– Gracias, senora -volvio a decir Rosamund. Hizo una reverencia y salio a toda prisa de la pequena sala privada de la condesa. En el saloncito matinal encontro a Maybel remendando una de sus camisas-. ?Me voy a casar! -dijo, en voz baja, inclinandose, para que no la oyera nadie mas que Maybel-. ?Con sir Owein! ?Pronto nos iremos a casa, queridisima Maybel!
– ?Alabado sea Dios, por ambas cosas! -dijo Maybel, y una sonrisa le ilumino el rostro-. Me alegrare mucho de ver a mi Edmund.
– Ahora voy a encontrarme con el en el jardin privado. ?Tengo la cara limpia? ?Estoy peinada? -pregunto, ansiosa.
– Ese hombre te querria descalza y en camisa, muchacha, pero si, estas prolija. Ve y dile a sir Owein que me alegro mucho de que vayas a llamarlo esposo.
A Rosamund le latia con fuerza el corazon mientras cruzaba la sala de dia y el corredor. Ya casi habia llegado a la puerta del jardin cuando de las sombras aparecio el principe Enrique.
– ?Adonde vas, bella Rosamund? -pregunto, cerrandole el paso-. Ven, amor, y dame un beso para demostrarme que no estas enojada por la impetuosidad de mi juventud el otro dia.
– Voy a casarme, Su Alteza -dijo Rosamund, altiva-. Por favor, permiteme pasar. Tu abuela me envio a encontrarme con mi prometido en el jardin, y el me espera.
– Un beso, mi linda doncella -insistio el principe. ?Que iba a casarse? ?Como diablos podria seducirla ahora? No seria honorable seducir a la prometida de otro hombre.
– Si Su Alteza no se hace a un lado -dijo Rosamund, enojada-, gritare llamando a la guardia.
– ?No lo haras! -dijo el, nervioso.
Rosamund abrio la boca y grito a todo lo que le daban los pulmones. De inmediato, el corredor estuvo lleno de hombres armados.
– ?Que sucede, milady? -pregunto el que llego primero.
– Ah -dijo Rosamund, inocente-. Me parecio ver una rata. Era muy grande. Lamento haber causado dificultades. -Le sonrio dulcemente al guardia mas proximo, paso junto a el y abrio la puerta para salir al jardin.
– Ah, las mujeres -dijo, desdenoso, el guardia. Se volvio al principe-. ?Usted vio una rata, Su Alteza?
Enrique Tudor asintio.
– Si, y era grande como un gato, lo aseguro. Yo iba a matarla, pero la senora grito. -Miro la puerta que se cerraba lentamente tras Rosamund.
Afuera, en el jardin privado, la joven sintio el suave aroma de la vegetacion y el olor apenas agrio del rio cuando se iba la marea. El aire estaba tibio y habia una brisa muy leve. Camino despacio por uno de los senderos prolijamente barridos. La madre del rey habia dicho que el estaria alli. Entonces, lo vio. Estaba de pie, de espaldas a ella, mirando el rio, pero oyo sus pisadas y se volvio.
– ?Rosamund!
Ella le hizo una reverencia.
– Milord -dijo ella, con suavidad.
El se le acerco, la tomo de las manos y la miro.
– ?Has hablado con la madre del rey y estas conforme? -Los ojos verdes de el escudrinaron su rostro en busca de una senal de descontento.
Ella le dirigio una sonrisa timida.
– Creo que es una buena solucion para los problemas de los dos, senor. Yo necesito un esposo y tu, casandote conmigo, podras continuar tu leal servicio a la Casa de los Tudor -le dijo, muy seria-. Y tu, senor, ?estas contento con ser mi esposo?
– Si. ?Has comprendido, Rosamund, que este matrimonio que encaras conmigo no sera solo una formalidad, como fue con tus dos esposos anteriores? Seras mi esposa de todas las maneras que una puede serlo con su esposo y senor.
Ella se ruborizo, pero respondio:
– Ya tengo edad, senor. Soy mayor que la reina de los escoceses.
