familia. Se habia casado con Rosamund para proteger la herencia de Friarsgate. Probablemente habia sido demasiado flojo con ellos, penso Henry. Lo lloraban porque temian que el proximo amo fuera mas severo, y eso era todo.

Para sorpresa de Henry Bolton, el sacerdote que pronunciaria el servicio funebre para Hugh Cabot era su medio hermano Richard.

– ?Por que te trajeron a ti? -le pregunto, grosero, a su hermano-. ?Donde esta el padre Bernard?

– Muy buenos dias para ti tambien, Henry -dijo Richard Bolton, divertido-. El pobre Bernard murio hace tres anos. No ha habido sacerdote residente desde su muerte. Edmund me llamo para Hugh. -El sacerdote miro al menor de sus hermanos con ojo critico-. Te estas poniendo gordo, Henry. Demasiada comida y vino no son buenos para el cuerpo. -Richard Bolton era un hombre alto y delgado con un rostro elegante. La vestimenta negra de su orden, que se ajustaba a la cintura con una soga de seda blanca, le caia con la gracia de un vestido cortesano.

– Enterremos a Cabot sin mas vueltas -ladro Henry-. Tengo que irme manana. Me llevo a Rosamund conmigo.

– No puedes partir hasta que yo no haya leido el testamento de Hugh -dijo Richard, con calma. Entonces su mirada cayo sobre su sobrino-. ?Es tu hijo, Henry?

El nino habia estado parado alli con el dedo en la boca. Su padre se lo saco bruscamente y lo empujo hacia adelante.

– Este es el hermano Richard, el sacerdote.

– Esta finca es mia -anuncio Henry hijo a modo de saludo al clerigo-. El viejo se murio y ahora es mia, pero no me gusta la esposa que me eligieron. Es insolente y me habla mal. Tienes que decirle que si no me respeta se ira al infierno. Mi padre dice que yo sere su amo y senor.

Richard Bolton sofoco en la garganta una gran carcajada. Sus ojos grises azulados danzaron, traviesos, y disfruto en gran medida la incomodidad de su hermano menor ante el exabrupto de su hijo.

– Ah, caramba -dijo, y nada mas, esforzandose todavia por ocultar el ataque de risa, mientras Henry padre le daba una bofetada a Henry hijo y el muchachito lanzaba un alarido y empezaba a llorar.

– ?Tu tienes el testamento? -pregunto Henry-. ?Que dice? Aunque no importa, pues Rosamund me pertenece para que yo haga lo que me plazca.

– El testamento se leera despues del banquete, como es costumbre, Henry -dijo el sacerdote.

– Ah, esta bien, haz un gran misterio si te complace, Richard, pero eso no cambiara las cosas -exclamo Henry, irritado-. ?Vas a dejar de gimotear, nino? -grito.

Hugh Cabot fue enterrado en una ladera, mirando hacia el valle. Rosamund beso sus labios frios antes de que clavaran el feretro y lloro por el buen hombre que habia sido un verdadero padre para ella. Despues, permanecio alli un rato mientras el sol se ponia detras de las colinas verdes. Entonces, regreso a la sala a supervisar el banquete por su esposo. Se detuvo un instante a observar a sus tres tios, sentados a la mesa principal. Edmund y Richard, con sus ojos azules grisaceos, ambos con rostros casi nobles. Y tambien estaba Henry. Regordete y dispeptico, con expresion de desagrado en su cara gorda y los ojos azules que iban de un lado al otro de la sala como si estuviera haciendo un inventario del lugar. Ella ocupo su lugar entre Henry y su pequeno hijo.

La comida fue grata, como le habria gustado a Hugh. Habia salmon con pimienta verde; gamo, asado y en pastel; conejo, ganso y pato, cada uno con una salsa diferente; lechuga dorada y cebollitas hervidas, pan fresco, manteca y queso. Y, despues, aparecieron las ultimas manzanas del invierno horneadas con canela y servidas con crema espesa. Abundaron el vino y la cerveza, y la generosa comida se sirvio a toda la sala, para deleite de los mas humildes, que no esperaban mucho mas que guiso de conejo y sopa.

Cuando por fin terminaron la comida, Henry Bolton hablo:

– Bien, sacerdote, ?que hay del testamento? No es que importe mucho, pero es cierto que hay que cumplir con las formalidades y respetar la ley. -Se reclino en su silla-. Recuerda que quiero partir por la manana.

– Y podras irte, hermano Henry -respondio Richard Bolton, mientras buscaba entre sus ropas y sacaba un pergamino arrollado-. Hugh Cabot escribio este testamento con su propia mano y me dio una copia -Sostuvo el cilindro en alto para que lo viera toda la sala.

