– Manana partire hacia St. Cuthbert's. Despues de ver partir a Henry '-rio-; esta noche bebio mas que de costumbre. Despertara deseando que todo haya sido un sueno y que Rosamund siga en sus garras. Yo no deberia disfrutar tanto con su frustracion -admitio Richard-. Hazme saber cuando Rosamund este por partir, asi puedo venir a despedirme como corresponde.
– Asi sera.
– Entonces, te doy las buenas noches, hermano Edmund -dijo el sacerdote, mientras se ponia de pie-. Duerme bien y suena con angeles. -Salio de la sala; sus ropas negras no daban la menor senal de movimiento, de tan sereno que era el andar de Richard Bolton. El cinturon blanco se recortaba contra la tela oscura de la sotana.
Maybel vino de junto al fuego y se unio a su esposo.
– Tendrias que habermelo contado -le reprocho.
– No estabas tan lejos de la mesa como para no oir cuando le dije a Richard que yo sabia muy poco. Hugh mantuvo en secreto su plan, e hizo bien. Ahora que Henry clame a los cielos, pero no puede aducir la menor conspiracion entre Hugh Cabot y yo.
– La aducira, pero, si eres franco conmigo, esposo, aceptaras que el no podra probar una conspiracion de la misma manera en que nosotros no podemos probar que el tuvo algo que ver con la muerte de Hugh -replico Maybel.
– Tienes que ir a la Corte con ella.
– Lo se, pero no me agrada dejarte, Edmund. Aunque no sera para siempre, y a ti te interesa mas cumplir con tus obligaciones que un tobillo bien torneado -dijo, riendo-. Puedo confiar en ti, Edmund Bolton, pues hay muchos muy deseosos de contarme si fueras a apartarte del camino recto.
El rio y le paso el brazo por los hombros.
– ?Y tu, esposa? ?No te tentaran los entusiasmos de la Corte?
– ?A mi? -Maybel parecio ofendida por la sugerencia.
– Bien -dijo el, con una sonrisa-, eres una mujer muy hermosa, muchacha, y cuando sonries, traes la alegria a cualquier hombre, si, senor.
– ?Adulador! -Ella le dio una palmadita llena de afecto y se ruborizo-. Mi unica preocupacion sera velar por la seguridad y la felicidad de Rosamund. Debo asegurarme de que si se arregla un matrimonio sea para el bien de nuestra nina y de nadie mas.
– Si, no queremos que la casen con alguien como mi hermano Henry.
– ?Dios no lo permita! Yo me ocupare de eso. Estoy segura de que sucedera nada en lo inmediato. Rosamund no es importante como para que los poderosos se ocupen de ella. Se unira a la casa de la reina hara lo que le ordenen. No pensaran en ella hasta que no necesiten una heredera para algun matrimonio -dijo Maybel, con sabiduria.
– Y tu, mi buena esposa, estaras alli para guiarla -comento Edmund con una sonrisa.
– Si, alli estare, Edmund.
Por la manana, Henry Bolton entro con paso lento en la sala de la mansion, como habia predicho su medio hermano. Le dolia mucho la cabeza y casi se habia olvidado de la llegada de sir Owein, el hombre del rey.
– ?Donde esta Rosamund? Debe irse conmigo hoy, ?no? -Se sento a la mesa grande y se estremecio cuando le pusieron delante un plato de pan con avena caliente.
– ?No te acuerdas? -dijo con voz queda Richard-. Nuestra sobrina fue puesta al cuidado del rey y a fines del verano se ira a la Corte con el caballero que enviaron para buscarla.
– Crei que lo habia sonado -dijo con amargura Henry Bolton-. Richard, tu conoces la ley. ?Es legal lo que hizo Hugh? ?Tu quieres que nuestra sobrina deje Friarsgate y sea entregada en matrimonio a cualquier extrano?
– Nadie ha hablado de matrimonio -respondio el sacerdote.
– Pero en algun momento la usaran, pues su herencia es buena.
Lo de Henry fue casi un quejido. Aparto el plato.
