las sillas y caminar. Cuando llegamos al lugar de los ancestros, los eunucos hicieron un altar y depositaron en el incienso, comida y vino. El emperador Hsien Feng hizo una reverencia al cielo y articulo el mismo monologo que habia pronunciado tantas veces antes.

Arrodillada junto a el, tocaba el suelo con la frente y oraba para que su padre se mostrase misericordioso. Poco antes Hsien Feng quiso usar las palomas de An-te-hai para enviar mensajes a su padre en el cielo. Hizo que sus eunucos sustituyeran el silbido de las flautas por notas para su padre, que habia compuesto minuciosamente el mismo. Por supuesto, no surtio efecto.

Yo albergaba la esperanza de que el emperador encauzara su energia hacia cosas mas practicas. Al regresar del templo, me dijo que le gustaria visitar a su hermano, el principe Kung, en su residencia, el jardin del Discernimiento, que quedaba a unos tres kilometros por el camino de bajada. Casi llegue a creer que aquello era obra del espiritu de su padre. Le pregunte si podia continuar con el, y cuando me dijo que si, me emocione; habia visto al principe Kung, pero nunca habia hablado con el.

El palanquin de Hsien Feng era grande como una habitacion. Sus costados eran de saten del color del sol y una luz tenue y amarilla nos banaba en su interior. Me volvi hacia su majestad:

– ?Que estas pensando? -me pregunto.

Yo sonrei.

– Me preguntaba que tiene en mente el hijo del cielo.

– Te mostrare lo que tengo en mente -exclamo mientras sus manos me acariciaban entre los muslos.

– Aqui no, majestad -dije rechazandolo.

– Nadie frena al hijo del cielo.

– Los porteadores lo sabran.

– ?Y que?

– Los rumores nacen y caminan por su propio pie. Manana por la manana su majestad la gran emperatriz escupira cuando mencione mi nombre en la mesa del desayuno.

– ?No hizo ella lo mismo con mi padre?

– No, majestad, no voy a hacerlo con vos.

– Yo lo hare.

– Aguardad hasta que estemos en el palacio, por favor.

Me atrajo hacia el; yo me debati e intente escapar de su abrazo.

– ?No me quieres, Orquidea? Piensalo, te estoy ofreciendo mis semillas.

– ?Hablais de esas semillas cocinadas? ?De las semillas que me dijisteis que no germinarian?

El palanquin se movia y se balanceaba; intente quedarme quieta, pero era imposible; el emperador de China no estaba acostumbrado a reprimirse. El jefe de los porteadores y el eunuco jefe Shim empezaron a hablar entre ellos. Parecia que al jefe de los porteadores le preocupaba la seguridad de su majestad y queria detenerse para comprobar que todo iba bien. Shim sabia exactamente lo que estaba ocurriendo, asi que ambos se enzarzaron en una discusion.

Entonces se me cayo uno de mis zapatos y el jefe eunuco Shim lo recogio. Shim puso el zapato en las narices del jefe de los porteadores, que por fin comprendio lo que sucedia, y dejaron de discutir. En aquel momento el emperador Hsien Feng alcanzo el climax y el palanquin entero se sacudio. Shim volvio a ponerme con cuidado el zapato.

Me alegraba que nuestra escapada aliviara la depresion del emperador. Me lleno de elogios por mi complacencia, pero yo no era siempre tal como aparentaba. Por fuera era complaciente, fuerte y segura de mi misma, pero tras mi mascara me sentia aislada, tensa y, de un modo vago pero muy real, insatisfecha. El miedo nunca me abandonaba y pensaba constantemente en mis rivales. Me preguntaba cuanto tiempo pasaria hasta que otra ocupase mi lugar. Sus rostros deformados por los celos aparecian ante mi como una niebla invernal.

Estaba segura de que mis rivales habian enviado espias a vigilarme. El «ojo» podia ser uno de los propios asistentes del emperador. De ser asi, ciertamente informarian de nuestras actividades en el palanquin. Un pequeno escandalo recorreria un largo camino. Para tres mil mujeres de la Ciudad Prohibida, yo era la ladrona que habia robado el unico semental, era quien les habia robado la unica posibilidad de maternidad y felicidad.

