– No es una nimiedad, pero deberiais empezar por leer mis cartas a su majestad. Debemos huir de la trampa del autoengano y… -Levanto los ojos, me miro y entonces se le olvidaron sus palabras.

A traves del principe Kung, aprendi que el tercer hombre importante era el general del ejercito del norte y virrey de la provincia de Anhwei, Tseng Kou-fan.

Ya habia oido su nombre de boca del emperador Hsien Feng. Se decia que Tseng Kou-fan era un chino sensato y obstinado de unos cincuenta anos. Procedia de una pobre familia campesina y en 1852 habia sido nombrado comandante del ejercito de su Hunan natal. Se le conocia por sus concienzudos metodos para instruir a sus hombres. Habia eliminado con exito los baluartes Taiping sobre el rio Yangtse, con lo que se gano las alabanzas de la ansiosa e impaciente capital. Siguio endureciendo a sus hombres, que recibieron el nombre de «los bravos de Hunan». Era la fuerza guerrera mas eficiente del imperio. Gracias al principe Kung, el emperador concedio al general Tseng una audiencia privada.

– Orquidea -me llamo el emperador Hsien Feng mientras se ponia su tunica de dragon-. Ven conmigo esta manana y dame tu opinion sobre Tseng Kou-fan.

Y de este modo, segui a mi marido hasta el salon de la Nutricion Espiritual. El general se puso en pie tras postrarse de rodillas y saludo a su majestad. Note que tambien el estaba demasiado nervioso para levantar los ojos. Aquello no era raro durante la primera audiencia imperial. Les ocurria mas a los de origen chino. Extraordinariamente humildes, no podian creer que su gobernante les estuviera recibiendo.

En realidad, no eran los chinos sino los manchues quienes carecian de confianza. Nuestros antepasados habian conquistado la China continental por la fuerza hacia doscientos cincuenta anos, pero nunca habiamos dominado el arte de gobernar. Llegamos sin los rudimentos, como la filosofia de Confucio, que unificaba la nacion mediante la moralidad y la espiritualidad, y sin un sistema que centralizara eficazmente el poder. Tambien careciamos de un lenguaje que permitiera al emperador comunicarse con su pueblo, el ochenta por ciento del cual era chino.

Sabiamente, nuestros antepasados adoptaron las costumbres chinas, lo que en mi opinion, probablemente era inevitable. La cultura era tan refinada y extensa que la aceptamos y nos fue de utilidad. La esencia del confucianismo continuo dominando la nacion. Mi primer idioma fue el chino, mis habitos alimenticios eran chinos, mi ensenanza era en chino y mi entretenimiento favorito eran las operas de Pekin.

Habia caido en la cuenta de que el sentido de superioridad manchu nos habia traicionado. Los manchues de la epoca estaban tan podridos como un arbol infestado de termitas. Los hombres manchues estaban echados a perder; ya no sabian como ganar batallas a caballo. La mayoria se habian convertido en sus propios enemigos. Detras de su orgullosa fachada, eran perezosos e inseguros. A mi marido le creaban dificultades cada vez que deseaba promocionar a alguien de verdadero talento que resultaba ser chino.

Por desgracia seguian siendo la fuerza politica dominante y sus opiniones influian en el emperador Hsien Feng. Tseng Kou-fan era el mejor general del imperio; sin embargo, su majestad temia ascenderlo. Aquello era algo corriente. Cualquier chino de alto rango podia encontrarse degradado sin previo aviso y nunca se daba ninguna explicacion.

El principe Kung habia aconsejado repetidas veces al emperador que acabara con su administracion discriminatoria. Kung opinaba que, hasta que su majestad no se mostrase verdaderamente justo, no recibiria verdadera lealtad. Tseng Kou-fan ilustraba esta opinion. El famoso general no podia creer que estuviera alli para recibir honores. El hombre se quebro cuando el emperador Hsien Feng hizo una broma desenfadada:

– ?Te llamas Cortacabezas Tseng?

Tseng Kou-fan golpeo el suelo con la frente y se puso a temblar violentamente. Intente no reirme cuando oi el tintineo de las joyas de Tseng. El emperador estaba encantado.

– ?Por que no me contestas?

