– Porque la encuentro muy bonita, milady-respondio el, con toda franqueza.
Rosamund se ruborizo. Nunca un hombre buen mozo le habia dicho un piropo. Ah, Hugh siempre le decia que algun dia seria una belleza, pero el la queria. Ella era como su hija.
– Gracias -respondio, con timidez-. ?Una dama de la Corte debe expresar gratitud ante un cumplido, senor? - pregunto enseguida, curiosa.
– Una dama de la Corte acusaria recibo de un cumplido con una graciosa inclinacion de la cabeza, pero no diria nada -le dijo el con una pequena sonrisa. Que muchacha encantadora, penso, y nada afectada. Y continuo-: Pero si el elogio proviene de alguien que no cuenta con el favor de la dama, debe ignorarlo y darle la espalda.
– ?Me entenderan en la Corte, sir Owein?
– Yo la entiendo.
Pero seguramente algunas personas no comprenderan mi acento de Cumbria -dijo Rosamund.
– Mientras este con usted, la ayudare a suavizar su acento norteno, milady.
– ?Y corregira mis modales si hago algo inapropiado para la Corte? -Lo miro con intensidad-. No quiero deshonrar mi persona ni el nombre de mi familia.
– Con gusto la ayudare, milady, con todo lo que deba saber -le prometio el-. ?Y usted confiara en mi cuando le diga que debemos abandonar Friarsgate en direccion al sur? -La miro con una sonrisa alentadora.
– ?No nos iremos demasiado pronto? -pregunto ella, nerviosa.
– Creo que septiembre es un buen mes para viajar al sur -respondio el, sonriendo otra vez. Ella tenia miedo. Y era natural que lo sintiera, si nunca se habia alejado mas que algunos kilometros de su casa. Seria una aventura, pero Rosamund Bolton no parecia dispuesta a embarcarse facilmente en algo asi. Era una muchacha solida. Una muchacha sensata, como ya habia podido ver sir Owein.
– Entonces, depositare mi confianza en usted, senor caballero -le respondio Rosamund por fin-. Pero ?y el rey no querra que regrese antes del otono?
Owein Meredith rio.
– No, muchacha, no estara esperandome. Yo soy apenas uno de sus muchos servidores. Se sabe de mi lealtad y mi capacidad para cumplir cualquier tarea que se me encomiende. En la Corte saben que regresare cuando haya cumplido con mis instrucciones. Soy de escasa importancia en el plan general de las cosas, milady.
– ?Un caballero no es importante? -Rosamund estaba intrigada.
Alrededor de la mesa, sus tios escuchaban con tanta atencion como la muchacha, excepto Henry Bolton, que ya habia entrado en su usual sopor etilico vespertino. Tanto Edmund como Richard Bolton, si bien aliviados de que Rosamund hubiera sido salvada de Henry, se preguntaban si Hugh habia tomado la decision correcta poniendola al cuidado de virtuales desconocidos. Se inclinaban hacia adelante para no perder ni una palabra de sir Owein.
– Como su finado esposo, milady, yo soy un hijo menor. El menor de todos mis hermanos, en realidad. Mi madre murio al darme la vida, mi padre fallecio cuando yo tenia trece anos. Mi familia es casi toda galesa. Servi como paje a Jasper Tudor, el tio del rey, desde la edad de seis anos, y luego fui su escudero. Me nombraron caballero despues de la batalla de Stoke.
– ?Cuantos anos tenia, entonces? -pregunto Edmund.
– Quince cumplidos.
Edmund intercambio una mirada con Richard al oir esto. Estuvieron de acuerdo en silencio en que los impresionaba este hombre sereno, en apariencia gentil, que habia sido enviado para escoltar a Rosamund a la Corte.
– Ha de estar cansado, senor -dijo Rosamund, recordando sus deberes como castellana-. Uno de los sirvientes lo acompanara a su habitacion. Es muy bienvenido a Friarsgate. -Se volvio y le hablo a un criado corpulento-. Lleva a mi tio a su habitacion ahora, Peter. Luego, regresa y acuesta a mi pequeno primo. -Se levanto de la mesa-. Senores, los dejo con el vino. Ha sido un dia largo para mi. Y triste. -Rosamund hizo una reverencia y salio en silencio de la sala.
– Oro toda la noche junto al feretro de su esposo -le comento Edmund a sir Owein.
– Es una buena cristiana -secundo Richard.
– Es demasiado joven para conocer tan bien sus deberes -observo el hombre del rey-. ?Tiene trece anos?
