mantener. Se que deseaba tener varios caballos de guerra de mi buen Rey Valiente. Que pena. -Rosamund le dirigio una sonrisa a su prometido y murmuro-?Me sacarias de la sala, senor? El aire aqui esta bastante fetido.

Sin otra palabra, Owein se puso de pie y la acompano afuera, sonriendo y haciendo inclinaciones de cabeza a los que lo felicitaban a su paso. Cuando hubieron salido de la gran sala, se volvio a Rosamund y dijo, con una sonrisa:

– Habia olvidado lo inteligente e impetuosa que puedes ser, mi amor.

– Se que he estado demasiado modosita y tontuela estos meses en la Corte. No me he sentido segura de mi en este entorno, pero ahora que me voy a casa, puedo volver a ser yo. Espero que te guste quien soy, senor, porque me parece que ya no tendras eleccion en el asunto.

El se detuvo, la miro y le tomo el rostro entre las manos.

– Me has gustado desde el momento en que te vi, Rosamund Bolton. Pero nunca espere ser nada mas que un amigo para ti. -Sus ojos verdes se clavaron en los ambarinos de ella.

– Pero ahora seras mi esposo.

– Manana firmaremos los papeles.

– No me desagrada para nada ese asunto -le dijo ella. El corazon le latia con fuerza, pues el la miraba con tanta intensidad…

– ?Esta coqueteando conmigo, senora? -pregunto el y no pudo contenerse: rozo los pulposos labios de ella con los suyos.

La mirada de el, sus labios, la dejaron sin aliento, pero igual alcanzo a decir, con osadia:

– ?No es obvio, senor? Si no se nota, no estare haciendolo nada bien.

– Ah, Rosamund -dijo el, con tono grave-, lo estas haciendo muy bien. -Entonces la beso y sus labios tomaron posesion de los de ella y exigieron mas; la joven, a pesar de su inocencia, reacciono con sus instintos mas primitivos. Le echo los brazos al cuello y le devolvio el beso, su boca se volvia mas y mas experimentada con el correr del abrazo, y su propia pasion despertaba y ardia para tragarlos a los dos. Ella sintio contra su cuerpo la dureza de su cuerpo de hombre bien disciplinado, y suspiro.

El delicioso sonido del suspiro lo hizo reaccionar. La suavidad de los jovenes pechos de su prometida contra el suyo lo habia obnubilado, pero estaban en un lugar publico y no podian quedarse demasiado tiempo sin que los sorprendieran. No penso que se enfrentaria a las burlas de sus amigos, que, por cierto, iban a reirse de el. Owein Meredith el de confiar, el responsable, habia sido obviamente embrujado por una muchacha. Al menos habia aprendido algo: esta muchacha que seria su esposa rebosaba calidez y no le temia al placer.

– Mi amor -susurro el con los labios contra el cabello de ella- tenemos que salir de aqui. Debo regresarte a los departamentos de la princesa. Por la manana vendre para acompanarte a misa. Despues seguramente ya esten listos los papeles para que firmemos.

– Pero me gustan los besos y las caricias contigo -le dijo ella, con franqueza-. ?No podemos ir a algun lugar en privado y continuar?

El le tomo una mano, se la beso y comenzo a caminar con ella.

– Amor, verdaderamente me asombra que te hayan dado a mi por esposa. Ruego al cielo que no sea un sueno del que vaya a despertar. Contigo en mis brazos siento que mis deseos despiertan con tanto impetu como jamas experimente. Admito que he tenido muchas mujeres en mi cama y he sentido la lujuria mas de una vez, pero por eso mismo se que esto es muy diferente. No quiero compartir lo que siento por ti con nadie que no seas tu, Rosamund. ?Me comprendes?

– Si y no. Pero me dejare guiar por ti en este asunto, Owein Meredith, porque tu lo conoces mejor que yo. Pero ?significa eso que no volvere a besarte hasta que estemos casados?

El rio apenas.

– No creo que pueda esperar tanto, mi amor. Encontraremos pequenos escondites cuando estemos solos, eso te lo prometo. Pero, por el momento, debes comportarte con pudor.

Habian llegado a los departamentos de la princesa, donde dormia Rosamund. El le beso la mano antes de retirarse. Rosamund entro el salon tarareando, con aire de ensueno, y se encontro con Maybel, muy sonriente, que la abrazo y se puso a llorar.

