?Vete ahora, muchachita, y que Dios los acompane! Estaremos todos esperando tu retorno, que sera antes si te vas de una buena vez. -Entonces le dio una palmadita en el anca a la yegua y la observo mientras se alejaba.
– No quiero oir ningun chisme cuando vuelva -le dijo Maybel a su esposo-. Cuidate, viejito. Ponte en el pecho la franela que te cosi, no te vayas a agarrar una fiebre este invierno.
– Y tu, mujer, no coquetees con todos los caballeros bien parecidos de la Corte. Recuerda que eres mi querida esposa -dijo el, con una calida sonrisa-. Eres un poquito rezongona, pero te extranare.
– ?Ja! -refunfuno ella, volvio el caballo y comenzo a seguir a sir
Owein y a Rosamund.
Rosamund nunca habia pasado una noche fuera de Friarsgate ni de su propia cama. ?Supo Hugh lo que hacia cuando la puso bajo la custodia de un virtual desconocido? Casi deseo que su tio Henry hubiera ganado la partida y ella siguiera en Friarsgate. Casi.
A medida que sus primeros miedos comenzaban a disiparse, Rosamund empezo a disfrutar del viaje. Y, recordando que la muchacha nunca habia pasado un dia entero a caballo, sir Owein se detuvo a media manana para que pudieran apearse, estirarse un poco y comer lo que les habia preparado el cocinero de Friarsgate. Rosamund descubrio que le habia vuelto el apetito cuando se puso a comer capon asado y pasteles de conejo todavia calientes, pan y queso, y peras frescas de su propio huerto. Siguieron el viaje y volvieron a detenerse a media tarde en un pequeno convento. Como los esperaban, fueron muy bien recibidos, pero a sir Owein lo mandaron a la casa de huespedes para hombres, mientras que Rosamund y Maybel se quedaron con las monjas, aunque eran los unicos huespedes esa noche.
Esa primera noche, Rosamund comprobo la veracidad de lo que le dijo su guardian. La comida era un potaje de tuberculos servido con un pequeno trozo de pan negro y una tajada fina de queso duro. La cerveza estaba amarga, y bebieron poco. Las comodidades para dormir no eran mucho mejores. Dos camastros con colchones de paja aplastados de tanto uso y con algunas partes invadidas por los insectos. Por la manana les sirvieron avena, que comieron con cucharas de madera de una olla comun. Se les dio una sola rodaja de pan, que compartieron. Luego de que sir Owein ofrecio la donacion, partieron.
La ciudad fortificada de Carlisle fue la primera que Rosamund vio en su vida. Abrio los ojos bien grandes cuando pasaron por la puerta de Rickard. El corazon le latio a toda prisa cuando atravesaron las calles estrechas, con sus casas pegadas entre si, sin jardines a la vista. Bajaron por High Street, la calle principal, y cruzaron hacia el sur, hacia la iglesia de St. Cuthbert, que estaba vinculada al monasterio de Richard Bolton y en cuyas casas de huespedes pasarian la noche.
– Me parece que no me gustan las ciudades -dijo Rosamund-. ?Por que hay un olor tan feo, Owein?
– Si mira las calles con atencion, milady, vera el contenido de los orinales de la ciudad que siguen su recorrido de las cunetas a las cloacas -explico el.
– Los establos de mis vacas huelen mejor.
– Vamos, milady -bromeo el-, una muchacha de campo como usted no va a impresionarse por unos olorcillos.
Rosamund sacudio la cabeza.
– ?Y a la gente de la ciudad le gusta vivir tan encerrada? -pregunto, como pensando en voz alta-. A mi no me gusta para nada.
– La ciudad esta amurallada para impedir que entren invasores. Hay mucho para robar aqui, y los escoceses siguen estando demasiado cerca. Carlisle es un lugar seguro para muchos de los que habitan en los alrededores. Y desde aqui se puede montar una defensa efectiva.
Dejaron Carlisle a la manana siguiente, para gran alivio de Rosamund, y retomaron el rumbo al sur por un recodo de Westmorland, con sus desolados paramos, sus colinas y sus lagos, y entraron en Lancastershire, con sus bosques y parques con ciervos. Iban, segun les dijo sir Owein, por un camino construido por los romanos hacia mas de mil anos. Cruzaron Cheshire, un condado llano pese a las colinas que lo circundaban, y llegaron a Shropshire, donde el clima se torno claramente otonal. Ella se alegro de haber llevado su capa de lana azul con capucha.
A Rosamund le gustaron las ovejas de cara negra que vio pastando en los campos de Shropshire. Le dijo a sir Owein, con gran conocimiento, que su lana era mejor incluso que la de Friarsgate y que algun dia esperaba comprar un rebano, aunque era dificil conseguir esas ovejas, dado que sus duenos se rehusaban a separarse de ellas. Pero si podia encontrar un macho reproductor y dos hembras fertiles, seria un comienzo.
