habian ordenado a sus eunucos que preparasen rocas sueltas o excavaran hoyos en mi camino para hacerme tropezar. Cuando le comente que estaba exagerando, An-te-hai me conto una historia sobre una concubina celosa que ordeno a su eunuco que rompiera una teja del tejado de su rival para que se desprendiese y le cayera en la cabeza, y asi fue.
Antes de entrar en mi palanquin, An-te-hai siempre comprobaba que no hubiera una aguja oculta en el almohadon del asiento, pues estaba convencido de que mis rivales harian cualquier cosa para provocarme un aborto.
Yo comprendia la causa de semejante brutalidad, pero no podia perdonar a nadie que intentara destruir a mi hijo. Si daba a luz normalmente, mi estatus se elevaria a expensas de las demas. Mi nombre entraria en el libro de registro imperial. Si el bebe era nino, seria elevada al rango de emperatriz, compartiendo el titulo con Nuharoo.
La noche era cerrada y el emperador y yo yaciamos uno al lado del otro. Estaba alegre desde que conocio la noticia de mi embarazo. Habiamos pasado las noches en el palacio de la Belleza Concentrada, tres palacios al norte del salon de la Nutricion Espiritual. Yo dormia mejor en mi palacio porque nadie venia a despertarnos con asuntos urgentes. Su majestad habia estado viviendo a caballo de los dos palacios, segun el tiempo que lo retenia el trabajo. Las advertencias de An-tehai me preocupaban y le pedi a su majestad que incrementase la guardia nocturna en mis puertas.
– Por si acaso -le sugeri-. Me sentiria mas segura.
Su majestad suspiro.
– Orquidea, estas cumpliendo mi sueno.
Me sorprendieron sus palabras y le pedi que me las explicara.
– Mis suenos de levantar una China prospera se han roto una y otra vez, y ultimamente no puedo sino poner en duda mi capacidad como gobernante. Sin embargo, mi poder no encuentra resistencia en la Ciudad Prohibida. Las concubinas y eunucos son mis fieles ciudadanos; sobre esto no hay confusion. Espero que me ames y que nos amemos, y sobre todo deseo que exista serenidad entre Nuharoo y tu. La Ciudad Prohibida es poesia en su forma mas pura, es mi jardin espiritual, donde puedo tumbarme entre mis flores y descansar.
Pero ?es posible amar aqui?, me pregunte. La atmosfera de este jardin hace tiempo que esta envenenada.
– Que hermosa la tarde en que tu y Nuharoo paseabais juntas por el jardin -dijo el emperador en tono sonador-. Recuerdo el dia con claridad: tu llevabas la luz del sol poniente, ambas vestiais tunicas de primavera. Habiais cogido flores y avanzabais hacia mi con montones de peonias, sonriendo y charlando con la dulzura de unas hermanas. Aquello me hizo olvidar mis problemas, no queria sino besar las flores de vuestras manos…
Deseaba decirle que yo nunca habia formado parte de aquello. Su imagen de belleza y armonia no existia; nos habia entretejido a ambas en su fantasia. Nuharoo y yo habriamos podido querernos y ser amigas si nuestra supervivencia no hubiera dependido de su afecto.
– Hoy, cuando veo algo hermoso, deseo congelarlo. -Levantandose de la almohada, su majestad se volvio hacia mi y me pregunto-: Nuharoo y tu os tuvisteis afecto antes; ?y ahora por que no? ?Por que teneis que estropearlo?
En aquel momento vi el verdadero corazon de un emperador, un hombre acostumbrado a imponer su voluntad a los demas en todo.
