El muchacho abrio la boca para protestar, pero al mirar a Rosamund la cerro y se levanto del asiento.
– Gracias, primo -murmuro Rosamund, con dulzura.
Si sir Owein habia advertido la escena casi muda entre los dos, era demasiado cortes para mencionarlo. Le trajeron un plato de comida caliente y empezo a comer, mientras sus anfitriones esperaban cortesmente a que terminara. Llenaron una y otra vez su copa y, cuando hubo limpiado hasta la ultima gota de salsa del plato de peltre, por fin se sintio reconfortado por primera vez en casi dos semanas.
– Bien, senor, ?a que vino? -pregunto Henry Bolton, con bastante groseria.
Para su sorpresa, sir Owein le hablo directamente a Rosamund.
– Senora, su difunto marido, sir Hugh Cabot…
– ?Sir Hugh? -Henry Bolton se echo a reir-. El pobre desgraciado no era ningun caballero, senor. ?Sera que se equivoco de casa?
– Sir Hugh Cabot fue nombrado caballero en el campo de batalla hace muchos anos. Tenia dieciocho anos cuando le salvo la vida a Edmundo Tudor, el padre del rey -dijo sir Owein con calma. No le caia bien el hombre de cara gorda. Era grosero y, de haber valido la pena, algo que sir Owein decidio que no, le habria propinado una paliza.
– Es cierto -dijo Edmund Bolton.
– ?Tu lo sabias? -Henry Bolton no lo podia creer.
– Hugh era un hombre modesto. Si bien le estaba agradecido a su amigo por haberlo nombrado caballero y por el honor que esto significa, no tenia tierras. Le parecia presuntuoso que un hombre sin propiedades usara un titulo, de modo que no lo hacia. Pero tenia el derecho, y nuestra sobrina es lady Rosamund, Henry -dijo Edmund Bolton fijando su mirada en su hermano menor.
Sir Owein se volvio a Rosamund, cuyo rostro era una mezcla de sorpresa e impresion.
– Su esposo sabia que estaba muriendo, milady. Queria dejarla a salvo de quienes pudieran intentar robarle su herencia legitima. Por eso envio un mensaje al rey y le pidio que la aceptara como su pupila, con todas las responsabilidades que eso implica. El rey Enrique acepto graciosamente y me ha enviado a buscarla para llevarla a su Corte. Se me ha informado que su tio Edmund Bolton administrara Friarsgate en su ausencia. ?Esta decision la satisface?
– Si, senor, asi es -dijo Rosamund, asintiendo despacio-. Pero, ?por que debo dejar Friarsgate? Es mi hogar, y me gusta estar aqui.
– ?No desea conocer al rey, milady? -pregunto sir Owein.
– ?Conocer al rey? -repitio ella-. ?Yo?
– Por el momento, la ubicara en la casa de la reina, milady. Luego, cuando haya terminado su periodo de duelo, se le elegira un esposo apropiado. Entonces podra volver a su casa, milady -le explico sir Owein-. La reina es una dama bondadosa y amable, madre de ninas. La princesa Margarita tiene mas o menos su edad, creo. La princesa Catalina, la esposa del principe Arturo, es viuda, como usted, y ademas esta la princesa Maria, un diablillo encantador.
– Nunca me aleje mas que unas pocas millas de Friarsgate -dijo Rosamund-. Este lugar es todo lo que conozco, senor. ?No podria el rey dejarme aqui para ser lo que siempre he sido?
– Su finado esposo, sir Hugh, considero conveniente que se fuera de Friarsgate por un tiempo. No tiene por que venir sola, milady. Puede traer una criada con usted.
– Aqui ha habido un error -intervino Henry Bolton-. Mi sobrina esta a mi cargo, y asi fue desde la muerte de sus padres, mi hermano Guy y su esposa. Hugh Cabot no tenia autoridad para darla en custodia al rey. Debe regresar y explicarselo, sir Owein. Rosamund se casara con mi hijo Henry.
– ?Jamas me casare con ese mocoso malcriado! -exclamo Rosamund.
– ?No era sir Hugh Cabot el esposo ante la ley de Rosamund? -pregunto sir Owein.
– Asi es -dijo Richard Bolton-. Tengo en mi poder los papeles de compromiso que me dio cuando se casaron.
El hombre del rey se volvio a Rosamund.
– ?Recuerda si se celebro una ceremonia, milady? ?Ante un sacerdote?
– Nos caso el padre Bernard el vigesimo dia de octubre. Yo llevaba un vestido de lana verde. Fue justo antes del sexagesimo cumpleanos de Hugh. Si, recuerdo el dia de mi boda con Hugh Cabot. Fue un dia feliz para mi - dijo Rosamund con voz queda.
