fieros, rompian a llorar. Hombres que jamas podian volver a ver un arma sin echarse a temblar incontroladamente. Quiza el brutal salvajismo que habia tenido que soportar Cailin le habia danado de un modo similar. Recordaba la expresion vacia en sus ojos la noche de la representacion en Villa Maxima. Ella se habia abstraido de lo que estaba sucediendo en el escenario porque era la unica manera de poder sobrevivir.

– Lo que te ha sucedido desde que abandonaste Britania te ha danado de un modo que no se ve -le dijo el para consolarla. -Si confias en mi te ayudare a curarte, belleza mia. Quiero que obtengas de mi el mismo placer que yo obtengo de ti. A diferencia de la mayoria de hombres de mi edad, tengo una inusual capacidad de hacer el amor, Cailin. Seguiremos hasta que tambien tu sientas placer, por mucho tiempo que tardemos. -Le cogio la mano. -Ahora vamos, antes de que nos quedemos tan debiles que el agua nos diluya.

Salieron de la piscina y se secaron mutuamente. Luego el volvio a cogerla de la mano y la llevo a su dormitorio. Cailin se sorprendio al ver que habian retirado su pequeno divan y lo habian colocado adosado a una pared. En su lugar sobre la plataforma elevada habia un gran colchon a rayas y varios almohadones de vivos colores. Aspar volvio a besarla y poco despues se tumbaron en la cama, entrelazados. Las sensaciones que el cuerpo de aquel hombre le producia eran completamente distintas alli que en la piscina. Parecia mas duro.

– Quedate quieta -ordeno el, y poniendole dos almohadones debajo de las caderas para elevarla le dijo: - Quiero que separes las piernas para mi, mi belleza. -Y cuando ella le obedecio, el se inclino, le separo los labios mayores de la vagina con los dedos y empezo a acariciarla lenta y tiernamente con la lengua.

Cailin ahogo un grito de asombro y sorpresa. Su primer pensamiento fue apartarle. Eso era una intrusion que jamas la habia experimentado. Sin embargo habia ternura en el acto, una dulzura que la hipnotizo tan intensamente que se vio incapaz de negarse. La lengua de Aspar le acariciaba suavemente la carne y luego empezo a juguetear con el clitoris. Cailin se sintio inundada de calor y sin embargo temblaba. La pequena protuberancia empezo a hormiguearle, creciendo en intensidad hasta que creyo que no podria soportarlo mas, pero por mucho que lo intento no pudo encontrar la voz para pedirle que parara.

Cailin dejo que la sensacion de placer se apoderara de ella y se oyo a si misma gemir encantada. Sentia los miembros pesados con un ansia que jamas habia experimentado, hasta que por fin una intensa dulzura la inundo como una ola del mar y retrocedio con igual rapidez, dejandola debil pero extranamente satisfecha.

– Aaahhh… -exhalo jadeante.

Entonces, de manera inesperada, se echo a sollozar.

Aspar se incorporo y la abrazo. No dijo nada. Se limito a acariciarle los pequenos rizos despeinados, maravillandose de su suavidad mientras los enroscaba en sus dedos. Ella se apreto a el como buscando su proteccion y la sorprendio el deseo que percibio en el de mantenerla a salvo de toda la crueldad del mundo. A pesar de todo lo que le habia ocurrido, Cailin era inocente. El no iba a permitir que volvieran a hacerle dano.

Por fin se sereno y dijo:

– Vos no habeis recibido placer, mi senor, pero yo si. ?Como puede ser? No sabia que una mujer pudiera disfrutar de esta manera.

Levanto la vista hacia el y Aspar penso que sus hermosos ojos parecian violetas rociadas por la lluvia primaveral.

– Dar placer tambien lo proporciona, Cailin; quiza no tan intenso como cuando se recibe, pero es placer al fin y al cabo. Hay muchas maneras de darlo y recibirlo. Las exploraremos todas. Jamas te hare dano intencionadamente, mi amor -le dijo, acariciandole la mejilla con un dedo.

– Dicen que sois el hombre mas poderoso del Imperio, mi senor. Aun mas poderoso que el propio emperador.

– Nunca repitas eso en voz alta, Cailin -le advirtio. -Los poderosos son celosos de su poder y no desean compartirlo. Mi supervivencia depende de que siga siendo un leal servidor del Imperio. Realmente es el Imperio al que honro. Dios, y el Imperio. A ningun hombre. Pero eso, querida, ha de quedar como un secreto entre nosotros. -Le sonrio.

