Hsien Feng cerro los ojos.

El principe Kung meneo la cabeza y esbozo una amarga sonrisa. La habitacion se quedo en silencio; a traves de las ventanas, vi a las doncellas persiguiendo a los ninos mientras tiraban piedras a un estanque.

– Necesito un decreto oficial, majestad. -El principe Kung parecia suplicar-. Hermano, no podemos permitirnos mas espera.

– Muy bien.

Con los ojos aun cerrados, Hsien Feng volvio el rostro hacia la pared.

– En vuestro decreto debeis dar al Tsungli Yamen autentico poder.

– De acuerdo, pero a cambio tienes que prometerme -solicito el emperador Hsien Feng haciendo un esfuerzo por levantarse- que quienes contratemos deberan rendir o perderan la cabeza.

El principe Kung parecio aliviado.

– Puedo aseguraros que la calidad de mi gente sera incomparable, pero las cosas son mas complejas. El obstaculo mas serio al que se enfrentan mis funcionarios es la corte, que no nos respeta. Se alegran en secreto cuando los aldeanos hostigan a los embajadores extranjeros y asesinan a misioneros. No puedo explicaros lo peligroso que es semejante comportamiento; puede desencadenar una guerra. Los ancianos de los clanes carecen de vision politica.

– Entonces ilustra a la corte -le insto el emperador Hsien Feng abriendo los ojos; parecia realmente cansado.

– Lo he intentado, majestad. He convocado reuniones en nombre del Tsungli Yamen y no ha acudido ningun hombre de ningun clan. Incluso he enviado a mi suegro a invitarlos personalmente, con la esperanza de que su edad les inspirase respeto, pero no ha funcionado. He recibido cartas insultandome e invitandome a que me ahorcara. Me gustaria pediros que asistais a la proxima reunion, si fuera posible. Quiero que la corte sepa que tengo vuestro apoyo incondicional.

El emperador no respondio; se habia quedado dormido. Con un suspiro, el principe Kung se reclino hacia atras con aire de derrota. El sol daba en las vigas del tejado y la habitacion estaba caldeada. Los jazmines de los rincones emanaban un olor dulce. Poco a poco el sol mudo las formas de las sombras de las plantas que se proyectaban en el suelo. El emperador Hsien Feng empezo a roncar. El principe Kung se froto las manos y miro alrededor de la habitacion. Llegaron criados que se llevaron las tazas de te y trajeron platitos de nisperos frescos. Yo no tenia apetito y tampoco el principe Kung toco la fruta. Contemplabamos al emperador durmiente, hasta que lentamente nuestros ojos se encontraron y decidi aprovechar la ocasion.

– Me preguntaba, sexto hermano -empece-, si podriais contarme amablemente lo del asesinato de los misioneros extranjeros; me cuesta mucho creerlo.

– Me gustaria que su majestad deseara saber mas sobre este asunto -dijo el principe Kung-. Ya conoceis el dicho: «Un gran carambano no hace una nevada nocturna». Bueno, las raices de los incidentes se remontan al reinado del emperador Kang Hsi. En aquel tiempo, cuando la gran emperatriz Hsiao Chuang llegaba al otono de su vida, hizo amistad con un misionero aleman llamado Johann Adam Schall von Bell, quien la convirtio al catolicismo.

– ?Como es posible? Me refiero a la conversion de su majestad.

– Por supuesto no ocurrio de la noche a la manana. Schall von Bell era erudito, cientifico y sacerdote. Era un hombre atractivo y se lo presento a la gran emperatriz el cientifico de la corte, Hsu Kuang-chi. Bell habia dado clases en la Academia Imperial Hanlin bajo las ordenes de Hsu.

– Ya conozco a Hsu. ?No es el quien vaticino correctamente cuando el sol seria devorado por un perro celeste?

– Eclipse -sonrio el principe-. Vaticino que se produciria un eclipse. Si, fue Hsu, pero no lo hizo solo; Bell fue su profesor y companero. El emperador encargo a Bell que reformarse el calendario lunar. Despues de concluirlo con exito, el emperador lo nombro consultor militar. Bell ayudo a fabricar las armas que sofocaron una importante sublevacion de campesinos.

