?Que pretenden al rectificar el tratado? ?Es una burda excusa! Ya he abierto puertos en Canton, Shanghai, Foochow y Taiwan. No me quedan mas por abrir.

Su voz se debilitaba paulatinamente y se quebro hasta el llanto.

– Estoy tan avergonzado… se ha sacrificado la dignidad de China. Ya no me atrevo a acudir al altar. ?Por que no haceis algo? No consigo dormir; he estado bebiendo, si. ?Como si no podria escapar de mis pesadillas? ?Que quereis decir con que es asunto mio?

Hubo una pausa seguida por el ruido de porcelana rota. El viento del norte silbaba al otro lado de las ventanas. Despues de un largo silencio, oi a Hsien Feng sonarse la nariz. Luego oi a alguien que se acercaba arrastrando los pies y vi la sombra de su majestad acercandose a la cortina de la cama y arrojando la colcha por encima de mi cabeza. Se sento en el borde de la cama y respiro hondo mientras se quitaba la tunica.

– ?Te, majestad? -La voz del eunuco jefe Shim procedia del pasillo.

– ?Me bebere mi propio orin! -respondio el emperador.

– ?Os deseamos que paseis una excelente noche, majestad!

Los pasos se amortiguaron en el jardin. No estaba segura de si el emperador Hsien Feng sabia que yo estaba en su cama. Por supuesto no queria sorprenderlo; ?acaso debia hacer algun ruido para que supiese que no estaba solo?

Su majestad se descalzo las botas de un puntapie y lanzo a un lado su cinturon con las cuentas y amuletos colgantes. Se quedo vestido con una camisa blanca, con la trenza negra enrollada alrededor del cuello como una serpiente. Sin ponerse el camison, se metio en la cama y se reclino sobre una almohada.

Volvio la cabeza y nuestros ojos se encontraron. No delato el mas leve asomo de sorpresa, no vi ni un parpadeo de interes en sus grandes ojos oblicuos. Era tan atractivo como lo recordaba de nuestro primer encuentro: la barbilla afeitada, una nariz recta manchu y una boca en forma de barco con labios firmes. Nunca habia visto un hombre de rasgos tan perfectos y piel tan delicada. Seguimos mirandonos; notaba como la sangre me latia en las venas.

– ?Que vuestra majestad viva muchos anos y vuestros descendientes se cuenten por centenares! -recite, tal como me habian ensenado.

– ?Otro loro! -Se dio media vuelta y se froto la cara con ambas manos-. Loros todos educados por el mismo eunuco… me aburris mortalmente.

– Majestad…

– ?No te atrevas a acercarte!

?Que podia hacer? Habia perdido mi oportunidad antes de empezar. Se me saltaron las lagrimas y temia moverme. El hombre que yacia a mi lado estaba absorto en sus propios pensamientos y solo notaba en el dolor y rabia.

Decidi abandonar la idea de atraerle. ?De que sirve el movimiento de una sola pieza de ajedrez cuando la partida ya esta perdida? Durante los ultimos nueve dias, habia permanecido despierta practicando la danza del abanico. Tambien habia recibido clases de qin de An-te-hai y habia aprendido lo suficiente como para acompanarme en unas pocas canciones. Mi voz no era la de un ruisenor, pero era agradable y dulce. Nunca me falto confianza en mi voz. Si mis padres me lo hubieran permitido, habria hecho carrera en la opera. Cuando tenia unos diez anos, una cantante que canto en mi casa me dijo que tenia madera si estaba dispuesta a trabajar duro.

?Que diria mi madre? ?Cuantas veces habia dicho: «Para coger a los cachorros, uno se debe arriesgar y entrar en la cueva del tigre»? Yo ya estaba en la cueva del tigre y no habia cachorros. Me acorde de otra historia que me habia contado. Era sobre una familia de monos que intentan atrapar el reflejo de la luna en el agua. Los monos se reunieron en un gran arbol e hicieron una larga cadena que iba desde el arbol hasta el agua. El mono mas bajito intento recoger la luna con una cesta. Era un plan ingenioso, pero la teoria de mi padre era que ciertas cosas son sencillamente imposibles y que es de sabios aceptar las propias limitaciones.

