La cabeza y los hombros del nino aparecieron entre las piernas de su madre. Antonia sonrio satisfecha. Cailin no se daba cuenta, pero estaba teniendo un parto facil. El bebe habria nacido enseguida.
Le resultaba dificil mantener los ojos abiertos. La cabeza le daba vueltas y tenia la sensacion de que iba a caerse. Sintio otro terrible dolor. Oyo, aunque un poco distante, la voz de Antonia que le pedia de nuevo que empujara. Cailin hizo esfuerzos por obedecer. No podia perder el conocimiento. Efectuando un esfuerzo supremo empujo con todas sus fuerzas. Se vio recompensada con el subito llanto de un recien nacido y su corazon palpito de felicidad. Entonces, de pronto, la oscuridad parecio apoderarse ella. Cailin lucho valientemente pero fue inutil. Lo ultimo de que fue consciente fue de la voz de Antonia:
– Es tan dulce. Siempre he deseado tener una nina.
Cuando dos dias despues llego Wulf a reclamar a su esposa, Antonia salio lentamente al patio para recibirle. Estaba llorando y cariacontecida.
– ?Que ocurre? -pregunto el, abrumado por una extrana sensacion.
Antonia ahogo un sollozo y se arrojo a los brazos del desconcertado Wulf.
– ?Cailin! -jadeo. -Cailin ha muerto, y el nino, tu hijo, tambien. No pude salvarles. ?Lo intente! ?Juro que lo intente!
– ?Que dices? ?Como ha podido ocurrir, Antonia? Ella estaba rebosante de salud cuando la vi por ultima vez…
Antonia se separo de sus brazos y le miro con sus grandes ojos azules.
– Tu hijo era grande y no venia bien colocado. Los ninos nacen de cabeza, pero este lo hizo por los pies. Casi partio en dos a la pobre Cailin. Su sufrimiento fue insoportable. Murio desangrada. El nino, al que tanto costo nacer, solo sobrevivio una hora. Jamas imagine que pudiera suceder algo semejante. Lo siento, Wulf.
– ?Donde esta su cuerpo? -pidio el. Su voz era dura y fria. ?Su amada ovejita, muerta? ?No era posible!
?No lo creia! -Quiero ver el cadaver de mi esposa -repitio. Sentia un fuerte dolor en el pecho. ?Podia romperse un corazon?, se pregunto, pues creia que eso le estaba sucediendo.
– Estaba tan desgarrada -explico Antonia- que no pudimos prepararla debidamente para ser enterrada. Hice que la incineraran, como solian hacer nuestros antepasados celtas. Coloque el bebe en sus brazos para que pudieran llegar juntos a los dioses.
El hizo un gesto de asentimiento, aturdido de pesar.
– Quiero sus cenizas -dijo con frialdad. -Supongo que tienes sus cenizas. Me las llevare a casa y las enterrare en sus tierras con el resto de su familia. A Cailin le gustaria.
– Por supuesto -accedio Antonia con suavidad. Se volvio y cogio una urna de bronce pulido bellamente decorada que estaba sobre el banco del atrio. -Las cenizas de Cailin y las de tu hijo estan aqui. -Se lo entrego con una sonrisa compasiva. -Comprendo tu pesar, ya que hace poco perdi a mi companero y a mi hijo -dijo.
El cogio la urna, como si aun no pudiera creer lo que habia oido. Luego se volvio sin decir palabras y se encamino hacia la puerta.
Antonia se sintio exultante al ver el dolor de Wulf. Luego se le ocurrio una idea perversa y, siguiendo un impulso, la puso en practica.
– Wulf, espera. -Su voz habia adquirido un tono seductor.
El se volvio y quedo atonico al ver que Antonia se habia quitado la tunica y estaba completamente desnuda. Su cuerpo era blanco, sonrosado y rollizo. No habia ni una marca que estropeara la perfeccion de su suave piel, pero el la encontro repulsiva. Por un momento se quedo clavado donde estaba, mirando fijamente la repugnante desnudez de la mujer.
– Estoy sola, Wulf -musito. -Muy sola…
– Vuelve a ponerte la tunica, Antonia.
– Mataste a mi esposo, Wulf. Ahora estoy sola. ?No crees que deberias compensarme por la perdida de Quinto Druso? -ronroneo Antonia. Deslizo las manos bajo sus abundantes senos, con sus pezones morados y los levanto en gesto de ofrecimiento. -?Estos frutos no te tientan a que los pruebes? ?El arma que llevas bajo los braceos no esta dura de deseo?
