Miro a la esclava que acompanaba a su nueva compra. -Isis, quitale la tunica, por favor.

Focas Maxima miro fijamente a la chica cuando por fin la tuvo desnuda ante el.

– Esta un poco delgada para mi gusto -observo, -pero podemos engordarla. No creo que le hayan dado mucho de comer ultimamente. Tiene los pies estropeados.

– Ha caminado mucho, supongo -dijo Joviano.

– Con el tiempo podemos corregirlo -dijo su hermano. -Tiene unos pechos bonitos; pequenos pero bien formados. Bueno, debo admitirlo: has hecho un buen negocio con esta chica. ?Sabe hacer lo que se espera de ella, o vamos a tener que ensenarla? Espero que sea pagana.

Era como si ella fuese un objeto, penso Cailin mientras escuchaba a los dos hermanos hablar. No es que le importara realmente su destino. Ya nada le importaba. Todo era muy confuso. Ni siquiera comprendia por que seguia viva cuando todos sus seres queridos habian muerto; pero algo en su interior no le permitia morir. Eso le enfadaba, pero no parecia que pudiera hacer nada al respecto.

Recordo los muchos dias transcurridos desde que habia empezado a tener dolores de parto en la villa de Antonia. Lo ultimo que recordaba era el llanto del bebe cuando se sumio en la inconsciencia. Cuando recobro el sentido vagamente, se hallaba en una sucia habitacion en una casa extrana. La mujer que le llevo comida le dijo que se encontraba en Londres, lo cual la sorprendio. Habia oido hablar de Londres, pero nunca habia pensado que veria esa ciudad. Al final resulto que no la vio, pues cuando pregunto que hacia en aquel lugar, le dijeron que Antonia la habia vendido a Simon, el mercader de esclavos, y que pronto seria transportada a Galia y despues mas lejos.

– ?Pero yo no soy una esclava! -protesto Cailin.

– Esto es lo que Antonia nos advirtio que dirias -replico con aspereza la mujer. -Dice que causas muchos problemas y tienes ideas extranas acerca de tu identidad. ?Si hasta sedujiste a su difunto esposo y llevaste a su bastardo en tu vientre! Bueno, ya no tendra que aguantarte mas, zorra.

– ?Donde esta mi bebe? -pregunto Cailin.

– Murio, o al menos eso me dijeron.

Cailin se echo a llorar histericamente.

– ?No te creo! -protesto.

A continuacion la obligaron a beber un liquido amargo y volvio a quedar inconsciente.

Durante dias floto entre la realidad y la pesadilla. Cuando por fin volvio en si, se hallaba en Galia, viajando hacia el sur con un envio de esclavos con destino al mar Mediterraneo. Poco despues, una mujer joven y hermosa trato de escapar, pues a diferencia de los muchos esclavos que viajaban con ellos no llevaba collar ni iba encadenada, pero pronto fue capturada pues no conocia el terreno.

El dueno de los esclavos vacilo respecto al castigo a imponerle. Azotarla le dejaria marcas en la delicada piel, y esa misma piel era un valor que podia proporcionarle un buen dinero. Decidio castigarla violandola, lo que hizo ante todo el grupo de viajeros.

– Vuelve a escaparte, zorra -amenazo mientras la inmovilizaba, -y te entregare a mis hombres. A lo mejor eso te gustaria, ?eh, puta?

La mirada de terror de todas las mujeres indico al dueno de los esclavos que no tendria problemas con ninguna de ellas. En realidad, despues de aquello Cailin trato de hacerse invisible. Dejo que el pelo se le ensuciara y despeinara. Su tunica, la unica prenda que poseia, se fue haciendo jirones paulatinamente. No se atrevia a lavarla por miedo a que se desintegrara y ella se quedara desnuda como algunas mujeres. No esperaba que le proporcionaran otra ropa si perdia la suya.

Cuando llegaron a la costa los esclavos fueron separados; algunos fueron obligados a subir a bordo de un barco para dirigirse a una ciudad llamada Cartago, mientras que Cailin y el resto fueron enviados a un lugar llamado Constantinopla. Escuchando a los demas se entero de que se trataba de la gran capital del Imperio Oriental. Los esclavos de su grupo estaban encadenados a los remos de la galera. Serian vendidos cuando llegaran a su destino, si es que llegaban, pero entretanto proporcionarian la mano de obra para llegar alli. Las mujeres se cobijaban en la bodega, un lugar apenas habitable; un espacio cuadrado sin otra comodidad para dormir que el suelo, un cubo de madera para sus necesidades, poca luz y menos aire.

