consecuencia, siempre con deferencia y reserva. Cuando se llegaba a una conclusion, el emperador Hsien Feng dictaba un decreto. Se ordenaba a un erudito de la corte del mas alto rango que escribiera el decreto en chino y en manchu. Entonces se llamaba al siguiente de la lista y el procedimiento se repetia hasta el mediodia.

Yo estaba mas interesada en aprender lo que estaba sucediendo en el pais que en escuchar a ministros que en su vida habian puesto un pie fuera de Pekin. La mayoria de los debates me parecian aburridos y las soluciones carecian de sentido comun. Me sorprendian las diferencias entre los principes reales, los miembros de los clanes manchues y los gobernadores y generales, la mayoria chinos Han, que olian a polvora. Me impresionaban los chinos simplemente porque inyectaban una nota de realidad. A los funcionarios de origen manchu les encantaba discutir sobre ideologia. Proferian esloganes patrioticos como escolares. Los funcionarios Han preferian permanecer en silencio cuando surgia un conflicto en aquella corte manchu. Si deseaban imponer una idea, la presentaban desapasionadamente, aportando solo los hechos al emperador y a su corte.

Despues de asistir a unas cuantas audiencias, me percate de que los chinos no intentaban rebatir al emperador. Si rechazaban su propuesta, lo aceptaban con humildad. A menudo cumplian la orden de su majestad aun cuando sabian que carecia de eficacia. Despues de perder miles de vidas, los chinos regresaban con la cifra de bajas, con la esperanza de que el emperador reconsiderase su propuesta. Cuando lo hacia, se sentian tan aliviados que lloraban. Me conmovia su lealtad, pero deseaba que Hsien Feng escuchara menos a los nobles manchues y mas a los chinos.

Empezaba a comprender por que el emperador se comportaba del modo en que lo hacia. Mas de una vez me dijo que creia que solo un manchu era capaz de sentir pura devocion hacia la dinastia Qing. En caso de diferencia de opiniones, siempre se decantaba por los funcionarios manchues. Favorecia el privilegio de la raza dominante y demostraba a la corte su confianza en los ministros de origen manchu. Durante siglos los ministros chinos habian conseguido superar la humillacion. Su fuerza y su paciencia me inspiraban un respeto reverencial.

Capitulo 12

Al ayudar al emperador Hsien Feng, me familiarice con dos personas de gran ascendente en la corte y cuyas opiniones eran diametralmente opuestas. Uno era Su Shun, el jefe del Gran Consejo; el otro era el principe Kung, el hermanastro del emperador.

Su Shun era un manchu de unos cuarenta anos, ambicioso y arrogante, un hombre alto con un cuerpo vigoroso que me recordaba a un buho por sus grandes ojos y su nariz fina y ligeramente ganchuda. Tenia un entrecejo poblado y desigual, una ceja mas alta que la otra. Famoso por su ingenio y su temperamento explosivo, representaba al partido conservador de la corte. Mi marido decia que era un «mercader que vende ideas fantasticas». Yo admiraba el talento de Su Shun para pronunciar discursos imponentes inspirados en ejemplos de la historia, la filosofia e incluso las operas clasicas. A menudo me sorprendia a mi misma preguntandome: ?Hay algo que este hombre no sepa?

El detalle era la especialidad de Su Shun y su sentido dramatico potenciaba su efecto como gran narrador de historias. Cuando escuchaba sentada detras de la cortina, la mera emision de su voz me convencia de sus palabras, aun cuando discrepase de su politica.

Para la corte, Su Shun era un libro andante que contenia miles de anos de civilizacion china. La vastedad de su conocimiento carecia de parangon y era el unico ministro que hablaba a la perfeccion manchu, mandarin y chino antiguo. Su Shun disfrutaba de gran popularidad entre los clanes manchues, entre los cuales sus ideas contrarias a los barbaros recibian amplio apoyo.

Como septimo nieto de un noble y como descendiente del fundador de la dinastia Qing, Nurhachi, Su Shun tenia relaciones en las altas esferas. Su poder tambien procedia de su amistad con hombres influyentes, muchos de los cuales eran chinos ricos. Desde su juventud habia viajado mucho y sus amplios gustos le permitian comunicarse eficazmente con la sociedad en general. Conocido por su interes por el arte antiguo, poseia varias tumbas antiguas en Hsi-an, donde se creia que estaba enterrado el primer emperador de China.

