duda tienen trabajo, pero espera a que hayamos terminado. Esta sucia cerdita que he comprado se convertira en un pavo real, lo prometo. ?Y solo he pagado cuatro folies por ella! -Se volvio hacia Cailin. -Vamos, muchacha. Ese bano que tanto deseas esta lejos.
– Me llamo Cailin -dijo ella, siguiendole.
– ?Ah, si? ?Y que clase de nombre es Cailin? -Salieron del amplio atrio y cruzaron una serie de perfumados corredores con puertas a ambos lados. -Y ?de donde es Cailin?
– Mi nombre es celta, senor. Soy britana -explico mientras entraban en la antesala de los banos. Dos atractivas mujeres se acercaron, se inclinaron ante Joviano y parecieron intranquilas al ver a la muchacha que le acompanaba.
– Tendreis mucho trabajo con esta, queridas -les dijo Joviano. -Dice que no se ha banado en ocho meses. - Contuvo la risa. -Entrare mientras la esteis banando. Dice que se llama Cailin. Me gusta ese nombre. Dejaremos que lo conserve.
– No respondere a ningun otro nombre -tercio Cailin con firmeza.
– Es evidente que no has nacido esclava -observo Joviano.
– Claro que no -replico ella indignada. -Soy miembro de la familia Druso de Corinio. Mi padre, Gayo Druso Corinio, era un decurion de la ciudad. Soy una mujer casada, con propiedades y buena reputacion.
– Que ahora es esclava en Constantinopla -anadio Joviano con sequedad. -Ahora dime como has llegado hasta aqui -pidio cuando entraban en el vestuario.
Cailin le conto lo que recordaba, mientras las encargadas de los banos les desvestian y les llevaban al tepidario, una antesala calida donde esperarian hasta que empezaran a transpirar. El hecho de estar desnuda, igual que Joviano, no preocupaba a Cailin. No sentia ningun peligro ante aquel hombre. En realidad le parecia que podrian ser amigos. Cuando vieron que empezaban a transpirar, las encargadas de los banos les quitaron la suciedad y el sudor con rascadores de plata mientras hablaban.
– Es evidente que fuiste traicionada por esa tal Antonia Porcio -observo Joviano. -Una mujer que se considera agraviada es un enemigo muy peligroso, querida. Venderte como esclava fue su venganza contra ti y contra tu pobre esposo. No cabe duda de que le dijo que habias muerto. Si no, el la habria obligado a revelar tu paradero y habria ido a buscarte, supongo. Sin embargo, la noticia de tu muerte le causaria el mismo dolor que a ella le habia producido la ejecucion de su esposo por parte del tuyo. Ha sido muy habil esa Antonia. Es una intriga digna de un bizantino. Tu sobrevives y sufres siendo esclava, sin saber que ha ocurrido con tu hijo, mientras tu esposo sufre angustiado por tu presunta muerte.
Cailin permanecia en silencio. Cuan claramente lo expresaba Joviano, y quiza era asi. Lo peor era que ella no podia hacer nada. Se hallaba indefensa, y tan lejos de su querida Britania que jamas podria regresar. Hasta ese momento ni siquiera habia pensado en ello, pero ahora no le quedaba mas remedio que afrontar la realidad. Estaba viva y era probable que siguiera estandolo. Tenia que pensar en su futuro.
– ?Por que me comprasteis? -pregunto a Joviano cuando entraron en el caldario para ser banados.
– Vi que debajo de la suciedad eras hermosa, y las mujeres hermosas son mi negocio -dijo el; luego se volvio y dijo a las encargadas de los banos: -Primero lavadle la cabeza, queridas. Quiero ver el verdadero color de su cabello.
– Mi pelo es castano rojizo -informo Cailin. -Herede este color de mi madre, una celta dobunia. -Pero no pudo decir nada mas, pues las dos chicas que la banaban empezaron a frotarle la cabeza con gran vigor. -?Ay! -exclamo Cailin mientras los dedos de las dos muchachas se abrian paso por la marana de nudos en que se habia convertido su cabello durante los ultimos meses. Por fin se lo enjuagaron con agua caliente que olia a una sustancia acre. -?Que hay en el agua?
– Limon -respondio Joviano. -?Por todos los dioses! ?Tienes un pelo maravilloso!
– ?Que es «limon»? -pregunto Cailin.
– Mas tarde te lo ensenare -dijo el. -Ahora ven, deja que las chicas te banen, belleza mia. No. -Hizo una sena a las encargadas de los banos. -Yo mismo me banare. Dedicaos a Cailin.
La lavaron con un jabon suave que acabo de quitarle la suciedad. Cailin sintio una inmensa satisfaccion por volver a estar limpia. A continuacion pasaron al frigidario para darse un rapido bano frio y luego al untorio, donde se tumbaron uno junto a otro en sendos bancos para recibir masaje con aceites aromaticos.