Cada noche, el segundo de a bordo llegaba, sonriente, y elegia a varias mujeres, a las cuales se llevaba. Estas regresaban por la manana, normalmente riendo, con comida y agua que en general no querian compartir. Su propia supervivencia era lo mas importante. Cailin se escondia, de modo instintivo, en el rincon mas oscuro cuando llegaba el marino. No era necesario que le dijeran lo que hacian las mujeres o por que se les daban regalos. Fue adelgazando con las escasas raciones que le suministraban, pero conservo la vida para llegar a Constantinopla.

La manana de la llegada aparecio el dueno de los esclavos para examinar con atencion a las mujeres. Selecciono a las que parecian mas atractivas y se las llevaron de inmediato. Algunas de las que no habian sido elegidas le suplicaron que se las llevara, y lloraron cuando fueron apartadas rudamente.

– ?Adonde han ido las otras? -pregunto Cailin a una mujer mayor.

La mujer la miro y respondio:

– Se las considera mejores que nosotros. Las llevaran a un mercado de esclavos particular donde las banaran, perfumaran y vestiran con finura antes de ser subastadas. Conseguiran amos ricos y viviran confortablemente si los complacen.

– ?Que nos ocurrira a nosotras?

– Nos espera el mercado publico -respondio la mujer con aire lugubre. -Nos compraran como esclavos domesticos o para trabajar en los campos, o para algun burdel.

– ?Que es un burdel?

El asombro reflejado en el rostro de la mujer casi fue comico, pero antes de poder responder a Cailin, los hombres bajaron y empezaron a llevarse a las mujeres a cubierta. La luz del sol les hacia parpadear, pues sus ojos no estaban acostumbrados a la fuerte luz despues de los muchos dias pasados en la semioscuridad de la bodega del barco. Poco a poco se adaptaron a la luz y fueron conducidas por las calles de la ciudad hasta el mercado publico de esclavos.

Cailin quedo atonita al ver los edificios de cuatro y cinco pisos ante los que pasaba en su camino. Nunca habia visto edificaciones tan grandes. ?Y cuanto ruido! Parecia que no habia tranquilidad en aquel lugar. No podia imaginar como vivia la gente entre tanto ruido y suciedad. Las calles estaban sembradas de escombros y por todas partes habia excrementos humanos y animales. Los pies se le encogian a cada paso que daba.

Por fin llegaron al mercado de esclavos, donde se perdio poco tiempo. Uno tras otro, los que habian viajado con ella fueron colocados sobre la tarima y vendidos. De nuevo Cailin se oculto entre los demas, hasta que no hubo mas lugar para esconderse. Fue empujada brutalmente sobre la pequena plataforma.

– He aqui una muchacha joven y fuerte, buena para la casa o para el campo -anuncio el mercader. Volviendose a Cailin, ordeno: -Abre la boca, zorra. -El hombre miro dentro y luego proclamo: -Conserva todos los dientes. ?Cuanto se ofrece por ella?

Los espectadores levantaron la mirada hacia la criatura ofrecida. Era alta y penosamente delgada. El pelo, de un color difuso, estaba sucio y apelmazado. Nada en ella podia considerarse atractivo. A pesar de lo que pregonaba el mercader, no parecia particularmente fuerte habria creido que nadie pudiera estar tan sucio como estaba ella entonces. Teniendo en cuenta lo que le habia advertido el hombre, apreto el paso detras de este y de su companero.

Caminaron con rapidez por la bulliciosa ciudad, y adondequiera que mirara Cailin habia algo que atraia su mirada. Deseaba no encontrarse en aquella situacion, poder hacer preguntas a los dos hombres. Todo le resultaba abrumador y temible. No estaba acostumbrada a la idea de ser esclava. Cuando siguiendo a los dos hombres por la ancha avenida torcio por una calle estrecha y tranquila, les vio cruzar las grandes puertas de una enorme mansion. Bueno, al menos eran ricos y podrian sustituirle su andrajosa tunica.

Un sirviente se apresuro a saludar a los dos caballeros, abriendo los ojos de par en par al ver a la muchacha que iba tras ellos.

– ?Senor? -pregunto con voz debil. -?Esa criatura viene con vos?

– Joviano la ha comprado en el mercado publico, Paulo -respondio el hombre mas austero. -Tendras que preguntarle a el que quiere hacer con ella.

El mayordomo miro a Joviano y este se echo a reir al ver la inquietud del criado.

– La llevare yo mismo a los banos, Paulo -dijo. -Asegurate de que los encargados se mantienen ocupados. Sin

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