la sospecha de el-. Despues de la Fiesta de San Miguel -dijo, en ingles.

– Eso es casi dentro de dos meses, Rosamund.

– Dijo que el rey no lo necesitaria. Que usted no era importante. Tampoco yo. El rey solo debe cumplir una deuda con Hugh Cabot. ?Por que tenemos que ir?

– Porque si no vamos, su tio puede pedirle al rey que le devuelva la custodia sobre usted, Rosamund -le explico el, con voz serena-. Semejante peticion puede ni llegar a manos del rey, sino a la de alguno de sus secretarios, que recibiria algunos dinerillos de su tio a cambio de su cooperacion. ?Voila! Su custodia volveria entonces a las manos de Henry Bolton, y su hijo mayor seria su esposo. Si en verdad quiere eso, yo volvere al sur, se lo dire al rey, y asi se hara. Pero si prefiere honrar los deseos de su esposo para su futuro, dejara de temerle a lo desconocido y vendra conmigo. -Los ojos verdes almendra la miraron directamente, inquisidores.

– Pero en la Fiesta de San Miguel yo renuevo los contratos con mis arrendatarios para el ano proximo y les pago -dijo ella, casi en un susurro.

– Lo hara Edmund. El primero de septiembre, Rosamund.

– ?Es demasiado pronto! -gimio y sus ojos se llenaron de lagrimas.

Owein Meredith apreto los dientes y endurecio el corazon contra sus argucias femeninas. Habia aprendido que las mujeres siempre lloran cuando quieren salirse con la suya.

– No, no lo es. Le queda casi un mes para empacar sus pertenencias y delegar su autoridad en Edmund y en los demas. Hace mucho que sabe que llegaria este dia. Hace casi cuatro meses que estoy aqui, Rosamund. Hace casi cinco que deje la Corte. Ya es hora. Piense en Maybel. Ella tambien debe prepararse. Deja a su esposo en su servicio.

– Casi no me aleje de mis tierras en toda mi vida -dijo Rosamund, y el asintio, comprensivo-. No es que tenga miedo, pero no me entusiasma la aventura, senor.

El rio.

– No hay mucha aventura en un viaje entre Friarsgate y la Corte del rey, Rosamund. Y habra muy poca para usted, por no decir ninguna, en la casa de la reina. Se le asignaran ciertos deberes, y sus dias transcurriran ocupandose de ellos. Me temo que no sera muy entretenido para usted. La unica diferencia es que alla no sera la senora.

– Pero ?cuando regresare a casa? -se pregunto Rosamund, contrita.

– Despues de un periodo de servicio puede que la reina la deje visitar Friarsgate. O puede regresar con un esposo, elegido para usted por el rey. Debe entender que llegara el momento en que la vuelvan a casar Y, probablemente, con un hombre a quien el rey quiera honrar.

– En otras palabras, una vez mas me elegiran marido -respondio ella, sintiendo una gran irritacion.

– Asi es el mundo, Rosamund.

– Tenia esperanzas de casarme enamorada la proxima vez.

– Tal vez asi sea. O quizas aprenda a amar al esposo que le escojan, pero, fuera como fuese, cumplira con su deber, Rosamund. Me he dado cuenta de que es ese tipo de persona.

– Ah, si. Lo soy. Pero seria muy lindo poder seguir la divisa de mi familia. Tracez Votre Chemin.

– Traza tu propio camino. -El asintio-. Es una buena divisa, ?y quien sabe, muchacha bonita? Tal vez un dia haga su propio camino. No sabemos que nos traera el futuro, Rosamund. A pesar de nuestro deseo de tranquilidad, la vida siempre esta llena de sorpresas. Le dire a Edmund Bolton que partiremos el 1° de septiembre. ?Eh?

Ella asintio, pero el pudo ver la disconformidad en su aceptacion.

– ?Cuantos carros puedo llevar con mis cosas? -pregunto ella.

– Llevaremos un caballo de carga. En la Corte no tendra privacidad, o muy poca, Rosamund. Usted y Maybel dormiran en una gran habitacion con el resto de las damas de la reina y sus criadas. Su pequeno baul sera todo el espacio de que dispondra para sus posesiones. Todo debe ser portatil para que pueda trasladarse con rapidez de un lugar a otro. El rey y la reina nunca permanecen mucho tiempo en una misma casa. Viajan entre sus palacios de Londres, Greenwich, Richmond y Windsor. Y cuando llega el verano, la Corte entera inicia el viaje real anual, que consiste en visitar casas nobles grandes y pequenas. Entonces, tendra menos lugar aun para usted o para sus cosas, si la invitan a ir. Si tiene suerte, no la llevaran. Al menos entonces tendra una cama.

