esparcia sobre el papel de arroz. Para salvar el trabajo perdido, cogia una hoja limpia y volvia a copiar sus palabras. Imitaba su estilo y su caligrafia y con el tiempo llegue a hacerlo muy bien. Cuando se despertaba, no se percataba de que la pagina de su escritorio no era la original y no me creia hasta que le ensenaba el documento que habia estropeado.

Teniamos relaciones satisfactorias en las que el se mostraba galante y comprometido, pero cuando dejamos de hacer el amor, volvio a sentirse frustrado. En todo un ano no me comento ni una sola buena noticia procedente de la corte. Su amargura crecia y, por muy duro que trabajara, creia que China no tenia salvacion.

– Condenada por el destino -decia.

Empezo a cancelar audiencias. Se replegaba sobre si mismo y pasaba cada vez mas tiempo imaginando que era un emperador de otra epoca. Cuando me describia sus ensonaciones, una nostalgica y embelesada expresion enturbiaba sus ojos.

Yo me ponia nerviosa cuando veia amontonarse documentos urgentes. No podia disfrutar de sus atenciones sabiendo que ministros y generales aguardaban sus instrucciones. Temia que me responsabilizaran a mi, la concubina que habia seducido al emperador. Suplique a Hsien Feng que retomara sus obligaciones.

Cuando mis esfuerzos fracasaron, cogi los documentos y empece a leerselos. Leia las preguntas de las cartas en voz alta. Hsien Feng tenia que pensar una respuesta, y cuando lo hacia, yo la escribia en el decreto con un punal rojo imitando su estilo. Lan, en el tercer tono, significaba «Revisado». Chitao-le significaba «Me queda claro». Kai-pu-chih-tao significaba «Estoy decidido en este sentido». Y Yi-yi significaba «Teneis mi permiso para proceder». El revisaba lo que yo habia escrito y lo firmaba.

Al emperador le encantaba, alababa mi capacidad y rapidez de ingenio. En pocas semanas me converti en la secretaria no oficial del emperador Hsien Feng. Revisaba todo lo que pasaba por su escritorio. Me familiarice con su modo de pensar y su manera de debatir. Con el tiempo consegui escribir cartas tan parecidas a las suyas que ni siquiera el notaba la diferencia.

En los dias de verano, me resultaba dificil evitar a los ministros que entraban, pues dejabamos la puerta abierta para que entrase aire fresco. Para evitar suspicacias, Hsien Feng me aconsejo que me disfrazase de muchacho de la tinta.

Escondia mi largo cabello bajo un sombrero y me vestia con una tunica sencilla, simulando ser el eunuco que molia la tinta. Nadie me prestaba atencion; las mentes de los ministros estaban preocupadas, asi que no era dificil que me ignorasen.

Antes de que acabara el verano, abandonamos Yuan Ming Yuan y regresamos a la Ciudad Prohibida. Ante mi insistencia, el emperador Hsien Feng consiguio volver a levantarse al alba. Despues de asearse y vestirse, tomaba una taza de te y un cuenco de gachas de judia roja, sesamo y semillas de loto. Luego ibamos en palanquines separados hasta el salon de la Nutricion Espiritual. La corte se habia percatado de la gravedad de la enfermedad de Hsien Feng; todos sabian que tenia el corazon y los pulmones debiles y que su humor deprimido le dejaba sin fuerzas, asi que aceptaron su propuesta de que yo le acompanara a trabajar.

Era un paseo de medio minuto desde nuestro dormitorio hasta la oficina, pero debiamos seguir la etiqueta: el emperador no podia caminar por su propio pie. Para mi era una perdida de tiempo, pero pronto comprendi la importancia del ritual para los ministros y compatriotas; se basaba en la idea de que la distancia crea el mito y el mito evoca el poder; el efecto era separar a los nobles de las masas.

Al igual que su padre, Hsien Feng era estricto con respecto a la puntualidad de sus ministros, pero no con la suya. Desde que era nino, le habian recalcado la nocion de que todo el mundo en la Ciudad Prohibida vivia para satisfacer sus necesidades. Esperaba devocion y mostraba poca sensibilidad hacia las necesidades de los demas. Programaba sus apariciones para el alba, olvidando, o no importandole, que los convocados tuvieran que viajar durante la noche. Nunca se aseguraba la hora exacta de las reuniones. Lo cierto es que no todas las citas se celebraban. Cuando las cosas se complicaban y los horarios se retrasaban o se cancelaban las reuniones los funcionarios se quedaban a oscuras y tenian que esperar interminablemente. Algunos esperaban durante semanas solo para que les dijeran que regresaran a casa.

