Nombro a Kung consejero jefe del gabinete militar imperial. El poder del principe Kung era igual al de Su Shun. Ignorando las protestas de Su Shun, su majestad concedio al principe Kung el derecho a elegir a quien quisiera para trabajar con el, incluso a su suegro, el gran secretario Kuei Liang, que resultaba ser el enemigo de Su Sung.

Llegamos al jardin del Discernimiento antes del mediodia. Habian notificado nuestra llegada al principe Kung y a su fujin -esposa en manchu-, y nos esperaban junto a la puerta. Kung parecia encantado de ver a su hermano. Tenia veintidos anos, dos menos que Hsien Feng, pero eran mas o menos de la misma estatura. Detecte cierta frialdad en el principe Kung cuando me miro furtivamente, note su suspicacia y su desconfianza. Sin duda se preguntaba por que su hermano me mantenia a su lado, sobre todo dados los rumores tan crueles que circulaban.

Siguiendo la tradicion, el principe Kung celebro un ritual de bienvenida. A mi me parecio muy poco afectuoso. No se comportaban como dos hermanos que habian crecido juntos; se parecia mas a un criado rindiendo tributo a su amo.

El emperador Hsien Feng agradecio el gesto de su hermano. Le impacientaban las formalidades y se apresuro en su respuesta. Antes de que Fujin concluyera la frase «deseo a su majestad diez mil anos de vida» y sus postraciones, abrazo a su hermano.

Yo acabe mis postraciones y reverencias y permaneci a un lado para escuchar y observar. Descubri parecidos en el modo en que ambos hermanos se comportaban: elegantes y arrogantes al mismo tiempo. Ambos tenian tipicos rasgos manchues: ojos oblicuos con un gran parpado superior, nariz recta y una boca muy definida. Pero pronto observe una diferencia: el principe Kung tenia una postura de jinete mongol. Caminaba con la espalda recta pero con las piernas arqueadas. Los movimientos del emperador Hsien Feng eran los de un viejo colegial.

Intercambiamos regalos; yo le di a Fujin un par de zapatos, que An-te-hai habia traido hacia solo un momento, adornados con perlas y cuentas de jade verde que formaban un hermoso dibujo floral. Fujin estaba encantada, y a cambio me dio una pipa de cobre. Nunca habia visto una igual; la pequena pipa tenia representada una sofisticada escena de batalla extranjera, con barcos, soldados y olas. Las minusculas figuras estaban incrustadas con precision y la superficie era tan pulida como la porcelana. Fujin me dijo que la habian fabricado con la ayuda de una maquina inventada por un ingles. Fue el regalo de uno de los empleados del principe Kung, un britanico llamado Robert Hart.

Despues de los saludos, llegaron criados con esterillas que colocaron a nuestros pies. El principe Kung se arrojo en la suya y empezo a reverenciar a su hermano una y otra vez, tocando el suelo con la frente. Su mujer le siguio. Con el permiso del emperador, llamo a sus hijos y concubinas, que aguardaban vestidos para la ocasion. Fujin se aseguro de que los ninos saludaran a la perfeccion.

Cuando por fin acabo el ritual y nos llevaron hasta la sala de estar, me senti aliviada. Fujin pidio disculpas y se ausento. Antes de sentarme, el principe Kung me pregunto si me gustaria que Fujin me acompanara a dar un paseo por el jardin. Le dije que preferia quedarme, si no le importaba, ante lo cual se sorprendio, pero no dijo nada.

Con el consentimiento del emperador Hsien Feng, permaneci en mi asiento. Los hermanos empezaron la conversacion y el principe Kung se dirigio unicamente a su hermano, como si yo no estuviera en la habitacion.

Nunca habia visto a nadie hablar tan franca y apasionadamente como el principe Kung. Pronunciaba sus palabras con gran urgencia, como si su casa estuviera en llamas y no hablase lo bastante rapido.

Antes de que el emperador pudiera dar el primer sorbo a su te, el principe Kung le puso delante una carta.

– Las noticias llegaron ayer con un sello de prioridad de novecientos kilometros. Es del gobernador de la provincia de Shantung. Como veis, estan dirigidas a Su Shun y a mi, y son extraordinariamente preocupantes.