– Ah, mi nina, que alivio que te hayan encontrado un buen hombre. ?Eres feliz, mi pequena? Sir Owein es tan parecido a sir Hugh, solo que mas joven, y tu ahora ya eres mayor. ?Ah, pronto mi senora sera madre!

– Si, es hora. Ya puedo ser una esposa en todo sentido, Maybel. Estoy contenta con sir Owein. Es bueno y creo que me quiere.

– Gracias a nuestra bendita madre Maria que te has dado cuenta. Si, muchacha, te quiere. Me animaria a decir que esta enamorado de ti, aunque puede que ni el lo sepa aun. Tienes que amarlo, nina. No simplemente con el cuerpo, sino con todo el corazon. ?Creo que eres la muchacha mas afortunada que he conocido en cuanto a los esposos que te han tocado!

– Y despues de todo lo que me he quejado, es posible que todavia me quede elegir uno a mi -agrego Rosamund-. ?Si, soy feliz! Fue Meg la que hizo esto, Maybel. Le debo un gran favor, porque si ella no hubiera sugerido que sir Owein fuera mi marido, quien sabe a quien me habrian elegido cuando desearan honrar a alguien.

– Bien, a quienquiera que sea responsable por este giro de los acontecimientos, le quedo agradecida. Nos vamos a casa. Estare con mi Edmund otra vez. No creo que tenga ganas de volver a viajar, nina. ?Estos ultimos meses alcanzan como aventura para las dos!

En la manana, despues de misa, sir Owein Meredith y lady Rosamund Bolton fueron llamados a la presencia del rey, su madre, la princesa Margarita, el principe Enrique y el capellan del rey. Sobre la mesa estaban los pergaminos que debian firmar.

– ?Esta de acuerdo con esto, senora? -pregunto el capellan del rey.

– Si, reverendo padre -respondio Rosamund, con una sonrisa.

– Y usted, sir Owein, ?tambien esta de acuerdo en tomar a esta mujer por esposa? -pregunto el capellan.

– Asi es -respondio Owein Meredith, luchando por borrarse la sonrisita tonta de la cara. Despues de todo, era una ocasion seria, pero el acento que hacia mucho le habia desaparecido del habla, que delataba su origen gales, volvio a ser evidente.

El rey miro a su madre, y unas sonrisas cordiales se les dibujaron en los labios. No ocurria seguido que sus actos hicieran tan felices a las personas. Pusieron sus firmas como testigos del compromiso de matrimonio entre Rosamund y Owein.

Cuando estuvo terminado, y los pergaminos secados con arena enrollados, se le dio uno al caballero del rey. El otro seria guardado por el capellan del rey en los archivos reales. El sacerdote entonces instruyo a la pareja a que se arrodillara ante el. Los bendijo, haciendo asi oficial e irrevocable el compromiso. Ahora eran, salvo por la ceremonia matrimonial, marido y mujer.

– Algun dia -alardeo el principe Enrique-, les mostraran este documento a sus hijos y les contaran que su compromiso fue atestiguado por un rey y una reina.

– Tu todavia no eres el rey de Inglaterra -dijo su padre, seco, y se dirigio a Owein Meredith-: Te extranare, mi fiel caballero, pero te mereces esta bonita muchacha y una casa propia. Y tu, lady Rosamund, ?te parece que sir Hugh Cabot habria aprobado el esposo que te he concedido?

– Si, Su Alteza. Lo aprobaria absolutamente, y le agradezco su cordialidad hacia mi. No he recibido mas que bondad en su casa. Primero, de parte de su gentil reina, que Dios la tenga en su santa gloria. Despues, de su hija y de su madre. Y ahora de usted, senor. -Rosamund se arrodillo ante el rey, le tomo la mano y se la beso, reverente-. Gracias, senor. Siempre estare a sus ordenes.

El rey hizo levantar a la muchacha y, mirandola directo a los ojos, le dijo:

– Si, veo en tu hermoso rostro lo que vales, Rosamund Bolton de Friarsgate. Que Dios te bendiga, nina, y a tu buen esposo, sir Owein.

– Vamos -intervino la Venerable Margarita-, haremos un breve brindis a la salud de la feliz pareja. -Le hizo una senal a un criado que repartio copas de vino. Bebieron rapidamente a la salud de Rosamund y de Owein y se retiraron.

– Me han informado que saldremos en menos de una semana -le dijo Owein a Rosamund cuando se retiraban

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