Le comente al emperador Hsien Feng la desaparicion de Nieve y que no habia podido resolver el misterio. «Buscate otra», fue su respuesta. Le conte el incidente solo cuando no pude satisfacer su peticion de cantar para el porque estaba demasiado preocupada.
– No puede haber sido Nuharoo -afirmo-. Puede que no sea terriblemente inteligente, pero no es agresiva.
Estuve de acuerdo con el, mas de una vez Nuharoo me habia sorprendido con sus comentarios o su conducta. Una semana antes, al concluir una audiencia, el emperador nos dijo que una gran parte del pais atravesaba una grave sequia y que en las provincias de Hupeh, Hunan y Anhwei la gente se moria de hambre.
– Cuatro mil nuevas muertes desde el invierno. -Su majestad iba y venia desde el lavamanos hasta el trono-. ?Cuatro mil! ?Que otra cosa puedo hacer ademas de ordenar decapitar a los gobernadores? Los campesinos han empezado a saquear y robar; pronto se levantara toda la nacion.
Nuharoo se quito el collar, las pulseras y sus pasadores del cabello.
– Majestad, son vuestros de ahora en adelante. Subastadlos para que los campesinos puedan comer.
Mientras hablaba, una rutilante nobleza le iluminaba el rostro.
Se que Hsien Feng no queria herir sus sentimientos, pero le pidio a Nuharoo que recogiera sus pertenencias y luego se dirigio a mi:
– ?Tu que harias si estuvieras en mi lugar?
Recorde una idea que habia oido a mi padre debatir con sus amigos.
– Elevaria los impuestos a los ricos terratenientes, mercaderes y funcionarios gubernamentales. Les diria que es una emergencia y que el pais necesita su apoyo.
Aunque el emperador Hsien Feng no alabo mi sugerencia delante de Nuharoo, me recompenso mas tarde. Aquella noche mantuvimos una larga conversacion. Dijo que se sentia bendecido por sus antepasados por haberle concedido una concubina no solo hermosa sino inteligente. Yo estaba encantada, aunque me sentia algo timida. Decidi que debia trabajar para estar a la altura de los halagos de su majestad.
Aquella noche fue la primera que no tuve que realizar la danza del abanico. Nos sentamos en la cama y conversamos. Su majestad me hablo de su madre y yo le hable de mi padre. Lloramos juntos. Me pregunto que recordaba de mi vida cuando era nina en el campo. Le conte una experiencia que cambio mi vision de los campesinos. Era el ano 1846 y yo tenia once anos; participaba en un evento organizado por mi padre, el
– El verano era torrido y humedo -recorde-. El verdor se extendia hasta donde alcanzaba mi vista y las cosechas estaban altas hasta la cintura. El arroz, el trigo y el mijo engordaban cada dia. La siega se avecinaba. Mi padre estaba feliz porque sabia que si todo iba bien hasta la recoleccion, los campesinos de casi quinientos poblados tendrian suficiente como para sobrevivir todo el ano; para ellos se acabaria el vivir en la pobreza.
»Luego llego el zumbido de los enjambres de langostas. Descendieron cuando las cosechas empezaban a madurar y, de la noche a la manana, toda la region estuvo plagada, como si salieran de las nubes o del interior de la tierra. Aquellas primas pardas de los grillos tenian cerca de las alas dos minusculos tambores parecidos a conchas. Cuando las alas golpeaban los tambores, sonaba como unos dedos tamborileando sobre hojalata. La plaga se acercaba en nubes negras que tapaban el sol. Asediaban las cosechas y se comian las hojas con dientes como sierras. En pocos dias el verdor de los campos habia desaparecido.
»Mi padre reunio a todos sus hombres para ayudar a los campesinos a luchar contra las langostas. La gente se quitaba los zapatos y golpeaba a las langostas con ellos. Mi padre se percato de lo inutil de ese gesto y cambio de tactica.
»Declaro el estado de emergencia y dijo a los campesinos que excavaran trincheras. Aposto a algunas personas para detener el avance de las langostas a traves de las cosechas. Cuando la trinchera estuvo preparada, mi padre ordeno a un grupo de campesinos perseguir a las langostas. “Agitad vuestras ropas en el aire”, ordeno. La idea era empujar a las langostas hacia la trinchera, mientras otro grupo se alineaba detras de esta, que estaba llena de paja seca.
»Miles de personas agitaban sus ropas y gritaban a pleno pulmon, y yo era una de ellas. Atrapamos las langostas en la trinchera y, una vez estuvieron dentro, mi padre ordeno prender fuego a la paja. Las langostas se asaron. Yo las golpeaba tan rapido como podia para evitar que escaparan. Luchamos durante cinco dias y cinco noches y pudimos salvar la mitad de las cosechas. Cuando mi padre canto victoria, estaba cubierto de langostas y de sus conchas rotas, incluso se sacaba langostas de los bolsillos.