Su Shun era considerado un hombre generoso y leal. Circulaba una historia de cuando empezo a trabajar en la corte como ayudante de un funcionario menor: se dice que vendio las joyas de su madre con el fin de montar banquetes para sus amigos. Mas tarde supe que Su Shun utilizaba aquellas refinadas colaciones para conseguir informacion acerca de todos los ambitos de la vida. Asi se enteraba, entre otras cosas, de los rumores sobre los actores mas populares de Pekin, de quienes escondian mas oro en su patio trasero, de las reformas militares o de los matrimonios politicos.

La reciente promocion de Su Shun como mano derecha del emperador Hsien Feng partia de la frustracion de su majestad ante la burocracia cortesana. La corte era tan corrupta que la mayoria de los funcionarios no hacia mas que apoltronarse en sus titulos y cobrar sus salarios. Muchos eran descendientes de la realeza que habian luchado a las ordenes de poderosos principes; otros eran manchues ricos, pero de extraccion humilde, que habian comprado sus cargos mediante «donaciones» a los gobernadores provinciales. Juntos formaban una elite que dominaba la corte. Con los anos habian vaciado las arcas del tesoro imperial. Mientras el pais sufria economicamente, aquellas gentes continuaban medrando. Cuando el emperador Hsien Feng comprendio la magnitud del problema, promociono a Su Shun para que «barriera toda aquella basura».

Su Shun era eficaz y riguroso. Se centro en un solo caso muy destacado de corrupcion relativa al examen de acceso a la administracion publica imperial. El examen se celebraba cada ano y afectaba a las vidas de miles de personas de todo el pais. En su informe para el emperador Hsien Feng, Su Shun acuso a cinco jueces de alto rango de aceptar sobornos. En el presento tambien noventa y un casos de manipulacion de las puntuaciones de la prueba y puso en entredicho al numero uno de la promocion del ano anterior. Para restaurar la reputacion de la administracion publica, el emperador ordeno decapitar a los cinco jueces y al numero uno de la promocion anterior. La gente aplaudio su accion y Su Shun se convirtio en un nombre famoso.

Otra accion de Su Shun le deparo aun mayores honores; persiguio a los bancos que falsificaban taels. Uno de los mayores estafadores resulto ser su mejor amigo, Huang Shan-li. Huang habia salvado una vez a Su Shun de ser asesinado por un acreedor implacable, asi que todo el mundo pronostico que Su Shun encontraria el modo de exonerar a su amigo, pero Su Shun demostro que, ante todo, era leal al emperador.

El otro hombre cuya opinion valoraba el emperador Hsien Feng era el principe Kung. Una vez el emperador admitio delante de mi no tener el talento del principe Kung, como tampoco sus demas hermanastros, el principe Tseng y el principe Ch’un, lo tenian. Tseng era «un perdedor que se cree un triunfador» y Ch’un era «honesto, pero no demasiado brillante».

Al principio no estaba de acuerdo con mi marido. La seriedad y la naturaleza polemista del principe Kung podia resultar distanciadora, pero a medida que fui conociendolo mas, mi opinion sobre el fue cambiando. Se crecia en las dificultades. El emperador Hsien Feng era demasiado delicado, sensible y, sobre todo, profundamente inseguro. Claro que nadie era consciente de ello, pues solia ocultar su temor bajo un manto de arrogancia y firmeza. Cuando tenian que tratar una perdida, la mente de Hsien Feng caia en el fatalismo, mientras que su hermano conservaba una mirada mas optimista.

Se me hacia extrano pasar el tiempo con ambos hombres. Al igual que millones de muchachas en China, habia crecido oyendo historias sobre sus vidas privadas. Antes de que Hermana Mayor Fann me contase los detalles, yo ya sabia los rasgos generales de la tragica muerte de la emperatriz Chu An. Cuando Hsien Feng me la describio con sus propias palabras, sonaba trivial e incluso falsa. No recordaba la escena de la despedida de su madre.

– Ningun eunuco aguardaba fuera sujetando una cuerda de seda blanca e instandola a cumplir con su destino. -El tono de su majestad era monotono e imperturbable-. Mi madre me acosto en la cama y cuando desperte me dijeron que estaba muerta; no volvi a verla jamas.

Para el emperador Hsien Feng, la tragedia era una forma de vida, mientras que para mi era una opera triste. El Hsien Feng de los seis anos debio de sufrir mucho y seguia sufriendo como adulto, pero no se permitia tales sentimientos o tal vez ya no podia permitirselos. El emperador me dijo una vez que la Ciudad Prohibida no era mas que una cabana de paja ardiendo en un vasto desierto.

Los porteadores del palanquin subian despacio las colinas. Detras de nosotros, los eunucos arrastraban una vaca, una cabra y un ciervo atados con cuerdas. El camino era tan abrupto que a veces teniamos que bajarnos de

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