Confio en el capitan, pero los dos marineros me dan mala espina. No me gusta la manera en que miran a Nellwyn.
– Nellwyn es una hermosa muchachita. Si no va con cuidado, los perros se la comeran. Es tu esclava. Habla con ella. No me corresponde a mi hacerlo.
– ?Por que pareces irritado? -le pregunto ella. -Eres como un viejo gato con las unas sacadas. ?No te alegra que nos hayamos reencontrado?
– No puedo creer en nuestra buena fortuna -respondio el con sinceridad. -Te creia muerta y te he recuperado. Has decidido regresar a Britania conmigo en lugar de casarte con un hombre rico y poderoso. Sin embargo, no hemos estado solos desde que nos reencontramos, ?y no es probable que lo estemos en meses! Eres bella, Cailin, y te deseo.
– Tendras que aprender a tener paciencia -dijo ella y sofoco una risita maliciosa. -Y yo tambien.
Cuando por fin entraron en el puerto de Marsella, el capitan les dijo que normalmente habia caravanas de mercaderes que viajaban por los caminos romanos de Galia hacia la costa frente a Britania. Wulf encontraria viajeros en la posada La Flecha Dorada.
– No se os ocurra ir solo, senor. Hay demasiados bandidos y teneis una esposa que proteger. Un hombre corpulento y fuerte como vos sera bien acogido en cualquier grupo. Y si las mujeres estan dispuestas a ayudar en las tareas, mucho mejor.
Wulf dio las gracias al capitan por su consejo y, con las bolsas de monedas y las joyas de Cailin a buen recaudo, el trio abandono el barco. Cailin y Nellwyn iban vestidas como mujeres humildes y se cubrian la cabeza con la capucha de la capa. Siguieron a Wulf por las bulliciosas calles del puerto hasta la posada, donde Wulf pregunto por las caravanas que partian hacia la costa norte de Galia.
– Dentro de un par de dias saldran varias, senor -respondio el posadero. -?Adonde vais? ?Viajais solo?
– Necesitamos llegar a Gesoriaco -contesto Wulf. -Mi esposa y su criada viajaran conmigo. Venimos de Bizancio.
– Y vais a Britania, supongo -observo el posadero.
Wulf asintio.
– Soy un hombre corpulento, como puedes ver -dijo al posadero. -Y servi en las legiones. Soy bueno con la espada y mi esposa y su criada saben cocinar. No seremos ningun estorbo.
– ?Podeis pagar? -No parecian mendigos, pero, en aquellos dias, nunca se sabia.
– Si es un precio razonable -respondio Wulf. -Nuestro paso por Bizancio nos resulto caro. ?Nuestro servicio no sera suficiente? Si debemos pagar, espero recibir la comida a cambio.
– Estais de suerte -dijo el posadero. -Hay una gran caravana de mercaderes que parte manana hacia Gesoriaco. Parte del grupo se quedara en otras ciudades a lo largo del camino, pero la caravana principal se dirige a la costa norte. Conozco al patron, un tipo corpulento de pelo rojo que en estos momentos esta bebiendo en mi patio. Siempre le va bien un hombre de mas. Decidle que Pablo os recomienda. Regatead vos mismo.
– Os lo agradezco, senor -dijo Wulf. -?Podeis alquilarme una habitacion para mi esposa, su criada y yo para esta noche? Y necesitamos saber donde estan los banos publicos. Despues debo comprar caballos para el viaje.
– No dispongo de habitaciones privadas, pero las mujeres pueden colocar un jergon en el granero con las otras. Vos tendreis que dormir aqui, como todos los hombres.
Mientras Cailin y Nellwyn se banaban, Wulf fue al mercado y compro dos caballos para ellas. Uno era un animal castrado de color castano, fuerte y de bella estampa, y el otro una robusta yegua negra lo bastante fuerte para transportar a ambas mujeres en caso de ser necesario. Regreso a la casa de banos donde Cailin y Nellwyn le esperaban. Su preciado tesoro y los caballos permanecieron a su cargo mientras Wulf se quitaba los cuarenta dias de navegacion de la piel. Luego regresaron juntos a la posada, donde Wulf se presento al patron de la caravana, que se llamaba Garhard. Pronto los dos hombres se pusieron de acuerdo, pues Garhard era un hombre de decisiones rapidas. Les costaria dos folies a cada uno. Wulf ayudaria a proteger la caravana y las dos mujeres cocinarian. A cambio, viajarian seguros y se les permitiria comer de la olla comun.