En el tercer mes de mi embarazo, ordenaron a los astrologos de la corte que realizaran
El ritual continuo. A diferencia de los videntes del pais, los astrologos imperiales evitaban expresar sus autenticas visiones. Note que todo lo que se decia estaba destinado a complacer al emperador Hsien Feng, quien les recompensaria. Aparentando estar ocupados, los astrologos danzaban alrededor de las paredes manchadas todo el dia. Por la noche se sentaban y hacian rodar los ojos en sus cuencas. Yo encontraba excusas y me iba. Para castigarme, los astrologos transmitieron una prediccion funesta a la gran emperatriz: si no me quedaba absolutamente quieta despues de la puesta de sol, con las piernas levantadas, perderia al nino. Me ataron a la cama y colocaron taburetes a mis pies. Estaba desesperada, pero no habia nada que yo pudiera hacer. Mi suegra era muy devota de la astrologia
– Mi senora -pregunto An-te-hai al notar que estaba de mal humor-, como teneis tiempo, ?os gustaria aprender un poco de
Como siempre, An-te-hai sabia lo que necesitaba. Trajo a un experto. «El mas reputado de Pekin -segun mi eunuco-. Ha conseguido entrar porque lo he disfrazado de basurero.»
Encerrados los tres en mi alcoba, el hombre, que tenia solo un ojo, leyo las pinturas de arena y trajo una bandeja. Lo que oi me confundio y puse todo mi empeno en comprenderlo.
–
An-te-hai estaba impaciente y le pidio al hombre que fuera al grano. El experto se convirtio en un vidente de pueblo. Me dijo que habia muchas posibilidades de que mi hijo fuera nino.
Despues de eso perdi el interes por saber mas de
– Veo que el nino lo tiene todo perfecto salvo quiza demasiado metal, lo cual significa que sera obstinado. -El hombre dio un golpecito a las piedras y a los palitos que habia desparramado sobre la bandeja-. La mejor cualidad del muchacho es que es capaz de luchar por sus suenos.
En aquel punto, el hombre hizo una pausa, levanto la barbilla al cielo y le temblo el ceno, arrugo la nariz y pestaneo. Una costra amarilla se desprendio de la cuenca vacia del ojo y dejo de hablar.
An-te-hai se acerco a el.
– He aqui una recompensa por su honestidad -dijo mi eunuco poniendo una bolsa de taels en la gran manga del hombre.
– La oscuridad -prosiguio inmediatamente el hombre- es que su llegada al mundo supondra una maldicion para un miembro cercano de la familia.
– ?Maldicion??Que clase de maldicion? -pregunto Ante-hai antes de que me diera tiempo a hacerlo a mi-. ?Que le sucedera a ese miembro cercano de la familia?
– Ella morira -respondio el hombre.
Yo trague saliva y le pregunte que por que una mujer. El hombre no tenia respuesta para eso y me aseguro que solo podia contarme lo que leia en los signos.
Le implore que me diera una pista.
– ?Sere yo esa mujer? ?Morire de parto?
El hombre nego con la cabeza y anadio que la imagen no estaba clara en aquel punto. Fue incapaz de decirme nada mas.
Cuando el tuerto se hubo ido, intente olvidar la prediccion y me dije a mi misma que el hombre no podia demostrar lo que habia dicho. A diferencia de Nuharoo, que era una budista devota, yo no era una persona religiosa y nunca me habia tomado en serio las supersticiones. Parecia que todo el mundo en la Ciudad Prohibida estaba obsesionado con la idea de la vida despues de la muerte e invertia todas sus esperanzas en el otro mundo. Los eunucos hablaban de regresar «enteros», mientras que las concubinas esperaban con ilusion tener un marido e hijos propios. La otra vida era parte del estudio budista de Nuharoo. Ella sabia mucho sobre lo que nos sucederia despues de la muerte. Decia que, al llegar al otro mundo, cada persona seria interrogada y juzgada: «aquellos cuyas vidas hayan estado manchadas por el pecado seran condenados al infierno, donde los herviran, los freiran, los aserraran y los cortaran en pedacitos. Quienes sean considerados sin pecado llegaran a empezar una nueva vida en la tierra, pero no todo el mundo volvera a vivir la vida que desee. Los mas afortunados naceran