– ?De que manera las mujeres hermosas son vuestro trabajo, senor? -pregunto Cailin.
Las dos encargadas de los banos soltaron una risita.
– Esto es Villa Maxima, Cailin -explico Joviano, -el burdel mas elegante de Constantinopla. Servimos a damas y a caballeros que buscan diversiones refinadas y excitantes.
– ?Que es un burdel? -pregunto ella, molesta porque las dos muchachas volvian a mostrarse divertidas.
Joviano alzo la cabeza sorprendido y miro a Cailin, que yacia comodamente a su lado, disfrutando del masaje.
– ?No sabes que es un burdel? -pregunto atonito. -No lo habria preguntado si lo supiera, senor -respondio ella.
– Dices que eres de Corinio -comenzo el, pero ella le interrumpio.
– La rama familiar de Druso Corinio llego a Corinio en tiempos del emperador Claudio, pero yo fui educada fuera de la ciudad. Solo la he visitado tres veces en mi vida, la ultima cuando tenia seis anos. Soy la unica hija de una buena familia patricia. Y no se que es un burdel. ?Deberia saberlo?
– ?Oh, querida! -exclamo Joviano, casi para si, -termina tu masaje, Cailin, y despues te explicare lo que necesitas saber.
Miro con inusual irritacion a las dos encargadas de los banos, que no paraban de reir entre dientes y que callaron al instante. Era raro que el amo Joviano se encolerizara, pero cuando lo hacia era temible.
Cuando las encargadas de los banos terminaron su trabajo, acompanaron a Cailin y Joviano a un calido vestidor, donde Joviano se puso una dalmatica limpia, de seda azul cielo. A Cailin le entregaron una tunica de seda blanca que se ataba a la cintura con un cordon dorado.
– Ven, querida -dijo el cogiendola de la mano. -Tomaremos pasteles de miel y vino en mi jardin privado y te contare todo lo que has de saber.
El jardin era exquisito; pequeno y rodeado por un muro cubierto de hiedra. En el centro habia una pequena fuente de marmol en forma de concha, de la que caia el agua a una taza redonda. Habia media docena de rosales que ya empezaban a florecer, perfumando el ambiente con su exuberante perfume.
– Ven y sientate aqui -indico Joviano, sentandose en un banco de marmol. -Ah, el vino esta frio. ?Excelente! - dijo con una sonrisa a la esclava que lo servia. -Bien, Cailin, para responder a tu pregunta… Un burdel es un lugar donde las mujeres venden su cuerpo para diversion de los hombres. ?Entiendes?
Ella asintio, los ojos como platos, y Joviano observo el maravilloso color violeta de estos.
– Nunca habia oido hablar de algo asi -respondio. -Se que los hombres yacen con otras mujeres aparte de sus esposas, pero no sabia que las mujeres cobraran por ello.
– Bueno, no hay nada extrano en ello -dijo el. -Se hace continuamente y se ha hecho desde el principio de los tiempos. Sin embargo, existen diferentes grados en este asunto. Algunas mujeres se venden en las calles.
Se las llama prostitutas, o putas. Copulan con sus clientes contra la pared, en los callejones. No pueden elegir con quien tiene tratos. En consecuencia, acaban enfermas y a menudo mueren jovenes, lo cual probablemente es una bendicion para ellas. No es facil ser una mujer de la calle. Pueden caer presa de un hombre que las obliga a ir con otros hombres pero se lleva todos los beneficios. Es una vida muy dura.
»Las mujeres de los burdeles suelen estar mejor, aunque hay diferentes clases de burdeles. Los que son para las clases inferiores tienden a tratar a sus mujeres poco mejor que las desdichadas que hacen su trabajo en la calle. Estos burdeles existen porque siempre hay muchas pobres muchachitas deseosas de hacer fortuna en el interior de sus muros, pero pocas, si acaso alguna, escapan para envejecer con comodidad.
– ?Por que lo hacen, pues? -pregunto Cailin.
– Porque no tienen alternativa -respondio el con franqueza. -Sin embargo, Villa Maxima no es como la mayoria de burdeles. Nosotros mimamos a nuestras mujeres y las rodeamos de lujo. No son prostitutas corrientes sino cortesanas, muy bien preparadas y con habilidad para ofrecer a los clientes el maximo placer. Tambien tenemos jovenes y apuestos cortesanos muy solicitados entre ciertas mujeres adineradas de la ciudad y la corte. Entre nuestros clientes se encuentran hombres que disfrutan con la compania de otros hombres o la prefieren; y mujeres que prefieren tener a una mujer por amante. Nosotros complacemos todos los caprichos.
– Todo me resulta muy extrano -manifesto Cailin.