Cuando su majestad caia en la cuenta de que estaba cancelando demasiadas citas, recompensaba a los defraudados con regalos y autografos. En una ocasion en que llovia y en que los convocados se calaron hasta los huesos despues de noches de viaje para ver canceladas sus citas, Hsien Feng los recompenso regalandoles a cada uno una bobina de seda y saten con la que podrian hacerse ropas nuevas.

Mientras su majestad trabajaba, yo me sentaba a su lado. La habitacion era una zona de descanso situada detras del salon del Trono. Ahora le llamabamos «la biblioteca» porque las estanterias con libros se extendian de una pared a otra. Por encima de mi cabeza, habia una tablilla negra con grandes caracteres chinos grabados en ella: Recto y Legitimo. Desde el exterior costaba apreciar el autentico tamano del edificio; era mucho mas grande de lo que yo habia imaginado. Construido en el siglo XV, estaba en el ala oeste del palacio de la Tranquilidad Benevolente, pero aun quedaba dentro de la puerta de la Justicia Imperial, la puerta de la Virtud Gloriosa y la puerta de la Fortuna Preservada. Esta ultima conducia hasta un grupo de grandes recintos y edificios anexos que albergaban a los funcionarios imperiales.

El lugar tambien estaba cerca de la oficina del Gran Consejo, cuya importancia habia crecido en los ultimos anos. Desde alli el emperador podia convocar a sus consejeros para discutir asuntos a cualquier hora. En general su majestad preferia recibir a sus ministros en la habitacion central de la sala de la Nutricion Espiritual. Para leer, escribir o recibir a los funcionarios de mas edad o amigos de confianza, iba al ala oeste. El ala este habia sido restaurada durante el verano y se habia convertido en nuestra nueva alcoba.

Para muchos ser recibido por el emperador en una audiencia era un honor unico en la vida. Hsien Feng tenia que estar a la altura de las expectativas. Habia infinidad de detalles del ceremonial. La noche antes de una audiencia, los eunucos tenian que limpiar a conciencia el palacio. El zumbido de una mosca podia costarle a alguien la cabeza. El salon del Trono estaba perfumado con fragancias e incienso. Las esterillas para que se arrodillaran debian estar correctamente puestas. Antes de medianoche, entraban los guardias y comprobaban hasta el ultimo rincon de la sala. Hacia las dos de la manana, los ministros o los generales convocados eran escoltados a traves de la puerta de la Pureza Celestial. Tenian que caminar una gran distancia hasta llegar a la sala de la Nutricion Espiritual. Antes de llevarlos al salon del Trono, eran recibidos en las habitaciones de invitados del ala oeste. El funcionario de registro de la corte los atendia, y solo se les servia te. Cuando el emperador subia a su palanquin, se le notificaba a los convocados y se les obligaba a permanecer de pie de cara hacia el este hasta que llegara su majestad.

Antes de que el emperador Hsien Feng bajara de su palanquin, un latigo restallaba tres veces; era la llamada al completo silencio. En el momento en que sonaba el latigo, todos tenian que arrodillarse. Las personas se situaban en funcion de su rango. Los grandes consejeros, principes y otros miembros de la realeza ocupaban las primeras filas. Cuando el emperador se sentaba, todo el mundo debia tocar el suelo con la frente nueve veces.

A Hsien Feng no le gustaba trabajar en el salon del Trono porque el trono era incomodo. El respaldo era una magnifica obra de madera labrada, compuesta por numerosos grupos de dragones. Las audiencias podian durar horas y Hsien Feng acababa con la espalda dolorida.

Todos los objetos del salon del Trono estaban expuestos como en una galeria. El trono se hallaba sobre una tarima elevada con una escalera a cada lado. Detras del trono habia tres series de paneles de madera tallada, cada uno decorado con dragones dorados. La tarima permitia al emperador mirar a los ojos de mas de cien funcionarios. La audiencia empezaba cuando el primer convocado subia la escalera del lado este y presentaba al emperador un libro de memorandums impresos.

El emperador Hsien Feng no tocaba el libro; su secretario lo cogia y lo colocaba en una caja amarilla junto al trono. El emperador podia acudir al libro si era necesario. Luego el convocado se iba por la escalera oeste para regresar a su esterilla. Entonces se le permitia presentar su peticion. Cuando el convocado acababa, el emperador hacia sus comentarios.

Hsien Feng solia iniciar un debate entre los grandes consejeros, principes y ancianos de los clanes. Estos ofrecian sus puntos de vista, rivalizando por presentar la mejor opcion. A veces sus palabras eran duras y sus animos se encendian. En una ocasion, un ministro murio de un ataque al corazon en mitad de una discusion. El convocado tenia que permanecer callado hasta que le formulasen una pregunta. Luego respondia en

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