La desaparicion de mi gata, Nieve, habia sido una advertencia. An-te-hai la encontro en un pozo no lejos de mi palacio. Le habian arrancado su precioso pelaje blanco. Nadie revelo el nombre del asesino ni tampoco nadie me expreso sus condolencias. Como una extrana coincidencia, poco despues se celebraron tres operas en el Gran Teatro Changyi. ?Era aquello una expresion de victoria o una celebracion de venganza? Yo fui la unica concubina a la que no invitaron. Me sente sola en mi jardin y escuche la musica que flotaba por encima de la muralla.

An-te-hai tambien me informo de otro rumor. Un adivino habia visitado el palacio y habia vaticinado que algo terrible me sucederia antes de que acabara el invierno: un fantasma me estrangularia mientras dormia. Cada vez que nos cruzabamos, la expresion de los rostros de las demas damas me revelaba sus pensamientos; sus ojos se preguntaban: ?cuando?

Aunque yo no queria causar ningun dano, estaba en situacion de hacerlo. No me quedaba mas opcion que arruinar la vida de las demas o dejar que ellas arruinaran la mia.

Sabia exactamente lo que se pretendia de mi, pero ?renunciaria por voluntad propia al afecto de su majestad? Antes de sobornar al eunuco jefe Shim, mi cama estuvo fria durante meses y me negaba a volver voluntariamente a meterme en aquellas sabanas.

En las audiencias descubri que las mejores soluciones a menudo se encuentran en las palabras de quienes informan de los problemas. Conocian el asunto desde hacia tiempo y eran capaces de plantear sugerencias. Pero me preocupaba que los ministros reprimieran con frecuencia sus verdaderas opiniones porque confiaban en que el hijo del cielo veria las cosas «a traves de un ojo divino».

Me sorprendio que el emperador Hsien Feng creyera que el era el ojo de dios. Rara vez dudaba de su propia sabiduria y buscaba signos para demostrar su origen celestial. Podia ser un arbol herido por un rayo en su jardin o una estrella fugaz surcando el cielo nocturno. Su Shun alentaba la fascinacion de Hsien Feng por si mismo, le convencia de que era el protegido del cielo. Pero cuando las cosas fuera de la Ciudad Prohibida no salian como Hsien Feng queria, el emperador actuaba como un odre agujereado; su confianza se derramaba como el agua por los agujeros.

El emperador se desmoronaba. Cuando le abandonaban la verdad y la comprension, su humor oscilaba de manera violenta. En un minuto estaba convencido de la derrota de los barbaros y ordenaba la deportacion de un embajador extranjero y al siguiente se desesperaba y convenia en firmar un tratado que solo agudizaria el desastre economico de China. En publico intentaba mantener la ilusion del poder de mi marido, pero no podia enganarme a mi misma. Bajo mi vestido dorado, yo era Orquidea de Wuhu y sabia que las cosechas estaban indefensas ante la invasion de las langostas.

Cuando las audiencias iban bien, el emperador Hsien Feng me decia que le habia ayudado a recuperar sus poderes magicos. Todo lo que hacia era escuchar a personas como Su Shun o el principe Kung. De haber sido un hombre y haber podido poner un pie fuera de palacio, yo habria ido a la frontera y habria regresado con mis propias estrategias.

Fuera de nuestro palanquin, no se divisaban mas que colinas yermas. Su majestad bajo la cortina, se reclino sobre la almohada y continuo hablando de su vida.

– Los rebeldes Taiping sembraron la destruccion por todas partes. No puedo contar con nadie salvo con mi hermano. Si el principe Kung no puede hacerlo, nadie podra, eso seguro. En el pasado lo humille consciente e inconscientemente, ahora aprovecho la menor oportunidad para enmendar nuestra relacion. Mi padre no mantuvo su promesa y para el yo soy culpable. El dia en que fui coronado emperador, concedi al principe Kung el titulo mas alto.

»Luego le ofreci el mejor lugar para vivir fuera de la Ciudad Prohibida, como pronto hare contigo. Le ofreci una fortuna en taels y la uso para remodelar el palacio. Descuide a mis otros hermanos y primos. El jardin del Discernimiento no tiene nada que envidiar a ninguno de los palacios del interior de la Ciudad Prohibida.

Yo ya sabia lo que el emperador Hsien Feng habia hecho por su hermano. Para que el principe Kung se sintiera a gusto, Hsien Feng ignoro la tradicion que impedia a un principe manchu ostentar un cargo militar.

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