cuidadosamente al borde de su inmensa superficie y luego salieron de la habitacion.
Entro otro grupo de eunucos, cada uno con mundillos de cobre en la mano con los que calentaron las sabanas y las colchas. Yo yacia en el lado de la cama mas proximo a la pared; me quitaron la tela de seda en la que estaba envuelta y me taparon con sabanas calientes. Desde el principio hasta el fin de la tarea, sus rostros permanecieron inexpresivos. Cuando sus manos tocaron mi cuerpo, era como si yo fuera una almohada mas. Una vez acabados los preparativos, bajaron la cortina del dosel de la cama y se retiraron.
La habitacion estaba sumida en un silencio mortal. El olor a incienso se hacia cada vez mas intenso. A traves de la cortina observaba la habitacion, que estaba llena de obras de caligrafia y pinturas. La pintura mas grande era la de un Buda pintado con oro puro: un gigante barrigon que atravesaba un rio sobre una fina hoja de loto. No parecia preocuparle la posibilidad de hundirse, pues tenia los ojos completamente cerrados y esbozaba una debil sonrisa. En las manos sujetaba la famosa jarra de la sabiduria. A la derecha de la pintura, habia una estanteria azul llena de libros. Dos faroles grandes que llegaban hasta el suelo, decorados con caligrafia, colgaban del techo. Todo estaba labrado y revestido de oro. Por toda la habitacion se repetian imagenes de dragones y grullas. A ambos lados de la ventana, unos paneles decian: SUERTE ANO QUE LLEGA Y ANO QUE SE VA Y PAZ CON TODAS LAS MATERIAS. En un estante, junto a la cama, descansaba un
Estaba sedienta; me di cuenta de que apenas habia comido ese dia. Ultimamente me costaba comer y dormir. Habia consumido todas mis energias imaginando como seria acostarme con su majestad. Me preguntaba como empezaria conmigo, que parte de mi cuerpo exploraria primero y si todo mi cuerpo le complaceria lo bastante. Me preguntaba si me compararia con las demas mujeres. ?Que pasaria si descubria que yo no era de su agrado? ?Me ordenaria que me fuera? ?Me abandonaria?
El eunuco jefe Shim dejo claro que si el emperador me encontraba poco idonea, el abandono seria enteramente mi responsabilidad. Ultimamente se decia que su majestad era propenso a cambios repentinos de humor. An-te-hai habia oido decir a otro eunuco que una noche el emperador habia convocado a seis concubinas, una detras de la otra, y no le habia gustado ninguna. Las echo a patadas y le dijo a Shim que no queria volver a ver nunca a ninguna de ellas. La palabra «nunca» pronunciada por el hijo del cielo tenia mucho peso; las echaron de sus palacios y las desterraron al confin de la Ciudad Prohibida, donde plantarian y tallarian
?Me sucederia a mi lo mismo aquella noche? ?Que haria o que podria hacer yo si eso sucedia? Recorde que Hermana Mayor Fann me habia dicho que su majestad consideraba a las concubinas platos que le obligaban a engullir. Aquella idea me turbo tanto que olvide orar para pedir las bendiciones celestiales. Estaba tumbada en la cama de cara a la pared, helada de la cabeza a los pies.
Las velas rojas emanaban un dulce olor a jazmin. El cansancio empezaba a pesarme. ?Por que anadir un peso adicional a una carga que ya era bastante pesada? Resurgio mi espiritu juvenil. Me llame a mi misma «palillo andante hecho de hielo». Me reprendi por crear mi propio clima helado. «?Siente el sol!», gritaba mi sabiduria juvenil. «?Por que traicionas tu coraje, Orquidea? ?Desde la muerte de tu padre no ha habido un camino hasta que caminaste entre la crecida maleza!»
Oi la voz de un hombre, procedente del lado derecho del pasillo. No podia ser nadie mas que su majestad, el emperador Hsien Feng.
Mi miedo se intensifico. No tenia una voz agradable; era como si su majestad discutiera con alguien. Notaba la tension y el mal humor en sus palabras. Se produjo un momento de silencio y luego la voz maldijo:
– ?Mugre de aguas residuales imperiales!
Oi pasos que se acercaban y me tape con las mantas y almohadas, intentando reunir el coraje para saludar a mi marido por primera vez. Habian pasado meses desde que lo habia visto por ultima vez en el salon del palacio de la Paz y la Longevidad. Sinceramente, no recordaba sus facciones. El eunuco jefe Shim me habia dado instrucciones de que no saludase a mi marido. El hecho de estar completamente desnuda aumentaba mi nerviosismo. Mi camison estaba sobre un taburete, al lado de la cama. Junto a el estaba la tunica de seda azul del emperador, que se pondria para pasar la noche.
– ?No! ?Quien se creen que soy? ?Al infierno! ?No lo permitire! -vocifero el hombre, que no estaba segura de que fuera Hsien Feng, desde la otra habitacion-… Bueno, si no hubieran venido con tropas. ?Que han hecho los ingleses y los franceses? Me han obligado a pagar ochocientos mil taels mas de los que ya me habian pedido. Ahora quieren que abra Tientsin. ?Tientsin es la puerta de Pekin, cielos! Me estan estrangulando con una cuerda…
