rio y comer pan y queso.
– Ni en mis suenos mas delirantes habria imaginado que pasaria por experiencias como estas. El viaje, aunque interesante, es agotador. No se como lo soporta Meg, pero la condesa de Surrey dice que yo no soy digna de acompanar a la reina de los escoceses. Espero tener oportunidad de despedirme de ella -dijo Rosamund.
– Dejaremos la procesion en Newcastle -dijo Owein-. Alegrate de que no acompanaremos a la novia hasta Escocia, mi amor. Si te parece que ahora la procesion es agotadora, no te imaginas lo que sera cuando cruce la frontera y los escoceses comiencen a sumarse a la comitiva -Rio-. Casi valdria la pena continuar para ver como se pelean todos por ganarse un lugar cercano a la nueva reina.
– Bien -dijo Maybel-, para mi, nuestro viaje a casa nunca sera demasiado pronto. Nosotras, las criadas, dormimos en pajares y graneros, donde sea que consigamos echarnos.
– Lo mismo sucede con los caballeros y alabarderos del rey -admitio Owein.
– A mi me salvo la intervencion de Meg con esa arrogante condesa de Surrey -dijo Rosamund-, aunque he dormido mas en el suelo de las mansiones que visitamos que en otra parte. Hasta el camastro de paja de un convento sera una mejoria.
– Entonces, estamos de acuerdo -dijo Owein, bromeando con las dos mujeres-, todos seremos felices cuando volvamos a estar en casa, en Friarsgate.
– ?Si! -dijeron ellas a coro, y los tres rieron.
Maybel se levanto.
– Necesito mover un poco mis viejos huesos. Llamenme cuando quieran volver al bullicio.
– Se va para dejarnos solos -dijo Owein.
– Si -dijo Rosamund, sonriendole-. ?Tu de verdad piensas en Friarsgate como tu casa, Owein?
– Si, es extrano, pero si -admitio el. Le tomo la mano, se la llevo los labios y comenzo a besarle los dedos, uno a uno-. Me gusto desde el principio, tanto como su duena.
– Ahora eres tu el que esta coqueteando, senor. Y me gusta, Owein.
– Es que tengo algo mas de experiencia que tu en el arte del cortejo. Sabes que nunca pense en tener una esposa a quien querer, ni albergue esperanza de que me diera hijos. Como te dije, he coqueteado con mujeres, pero esto es diferente. Antes no me importaba si la mujer me queria, pero ahora si. -Rio, nervioso-. Rosamund, creo que mi corazon ha caido de rodillas ante ti. Siento que en tu presencia pierdo el coraje, que tengo miedo.
– Pero ?a que podrias temerle? -exclamo ella, tendiendo las manos hacia el, como para consolarlo.
– Se me ha dado un gran regalo con tu persona, Rosamund. Quiero que seas feliz; pero, ?se yo como hacer feliz a una mujer, a mi esposa?
– Owein -lo tranquilizo ella, conmovida por la vulnerabilidad de este hombre fuerte-. Soy feliz. ?Te lo juro! Mi matrimonio contigo es el primer matrimonio verdadero que tendre. John Bolton y yo eramos criaturas. Mi querido Hugh fue un abuelo mas que un esposo y, de todos modos, yo era demasiado joven. Ahora no soy demasiado joven, ni tu eres demasiado viejo. Somos amigos y nos sentimos bien juntos. La amistad es importante entre marido y mujer, segun me dijo la Venerable Margarita. Confio en ella. Creo que estamos empezando mejor que muchos.
– Pero, mi amor, hay mas en el matrimonio que la amistad -dijo el, con suavidad.
– Se que hay pasion. Que hermoso llegar a explorar ese aspecto de mi naturaleza con mi mejor amigo, Owein. Tu llevaras la delantera y yo te seguire. Tal vez aprendamos a amarnos, pero, si no es asi, seguramente nos respetaremos.
El sacudio la cabeza, asombrado por las palabras de ella.
– Razonas como un abogado londinense -bromeo, con ternura Eres joven e inexperta, pero, ?alabado sea Dios, mi amor, que sabia eres!
Estiro el brazo, apoyo la palma en la nuca de ella y la acerco para besarla en los labios.
– ?Mmmm… Me gustan tus besos, Owein Meredith. Son deliciosos. No tienen nada que ver con los del principe Enrique, que parecen exigirle todo a una muchacha, en especial eso que ella no debe conceder -Rosamund se inclino hacia el y lo beso con entusiasmo.
Luego de unos momentos sin aliento, el interrumpio el abrazo y dijo:
– Quiero que apenas lleguemos a Friarsgate se celebre el matrimonio por iglesia, Rosamund. Creo que no puedo esperar para amarte, prometida mia.
