en los carbones del hogar. Maybel fue al baul que estaba al pie de la cama y saco un pedazo de lienzo. Lo rasgo en una larga tira y, con cuidado, lo paso por la cabeza y debajo del menton de Hugh, para que no se le abriera la boca. Sostuvo la tira de lienzo con un alfiler pequeno. Mientras, Rosamund sacaba la mortaja de su esposo del mismo baul, donde habia estado esperando ese momento.
La muchacha y la mujer se afanaron en envolver el cuerpo con la mortaja, que parecia una bolsa. Lo cubrieron con firmeza; solo la cabeza habia quedado fuera, aunque tambien la cubririan cuando llegara el momento del entierro. Cruzaron los largos brazos de Hugh sobre su pecho por debajo de la tela. Sobre el cuerpo colocaron un sencillo crucifijo de madera. Rosamund aliso con suavidad los cabellos plateados de su esposo. Sintio que las lagrimas le aguijoneaban los parpados una vez mas, pero las contuvo.
Edmund regreso.
– Efectivamente, Henry se emborracho con tu vino, sobrina. Ordene que lo llevaran a la cama. Aqui estan los hombres con el feretro para llevar a Hugh a la sala. Ya se levanto el catafalco, con velas en cada esquina. El reclinatorio te espera.
Rosamund asintio y, con una ultima mirada a su esposo, salio de la habitacion para esperar su arribo en la sala. Cuando colocaron el feretro sobre el catafalco, ella encendio las velas y se arrodillo a orar.
– Orare hasta que el este bajo la tierra -les dijo a los criados-. Quiero que la tumba sea bien profunda.
– Asi se hara -le aseguro Edmund. Miro a su esposa con un gesto de interrogacion, pero ella le indico que se fuera, y el obedecio.
– Velare contigo un rato -dijo Maybel.
– No, prefiero estar sola.
– Pero, nina…
– Ya no soy una nina -respondio Rosamund, con suavidad-. Vete, ahora, pero vuelve a la hora del alba. -Se arrodillo, hundio las rodillas en el almohadoncito del reclinatorio, las manos entrelazadas en oracion. La espalda estaba derecha; la cabeza, inclinada.
Maybel miro a la muchacha y suspiro despacio. No, Rosamund ya no era una nina, pero tampoco, una mujer adulta. ?Que seria de ella ahora? Maybel salio despacio de la sala. Ella sabia lo que iba a suceder. Henry Bolton casaria a su sobrina una tercera vez, por segunda vez con un hijo suyo. El mocoso que habia traido consigo seria el nuevo amo de Friarsgate, mientras que Rosamund seguiria siendo un peon para uso de Henry Bolton. Volvio a suspirar. Sin embargo, ?no habia dicho algo Edmund de que Hugh tomo recaudos para la seguridad de Rosamund? Conociendo a Henry Bolton como lo conocia, era mas que probable que ignorara el ultimo testamento de Hugh Cabot. Ellos no podrian hacer nada al respecto.
Preocupada, entro en su dormitorio, donde encontro a su esposo esperandola.
– ?La dejaste sola?
– Asi lo quiso ella -respondio Maybel. Se quito el velo de la cabeza y se sento pesadamente-. Que Dios me bendiga, esposo mio, pero estoy cansada. Y me imagino que mi joven senora ha de estar mas cansada que yo, e igual va a orar toda la noche por el alma de su esposo -hizo una pausa y agrego-: ?Te parece que habra algo de cierto en lo que dice Rosamund de que Henry Bolton es responsable de la muerte de Hugh?
– El estaba debil y agonizaba, pero, en mi opinion, todavia no estaba listo para abandonar el espiritu. Por otro lado, no vi marcas de violencia ni de fuerza fisica que le hubieran causado la muerte. Incluso, tenia una sonrisa en los labios, como si algo que se hubiera dicho le hubiera causado gracia. Sin embargo, alguien le bajo los parpados para cerrarle los ojos. Nunca crei que Henry Bolton fuera un hombre inteligente. -Se encogio de hombros-. Tal vez era el momento de Hugh, nomas. Nunca lo sabremos con certeza, Maybel. De modo que debemos tener cuidado con lo que decimos, y asegurarnos de que nuestra senora tambien sea discreta. No podemos probar nada. Lo que creamos, o incluso sospechemos, es otra cosa.
– ?Que sucedera ahora? ?No dijiste que Hugh habia hecho provisiones para nuestra Rosamund? ?Que hizo el que tu medio hermano no pueda deshacer?
– Se paciente, mujer -dijo, con una sonrisa-. No puedo decir nada hasta que no llegue el momento. Henry sera burlado, eso te lo aseguro. No podra hacer nada. Tanto Rosamund como Friarsgate estan ahora a salvo de el y de sus hijos.
