necesario enfrentar a este Lambert Simmel y vencerlo en Stoke.

– Peleo bien y fue armado caballero, senor.

– Si, pelee bien. Yo daria la vida por la Casa de Tudor, porque ellos me acogieron y me criaron, y me dieron todo lo que tengo en la vida -declaro, con pasion.

– ?Y que es lo que tiene, senor caballero?

– Un hogar dondequiera que vaya el rey, pero, mas importante aun, tengo un proposito en la vida a su servicio.

– Entiendo. Sin embargo, parece poco a cambio de su lealtad. No tiene un hogar ni tierras propias. ?Que sera de usted cuando sea muy viejo para pelear o para servir? ?Que es de los buenos caballeros como usted, Owein Meredith?

– Morire en alguna batalla o tal vez mi hermano me de un hogar en mis ultimos anos, porque es lo honorable. Para entonces, yo le llevare honor por mis anos de servicio en la Casa de Tudor.

– ?Cuando vio por ultima vez a su hermano o a su familia?

– No los veo desde que me fui de mi casa natal, en Gales. Pero cuando murio nuestro padre, mi hermano me mando avisar. No me ha olvidado, Rosamund.

No, probablemente no. No le vendria mal al hermano de Owein Meredith tener un amigo en la Corte, aunque su hermano no fuera un hombre de riqueza o de verdadera influencia. Pero conocia hombres de riqueza e influencia e, incluso, hasta podria formular peticiones al rey para su familia, en caso de necesidad. Es lo que ella haria, penso Rosamund. Era lo practico.

Los dias parecieron pasar con tanta prisa que Rosamund estaba desconcertada. Atesoraba cada momento que le quedaba en Friarsgate. No tenia ganas de irse. Si Hugh la hubiera consultado… pero Owein Meredith tenia razon cuando le dijo que, si se quedaba alli, su tio encontraria la manera de recuperarla a ella y su derecho sobre el feudo. Irse era el precio que debia pagar para ser la heredera de Friarsgate. Estaba un poco asustada, aunque no permitiria que nadie lo supiera. Tracez Votre Chemin. Ella trazaria su propio camino.

Maybel dudaba y se preocupaba pensando que llevar, metiendo todo lo posible en el baulito. Sir Owein le sugirio a Edmund Bolton que seria aconsejable colocar una determinada cantidad de oro con un orfebre de Londres del cual Rosamund pudiera tomar lo que necesitara si se daba el caso, pues pronto ella comprobaria que su guardarropa era demasiado rustico y deberia adaptarlo. El derivaria a Maybel a un mercero honesto y de confiar para comprar la tela, pero necesitaria dinero. Seria mejor no llevar demasiado, por el peligro de que se lo robaran.

El dinero seria transportado a Carlisle y, de alli, seria acreditado en Londres con un orfebre honorable.

Se trazo con detenimiento la ruta y se envio un jinete para conseguir alojamiento en las casas de huespedes de los conventos y monasterios del camino. El viaje llevaria quince dias o mas, segun el clima. Sir Owein estaba acostumbrado a viajar grandes distancias, pero sabia que su joven pupila no y que nunca habia salido de sus tierras salvo un par de veces a comprar vacas o caballos, acompanada de su esposo y su tio. Nunca habia visto una ciudad.

Rosamund paso los ultimos dias en Friarsgate yendo a caballo de un arrendatario a otro, despidiendose de ellos y recordandoles que, mientras ella no estuviera, Edmund estaria a cargo. El hablaria en nombre de Rosamund Bolton. Debian obedecerlo sin cuestionamientos. Algunos arrendatarios le dieron pequenos obsequios hechos con sus propias i manos: un peine de dulce madera de manzano tallado con dos palomitas entre azahares; un costurero hecho de un pedazo de cuero forrado con un pequeno trozo del fieltro de lana rojo de Friarsgate. La mujer que habia ganado la cinta azul en Lammas la bordo con un pequeno hilo de oro que habia conseguido solo Dios sabe donde. Y ahora se la devolvia a su senora, diciendo:

– Es hermosa, mi pequena lady, pero es mas apropiada para ti que para la vieja mujer de un pastor. Mira, la hice con estrellas para que recuerdes el cielo de la noche de Friarsgate cuando estes entre los poderosos. ?Volveras a nosotros, milady? -Su rostro ajado dejaba ver su angustia.