– ?Por que debemos esperar? -le pregunto ella, con franqueza-. Estamos formalmente comprometidos. Es legal si decidimos disfrutar el uno del otro, ?no?
– No quiero apresurar mi primera union contigo, mi amor, y en esto quisiera que confies en mi prudencia. Ademas, cuando por fin lo hagamos, sera en nuestra propia alcoba, no a la orilla del rio, donde cualquier campesino ruin puede encontrarnos. -Le tomo la barbilla entre pulgar e indice-. La primera vez tiene que ser perfecta para ti, Rosamund, porque para mi sera perfecta, hermosa novia mia.
?Dios santo! Este hombre le hacia salir el corazon del pecho cuando decia cosas como esas. Se le entrecortaba la respiracion y la cabeza le giraba con un placer esquivo que no alcanzaba a comprender, pero que disfrutaba.
– Owein Meredith -dijo, bromeando-, creo que ya comenzaste a seducirme, y me agrada mucho.
La tarde se habia convertido en un idilio, pero debia terminar. Maybel volvio de su paseo y los tres regresaron al sequito. Margarita Tudor salio de York el 17 de julio, con direccion a Durham. Alli asumiria el cargo un nuevo obispo. La comitiva se quedo tres dias, como huesped del obispo, que ofrecio un enorme banquete para todos los que quisieran concurrir, y su mansion reboso con todos los invitados que asistieron, cada cual ansioso por ver y ser visto.
Luego viajaron a Newcastle, donde la joven reina de los escoceses hizo otra entrada triunfal en la ciudad. La recibio, a las puertas de la ciudad, un coro de ninos de rostros frescos que le cantaron felices himnos de alegria. En el muelle del rio Tyne los ciudadanos se treparon a la arboladura de las naves atracadas para apreciar mejor la maravillosa exhibicion publica. Esa noche, la joven reina descanso en el monasterio agustino, en la ciudad. Alli Rosamund fue a despedirse de su amiga.
Cuando la oficiosa condesa de Surrey trato de impedirle la entrada a Rosamund en las habitaciones de la reina, Tillie, la fiel servidora de Margarita Tudor desde su nacimiento, dijo, osada:
– Es lady Rosamund Bolton, la heredera de Friarsgate, que ha sido la queridisima companera de mi senora desde hace meses. Es muy estimada por la reina de los escoceses y por la condesa de Richmond, como lo fue de nuestra querida reina, que Dios la tenga en su gloria. Manana esta senora abandonara el cortejo con rumbo a su casa, con su prometido, sir Owein Meredith. Mi senora querra verla antes de que parta, senora. -Esto ultimo lo dijo con marcado enfasis.
– Ah, esta bien -dijo la condesa de Surrey, derrotada-. Pero no te quedes demasiado tiempo con Su Alteza, lady Rosamund.
Rosamund hizo una reverencia.
– Gracias, senora, por su bondad -dijo, con inocente malicia.
– Bien, al menos tiene modales -dijo la condesa, frunciendo la nariz, mientras Rosamund desaparecia en los departamentos de Margarita Tudor. Tillie ahogo una carcajada.
– ?Meg!
– ?Ay, Rosamund! -exclamo Meg-. Tenia miedo de que esa vieja arpia no te dejara entrar a verme antes de que nos abandonaras. -Las dos muchachas se abrazaron.
– Gracias a tu Tillie. Es una arpia mucho mas feroz que la condesa de Surrey -dijo Rosamund, riendo-. Se te ve cansada, Meg. -Tomo la mano de su amiga y se sentaron juntas.
– Asi es, pero no puedo dejar que se note. Se ha hecho tanta alharaca con este matrimonio. Todos estan ansiosos por complacer a mi padre con sus recibimientos. John Yonge esta escribiendo una cronica y cuidadosa de todo el viaje. He visto algunos de sus escritos. Relata abundante detalle el vestuario del conde de Northumberland, que por supuesto, magnifico. No se si Harry Percy quiere honrarme, como dicen todos, o aparentar ser de la realeza. -Rio-. Me estoy agenciando el primer requisito de toda reina: una naturaleza recelosa. -Volvio a reir, esta vez con menos alegria-. ?Cuando nos dejas?
– Manana. Debemos atravesar la campina para llegar a Friarsgate. Nos llevara dos dias o mas.
– Entonces, te perderas el gran banquete de Percy manana, por el Dia de San Juan. Habra juegos, otro torneo, baile y mucha comida. Despues, iremos al castillo Alnwick para que yo descanse unos dias antes de
