Antes de acabar la ultima nota, el emperador Hsien Feng estaba dormido. Deje el instrumento junto a la cama, deseando que aquel momento fuera eterno, pero era hora de marcharse. Segun la costumbre, debia volver a mi propio palacio a medianoche. Los eunucos vendrian pronto y se me llevarian. ?Me volveria a llamar? Lo mas probable era que el emperador Hsien Feng me hubiera olvidado cuando despertase.
Me invadio una sensacion de melancolia. La suerte no me habia conducido hasta la intimidad. Intente no pensar en mi
Tumbada a su lado, miraba morir las velas una tras otra dentro de los faroles rojos. Me esforce por no sentirme derrotada; ?que bien me haria a mi misma derrumbandome? El emperador solamente se irritaria.
La pena me ahogaba en silencio. Mi corazon flotaba en un oceano estrangulado por las algas. La vela del ultimo farol parpadeo y se apago. La habitacion quedo en penumbra. No habia notado hasta entonces que las nubes tapaban la luna por completo. El canto de los
Un rayo de luna corto el suelo, un rayo blanco con destellos amarillos. Me recordo la tez de mi madre mientras miraba morir a mi padre. Cada dia las arrugas se la comian un poco, y mas profundamente le comian la piel. De repente un dia las arrugas cambiaron el paisaje entero de su cara. Le colgaba la piel como si la tierra tirase de ella. Mi madre ya no era una mujer joven.
Despacio y en silencio, baje de la cama, coloque el
Hsien Feng dormia acurrucado, como un hombre sonando suenos de hombre. Como todos en China, solia pensar que el hijo del cielo era una figura divina, el dragon que penetraba el universo. Aquel dia vi a un hombre cuyos delicados hombros tenian problemas para soportar el peso de la nacion; vi a un hombre que sollozaba durante mis canciones, un hombre que habia crecido sin el amor de una madre. ?Que era la desgracia sino eso? ?Que terrible debio de ser para el cuando su madre se colgo vergonzosamente y todo el mundo le mintio, aunque todos sabian la verdad! La ironia es que nunca conseguiria ser el hombre sencillo que deseaba ser. A la manana siguiente, delante de su audiencia, tendria que fingir.
Aquella noche bien habia valido mi
La luz de la luna se movio, brillando a traves de los marcos labrados de la ventana. Las sombras parecian un bordado derramandose sobre el suelo. Apoye la mejilla sobre la suave sabana de seda del lecho imperial y mi piel contra el cuerpo del hijo del cielo. Queria agradecerle el habernos despojado de nuestros titulos y habernos tocado tal como hacen las almas comunes.
Me relaje ante aquel pensamiento, aunque aun tenia miedo. Me prepare para abandonar el salon de la Nutricion Espiritual y no regresar jamas.
El emperador Hsien Feng se dio la vuelta, descubriendo su brazo derecho. A la luz de la luna, parecia tan delgado como un muchacho joven. Le dejaria dormir. Ahora estaba de cara a mi. Ya no tenia el ceno fruncido; debia de tener dulces suenos.
El canto de los
Podia besarlo, pense, podia besar a su majestad del modo que habia aprendido en la casa del Loto. Desee que su majestad fuera igual que los clientes que visitaban aquella casa, pues conocian el placer y lo buscaban a la minima oportunidad. Me pregunte si el emperador Hsien Feng habia experimentado alguna vez autentico placer. Creia que no; no parecia acostumbrado al afecto, pero ?como iba a culparlo de ello? Tenia que gobernar el pais y cada noche su deber era depositar su semilla en cientos de vientres. Asi yo tambien seria impotente.
Oi unos pasos leves; los eunucos venian a buscarme. El emperador Hsien Feng aun estaba inmovil, asi que me despedi en silencio.
Llamaron flojito a la puerta. Yo estaba de pie a la luz de la luna. La puerta se abrio poco a poco y la sombra del eunuco jefe Shim tapo la luna. Se arrojo al suelo e hizo reverencias hacia el emperador durmiente.
– Es hora de llevarme a la dama Yehonala, su majestad.
Como no obtuvo respuesta, el eunuco jefe repitio sus palabras, pero por toda replica se oyeron los ronquidos del emperador Hsien Feng. Sin vacilacion, Shim ordeno por senas que entraran cuatro eunucos. Se acercaron a mi con la litera, me tomaron por los brazos para colocarme en ella y me llevaron fuera de la habitacion. Justo cuando Shim estaba a punto de cerrar la puerta, un subito grito surgio de la habitacion:
– ?No!
Shim regreso e indico a su gente que se detuviera, mientras asomaba la cabeza dentro de la habitacion.
– ?Majestad?
No hubo respuesta, asi que dudo un instante e indico a los eunucos que me soltasen. Baje de la litera y volvi a entrar descalza en la habitacion de su majestad. El eunuco jefe Shim cerro la puerta. Yo no estaba en mis cabales. Su majestad se acurruco a mi espalda. El contacto de su piel me parecia excitante. Aun estaba dormido. Yo permaneci despierta otra hora antes de caer rendida. En mis suenos me tragaba un dragon con boca de tiburon, las nubes me envolvian y luchaba por librarme del monstruo, pero me tenia cogida por los hombros y por el pecho. El dragon me sujetaba en sus garras y susurraba: ?Soy poderoso!
Me desperte; el emperador Hsien Feng me estaba acariciando. Note la misma sensacion que cuando me sente sobre los huevos. Tenia las manos frias pero el cuerpo templado y sus movimientos eran tiernos; estaba explorando.
Me agarre a el como una enredadera a un arbol. El buscaba a tientas y su respiracion se hizo mas pesada. Parecia sorprendido de su propia excitacion; en un momento me alejaba y al siguiente se volvia a arrojar sobre mi. Intente recordar los pasos que habia aprendido en la casa del Loto, pero mi mente era un hervidero donde mis pensamientos se convertian en judias blandas.
– Cogelo -susurro-. ?Estas preparada?
– ?Preparada… para que, majestad?
– No me hagas enfadar; pon tu trasero en pompa. ?No vas detras de mis semillas?
– ?Que espera su majestad que diga?
– Di las frases.
– ?Frases? ?Que frases? He… olvidado las frases. No quereis que os aburra con algo que habeis oido decir cientos de veces.
– ?Callate, por mis ancestros!
Y Hsien Feng se aparto.
Me quede mirandolo y lo encontre atractivo en su desnudez. Sera mejor que me guste, pense, porque nunca se me permitira ver a ningun otro hombre desnudo en mi vida. Me pregunto que pensaba y conteste con sinceridad.
– ?Que espiritu mas perverso! -susurro despacio-. Estas tranquila y no tienes miedo. Miras al hijo del cielo como si fuera un arbol.
Decidi no interrumpirle.
– Mira, estoy obligado a hacer que manches la sabana de sangre. Shim aguarda para recogerla; esta aguardando para que los funcionarios de la casa imperial la examinen y lo anoten en el libro de registro. Luego esperaran sintomas de que viene un heredero. Calcularan las fechas con los dedos, llamaran a los medicos para que observen, noche y dia, algun signo de embarazo.