– ?Como conocio la gran emperatriz a Bell?

– Bueno, Bell profetizo que su hijo el principe Shih Chung ascenderia al trono, pues el muchacho habia sobrevivido a la viruela mientras que los demas hijos del emperador no. Claro que nadie en aquel momento entendia lo que era la viruela, de modo que nadie creyo a Bell. Anos mas tarde el hermano de Shih Chung, Shih Tsu, murio de viruela. La emperatriz creyo entonces que Bell tenia una conexion especial con el universo y le pidio que la convirtiera a su religion, se hizo una fiel creyente y recibio a misioneros extranjeros.

– ?El problema empezo cuando los misioneros construyeron iglesias? -Yo recordaba algo.

– Cierto. Empezo cuando eligieron emplazamientos que los lugarenos consideraban que tenian el mejor feng shui. Los aldeanos creian que las sombras que proyectaban las iglesias en sus cementerios ancestrales perturbarian a los muertos. Los catolicos tambien denigraban las religiones chinas, lo cual ofendia a las gentes del lugar.

– ?Por que serian los extranjeros tan insensatos?

– Insistian en que su dios era el unico dios.

– Nuestra gente nunca aceptara una cosa asi.

– Claro que no -coincidio el principe Kung-. Se desataron luchas entre los nuevos conversos y los que mantenian sus viejas creencias. Personas de dudosa reputacion, incluso criminales, se unieron a los catolicos. Muchos cometieron crimenes en nombre de su dios y se desato la violencia. Cuando los misioneros intentaron defender a los criminales, la gente del lugar se congrego a millares, quemo las iglesias y asesino a los misioneros.

– ?Asi que la prohibicion de entrada a los misioneros se hizo extensiva al interior del pais?

– Precisamente; la prohibicion duro ciento veinte anos. Como perdimos la guerra del Opio, hoy nos hemos visto obligados a legalizar la actividad misionera. Han restaurado viejas iglesias y construido otras nuevas. Esta vez no podemos detenerlos. Los tratados dejan claro que China sera fuertemente multada si no consigue controlar los levantamientos. Las multas nos estan arruinando.

– ?Por que no decimos a los misioneros que se vayan? ?Por que no les decimos que regresen cuando hayamos estabilizado nuestra sociedad?

– Su majestad lo hizo, incluso les dio una fecha.

– ?Cual fue la respuesta?

– Amenazas de guerra.

El principe Kung me miro con expresion triste.

Lo presione.

– ?Por que los extranjeros nos imponen sus costumbres? Como manchues, nosotros no imponemos nuestros puntos de vista a los chinos, no les decimos que dejen de vendar los pies a sus mujeres.

El principe Kung se rio con sarcasmo.

– ?Puede un pordiosero exigir respeto? -me pregunto.

Me quede sin habla. La habitacion empezaba a enfriarse. Observe que volvian a llenar nuestras tazas de te.

– Han pisoteado al hijo del cielo, han pisoteado a China y todo el mundo esta demasiado avergonzado para admitirlo.

El principe Kung me hizo gestos para que no levantara la voz. En suenos las mejillas de Hsien Feng se arrebolaron. Debia de tener fiebre otra vez; le costaba respirar, como si no le entrara suficiente aire en los pulmones.

– Vuestro hermano cree en los pa kua, los ocho diagramas, y en el feng shui -le conte al principe Kung-. Cree que es un protegido de los dioses.

Kung tomo un sorbo de su te.

– Todo el mundo cree lo que quiere creer, pero la realidad es como una roca en el fondo de una letrina: ?Apesta!

– ?Como han adquirido tanto poder los occidentales? -pregunte-. ?Que debemos aprender de ellos?

– ?Por que os preocupais?

Sonrio; debia de pensar que para una mujer no tenia objeto debatir.

Le dije al principe Kung que el emperador Hsien Feng estaba interesado en aprender y que yo podia serle de utilidad. Intercambiamos una mirada de reconocimiento; aquello parecia tener sentido para el.

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