emplumado y encintado. La delgada mano del rey paso sobre el sombrero. El pajaro de la suerte ladeo la cabeza y luego la sacudio, desilusionado. Agito violentamente el sombrero debajo de la larga nariz del rey. Una sonora carcajada atrono el recinto. Con un burlon suspiro de resignacion, el rey metio la mano entre sus vestidos y saco una bolsa de terciopelo. A desgano, la abrio y extrajo dos monedas mas. Hubo mas risas, pues se sabia que el rey no soltaba sus monedas con facilidad. La Venerable Margarita se estiro y le dio un pequeno golpe al rey, que, con otro audible suspiro, vacio toda la bolsa de terciopelo en el sombrero del pajaro, que cacareo, triunfante. La muchedumbre en la sala rugia, en aprobacion de las acciones del rey. Enrique VII los honro con una de sus escasas sonrisas. El bailarin brinco con elegancia y se paro ante el arzobispo de Canterbury, para presentarle al sacerdote el sombrero Heno de limosnas. El pajaro hizo una reverencia. Y, entonces, se arranco la mascara, revelando al joven principe Enrique. Su aparicion fue recibida con aplausos. Se inclino ante su publico una ultima vez y tomo su lugar en la mesa principal, con su familia.

– ?Valgame Dios! -dijo Rosamund, al darse cuenta de quien la habia besado.

– De modo que ahora -dijo sir Owein, bromeando-, puede volver a casa y contar que el proximo rey de Inglaterra la ha besado.

– Es tan corpulento que me habia olvidado de que era un nino -dijo Rosamund.

– Su abuelo de York, a quien se asemeja, tambien era un hombre grande -le dijo el caballero.

– ?Y su abuelo de York tambien era tan osado?

Owein Meredith rio.

– Si. ?Me permite que le diga que luce muy bonita esta noche, milady Rosamund?

– El corpino me lo regalo Meg y la condesa de Richmond me obsequio las mangas de zangala. Maybel me reformo la falda para ponerla a la moda. Tillie, la doncella de Meg, le enseno.

– Eso quiere decir que ahora esta mejor. Me alegro, Rosamund. Se cuanto extrana Friarsgate.

– Espero que cuando la reina de los escoceses vaya al norte, en el verano, se me permita ir a mi casa. Si, la extrano -admitio Rosamund-. La Corte es muy interesante, pero no me gusta estar todo el tiempo mudandome de un lado al otro. Yo soy muy casera, y no me averguenza decirlo. Ademas, aparte de las princesas, no tengo amigos. Las otras muchachas de mi edad se creen demasiado encumbradas y poderosas para darse conmigo. Envidian mi amistad con Meg. Y Kate no esta mucho mejor que yo, creo.

– Entonces, tambien cultive y conserve su amistad, Rosamund. Asi, cuando la hija del rey se vaya, tal vez no se sienta sola. Ademas, es muy probable que algun dia Catalina de Aragon sea la reina de Inglaterra. No esta de mas tenerla como amiga.

– Es buen consejo el que me da, senor. ?Y usted seguira siendo mi amigo? Me gustaria creer que lo sera para siempre.

– A mi me gustaria -le respondio Owein y la mirada que le dirigio la conmovio-, pero algun dia tendra un esposo otra vez. Tal vez un esposo no apruebe nuestra amistad. Debe estar preparada para esa posibilidad.

– Nunca me casare con un hombre que no acepte a mis amigos-replico ella-. Hugh me enseno que debo pensar por mi misma y decidir lo que es mas conveniente para mi y para Friarsgate.

– No se si esta bien que le haya ensenado eso -dijo Owein, con pena-. La mayoria de los hombres no son tan modernos como su difunto esposo. Piense en su tio Henry, Rosamund. Casi todos los hombres son como el.

– Entonces, no volvere a casarme -respondio ella, con firmeza.

El tuvo ganas de reir. Pero se dio cuenta de que ella hablaba muy en serio.

– Seguro que podra persuadir a cualquier marido de que piense asi -dijo. Ella era tan joven e inocente. El se pregunto que le sucederia a Rosamund en la Corte cuando su protectora, la hija del rey, partiera hacia Escocia. La muchacha, por cierto, no seria incluida en su comitiva de damas. No era ni tan importante ni de tan buen linaje. No tenia conexiones familiares de importancia. Era una mas de las pupilas reales, aunque habia tenido la fortuna de que la joven Margarita Tudor se interesara en ella. Owein Meredith no sabia por que le importaba lo que le sucediera, pero asi era. Por cierto, no estaba comenzando a albergar sentimientos hacia ella. No tenia derecho a sentimientos asi… pero se dio cuenta de que si le importaba Rosamund.