– Apenas me lo permitan, Mary, ?lo juro! -dijo Rosamund con fervor-. Yo preferiria no ir, pero tengo miedo de que mi tio intente recuperar mi custodia y mis tierras. Parece que esta es la unica manera de ponerme a salvo.

Mary asintio.

– Parece que los ricos tambien tienen sus problemas, milady -observo.

Rosamund rio.

– Si. Al parecer, nada es sencillo en esta vida.

Algunos dias antes del previsto para la partida, su tio Richard vino de St. Cuthbert, trayendo consigo al joven sacerdote, el padre Mata. A Rosamund enseguida el muchacho le cayo bien, y a Edmund tambien. Era de altura media y algo rollizo. Sus ojos azules bailaban bajo las espesas cejas. Tenia mejillas sonrosadas y cara de nino. El cabello que rodeaba la tonsura era de un rojo intenso, y tenia la piel muy clara. Se inclino ante ella y dijo:

– Le estoy agradecido, milady, por el beneficio que me ofrece.

– No es mucho, y estara siempre ocupado. Pero sera bien alimentado y el techo de su casa no gotea, ni hay corrientes de aire en el hogar.

– Dare misa todos los dias -le prometio el-, y celebrare el Dia de Todos los Santos, pero primero hay que casar como corresponde a los que estan viviendo en pecado y bautizar a las criaturas.

– Asi es. Nos alegramos de que este aqui.

– ?Y cuando regresara, milady? -pregunto el joven sacerdote.

– Cuando me lo permitan -respondio Rosamund.

– Ven -dijo Edmund, al ver que su sobrina comenzaba otra vez a descorazonarse-, llevemos al buen padre a su casa, Rosamund. Hay una anciana, Nona, que la mantendra limpia. Tomara sus comidas en la sala conmigo, padre Mata. Me hara bien la compania. -Comenzo a andar en direccion de la casa del sacerdote, cerca de la pequena iglesia.

La manana del 1° de septiembre amanecio nublada y ventosa con lluvia inminente, segura para antes del mediodia. No obstante, sir Owein insistio en que mantuvieran el plan original. Sabia que otro dia no le facilitaria las cosas a Rosamund, cuyos temores ahora amenazaban con sobrepasarla pese a los ingentes esfuerzos de todos por animarla. El padre Mata celebro misa temprano, antes de la salida del sol. Desayunaron en la sala; en cada lugar se colocaron los platos de pan fresco, recien salidos de los hornos y ahuecados para servir en ellos las escudillas de avena. Rosamund no pudo comer. Su estomago, nervioso, le daba vueltas.

– No puede estar todo el dia sin una buena comida -le dijo con firmeza el hombre del rey-. Esta sera la mejor comida de que pueda disfrutar en muchos dias, milady. Las casas de huespedes de la iglesia no son famosas por la calidad de sus alimentos ni de su bebida. Estara enferma todo el dia si no come ahora.

Rosamund, obedientemente, se llevo el cereal caliente a la boca. Le cayo como una piedra en el estomago. Bebio un sorbo del copon con vino aguado y lo sintio acido. Mordisqueo un pedacito de queso, pero le parecio salado y seco. Por fin se puso de pie, a desgano.

– Sera mejor que nos marchemos.

Los criados de la casa formaron fila para desearle que Dios la acompanara en su camino. Ella se despidio con lagrimas en los ojos y las mujeres se echaron a llorar. Rosamund traspuso la puerta de la casa senorial. Afuera esperaba su yegua. Rosamund se volvio subitamente.

– ?Me olvide de despedirme de mis perros!

Esperaron con paciencia su retorno, pero, cuando volvio, dijo:

– Estoy pensando si Pusskin ya habra tenido cria. Voy al establo a ver, antes de irme. -Y volvio a desaparecer.

– Ponla en el caballo, Edmund, cuando regrese -dijo Maybel, irritada-. Ya me duele el trasero con este animal, y todavia no dimos un paso.

Edmund y Owein rieron. Rosamund aparecio.

– ?Llevamos la cinta bordada, Maybel? Estoy segura de que la vi en el piso, en mi dormitorio. Tendre que ir a buscarla.

Edmund Bolton tomo a su sobrina de la mano y la llevo rapidamente hasta la montura. Sus manos se cerraron sobre la cintura de ella y la levanto hasta la silla.

– Esta todo empacado, Rosamund -le dijo, severo. Le dio a sir Owein la rienda de la yegua de su sobrina-.

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