de morir. Me envio al rey para que me protegiera -termino Rosamund, de prisa.
La reina rio despacito.
– Y tu desearias que no lo hubiera hecho, ?no, mi nina? Pero nosotros te protegeremos de ese hombre, como quiso tu buen esposo. Ya encontraremos un hombre digno de ti, Rosamund Bolton. Ahora bien, ?que hago contigo?
– No lo se, Su Alteza -dijo Rosamund, desolada.
– Eres demasiado grande para ir al cuarto de ninos con Maria. Me parece que tienes mas o menos la misma edad que mi hija Margarita. ?Cuantos anos tienes, Rosamund Bolton? -pregunto la reina.
– El treinta de abril cumpli trece, senora -fue la respuesta.
– Eres seis meses mayor que mi hija Margarita. Ella es la reina de los Escoceses, pues hace unos meses se comprometio con el rey Jacobo. Podria ponerte con ella un tiempo. El verano proximo se casara con el rey. Tal vez entonces cesen las guerras entre nosotros. Si, te pondre con Margarita y con Catalina, la viuda de mi hijo. Son todas de la misma edad. Seras una compania para ellas por el momento. Princesa Catalina -dijo la reina, haciendo una sena a la muchacha que estaba del otro lado de la habitacion.
La princesa se levanto de su asiento y se dirigio deprisa adonde estaba su suegra. Hizo una profunda reverencia.
–
– Catalina, ella es lady Rosamund. Las acompanara a ti y a la reina Margarita. ?Comprendes?
–
– Llevala con Margarita y explicale mis deseos -dijo la reina.
–
– Y habla en ingles, Catalina -dijo la reina, cansada-. Debes hablar ingles, hija. Seras reina de Inglaterra algun dia.
– Creia que su esposo habia… -Rosamund se interrumpio al ver la expresion azorada de la reina.
– Esperamos -dijo la reina por fin- que Catalina se case con nuestro segundo hijo, el nuevo heredero, el principe Enrique.
Una mujer puso una copa de vino en la mano de la reina y dijo:
– Vayan, muchachas. La reina esta cansada por la nueva vida que pronto dara a luz. Necesita descansar.
– Si -coincidio Isabel de York-. Puedes retirarte, Rosamund Bolton. Te doy la bienvenida a nuestra casa y espero que seas feliz con nosotros -dijo, y cerro los ojos.
– ?Ven! -dijo alguien. Rosamund sintio que le tiraban de la falda.
Rosamund se volvio y siguio a la princesa espanola, que se la llevo de los aposentos de la reina. De pronto, estaban rodeadas por cuatro damas de negro que parloteaban con la princesa en su extrana lengua.
– Tu idioma me resulta dificil -dijo despacio la muchacha mayor-, pero lo hablo mejor de lo que creen. Se aprende mas fingiendo ignorancia, pero no vayas a decir nada, Rosamund Bolton.
Rosamund rio y dijo:
– No, princesa, no te delatare. ?Quienes son las damas que te acompanan?
– Mis duenas -fue la respuesta-. Son todas de buenas familias, pero cada una de ella se desempena como mi criada, mi companera y conciencia, en especial dona Elvira. No hacen el menor esfuerzo por hablar ingles y, a veces, son agotadoras. ?Tu nodriza es igual?
– A veces, pero la verdad es que estaria perdida sin Maybel. ?Adonde vamos?
– A los departamentos de mi cunada. Cuando Arturo murio y me trajeron otra vez a la Corte, me pusieron aqui con ella. Que sucedera cuando a ella la envien a casarse con el rey de los escoceses, no lo se, pero dudo de que tu o yo estemos en aposentos tan lujosos. Dejaremos que la joven reina decida donde dormiras, pues hemos sido asignadas a sus aposentos. -Catalina de Aragon se detuvo ante una puerta doble, la abrio y la traspuso.
Rosamund la siguio y se encontro en un aposento exquisito con paredes con paneles de madera clara. De las ventanas colgaban pesadas cortinas de terciopelo de un azul profundo. El hogar estaba flanqueado por angeles de marmol rosado. Un fuego de fragante madera de manzano ardia alli.