– Si quereis vino, traedlo -indico Garhard. -Y vosotros mismos os procurareis platos y cucharas. Ademas, no quiero que las mujeres se prostituyan por unas monedas; eso causa problemas entre los hombres.
– Las mujeres son mi esposa y su criada -senalo Wulf. -No se prostituyen, y si tus hombres las miran de soslayo o les hablan de modo irrespetuoso, tendran que haberselas conmigo.
– Bien. Partimos al amanecer.
Se apresuraron a regresar al mercado, donde Cailin compro platos y cucharas de madera y una copa que compartirian. Vio a una mujer que vendia jergones y compro tres, asi como unas mantas.
– Deberiamos tener un carro -dijo Cailin a su esposo. -La yegua puede tirar de el, y guardaremos en el nuestras cosas. No podemos llevarlo todo encima. Tu estas acostumbrado a dormir en el suelo, pero Nellwyn y yo no. Y necesitaremos provisiones de agua, un brasero y carbon. Estamos casi en invierno, Wulf, y cuanto mas al norte vayamos, mas frio hara. Un carro nos ofrecera proteccion frente al mal tiempo y los animales salvajes.
El se echo a reir.
– Has vivido como una joven reina en Bizancio y creia que habias olvidado estas cuestiones practicas, pero veo que no. Ven, vamos a comprar lo que consideres necesario.
Partieron justo antes del alba. Las dos mujeres conducian el pequeno carro cubierto de tela. Habian metido alli todas sus posesiones, junto con provisiones extra para complementar la olla comunal. Los pellejos de agua colgaban del carro.
La caravana viajo por los caminos romanos pasando por Arelate, Luguduno, Augustoduno y Agendico para llegar a Durocortoria [Reims]. Tomaron el camino que torcia ligeramente mas al norte, cruzando Samarobriva [Amiens] y llegando por fin a Gesoriaco [Boulogne-sur-Mer], un antiguo puerto naval. Habian tardado muchas semanas en llegar a su destino. Estaban ya a mediados de febrero.
Concertaron su siguiente paso con un comerciante costero. Les cruzaria las treinta millas marinas que separaban Galia y Britania hasta el puerto de Dubris [Dover]. Cuando salia el sol en Galia, que ahora quedaba detras de ellos, llegaron a Britania la manana del 20 de febrero.
Cailin no pudo contener el llanto.
– Creia que jamas volveria a ver mi tierra natal -dijo entre sollozos.
– Hemos viajado mas de cuatro meses -observo Wulf. -?No te gustaria descansar unos dias, ahora que volvemos a estar en Britania?
Cailin hizo un gesto de negacion.
– ?No! Quiero llegar a casa cuanto antes.
El carro daba tumbos camino de Londres. Cailin miro alrededor, recordando poco de su ultima visita. En otro tiempo aquel lugar la habria impresionado, pero ahora parecia insignificante en comparacion con Constantinopla. Tomar el camino en direccion oeste hacia Corinio la embargo de felicidad.
Cuando llegaron a la ciudad de origen de su familia, Cailin enmudecio de asombro. Corinio, en otro tiempo una ciudad prospera, se hallaba casi en silencio y desierta. Las calles estaban llenas de escombros y los edificios en mal estado. En el anfiteatro crecia la maleza entre los asientos de piedra, agrietados y rotos. Muchas casas estaban cerradas y vacias.
– ?Que ha ocurrido? -pregunto a Wulf.
El meneo la cabeza.
– No lo se. Quiza sin un gobierno central la ciudad no puede mantenerse. Mira alrededor. La mayoria de gente que se ve por las calles es anciana. Seguramente se quedan porque no tienen a donde ir. Sin embargo el mercado prospera; parece ser lo unico que se conserva.
– Pero casi todos los productos son comestibles -observo ella. -?Que ha sucedido con el comercio y la alfareria?
– La gente ha de comer -dijo el. -En cuanto al resto, no lo se. -Se encogio de hombros. -Vamos, ovejita, nos quedan dos dias de viaje antes de llegar a nuestras tierras. No nos entretengamos. Tendremos que luchar con Antonia Porcio, estoy seguro. Sin duda se ha quedado con nuestras tierras otra vez. Por lo demas, tu familia dobunia se alegrara de saber que estas viva.
Su carro avanzo por el camino del Foso hasta que por fin torcieron por un sendero apenas visible. Llovia cuando acamparon aquella noche. Se acurrucaron en el carro, oyendo la lluvia golpear el techo de lona. El pequeno espacio estaba agradablemente caldeado, como durante todo el invierno, gracias al pequeno brasero que