– Deberia ser castigado y morir mil veces antes de ensuciar los oidos de su majestad con este nombre - respondio el hombre.

– No, no estoy molesto. -Hsien Feng sonrio-. Levantate, por favor, me gusta el nombre de Cortacabezas Tseng. ?Puedes explicar como te lo ganaste?

Despues de respirar hondo, el hombre contesto:

– Majestad, el nombre me lo dieron primero mis enemigos y luego mis hombres lo adoptaron.

– Tus hombres deben de estar muy orgullosos por servir bajo tus ordenes.

– Si, lo estan.

– Me has honrado, Tseng Kou-fan. ?Me gustaria tener mas generales cortacabezas!

Cuando el emperador Hsien Feng invito al general Tseng a sentarse a comer a su mesa, el hombre se conmovio hasta las lagrimas. Dijo que ya podia morir y saludar a sus antepasados con orgullo, porque habia recibido el mayor de los honores.

Tras ingerir un poco de licor, el general Tseng se relajo. Cuando me presentaron como la concubina favorita del emperador, Tseng se arrodillo y me hizo una reverencia. Eso me complacio sobremanera. Muchos anos mas tarde, despues de la muerte de mi marido, cuando Tseng Kou-fan y yo fuimos ambos viejos, le pregunte que habia pensado la primera vez que me vio. Me halago y dijo que estaba sobrecogido por mi belleza y no podia pensar. Le pregunte si recordaba haber bebido un cuenco de agua sucia, el que se usaba para lavarnos los dedos durante la comida.

Me alegraba que el emperador Hsien Feng me presentase a sus amigos de alto rango. A sus ojos yo era solo una concubina, aunque la favorita; sin embargo era crucial que me mostrara en publico para mi posterior desarrollo y madurez. Conocer en persona a alguien como Tseng Kou-fan me haria seguramente un buen servicio en el futuro.

Mientras escuchaba la conversacion entre el emperador Hsien Feng y el general Tseng Kou-fan, recordaba los dulces dias de mi ninez cuando mi padre me contaba historias del pasado de China.

– Tu eres un erudito -le dijo Hsien Feng a Tseng-. He oido que prefieres contratar oficiales que sean literatos.

– Majestad, creo que alguien que haya aprendido las ensenanzas de Confucio comprende mejor la lealtad y la justicia.

– He oido decir que no reclutas a antiguos soldados, ?por que?

– Bueno, segun mi experiencia, encuentro que los soldados profesionales tienen malas costumbres. Lo primero que piensan cuando empieza la batalla es en salvar el pellejo; abandonan vergonzosamente sus puestos.

– ?Como reclutas soldados de calidad?

– Gasto taels reclutando campesinos de las zonas pobres y las montanas lejanas. Estas personas tienen caracteres puros. Los entreno yo mismo; intento cultivar un sentido de hermandad.

– He oido que muchos de ellos son de Hunan.

– Si, yo tambien soy de Hunan. Para ellos es facil identificarse conmigo y con los demas. Hablamos el mismo dialecto; somos como una gran familia.

– Y tu eres el padre, claro.

Tseng Kou-fan sonrio, orgulloso y azorado al mismo tiempo. El emperador Hsien Feng asintio.

– Me han informado de que has equipado a tu ejercito con armas superiores, mejores que las del ejercito imperial. ?Es eso cierto?

Tseng Kou-fan se levanto de su asiento, se alzo la tunica y se puso de rodillas.

– Es cierto, pero es importante que su majestad me vea como una parte del ejercito imperial; no puede ser de otro modo.

Hizo una reverencia y permanecio en el suelo para subrayar sus palabras.

– Levantate, por favor -le ordeno el emperador Hsien Feng-. Deja que vuelva a formular mi frase para no ser malinterpretado. Lo que quiero decir es que el ejercito imperial, sobre todo aquellas divisiones dirigidas por senores de la guerra manchues, se han convertido en una olla de sanguijuelas. Se alimentan de la sangre de la dinastia y no contribuyen en nada. Por eso dedico mi tiempo a conocerte mas.

– Si, majestad. -Tseng Kou-fan se levanto y regreso a su asiento-. Creo que es importante equipar tambien las mentes de los soldados.

– ?A que te refieres?

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