– La estoy llevando a la Corte y usted piensa en criar ovejas -dijo el, riendo.
– Se que la intencion de Hugh fue protegerme y hacerme ver el mundo, pero, en el fondo de mi corazon, yo soy una muchacha de campo. Espero que me dejen regresar pronto a casa. Por lo que me ha dicho, dudo de que yo vaya a ser de alguna importancia para el rey o de provecho para su familia. Cuando lo vea le voy a sugerir que me permita volver a casa de inmediato. Cuando desee casarme, si es que llego a encontrar a un hombre que me convenga, no lo hare sin permiso real.
– No se cuando vera al rey. Al menos, no sera enseguida. Es inteligente de su parte que comprenda que no tiene un lugar real entre los poderosos, Rosamund. -Se pregunto si esta muchacha se habia puesto aun mas bonita que cuando la vio en la primavera. Luego de pasar un tiempo en Friarsgate, el entendia el deseo de ella de permanecer alli. Se dio cuenta, de pronto, de que a el tambien le habria gustado quedarse alli. No es facil estar al servicio de un rey toda la vida.
– ?Me gustara estar en la Corte? -le pregunto Rosamund. El la estaba mirando tan fijo que la ponia nerviosa. Trato de atraer su atencion otra vez.
Los ojos verdes de el se encontraron con los de ella.
– Eso espero, Rosamund. No querria verla desdichada. -Al conocer a Henry Bolton el comprendio plenamente el deseo de Hugh Cabot de proteger a Rosamund de su tio. De lo que no estaba seguro era de que la solucion fuera sacarla de su casa.
En Staffordshire los caminos eran malos y mal mantenidos, en especial considerando que debian ser transitados para viajar al sur. Empezo a llover otra vez y el camino por el que iban se inundo. No habia suficientes cruces para atravesar el rio. Una tarde, les llevo casi una hora cruzar un puentecito, tan intenso era el transito local. El puente de madera crujia y gemia bajo los carros pesados, el trafico de caballos y un grupo pequeno de vacas. El campo estaba lleno de bosques antiguos, pero las praderas que encontraban en su camino eran especialmente exuberantes. Sin embargo, habia unos pozos abiertos horribles de los que extraian hierro y carbon que estropeaban el paisaje. Hacia ya mas de dos semanas que habian emprendido el viaje, pero sir Owein estaba contento porque estaban yendo bastante rapido, pese a que sus dos companeras no estaban acostumbradas a viajar.
A ojos de Rosamund, Warwickshire era hermoso, con sus bellos prados y pasturas. Las ciudades con mercados -de las que, segun se enteraron, habia dieciocho- eran prosperas y muy concurridas. Rosamund ya se habia acostumbrado a las ciudades, pero siguio diciendole a Maybel, que enseguida estaba de acuerdo con ella, que preferia el campo a la ciudad. Cruzaron Northamptonshire, que se veia extranamente aislado y rustico comparado con los otros condados que atravesaron. Grupos de vacas y ovejas pacian en praderas todavia verdes y frescas a fines de septiembre. Como Buckinghamshire, donde, segun le conto sir Owein, quedaban las vacas y las ovejas, en la ultima etapa de su viaje de Gales a Londres, para engorde.
Llegaron a la ciudad de St. Albans en Hertfordshire y, sabiendo que pronto ella no tendria mucho tiempo para diversiones, Owein llevo a Rosamund y a Maybel a ver el altar del santo en la gran abadia. Era el primer santo de Inglaterra y habia sido un soldado romano. Rosamund nunca habia estado en una iglesia como la abadia. El gran edificio de piedra se levantaba sobre sus cabezas. Las ventanas con vitrales arrojaban sombras de manchas multicolores sobre los pisos de piedra. Ni Rosamund ni Maybel habian visto antes vidrio de colores semejantes.
– Como se maravillaria el padre Mata si pudiera ver esta belleza -dijo Rosamund-. Algun dia pondre ventanas como estas en nuestra pequena iglesia, aunque no tan finas ni tan grandes, por supuesto.
– Serian aun mas bellas, al no verse estropeadas por otros edificios, y con la luz pura de Cumberland a traves de ellas -dijo Owein, reflexivo-. Creo que voy a extranar Friarsgate.
– Tal vez lo asignen para escoltarme de regreso a casa -dijo Rosamund, esperanzada-. Tal vez volvamos en la primavera.
– Veo que se ha resignado a pasar el otono y el invierno en la Corte -comento el.
– Al parecer no tengo opcion, ?no? -dijo ella, riendo-. ?Cuando llegaremos a Londres?