– Los cumplira el ultimo dia de este mes -respondio Edmund.
– La madre del rey estaba embarazada de seis meses y ya era viuda a los trece anos -comento sir Owein-. Lady Margarita es una mujer asombrosa. Me imagino que ha de haber sido muy parecida a su sobrina a la misma edad.
– Ella no tiene experiencia del mundo -dijo Edmund.
– ?Ha recibido educacion? -le pregunto el caballero-. Les va bien en la Corte a los que tienen una buena educacion.
– Hugh le enseno a leer y escribir. El padre Bernard le enseno latin eclesiastico. Su conocimiento de matematica es excelente. Lleva todas las cuentas de Friarsgate, desde hace dos anos -explico Edmund-. Probablemente tenga mejor educacion que casi cualquier muchacha del campo, senor. ?Que le falta?
– Yo le ensenare frances y un latin adecuado -dijo sir Owein-. ?Toca algun instrumento musical? La Corte adora la musica. El joven principe Enrique es muy adepto a la composicion, tanto de musica como de letras. Es un muchacho asombroso. El padre queria que fuera arzobispo de Canterbury algun dia. Pero ahora, con el fallecimiento del principe Arturo, sera rey. Aunque el rey no le ensena al muchacho a gobernar. Creo que tiene un dominio demasiado rigido sobre el trono y su hijo. -Sir Owein se ruborizo-. El excelente vino, senores, me ha vuelto parlanchin. Sera mejor que busque mi cama. -Se puso de pie y salio de la sala siguiendo al sirviente que se le habia asignado.
Los dos hermanos llenaron sus copas de la jarra que habia en la mesa y permanecieron un rato en silencio.
– ?Cuanto sabias de la conspiracion de Hugh, Edmund? -pregunto Richard.
– No mucho -admitio Edmund-. Me dijo que tenia un amigo en una posicion muy encumbrada, y que haria un testamento dejando a Rosamund a su cuidado. Me dijo que, con la belleza de Rosamund y la herencia de Friarsgate, probablemente su amigo arreglara un excelente matrimonio para nuestra sobrina. Un matrimonio que agregaria lustre a nuestro nombre. Yo no tenia idea de que ese amigo fuera el rey. Cuando Hugh se percato de que probablemente no se recuperaria, envio un mensaje al sur. Creo que pensaba contarmelo, pero murio tan inesperadamente…
– ?No te parecio que estuviera muriendo? -Richard estaba desconcertado.
– Si, si. Pero no cuando se murio -respondio Edmund-. Rosamund cree que hubo algo turbio, pero yo no encontre ninguna evidencia. De todos modos, hay que tener en cuenta la coincidencia de la llegada de Henry con la muerte de Hugh. Henry vino para que Hugh pusiera a Rosamund otra vez bajo su cuidado carinoso. No creo que le agradara encontrar a Rosamund tan suelta de lengua. Seguramente le echo la culpa a Hugh.
– Crees que nuestro medio hermano tuvo algo que ver con la muerte de Hugh Cabot, Edmund? -le pregunto el sacerdote a su hermano mayor.
Edmund suspiro.
– No me gusta creerlo, pero no puedo decir que lo considero del todo inocente. Por otra parte, no hay forma de probarlo, aunque Rosamund o yo sospechemos.
Richard asintio, comprensivo.
– ?Nos conformaremos con dejar que nuestra sobrina vaya a la Corte? -dijo, pensando en voz alta.
– Hugh quiso lo que era bueno y correcto para su esposa. Se esta convirtiendo en una mujer, Richard. Maybel me dijo que la muchacha ya tiene la regla. Es virgen. Su proximo matrimonio sera consumado, y dara a luz herederos para Friarsgate. El hijo de Henry es una criatura. Nuestra sobrina tendria mas de veinte anos y el seria apenas crecido, si la obligaran a esperarlo. Mejor que vaya al sur, a la Corte, y cuando regrese con un esposo, traera sangre nueva para fortalecer a los Bolton de Friarsgate. Ademas, ya es hora de que nuestro medio hermano renuncie a su avaricia por estas tierras. Le pertenecen a Rosamund.
– Cuando ella se vaya, cuando vea el mundo que hay mas alla de Friarsgate, puede que no se contente con vivir aqui -dijo el sacerdote, reflexivo.
– No, Rosamund volvera y se quedara. Ella saca fuerzas de Friarsgate, hermano.