El emperador Hsien Feng dejo su te.

– ?Que ocurre?

– Los diques del rio Amarillo se han derrumbado cerca de la frontera entre la provincia de Shantung y la de Kiansu. Se han inundado veinte pueblos y han muerto cuatro mil personas.

– ?Alguien sera castigado! -exclamo el emperador Hsien Feng, que parecia mas molesto que preocupado.

El principe Kung dejo el documento y suspiro.

– Es demasiado facil decapitar a un par de alcaldes y gobernadores, pero nada nos devolvera las vidas perdidas. Necesitamos que las autoridades locales se ocupen de los que se han quedado sin hogar y organicen rescates.

Hsien Feng se tapo la cara con las manos.

– ?No quiero oir mas malas noticias! ?Dejadme solo!

Como si no tuviera tiempo para pensar en el sufrimiento de su hermano, el principe Kung prosiguio:

– Tambien necesito vuestro apoyo para establecer un Tsungli Yamen.

– ?Que es un Tsungli Yamen? -pregunto el emperador Hsien Feng-. Nunca habia oido ese titulo.

– Una agencia nacional de asuntos exteriores.

– ?Ah, el problema exterior! ?Por que no sigues adelante, si crees que lo necesitas?

– No puedo.

– ?Que te detiene?

– Su Shun, la corte, los ancianos de los clanes. Me encuentro con una fuerte oposicion; la gente dice que si nuestros antepasados nunca lo han tenido, por que vamos a convocarlo nosotros.

– Todo el mundo espera que el espiritu de nuestro padre obre un milagro -dijo el emperador frunciendo el ceno.

– Si, majestad. Mientras tanto estan llegando muchos mas extranjeros. Nuestra mejor opcion es levantar ciertas restricciones para recuperar gradualmente el control de la situacion. Tal vez podamos echarlos un dia, pero primero debemos tratarlos segun las reglas que ambos acordemos. Los extranjeros llaman a estas reglas «ley», a grandes rasgos equivalente a lo que llamamos «principio». El Tsungli Yamen se encargara de hacer las leyes.

– Entonces, ?que quieres de mi? -pregunto el emperador Hsien Feng en un tono muy distante al entusiasmo.

– Me pondre en marcha si me concedeis fondos de maniobra. Mi gente necesita aprender idiomas extranjeros y, claro esta, tengo que contratar extranjeros como profesores. Los extranjeros…

– ?No soporto la palabra «extranjeros»! -le interrumpio el emperador-. Me molesta reconocer a los invasores. Solo se que vienen a China a imponerme sus maneras.

– Tiene su lado bueno para China, majestad; el libre comercio contribuira a desarrollar nuestra economia.

El emperador Hsien Feng levanto la mano para acallar al principe Kung.

– No sere obsequioso cuando me averguenzan.

– Os comprendo y estoy de acuerdo con vos, hermano mio -dijo el principe Kung con amabilidad-, pero no teneis ni idea de las humillaciones que he tenido que soportar. Me presionan por ambos lados, los extranjeros y los nacionales. Mis propios funcionarios y trabajadores me han llamado «el lameculos del diablo».

– Te lo mereces.

– Bueno, es facil cerrar los ojos, pero ?acaso se esfumara la realidad? -El principe Kung hizo una pausa y al cabo de un instante decidio acabar lo que habia empezado a decir-. Lo cierto es que nos estan atacando y no tenemos defensas. Me preocupa que la arrogancia ignorante de nuestra corte nos cueste la dinastia.

– Estoy cansado -se lamento Hsien Feng despues de un momento de silencio.

El principe Kung llamo a los criados, que trajeron una silla de roten de respaldo plano y ayudaron al emperador Hsien Feng a sentarse. Con el rostro blanquecino y ojos somnolientos dijo:

– Mis pensamientos se alejan volando como mariposas. No me hagas pensar mas, por favor.

– Entonces, ?tengo vuestro permiso para abrir el Tsungli Yamen? ?Hareis que envien los fondos?

– Espero que eso sea todo lo que pidas.

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