Sin soltarle la mano, el levanto la otra y con dulzura le acaricio la mejilla, con los nudillos. Su mirada era calida.
– Eres tan hermosa -le dijo. Le rozo los labios con los suyos. -Sere buen esposo para ti, Rosamund.
– Lo se -respondio ella, y lo sabia. En ese instante en que la boca de el rozo la suya tan brevemente, Rosamund Bolton sintio que habia esperado toda su joven vida por ese momento-. Se que asi sera, Owein -dijo, y lo creia de verdad.
CAPITULO 08
– Esta noche -dijo el rey, de pie ante la mesa principal-, tengo un feliz anuncio que hacer. Todos conocen a sir Owein Meredith. Ha servido a la Casa de Tudor desde su infancia. La ha servido con lealtad. La reina de los escoceses me ha pedido una merced. Me ha solicitado que, en honor a su boda, yo recompense a este buen caballero. Para mi es un placer hacerlo. Por lo cual doy a mi pupila, lady Rosamund Bolton de Friarsgate, en matrimonio a sir Owein, y les concedo permiso para viajar hasta su casa en compania de la comitiva nupcial de mi hija. Deseo que tengan una vida feliz y fructifera juntos. -Levanto la copa hacia la pareja, que esa noche estaba sentada a la mesa de caballete, justo al lado de la principal.
Enseguida, todas las personas de la sala se pusieron de pie, levantaron sus copas y gritaron:
– ?Larga vida y muchos hijos!
Rosamund apreto la mano de Owein, ruborizandose del entusiasmo.
– Me temo que Hal perdio la apuesta -murmuro Richard Neville, sentado a un extremo de la mesa.
– Pero no la gano nadie -dijo, en voz baja, Owein Meredith, que habia oido el comentario del joven Neville-. Senor Brandon, le llevaras las apuestas que tienes en tu poder a la condesa de Richmond. Le diras que es una donacion para los pobres de parte de los amigos del Principe Enrique. Y en el futuro… a tener mas cuidado con las apuestas, caballeros.
– Se hara exactamente como usted ordena, sir Owein -dijo Charles Mandon, inclinandose.
Pero Richard Neville estaba furioso.
– Tenga cuidado, Meredith. ?Mi familia es muy poderosa en el lugar al que va!
– Actuaste de una manera deshonrosa. Da gracias que no le cuento a tu padre que, no me cabe duda, te enviaria a tu casa de inmediato-le respondio, con severidad-. No quiero danar el buen nombre de Rosamund, de lo contrario te daria la paliza que tanto mereces. No oses amenazarme. ?Y como te atreves a alentar al futuro rey de Inglaterra a un comportamiento que nada tiene de honorable?
Richard Neville abrio la boca para hablar, pero Charles Brandon le siseo.
– ?Callate, Dickon! No hay excusa para lo que intentamos hacer, y yo lo sabia cuando acepte guardar las apuestas. Esto es lo que nos merecemos. -Se volvio hacia el caballero del rey-: Le presento mis disculpas, sir Owein.
– Estan aceptadas, senor Brandon.
– ?De que se trata esto? -le pregunto Rosamund al hombre que seria su esposo.
– No tiene la menor importancia, mi amor.
– Senor, si insistes en tratarme como una flor fragil y sin seso, me temo que no nos llevaremos bien. Ahora bien, ?por que discutian?
– Apostamos a que el principe Hal podia seducirte -dijo Neville, mezquino-. Eres una criatura tan inocente, milady.
Para sorpresa de todos, Rosamund solto una carcajada.
– Y tu, senor, eres un tonto si crees que el encanto del principe Enrique bastaba para robar mi virtud. Nosotras, las campesinas, somos inteligentes a nuestro modo. Tal vez no seamos refinadas, pero un intento de seduccion, ya sea de parte de un principe o de un pastor, es muy similar. Aunque acepto que el lenguaje de un principe es mas florido. -Volvio a reir y luego agrego, como si acabara de ocurrirsele-: Ah, y cuando tu padre se pregunte por que ya no le presto mi padrillo para sus yeguas, cuentale de esta conversacion que acabamos de
