York, ?no te parece, Bess?

– Me recuerda a mi padre, si, pero tambien te veo a ti en el, milord -respondio la reina con voz queda.

La Venerable Margarita le dirigio una rapida mirada a su nuera. Bess sabia perfectamente como disimular y como manejar a su marido. Adoraba a Enrique Tudor. Por eso, su suegra le estaba agradecida.

– ?Donde esta mi tocaya? -pregunto.

– Aqui, senora -dijo la joven Margarita Tudor, adelantandose para hacerle una reverencia a su abuela.

– Se te ve bien -dijo Margarita Beaufort-, y me alegro. Y Kate, nuestra espanola Kate, ven para que te vea. Ah, todas parecen unos cuervitos negros con este luto. Los jovenes no deberian vestir de luto jamas. Bien, no se puede evitar. -Sus agudos ojos recorrieron el grupo de jovenes mujeres que habian llegado con Margarita y Catalina-. ?Y quien es esa nina tan hermosa? -dijo, senalando a Rosamund con un dedo delgado-. No la conozco.

– Es la nueva pupila de papa -le respondio Margarita a su abuela.

– ?Como te llamas, nina? -pregunto la condesa de Richmond, escudrinando el objeto de su curiosidad.

– Soy Rosamund Bolton de Friarsgate, senora -respondio Rosamund, con una reverencia delicada. Que figura tan majestuosa tenia la anciana. ?Era mas majestuosa que la reina!

– A juzgar por tu acento eres del norte.

– Ay, perdon -dijo Rosamund, ruborizandose. Se estaba esforzando por hablar bien.

– Tenemos muchos del norte, criatura -respondio la Venerable Margarita-. No es ninguna verguenza. ?Conoces a los Neville?

– No, senora. Hasta que me trajeron a la Corte, nunca me habia alejado mas que unos kilometros de mi casa -respondio Rosamund, cortesmente.

– Ah. ?Y quien te puso al cuidado de mi hijo, Rosamund Bolton? ?Tus padres?

– No, senora, mi finado esposo. Mis padres murieron cuando yo tenia tres anos. Mi esposo era sir Hugh Cabot, que Dios se apiade de su alma -respondio Rosamund, santiguandose.

– ?Caramba! ?Caramba! -dijo la Venerable Margarita, santiguandose tambien-. ?Enrique! Sir Hugh Cabot una vez le salvo la vida a tu padre. ?Lo sabias? Tenemos que cuidar especialmente a su viuda. ?Y quien te trajo a la Corte, mi nina? -le pregunto a Rosamund.

– Sir Owein Meredith -dijo Rosamund.

– Ah, un hombre encantador -murmuro la condesa de Richmond, con una leve sonrisa. Luego agrego-: El jubon de mi nieta te queda muy bien, criatura. -Sus agudos ojos habian reconocido la prenda que ella le habia regalado a su nieta hacia unos meses.

– Me queda chico -se apresuro a responder Margaret-. Ahora tengo el pecho mas desarrollado, pero Rosamund es muy chata todavia.

Rosamund se puso colorada de furia. ?Ella tenia pechos! Eran mas pequenos que las amplias proporciones de Meg. Lo cual era muy irritante, considerando que la princesa tenia varios meses menos que ella.

– El jubon te queda bien -apunto la condesa de Richmond con tono amable. Se dirigio a su nieta-: La reina de los escoceses tiene buen corazon, pero lengua irreflexiva. A ninguna mujer le gusta que sus atributos sean comparados, y menos desfavorablemente, en especial por otra mujer, Margarita Tudor. Espero que lo recuerdes cuando estes sola. Tengo entendido que las mujeres escocesas son extremadamente orgullosas.

– Recordare sus palabras, senora -respondio Meg, con un ligero rubor en las mejillas, aunque miro a su abuela a los ojos.

– Es hora de aliviarte de parte de tu luto -decreto. Y a la manana siguiente, cuando ella y Rosamund despertaron, Meg encontro sobre la cama un par de mangas de zangala de anaranjado oscuro.

– ?Oh! -chillo Meg, recogiendo las brillantes mangas de seda-. ?Tillie! -llamo a su doncella-. Fijalas a mi jubon. Me las pondre para la misa. ?Seguro que me las mando la abuela!

– Asi es, Su Alteza -respondio la doncella-, y dejo un par muy bonito para lady Rosamund. ?Se las doy a su Maybel?

– ?Si! -fue la respuesta inmediata. Entonces Meg se volvio a Rosamund-. ?Si la abuela dice que dejamos el luto por Arturo, asi sera. Mama y Catalina no, por supuesto, pero me alegro de que nosotras ya hayamos terminado con todo este negro.