– No suena muy confortable -dictamino Rosamund.

– No lo es. -El sonrio-. Los caballeros solteros lo pasan peor, se lo aseguro. Si tenemos suerte, terminamos durmiendo en la sala, junto al fuego. Si no, en los establos o en la cucha de un perro.

– Al menos, no pasan frio -respondio ella-. ?No esta casado? No -dijo, respondiendo a su propia pregunta-, claro que no. Usted es como mi Hugh y no se puede costear una esposa.

– Asi es. Mi hermano mayor fue quien heredo de nuestro padre. Mi otro hermano sirve a la Iglesia. Tengo tres hermanas. Una esta casada y dos son monjas. Tuve suerte de haber conseguido mi lugar en la casa de Jasper Tudor. Mi padre conocia a su mayordomo principal, que era pariente de mi madre, y se apiado de mi.

– ?No extrano a su familia?

– No. Mi padre estaba enojado porque mi nacimiento produjo la muerte de mi madre. Casi no me dirigio la palabra hasta que me fui de su lado. Mi hermana Enit era la hija mayor. Ella tenia doce anos cuando yo naci. Se ocupo de mi hasta que se caso, cuando yo tenia cuatro anos. ?Como la extrane! Mi hermano mayor no se intereso en mi, pues por sobre todas las cosas deseaba complacer a nuestro padre, que me ignoraba, y entonces el tambien. Apenas se caso Enit, lo hizo tambien mi hermano mayor. Para cuando cumpli seis anos, su esposa ya habia dado a luz a su heredero, para gran satisfaccion de mi padre. Mi hermano segundo estaba en el monasterio y mis otras dos hermanas, en el convento. Solo quedaba yo. El cabo suelto, me llamaba mi hermano. Entonces vino el mayordomo principal de Jasper Tudor a presentar sus respetos en la tumba de mi madre. Vio el problema que yo era para mi familia y, cuando se fue, lo acompane. Le dijo a mi padre que habia lugar para un paje en la casa de su amo. Y mi padre se alegro mucho de mi partida, por supuesto.

– Que afortunado para usted -dijo Rosamund. Caramba, la infancia de este hombre habia sido peor que la suya. Cuando tuviera hijos, se aseguraria de que fueran queridos y protegidos.

Owein Meredith rio.

– No habia ningun lugar, lo creo mi pariente. Despues me enseno mis deberes. Fue mucho mas padre para mi que mi verdadero progenitor. Sin el, no se que hubiera sido de mi. Por su bondad, yo luche por progresar.

– Se convirtio en caballero.

– Servi en la casa de Jasper Tudor hasta su muerte. Fui paje hasta los trece anos. A esa edad pase a ser caballero de mi senor.

– ?Cuando se convirtio en caballero? -le pregunto ella. Era la primera vez que el hablaba tan abiertamente y en profundidad sobre si mismo. Estaba fascinada. El se parecia, en ciertos sentidos, a Hugh. Y era buen mozo. Hugh tenia mechones rubios en el cabello blanco, que, segun le habia contado, habia sido rubio cuando joven; el de Owein Meredith era de un rubio mas oscuro, pero tambien habia en el mechones dorados, y a ella le encantaban.

– Como les dije a sus tios -respondio el-, fui armado caballero a los quince anos. Despues de la batalla de Stoke, cuando vencimos al pretendiente, Lambert Simmel.

– ?Que pretendia y por que fue necesario guerrear contra el?

Owein rio.

– Fue antes de que usted naciera, Rosamund. El rey anterior, Eduardo IV, tuvo dos hijos. El tio de los ninos tomo el trono de su hermano cuando murio. Se decia que Inglaterra no necesitaba un rey nino. Pero habia dos muchachitos. Desaparecieron y no se volvio a saber de ellos. Se dice que su tio, el rey Ricardo III, los asesino y oculto los cuerpos en la Torre de Londres.

– ?Y es cierto? -Los ojos de Rosamund estaban muy abiertos.

– No lo se -dijo Owein-. Nadie lo sabe. Pero despues de ese acontecimiento, el heredero de la otra casa real, Enrique Tudor, regreso a Inglaterra para pelear contra el rey Ricardo, lo derroto y ocupo su lugar en el trono. Se caso con la princesa Isabel, hermana mayor de los dos desdichados principes y heredera de la casa real de York. Su union termino cien anos de guerras en Inglaterra, Rosamund, pero en 1487 un joven adujo ser hijo del duque de Clarence, que tenia un derecho mayor al trono que nuestro rey Enrique. No lo era, por supuesto. El verdadero Eduardo Plantagenet estaba preso en Londres. Para probar esto, el rey lo exhibio en las calles. Pero igual fue

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