– Siendo asi, usted no tiene ninguna autoridad, ni legal ni de otro tipo, sobre su sobrina, Henry Bolton -aclaro Owein Meredith-. Su esposo gozaba de esa autoridad, y se la ha transferido al rey. La senora Rosamund regresara conmigo a Richmond y tomara su lugar en la propiedad de la reina.
– Yo… yo… ?ire a los tribunales! -exclamo Henry Bolton, furioso.
– El rey, senor, es la maxima autoridad en la tierra, pero, si quiere insistir con el tema, vaya a los tribunales -rio Owein Meredith.
– ?Cuando debo partir? -le pregunto Rosamund.
– No antes de que este lista, milady -la tranquilizo el caballero-. Se que una senora que deja su casa para instalarse en otro lugar necesita tiempo para reunir sus pertenencias, ordenar sus asuntos y empacar. No tengo prisa por volver al sur. Las primaveras de Cumbria son bonitas, siempre y cuando los escoceses no crucen la frontera y vengan a saquear, pero no hay mucho peligro de eso ahora. El rey ha arreglado un matrimonio entre su hija mayor, milady Margarita, y el rey de los escoceses, Jacobo IV. Tomese su tiempo para estar comoda en su nueva vida. Ademas, por supuesto, necesitara caballos aparte de una criada. Hay mucho que hacer, milady. Seguramente pasaran varios meses antes de que pueda partir. Tal vez nos vayamos a fines del verano o principios del otono. Entretanto, enviare un mensaje al rey para contarle de la muerte de su viejo amigo y decirle que su joven viuda agradece estar bajo la tutoria real. -Sir Owein le sonrio a Rosamund, y ella pudo ver que el caballero tenia los dientes blancos y parejos.
– Debe descansar con nosotros, senor -le dijo Rosamund-. Ha hecho un largo camino y lo espera un largo viaje de regreso. Descanse y haga que su animal se recupere antes de irse.
– Por supuesto, milady, y le agradezco la hospitalidad.
– Prepara una habitacion para nuestro huesped -le ordeno Rosamund a un criado. Luego indico que se le sirviera mas vino. Vio que su tio Henry ya estaba en avanzado estado de ebriedad y que su hijo se habia quedado dormido junto a la silla de ella, debajo de la mesa. Miro a sir Owen y le pregunto, en voz baja-: ?Estoy verdaderamente a salvo de el? -indicando a Henry Bolton-. ?No podra obligarme a casarme con su odioso hijo?
– No, senora, no puede -respondio suavemente el hombre del rey-. Tengo entendido que su difunto esposo no deseaba semejante cosa. Normalmente, yo no estoy en conocimiento de una comunicacion entre el rey y un corresponsal, pero Su Majestad quiso que yo tuviera una comprension cabal de la situacion de Friarsgate para que no fuera a contrariar, por ignorancia o torpeza, los deseos de su esposo.
Las lagrimas afloraron a los ojos de Rosamund.
– Era un hombre tan bueno, mi Hugh. Mi tio nunca tuvo eso en cuenta cuando me caso con el. Su unico interes era proteger Friarsgate hasta que el engendrara un hijo que pudiera unirse conmigo. Mi primer esposo tambien era hijo suyo. Casi no me acuerdo de John. ?Piensa que habra muchas viudas de trece anos, porque cumplire trece en unas semanas, que hayan sobrevivido a dos esposos y sigan siendo virgenes?
Owein Meredith se ahogo con el vino ante la revelacion. Hizo un esfuerzo por recuperar el aliento, pues le dio un ataque de tos. Y entonces estallo en carcajadas, y rio hasta que le corrieron las lagrimas por las mejillas. Los que lo rodeaban en la mesa principal lo miraron sordidos. Cuando por fin recupero el control, pudo hablar.
– Se me fue el vino por el lado equivocado.
– Pero ?y la risa? -inquirio Richard Bolton, curioso.
– Algo que dijo milady Rosamund. Dudo de que a otra persona le parezca divertido, pero a mi sus palabras me hicieron gracia -explico, pues no queria repetir lo que su anfitriona joven e ingeniosa acababa de decir. A sus tios podria no resultarles gracioso. Miro con atencion a Rosamund. No podia decirse que fuera una mujer, pero tampoco era una nina. Tenia la piel suave y clara, sin mancha alguna, y un tenue rosado en las mejillas. Sus ojos ambarinos estaban enmarcados por oscuras pestanas. Los cabellos eran de un rojo cobrizo intenso, y los peinaba con una raya al medio, en un arreglo algo insulso, con una trenza que le caia sobre la espalda. Tenia la nariz pequena y recta; el rostro, ovalado, y una boca de labios generosos, mas el labio inferior que el superior.
– ?Por que me mira asi? -le pregunto Rosamund.