– Igual sigue siendo todo negro -le recordo Rosamund, muy practica-. Los jubones, las polleras y los tocados.

– Pero las mangas nos diferenciaran de las demas -dijo Meg, traviesa- Los caballeros nos veran a nosotras y no a las demas.

– Pero tu ya estas casi casada -replico Rosamund, confundida.

– Pero no estoy casada oficialmente. Ademas, el rey de los escoceses tenia una amante, Maggie Drummond, a la que, segun me dijeron, el queria mucho. La envenenaron hace poco, a ella y a sus dos hermanas. Murieron las tres. Se dice que el rey Jacobo no soportaba separarse de ella. Alguien de su entorno, aunque no se sabe quien, tomo el asunto entre manos. Mi matrimonio es muy importante tanto para Inglaterra, como para Escocia. Mi padre no me habria enviado al norte si no se hubiera solucionado el asunto con esa mujer Drummond.

– ?Y entonces para que quieres que te miren otros hombres? -pregunto Rosamund.

– Porque es divertido -dijo Meg, riendo, y luego, con una sonrisa picara, agrego-: Tal vez veamos a sir Owein en la misa. Seguramente te notara si te pones tus hermosas mangas de zangala blanca.

– ?Y por que debe importarme que me vea o no? -dijo Rosamund, riendo. Se bajo de la cama y fue descalza a lavarse la cara y las manos en una palangana de plata que le habian puesto. La de su companera era de oro.

– Porque tarde o temprano te daran un esposo. Seria mejor que te dieran uno que fuera a vivir a Friarsgate y no uno que tenga tierras propias. Ademas, tu finca esta en la frontera y, si bien no creo que los escoceses invadan Inglaterra una vez que yo sea oficialmente su reina, no estaria de mas que mi padre tuviera a un hombre como sir Owein en la frontera. Sabe que su caballero es leal y fiel. Los senores del norte se agitan con el viento. A menudo pueden ser indolentes y desleales.

– Pero son ingleses.

Margarita Tudor bajo de la cama y camino por la habitacion hasta donde estaba su nueva amiga. Estiro el brazo y le dio una palmadita a Rosamund en la mejilla.

– Eres tan inocente. Ruego que tu sencilla honestidad nunca sea puesta a prueba, Rosamund Bolton.

No vieron a sir Owein en misa, pero varios dias despues, cuando se habian instalado en Windsor, el fue a los departamentos de la reina a preguntar, cortesmente, por Rosamund. Sentadas cerca de Isabel de York, cosiendo trajes para el futuro bebe, lo vieron entrar y oyeron sus palabras. Meg le dio un codazo a Rosamund, que se habia ruborizado violentamente cuando la suave voz de la reina la llamo para decirle que dejara la labor y se acercara.

– Rosamund Bolton, aqui esta sir Owein Meredith, que ha venido a presentarte sus respetos.

Rosamund hizo una reverencia a la reina, pero no supo que decir.

– ?Se encuentra bien, senora? ?Y como esta la buena de Maybel? -pregunto el, cortes.

– Si, senor, muchas gracias por su preocupacion -respondio Rosamund, que por fin habia encontrado la voz. Con valentia, le mantuvo la mirada de sus ojos verdes, y el sonrio, lo que, para sorpresa de Rosamund, le hizo latir el corazon con mucha fuerza.

– ?Y todavia extrana Friarsgate, o los atractivos de la Corte ya la han hechizado?

– La Corte es muy grandiosa, senor, y todos han sido muy buenos conmigo, pero si, extrano mi casa.

– Tal vez volvamos a encontrarnos -dijo sir Owein, dando por terminada la conversacion. Entonces, se volvio a la reina-: Gracias, Su Alteza, por permitirme hablar con lady Rosamund. ?Que respuesta debo llevar a nuestro senor?

– Digale al rey que comere en mis habitaciones esta noche. Seguro que es varon el nino que llevo en las entranas, porque la carga es muy pesada esta vez. Digale a mi esposo el rey que le agradezco y lo recibire con agrado en mis aposentos, si desea venir.

Sir Owein se inclino y salio del aposento.

– Le gustas -dijo Meg, riendo.

– Solo fue amable -respondio Rosamund.

– ?Le gustas! -repitio la princesa, con un destello perspicaz en los ojos azules.

– ?De que serviria? -susurro Catalina de Aragon-. Le elegiran a quien quieran cuando llegue el momento de

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