– Sois como los romanos de antano, mi senor. Honrais la nueva Roma, Bizancio, como ellos honraron a la antigua.

– ?Y que sabes tu de Roma? -pregunto el, divertido.

– Estuve con mis hermanos y su tutor muchos anos -dijo Cailin. -Aprendi la historia de Roma y de mi Britania nativa.

– ?Sabes leer y escribir?

– En latin -respondio ella. -La historia del pueblo de mi madre, los celtas dobunios, es una historia oral, pero la conozco, mi senor.

– Joviano me conto un poco acerca de tu pasado, Cailin. Tu latin es el de una mujer culta, aunque un poco provinciana. ?Quien era tu gente?

– Desciendo de un tribuno de la familia Druso que llego a Britania con el emperador Claudio -explico ella, y luego, tumbados juntos, le conto la historia de su familia.

– ?Y tu esposo quien era? ?Tambien era de una familia romano-britana?

– Mi esposo era sajon. Me case con el despues de que mi familia fuera asesinada por instigacion de mi primo Quinto, que codiciaba las tierras de mi padre. Mi primo no supo que yo habia escapado de la matanza hasta que fui a verle con mi esposo, Wulf Puno de Hierro, para reclamar lo que por derecho me correspondia. Wulf mato a Quinto cuando este trato de atacarme. Fue su esposa, Antonia, quien me traiciono, pero esa parte de la historia ya la conoceis, mi senor.

– Es asombroso que hayas sobrevivido a todo eso -dijo Aspar con aire pensativo.

– Ahora lo sabeis todo de mi. Zeno me ha contado que vuestra primera esposa era una mujer buena y honorable. Lo que no ha dicho sobre la esposa que ahora teneis es mas interesante -dijo Cailin. -Si me lo contarais, mi senor, me gustaria conocerla.

– Flacila es miembro de la familia Estrabo. Son poderosos en la corte. El nuestro fue un matrimonio de conveniencia. No vive conmigo y, francamente, ella no me gusta.

– Entonces ?por que os casasteis? -pregunto Cailin. -No necesitabais volver a casaros, mi senor. Zeno me ha dicho que teneis un hijo mayor, un segundo hijo y una hija.

– ?Zeno ha mencionado a mis nietos? -pregunto Aspar con cierto humor en la voz. -Mi hija Sofia tiene tres hijos y mi hijo mayor tiene cuatro. Como Patricio, el menor, no parece querer ser monje, supongo que tambien el me dara nietos cuando se case.

– ?Teneis nietos? -Cailin estaba atonita. No parecia tan viejo, y su conducta sin duda no era la de un anciano. -?Cuantos anos teneis, mi senor Aspar? Yo cumpli diecinueve el mes de abril.

El gimio.

– ?Dios mio! Sin duda soy lo bastante viejo para ser tu padre, mi amor. Cumpli cincuenta y cuatro el mes de mayo.

– No sois como mi padre -murmuro ella, y con gran atrevimiento le cogio la cabeza entre las manos, la acerco y le beso dulcemente.

El cedio con placer a su osadia.

– No -dijo, mirando con placer sus ojos violetas, -no soy tu padre, ?verdad, mi amor?

La beso, larga, lenta y profundamente.

Cailin desfallecio interiormente. Cuando por fin se recupero, dijo:

– Habladme mas de vuestra esposa, mi senor Aspar.

– Me gusta como suena mi nombre en tus labios. -Habladme de Flacila Estrabo, mi senor Aspar-insistio Cailin.

– Me case con ella por varias razones. El difunto emperador, Marciano, a quien yo coloque en el trono de Bizancio y se caso con la princesa Pulqueria, estaba a punto de morir y no tenia herederos.

«Marciano procedia de mi hogar. Me habia servido lealmente durante veinte anos. Cuando comprendi que su final estaba proximo, elegi a Leon, otro miembro de mi hogar, para que fuera el siguiente emperador. Sin embargo, necesitaba cierto apoyo de la corte. El patriarca de Constantinopla, el lider religioso de la ciudad, es pariente de la familia Estrabo, y los lazos familiares aqui son fuertes. Sin el no tenia esperanzas de colocar a Leon en el trono. Para asegurarme su apoyo y el de la familia Estrabo, me case con la viuda Flacila. Ella estaba entonces embarazada de un amante y causaba a su familia una indecible verguenza.

– ?Que ocurrio con el nino?

– Aborto en el quinto mes, pero era demasiado tarde. Ya era mi esposa. A cambio de mi ayuda, el patriarca y

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