– Si debo esperar para enterarme de ese milagro, pues, esperare -dijo Maybel, volviendo a levantarse y comenzando a desatarse el vestido-. Es tarde. La manana llegara temprano. Vayamos a la cama, esposo.
– De acuerdo -dijo el, incorporandose despacio-. Manana sera un dia largo y dificil para todos.
CAPITULO 03
– ?Tu esposo ha muerto? -pregunto Henry Bolton, fingiendo sorpresa-. Bien, entonces, sobrina, no necesitare su firma para casarte con mi hijo, ?no? Ahora estas otra vez a mi cargo y haras lo que yo te diga. -Le sonrio con malicia-. Pongamoslo bajo tierra y terminemos con el asunto, Rosamund. Estoy pensando que quiza te lleve a casa conmigo para que mi buena esposa guie tu conducta. Hugh te ha dado ideas que no son las adecuadas para tu condicion. En contra de mi juicio, pondre Friarsgate otra vez bajo la administracion del hijo bastardo de mi padre, Edmund Bolton.
– Mi esposo sera enterrado antes de la caida del sol. Sus arrendatarios desean presentarle honores y estan pasando por la sala desde el alba. -Su voz estaba fria y controlada, aunque el corazon le galopaba dentro del pecho. Se escaparia antes de permitir que Henry Bolton la sacara de Friarsgate, pero confiaba tanto en Edmund como en Hugh, que Dios lo tuviera en su gloria, para salvarla.
– Si esperas a ultima hora del dia para enterrarlo, Rosamund, debere quedarme aqui una noche mas -se quejo Henry.
– Hugh Cabot fue un buen esposo para mi, y un buen amo para la gente de Friarsgate, tio. Tendra un funeral honorable, no lo metere a toda prisa dentro de su tumba porque eso te convenga a ti y a tu mocoso -respondio ella, cortante. Estaba palida, y tenia ojeras muy marcadas.
– Ah, esta bien -respondio Henry, refunfunando-. Otro dia lejos de Mavis y sus criticas no es para desdenar, creo, pero partiremos por la manana, Rosamund.
– Es imposible que yo pueda irme de Friarsgate de un dia para el otro -protesto ella-. Ademas, por la manana el sacerdote debe leer el testamento de Hugh.
– ?Su testamento no cambiara las cosas en lo que a ti respecta, sobrina! -La cara regordeta de Henry estaba adoptando un aire beligerante.
– Era mi esposo y yo estaba a su cargo. Debo obedecer sus ultimos deseos, tio, fueran cuales fuesen - respondio ella con dulzura.
– Sus deseos no cuentan. Yo soy tu pariente varon mas cercano. Ahora estas a mi cargo, como lo fue siempre, en realidad, desde la muerte de tus padres. La ley, tanto la de Dios como la del hombre, dice que debes hacer lo que yo te ordene, Rosamund. ?Y no se hablara mas de este asunto! -Henry Bolton tomo su copa de vino, trago un gran sorbo y la dejo ruidosamente sobre la mesa-. ?Me entendiste, sobrina? Yo soy tu amo. Y ningun otro.
– Los ultimos deseos de mi esposo seran honrados -dijo Rosamund con firmeza. Dio media vuelta y salio de la sala.
– Que perra mocosa -rezongo Henry-. Creo que la azotare todos los dias hasta que ese espiritu tan orgulloso se rinda ante mi. Y despues la hare azotar dos veces por semana para recordarle que yo controlo su destino. Si - dijo, sonriendo-, esa mozuelita necesita un aleccionamiento constante. Y lo tendra en mi casa. -Ademas, al llegar habia notado que a su sobrina definitivamente le estaban creciendo los pechos. Eso significaba que sus jugos estaban fluyendo ya. Seria mejor tenerla con la rienda corta para que no fuera a avergonzar a la familia. Seria virgen cuando su Henry la montara por primera vez. Tenia intenciones de aparear a su hijo con su sobrina cuando el cumpliera los doce anos. Dentro de siete. Rosamund tendria veinte para entonces. Conseguiria un cinturon de castidad y encerraria a su sobrina para asegurarse su virtud. Su nieto, y nadie mas, heredaria Friarsgate. Miro con condescendencia al criado y el hombre se apresuro a servirle mas vino. Henry Bolton bebio. Eructo, se puso de pie y bajo la vista para observar el cuerpo de Hugh Cabot.
La gente de Friarsgate pasaban en una fila ordenada junto al feretro. Todos tenian expresiones solemnes, pero algunos lloraban abiertamente. Se pregunto con amargura por que lo hacian. Hugh Cabot no era de la