– Tu la has usado -dijo Richard-. Desde que Guy y Phillipa murieron has utilizado todos los medios de que disponias para retener el control sobre la herencia de Rosamund. Primero, la casaste con tu hijo mayor. Despues, con Hugh Cabot. Ahora, querias obligarla a casarse con tu segundo hijo, una criatura de cinco anos. Rosamund no te interesa en absoluto. Solo te interesa lo que tiene. Hugh hizo lo correcto cuando dispuso que se la llevaran de aqui por un tiempo. Que vea un Poco de mundo. Que conozca gente poderosa y encumbrada. Nuestra sobrina es una muchacha atractiva, Henry. Tal vez tenga la buena fortuna de enamorarse del hombre que le escojan. Tal vez se haga amiga de gente poderosa, algo que no perjudicara a la familia. Cuando vuelva a casa, a nosotros, espero que sea feliz. Pero con quienquiera que sea su proximo marido, Rosamund sera mas feliz que si siguiera todavia en tus garras. Ahora, regresa a Otterly Court y ocupate de tus asuntos. Tienes tres hijos y tres hijas que mantener, ademas de la hermana Julia, quien, te agradara saberlo, prospera en su convento.
A Henry Bolton se le daba vuelta el estomago de la nausea.
– Cuando Julia fue a St. Margaret's -murmuro-, se hicieron provisiones para ella.
– Tu hija mayor tomara los votos finales dentro de unos pocos anos, hermano. Yo quisiera que dones una suma importante al convento como agradecimiento cuando llegue el momento. La suma que diste para la nina cuando la dejaste en el convento apenas si alcanzo para mantenerla. St. Margaret's no es una casa rica. Y ella es una sierva de Dios.
– Era una nina feisima -dijo Henry, sombrio-. Las ninas de Mavis son bellezas, todas, pero igual necesitaran buenas dotes.
– Las que sin duda tu pensabas ordenar de los recursos de Friarsgate -observo Richard, cortante-. Otterly tiene buenas tierras, Henry. Es pequeno, pero fertil. Hace anos que te has servido en abundancia del ganado de aqui, Henry. Tus ovejas y vacas tendrian que ser buenos y deberian dar sus dividendos. Haz todavia mas prospera tu casa. Tus hijas algun dia tendran las dotes que merecen. Son pequenas aun y, si eres diligente, tendras tiempo. ?Eres un Bolton, Henry! ?Donde esta tu orgullo? Parece haber desaparecido en el medio de tu busqueda por lo que no te pertenece.
– ?Convertirte en sacerdote te ha hecho olvidar de donde provienes, bastardo? -le dijo Henry a su hermano mayor.
– Nuestro padre me dio la vida en el vientre de su amante, es cierto, Henry, pero nuestro padre que esta en los cielos me hizo igual a cualquier hombre. Tambien quiero recordarte que tanto nuestro padre como tu madre trataron a todos los hijos con amor -respondio el sacerdote.
– Seguramente quieres emprender en breve tu regreso a Otterly -dijo Edmund, interrumpiendo-. ?Quieres que el cocinero te envuelva un poco de pan y carne para el camino? Ah, aqui esta tu hijo.
– Tengo hambre -anuncio en voz alta el nino, trepandose a la mesa grande-. Mi madre siempre me da avena y crema de manana.
– ?Tu madre no esta! -exclamo su padre-. ?Nos vamos!
– Pero tengo hambre -repitio el nino.
– Entonces, sientate y come lo que yo deje -grito su padre, agarrando a su hijo y sentandolo con fuerza en una silla.
Henry hijo metio la cuchara en el plato de pan donde le habian servido a su padre.
– Esta frio -lloriqueo.
– ?Entonces no comas! -rugio Henry padre.
– ?Pero tengo hambre!
– Que le traigan al nino Henry avena caliente -dijo Rosamund, que entraba en la sala y habia oido el alboroto-. Tio, toma un poco de vino. Te aliviara el dolor de cabeza. Padre Richard, te agradezco por la misa de esta manana. Fue muy lindo volver a oir misa en nuestra pequena iglesia.
– ?Querrias que te enviara un sacerdote joven, sobrina? -pregunto-. Hay un muchacho en St. Cuthbert que seria perfecto, creo. No deberia faltar un sacerdote en una casa senorial como Friarsgate. Una pequena remuneracion y su mantenimiento bastaran para el padre Mata.
– ?Mata?-pregunto Henry Bolton, con recelo-. Es un nombre escoces.
– Si -respondio Richard.
– ?Quieres traer a un escoces a Friarsgate? ?Estas loco? Tu sabes que no se puede confiar en los escoceses.