– Margarita -llamo Catalina-. He traido una nueva companera para nosotras.
Se abrio la puerta a una habitacion interna y una hermosa muchacha, de aire orgulloso, con gloriosos cabellos de un rojo dorado y una expresion de curiosidad en los ojos color zafiro, aparecio.
– Ya somos demasiadas -dijo, con impertinencia.
– Ella es lady Rosamund, pupila de tu padre, el rey. La manda tu madre.
– Tu vestido esta sucio y es bastante anticuado -senalo Margarita de Inglaterra al tiempo que caminaba despacio en torno a Rosamund-. Pero supongo que algo podremos hacer al respecto. ?Que te parece, Catalina? Convertirla en una dama a la moda nos hara pasar el tiempo mientras todos se van a cazar.
– ?Que descortes eres! -exclamo Rosamund, enojada-. He viajado casi un mes para llegar aqui. Y en Cumbria no tenemos ninguna necesidad de estar a la moda, entre las ovejas. Los vestidos son para abrigarse y cubrirse. ?Ojala estuviera en cualquier otro lado menos en este!
Margarita estallo en una carcajada.
– Ah, gracias a Dios no eres una dulce muchachita como nuestra querida Kate. A veces me aburre a morir con su bondad. Tu no me aburriras. ?Vienes del norte? ?Conoces a algun escoces? Me comprometi con Jacobo Estuardo el verano pasado y ahora soy su reina. El verano proximo me casare con el rey. Es muy viejo, pero dicen que es un amante incansable. Espero que asi sea. Dormiras conmigo, lady Rosamund de Cumbria. Ahora di gracias, y te sacaremos de ese viejo vestido polvoriento lo antes posible. No podemos ir a cenar contigo con ese aspecto.
CAPITULO 05
Por primera vez en su vida, Rosamund tenia amigas de su generacion. Aunque Catalina de Aragon era casi cuatro anos mayor que ella, Margarita de Inglaterra tenia apenas medio ano menos. Catalina era timida y reservada. Margarita era altiva, osada y decia lo que pensaba sin medir las consecuencias. Todavia no habia sido coronada, por supuesto, pero su compromiso la habia convertido en reina, y era absolutamente majestuosa. De todos modos, la muchacha de Cumbria se las ingeniaba para llevarse bien con las dos princesas: trataba a ambas con una mezcla de admiracion y respeto. A cambio, las princesas trataban a su nueva companera como una de ellas, educandola y guiandola a traves de los vericuetos de la vida de la Corte.
Margarita Tudor, a quien los intimos llamaban Meg, era llamativamente bondadosa pese a su orgullo y su naturaleza tempestuosa. Era mucho mas sofisticada que Rosamund. Pero Rosamund tenia mas conocimiento del mundo comun y era mas practica. Se complementaban. La reina estaba gratamente sorprendida, porque la princesa, su segunda hija, siempre habia sido una criatura obstinada, propensa a los conflictos. En compania de Rosamund parecia estabilizarse. Su espiritu rebelde se calmo.
– Mi madre piensa que eres un angel -dijo Meg, riendo, sentadas las dos en el jardin privado un mes despues de la llegada de Rosamund-. Dice que has sido una buena influencia para mi comportamiento.
– Tu haces lo que quieres, Meg, eso no es ningun secreto -respondio Rosamund con una sonrisa-, pero, si te han sugerido seguir mi conducta, me siento honrada por ello.
– Es que tu no eres una presumida como Kate.
Kate, si no me equivoco, es producto de su educacion. Los espanoles son terriblemente estrictos con sus hijas. Por eso ella es como es y yo soy como soy por mi fallecido esposo.
– ?Como era? ?Era un buen amante? -pregunto Meg, curiosa.
– Yo tenia seis anos cuando nos casamos, y era demasiado joven cuando el murio para haber tenido una relacion fisica -explico Rosamund, ruborizandose-. Hugh fue para mi mas un padre que un esposo.
– Mi abuela dio a luz a mi padre cuando tenia nuestra edad. Todavia no la conociste; ya lo haras. La llaman la Venerable Margarita. Mi nombre se lo debo a ella, claro. No se si me cae bien mi abuela. A veces me da miedo.