No volvio a verla hasta la Epifania, el ultimo de los Doce Dias de Navidad. La jornada comenzo con la eleccion de la reina de la Habichuela. Se trajeron a la sala tortas mellizas: una para los hombres y otra para las mujeres. Todos recibieron una porcion de su torta correspondiente para dar con la habichuela esquiva. Para gran sorpresa de Rosamund, ella encontro la habichuela en la torta de las mujeres. Al Principio, tuvo miedo de decirlo, entre tantas mujeres importantes, pero, que se dio cuenta de la buena fortuna de su amiga, exclamo, para la oyeran todos:

– ?Lady Rosamund Bolton encontro la habichuela! Ahora veamos, ?quien sera su rey?

– Yo soy su rey -exclamo el joven Enrique Tudor, con una sonrisa de oreja a oreja-. ?Yo soy el rey de la Habichuela! ?Traiganme a mi reina!

Llevaron a Rosamund a la mesa principal y la sentaron junto al principe Enrique. Le pusieron una corona de papel dorado decorada con joyas de pasta en la cabeza. Colocaron una corona parecida en la cabeza del principe.

– ?Que todos saluden al rey y la reina de la Habichuela! -gritaron con entusiasmo los presentes en la Gran Sala del Palacio de Richmond. -Gracias al cielo que mi reina es una muchacha bonita -dijo el principe. Los servidores comenzaron a llevar a la sala la comida de la manana-. Cuando encontre la habichuela me dio miedo de quedar atrapado con una vieja fea. Por eso no admiti mi buena fortuna enseguida.

– Si hubiera sido una vieja fea -dijo Rosamund, atrevidamente-, ?habrias vuelto a poner la habichuela entre las migajas, milord?

– Si -admitio el, con una sonrisa traviesa-. ?Y quien eres tu, senora? Se que te he visto antes. -Tomo el copon enjoyado y bebio un sorbo grande de espeso vino dulce.

– Yo soy Rosamund Bolton, Su Alteza, el ama de Friarsgate. Mi difunto esposo, sir Hugh Cabot, me puso pupila con tu padre cuando fallecio tempranamente la primavera pasada. Hace poco que estoy en la Corte.

– ?Eres amiga de mi hermana Margarita?

– Tengo el gran privilegio de haber sido favorecida por la reina de los escoceses -respondio Rosamund, con modestia, dandose cuenta, al ver que las palabras le venian con facilidad a los labios, que estaba aprendiendo, de verdad, a comportarse en la Corte. Se lo contaria a sir Owein cuando lo viera.

– ?Cuantos anos tienes? -pregunto el principe.

– Soy unos meses mayor que tu hermana, la reina de los escoceses.

– ?Eres viuda?

– Si, Su Alteza.

El la miro, evaluandola.

– ?Eres virgen? -le pregunto, con osadia.

Rosamund se ruborizo hasta la raiz del cabello.

– ?Por supuesto! -dijo, impresionada por la pregunta-. Mi esposo era un hombre anciano, y nos casamos cuando yo tenia seis anos. El fue como un padre para mi.

El joven Enrique Tudor estiro la mano y acaricio la ardiente mejilla de Rosamund, lo que aumento la verguenza de ella. Sin embargo, ella no podia darle una bofetada por su insolencia, al menos, no en publico.

– Te he hecho avergonzar -dijo Enrique Tudor, pero no parecia arrepentido en lo mas minimo-. Un dia sere rey, senora. Rey de verdad, no un tonto de Epifania. Si no hago preguntas, no aprendere. -Le sonrio de manera seductora-. Tu mejilla es muy suave, ademas de muy calida. -Sus dedos le acariciaron el rostro, y con la otra mano le ofrecio de su copa-. Bebe un sorbo de vino, que tu corazon dejara de galopar. Veo tu pulso agitado en la base de tu garganta, Rosamund Bolton, senora de Friarsgate.

Rosamund bebio un sorbo de vino. Y entonces, con coraje, retiro la mano de el de su mejilla.

– Eres demasiado atrevido, milord. Soy nueva en la Corte, y mi educacion no incluyo las sutilezas del comportamiento cortesano, pero estoy segura de que tu comportamiento es muy osado.

– Pero soy tu rey -dijo Enrique Tudor.

– Y yo, como tu reina, merezco tu respeto -le respondio Rosamund, rapidamente.

El rio.

– Te bese el primer dia de Navidad -admitio el-. Creo que antes de que termine este ultimo dia de Navidad volvere a besarte, senora de Friarsgate. Tus labios me parecieron dulces, como suelen ser los labios aun sin probar.

– ?Tienes dos anos menos que yo y hablas tanto de besos y de su conocimiento sobre labios sin probar? -

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