El emperador Hsien Feng me escuchaba fascinado. Me dijo que se imaginaba a mi padre y que le hubiera gustado conocerle.
Al dia siguiente me ordenaron que me trasladara a vivir con su majestad. Me quedaria alli el resto del ano. Me instalo en un recinto conectado a la sala de audiencia y venia a verme durante las pausas y entre las audiencias.
No me atrevia a desear que mi buena suerte durara siempre. Intentaba con todas mis fuerzas no crearme expectativas, pero en lo mas profundo de mi ser deseaba conservar lo que habia sembrado.
Cuando el emperador Hsien Feng me dejaba para ir a trabajar, le echaba inmediatamente de menos. Enseguida me aburria y aguardaba impaciente su regreso. Mientras paseaba alrededor del jardin, poco podia pensar o hacer salvo reflexionar sobre lo que habia sucedido la noche anterior. Me alimentaba con los detalles del tiempo que pasabamos juntos.
Cada dia comprobaba el calendario para recordarme a mi misma que habia ganado otro dia de suerte. Mayo de 1854 fue la mejor epoca de mi vida; yo tenia casi veinte anos. La vida era demasiado buena para ser cierta tratandose de una chica de mi origen. Sin embargo nunca deje que la adoracion del emperador alterara mi sentido de la realidad. Siempre que me entusiasmaba, me recordaba a mi misma el momento en que vi a Nuharoo y a las demas concubinas. Me decia a mi misma que mi suerte podia acabarse en cualquier instante e intentaba sacarle el mejor partido a mi tiempo.
Con el cambio de estacion, su majestad se traslado a Yuan Ming Yuan, el Gran Jardin Circular, y me llevo con el. Era el mas hermoso de sus palacios de verano. Generaciones de emperadores habian ido alli a alimentar su soledad. El lugar en si era una fabula. Estaba situado al noroeste de la Ciudad Prohibida, a unos veintiocho kilometros de Pekin. Habia jardines dentro de jardines, lagos, prados, brumosas hondonadas, exquisitas pagodas, templos y, claro esta, palacios. Uno podia vagar desde la salida del sol hasta el ocaso sin ver dos veces el mismo paisaje. Tarde un tiempo en darme cuenta de que Yuan Ming Yuan se extendia a lo largo de treinta y dos kilometros.
Los jardines principales fueron construidos por el emperador Kang Hsi en 1709. Habia una leyenda sobre como Kang Hsi descubrio el lugar. Un dia, dando un paseo, encontro unas ruinas misteriosas. Encantado por su naturaleza e inmensidad, estaba seguro de que no se trataba de un lugar corriente. Y tenia razon, era un antiguo parque enterrado por una tormenta de arena del desierto de Gobi. Descubrio que habia pertenecido a un principe de la dinastia Ming y que habia sido su reserva de caza.
Emocionado con el descubrimiento, el emperador decidio construir un palacio-jardin sobre las ruinas. Mas tarde se convirtio en su refugio favorito y vivio alli hasta su muerte. Desde entonces sus sucesores siguieron adornandolo y acrecentando sus maravillas, y anadieron mas pabellones, palacios, templos y jardines.
Lo que mas me sorprendia es que ningun palacio fuera similar a otro y sin embargo el conjunto no diera sensacion de inarmonico. Contribuir a algo tan perfecto que pareciera accidental era el proposito del arte y la arquitectura china. Yuan Ming Yuan reflejaba el amor taoista a la espontaneidad natural y la creencia confuciana en la capacidad del hombre para mejorar la naturaleza.
Cuanto mas aprendia sobre arquitectura y artesania, todavia me atraian mas las obras de arte individuales. Pronto mi sala de estar se convirtio en una galeria; yo estaba rodeada de bellos objetos, que iban desde jarrones hasta granos labrados, esculturas talladas en un grano de arroz. En mi habitacion tambien habia lavamanos de largos pies con diamantes incrustados. Las vitrinas se convirtieron en mis escaparates, que llenaba de mechones de pelo de la suerte, relojes preciosos, cajas de lapices y botellas de perfume decorativas. An-te-hai enmarcaba cada pieza para el placer de mis ojos. Mi favorita era la mesa de te con perlas como canicas.
El emperador Hsien Feng habia caido enfermo a causa de la tension que le producia reinar. Despues de las audiencias venia a mi con cara sombria y humor terriblemente negro. Odiaba levantarse por la manana y queria eludir su obligacion de celebrar audiencias; su reticencia aumentaba sobre todo cuando se requeria su firma en