– Vistete -ordeno el con frialdad. -Me repugnas.
Ella se precipito y apreto su desnudo cuerpo contra el de el. Wulf se sintio abrumado por el olor a almizcle.
– Eres el hombre mas guapo de la provincia, Wulf -dijo Antonia, jadeante de deseo. -Siempre tengo por companero al mas guapo de la provincia. -Le rodeo el cuello con los brazos. -Besame, bruto sajon, y despues tomame. ?Aqui! En el atrio. Llename con tu virilidad, hazme gemir de placer. ?Te deseo tanto!
Wulf aparto los brazos de Antonia y la separo de si de un empujon. Sentia ganas de vomitar.
– Antonia, la pena te ha vuelto loca. Primero tu esposo e hijo, y luego mi esposa y mi hijo. Lo lamento por ti, pero debo dominar mi propio dolor. Ya me esta desgarrando. Amaba a mi esposa. No se como vivire sin ella. ?Que me queda ahora? ?Nada! Se volvio y salio tambaleante del atrio. -?Vete! -grito Antonia. -?Vete, Wulf Puno de Hierro! ?Si sufres, me alegro! ?Ahora sabras lo que yo senti cuando asesinaste a mi Quinto!
Se inclino, recogio su tunica y se la puso. «?Ojala pudiera decirte la verdad! -penso, -pero no puedo. Mi padre tambien se enteraria y no podria soportarlo. -Rio. -De todos modos, me he vengado de ti y de Cailin Druso. Si nadie mas que yo lo sabe, ?que importa?
Cuando Antonio Porcio regreso de Corinio varias semanas mas tarde, su hija le esperaba. Se sentaron juntos en el jardin, al fresco aire de mediados de otono, mientras Antonia amamantaba al bebe.
– Me quede perpleja, padre -dijo. -El no la queria. Estaba dispuesto a dejarla en la colina, si yo no le hubiera rogado que me la entregara. Lo unico que le importaba era que Cailin no le habia dado el hijo varon que el queria. Estos sajones son crueles, padre. Afortunadamente el pequeno Quinto estaba listo para ser destetado, y mi leche es abundante, por eso decidi quedarme con la nina y educarla con mi hijo. Casi me compensa por haber perdido a mi bebe. ?Pobre Cailin!
– ?Donde esta ahora Wulf Puno de Hierro? -pregunto el magistrado.
– Ha desaparecido -respondio Antonia. -Nadie sabe adonde ha ido. No dejo nada dispuesto para sus esclavos. Simplemente se marcho. Las tierras, por supuesto, ahora pertenecen a mi pequena Aurora. La llamo asi porque nacio con el alba, aunque su madre muriera. Envie a mi mayordomo a que expulsara a los dobunios que habian empezado a construir una casa en la villa junto al rio. Dijeron que Cailin se la habia entregado como regalo de boda, pero yo les dije que era mia por derecho de herencia y que Cailin habia muerto de parto y no se hallaba alli para hacer cumplir sus supuestos derechos. No me dieron muchos problemas, y ahora ya se han ido.
Antonio Porcio asintio. Eran muchas cosas para digerir, penso, pero de todo ello habia surgido algo bueno. Antonia parecia volver a ser la de antes. Adoptar a la hija huerfana de Cailin Druso sin duda le habia hecho bien.
– Te quedaras a vivir con nosotros, ?verdad, padre? -le pregunto Antonia. -Te necesito. No volvere a casarme; dedicare mi vida a mis dos hijos. Creo que es lo que los dioses desean de mi.
– Tal vez tengas razon -dijo el anciano cogiendole una mano. -Seremos una familia feliz, Antonia. ?Lo presiento!
CAPITULO 07
– ?No puedo creerlo! -exclamo Focas Maxima sorprendido. -Esta no puede ser la misma muchacha que has comprado en el mercado esta manana, Joviano. Aquella criatura estaba sucia y llena de ulceras, y esta chica es encantadora. Su piel es como la crema, no tiene ninguna marca, y ?que pelo! ?Que maravilla de rizos castanos!
– Son la misma, querido hermano -dijo Joviano Maxima con aire de suficiencia. -Eres un verdadero hombre de negocios, no tienes nada de imaginacion, Focas. En cuanto he puesto los ojos en ella, he sabido que era un tesoro. Solo ha sido necesario un poco de agua caliente y jabon para lavarla. Ademas, habla un latin impecable, salvo por un leve acento provincial que puede corregirse, aunque algunos a lo mejor lo encuentren encantador. -