Entonces, rompio el sello y lo desenrollo lentamente, con toda intencion -'Yo, Hugh Cabot' -comenzo el sacerdote-, 'redacto en este acto mi ultimo testamento. Tengo una sola posesion en esta tierra, mi amada esposa, Rosamund Bolton. Por lo tanto, entrego a mi esposa al cuidado de mi amigo y senor feudal, Enrique Tudor, rey de Inglaterra. Este es mi ultimo deseo, y que Dios se apiade de mi alma. Amen. Firmado el 1° de marzo del ano del Senor de mil quinientos dos'.

Se hizo un profundo silencio en la sala, hasta que Henry Bolton hablo.

– ?Que demonios quiere decir eso? Yo soy el tutor de Rosamund, por ser su pariente varon mas cercano.

– No, hermano Henry, tu no eres su tutor -dijo Richard Bolton-. Ya no. Hugh Cabot, como esposo y tutor legal en el momento en que se redacto este testamento, ha puesto a su joven viuda a cargo del mismo rey. Tu no puedes hacer nada al respecto. Se envio copia de este testamento al rey. Ha llegado un breve mensaje diciendo que el rey envio a una persona para que se haga cargo de Rosamund. Tu ya no tienes ninguna autoridad sobre ella.

– ?Todos conspiraron contra mi! -grito Henry-. ?No pueden hacer esto! Ire en persona a ver al rey para protestar. Hugh Cabot era el esposo de Rosamund porque yo quise, para proteger Friarsgate.

Entonces hablo Rosamund.

– ?Protegerla para quien? Toda tu vida has querido esta finca, tio, pero es mia. Yo no mori cuando murieron mis padres y mi hermano. No mori cuando murio tu hijo mayor, mi primer esposo. Gracias a Dios, soy fuerte y sana. Es la voluntad de Dios que Friarsgate me pertenezca a mi, no a ti. Me alegro de que Hugh haya hecho esto por mi. Temia con cada fibra de mi ser quedar otra vez bajo tu cargo.

– Vigila como me hablas, muchacha -le advirtio Henry Bolton-. Cuando yo le diga al rey la verdad sobre este asunto, te devolvera a mi, y entonces, Rosamund, aprenderas las cosas que tu difunto esposo nunca te enseno. Obediencia. Tu lugar en el mundo. Recato. La virtud de guardar silencio en presencia de tus mayores. -Estaba casi purpura de la rabia. Sus aguados ojos azules se le salian de las orbitas-. ?No aceptare este testamento! ?No lo permitire!

– No tienes opcion -dijo Richard, calmo.

– ?Por que el rey iba a hacerle semejante favor a Hugh Cabot? -quiso saber Henry-. Un hijo menor, sin la menor importancia, un soldado, un vagabundo y, finalmente, gracias a mi finada esposa, Agnes, que Dios la tenga en su gloria -se persigno, piadoso-, poco mas que un sirviente en la casa del hermano de ella. El rey no honra con su amistad a hombres asi.

– Ah, buenos senores, si que los honra -dijo una voz desde el final de la sala, y alli, sobre los escalones, se vio a un forastero alto, vestido con su capa y sus guantes de viaje-. Soy sir Owein Meredith -se presento el caballero, quitandose los guantes, avanzando dentro de la sala y dirigiendose a la mesa grande-. Me ha enviado Su Majestad, Enrique Tudor, para investigar este asunto de Rosamund Bolton y la herencia de Friarsgate. -Camino entre las mesas y le dio la capa a un criado, mientras que otro se dirigia velozmente hacia el visitante con una copa de vino-. ?Quien de ustedes es Hugh Cabot? -pregunto, con tono autoritario.

– Mi esposo murio hace un dia, senor -respondio Rosamund-. Este es el banquete de sus funerales. Hemos terminado, pero permitame ordenar a mis criados que le traigan un poco de comida. Seguramente, ha de tener mucho apetito despues de un viaje tan largo.

– Muchas gracias, senora -respondio y se dio cuenta de que era una muchacha muy bonita, recien salida de la infancia, pero con dignidad y buenos modales-. No he ingerido nada desde la manana, y agradecere verdaderamente una comida. -Le hizo una reverencia.

A ella le gusto el de inmediato. Poseia la misma elegancia en los rasgos que Hugh y que sus dos tios mayores, y el rostro y la nariz alargados. Los labios eran delgados, pero la boca, grande. Evidentemente no era vago, pues su piel estaba curtida por el sol y tenia pequenas arrugas alrededor de los ojos, aunque no alcanzaba a distinguir su color. El cabello era de un rubio oscuro, y lo llevaba corto. El rostro, de mandibula cuadrada, estaba rasurado, y tenia un pequeno hoyuelo en el centro del menton. Era bastante bien parecido.

– Adelante, senor, venga con nosotros -lo invito, cortes, y, cuando el se acerco para sentarse con ellos, ella saco de un empujon a su primo del asiento, mientras le susurraba-: ?Levantate, sapo, y dale el lugar al hombre del rey!

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