?Habia algo que yo pudiera hacer en aquel momento? Sentia la suavidad y el frescor de la almohada de seda contra la mejilla. Ya no podia seguir arrastrando mis pensamientos por aquel sendero. En mi cabeza oi un aria: «Como un rio que fluye colina arriba, como un pollo al que le salen dientes…».

Me desperto un golpecito en el hombro.

– ?Como te atreves a dormir mientras su majestad esta despierto?

Me sente; no estaba segura de quien era el.

– ?Donde has estado? -se burlaba el hombre que tenia delante de mi-. ?Suchou o Hangchou?

Estaba conmocionada.

– Disculpadme, majestad, por no haber permanecido despierta. No queria molestaros, estaba cansada y me he dormido negligentemente.

– ?Eso no tiene ningun sentido!

Me pellizque el muslo con la intencion de azuzar mi mente.

– ?Como ibas a estar cansada? -pregunto con sorna el emperador Hsien Feng-. ?Que has estado haciendo ademas de bordar?

Me quede callada, pero la rueda de mi mente giraba a toda velocidad.

– Responde a mi pregunta. -Su majestad se levanto de la cama y empezo a pasear con la camisa abierta por delante-. Si has estado bordando, cuentamelo, necesito distraccion.

Note que su majestad no tenia interes en oirme hablar de bordados ni de ninguna otra cosa. Me buscaria problemas dijera lo que dijese. El hombre estaba que echaba humo. Queria decirle que esperaba acostarme con el, no conversar.

Su majestad me miro. Al darme cuenta de que estaba desnuda, alargue la mano hacia el taburete para coger mi camison. El le dio una patada y mi camison cayo al suelo.

– ?No te apetece estar sin tus ropajes un rato?

Le mire, sorprendida por sus palabras. Su voz me recordo la de ciertos chicos de pueblo que habia conocido, muchachos adolescentes que aun tenian voz de gallitos.

– A mi me gustaria. -El hijo del cielo respondio su propia pregunta-. Incluso seria feliz por un momento.

Me podia la curiosidad y decidi arriesgarme.

– ?Majestad, me permitis una pregunta?

– Si, puedes pedirme lo que quieras, salvo mi semilla.

Comprendi a que se referia y me senti insultada; perdi el interes en seguir hablando.

– Adelante, esclava, te he concedido permiso.

Me fallo la voz. La desesperacion inundo la orilla de mi corazon y pense en lo que tenia que hacer para aprovechar aquella unica oportunidad. Oia el tictac del reloj y la voz del eunuco jefe Shim: «?Se acabo el tiempo, dama Yehonala!».

Intente convencerme de que debia aceptar la perdida, pero mi espiritu no me obedecia. Todos los nervios de mi cuerpo se rebelaron contra mi voluntad para realizar lo que me habian ensenado.

– Enviare a alguien para que os reemplace. -Su majestad se inclino. Olia a piel de naranja-. Tengo ganas de ser complacido. -Su aliento me rozo la mejilla y el parecia disfrutar con la amenaza-. Quiero un loro. ?Cucu! ?Cucu! Canta o muerete. ?Cucu!

Estaba desesperada y seguia sin encontrar las palabras adecuadas.

– El eunuco jefe Shim espera detras de la puerta -continuo su majestad-. Puedo llamarle para que se te lleve. -Se movio hacia la puerta.

Deje que mi naturaleza recuperara la iniciativa. La desesperacion habia despertado mis ganas de luchar y de repente mi miedo desaparecio. En el ojo de la mente vi una cuerda de suicida colgando de una viga del palacio imperial, bailando como las mangas de la diosa luna. La alegria por recuperar el control era inesperada, pero real. Me levante de la cama y me puse el camison.

– ?Que paseis una noche excelente, majestad! -dije, y luego me precipite hacia la puerta.

Me habria arrepentido de haber sido mas vieja o mas experimentada, pero tenia dieciocho anos y me bullia la sangre. La situacion me habia exasperado. Consciente de que seria decapitada por mi comportamiento, queria representar el acto final a mi modo.

– ?Alto! -grito el emperador Hsien Feng a mi espalda-. Has ofendido al hijo del cielo.

Me di media vuelta y vi una sonrisa en su cara.

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