Owein sonrio. Tendria que hablar con Rosamund sobre preguntar primero y no dar por sentado, sin mas, que no habria oposicion, aunque, en este caso en particular, el estaba de acuerdo con ella.

– Mi senora sabe cual es mi pensamiento en estas cuestiones -dijo, tranquilizando al viejo monje.

Se separaron para dormir, pero en la manana volvieron a conversar. Los monjes les sirvieron un buen desayuno de avena, endulzada con pedacitos de manzana y miel, y cubierta con una crema espesa y dorada. Sirvieron el cereal caliente en pequenos recipientes de pan nuevo, individuales, y acompanaron la comida con sidra de manzana. Antes, la misa habia sido hermosa: las voces puras de los monjes se elevaron en el sereno aire matinal. Dejaron el monasterio bien alimentados y rodeados de paz, aunque el dia era gris y lloviznaba. Los monjes les habian dado pan, queso y manzanas para comer en el viaje. Eso hicieron, protegiendose dentro de otra de las torres romanas durante un chaparron de ultima hora de la manana.

Rosamund supo por instinto el momento exacto en que pasaron de Northumberland a Cumbria. Habia algo en las colinas. Un aroma conocido en el aire limpio y fresco. Sintio que aumentaba su ansiedad con cada milla recorrida. No importaban la lluvia ni el cielo encapotado. ?Iba a su casa! A casa, a Friarsgate. Al salir de alli, hacia casi un ano, habia pensado que este dia no llegaria jamas, pero alli estaba. Esa noche dormiria en su propia casa. Entonces, llegaron a la cima de una colina escarpada. Abajo, ante ellos, estaba su lago, ?su casa! En ese momento se abrieron las nubes. Salio el sol, y desplego sus rayos dorados sobre todo el valle.

– ?Maybel! -exclamo Rosamund, con la voz quebrada de felicidad.

– Que Dios nos bendiga, mi dulce muchachita. Hubo noches en las que crei que nunca volveria a ver esto - admitio Maybel. Y, con estas palabras, azuzo a su caballo y lo llevo al trote-. No puedo esperar mas para ver a mi Edmund.

– Esto es hermoso -le dijo Owein a Rosamund-. Casi me habia olvidado de lo bello que es, amor.

– Es casa. Nuestra casa, Owein.

El estiro el brazo, tomo la mano enguantada de ella y la beso.

– Bajemos, mi amor, que Maybel ya habra alborotado a todos para cuando lleguemos. -Rio, le solto la mano e hizo trotar al caballo, seguido de Rosamund.

Maybel habia revolucionado a toda la casa, efectivamente, y cuando llegaron al pie de las colinas que rodeaban Friarsgate, las gentes salian de los campos para darle la bienvenida a su senora. Detuvieron los caballos ante la casa.

– Buena gente de Friarsgate -anuncio Rosamund-, he vuelto con mi prometido, a quien ya conocen. Sir Owein Meredith sera su nuevo amo. Quiero que lo respeten y lo obedezcan como lo hago yo. El padre Mata bendecira nuestra union una semana despues de que se notifique a mi tio de Otterly.

La gente de Friarsgate recibio con aclamaciones sus palabras y se apino en torno a ellos, mientras desmontaban, con deseos de larga vida y felicidad. Owein y Rosamund escaparon hacia la casa riendo, agitados. Edmund Bolton los recibio y los felicito con una sonrisa calida.

– Henry no va a estar muy contento -bromeo, con una pequena risa traviesa.

– Enviale un mensajero a primera hora de la manana -dijo Rosamund-. Es tiempo de terminar sus intrigas de una vez por todas. ?Esta vez no solo me casaran, sino que me desfloraran, tio! -Y Rosamund Bolton rio fuerte de tanta felicidad.

CAPITULO 09

Rosamund consulto con el joven sacerdote, el padre Mata, y se decidio que las formalidades eclesiasticas relacionadas con su compromiso y matrimonio se realizarian en Lammas, el 1° de agosto. La gente de la finca tendria un feriado, de todos modos y, de regreso en su casa, Rosamund dejo aflorar su naturaleza practica. Que necesidad de dar dos dias de fiesta cuando alcanzaba con uno.

– Es momento de cosecha -le dijo al sacerdote-. No podemos darnos el lujo de perder dos dias. ?No ha tenido dificultades mientras estuve ausente?

– No, senora. Celebro misa todos los dias y me ocupo de las necesidades espirituales de los arrendatarios. Es un honor para mi celebrar el sacramento para usted y sir Owein.

– Cuenteme lo que no me ha dicho mi tio -pidio Rosamund, habil.

– Senora, yo solo practico mis deberes espirituales -respondio el padre Mata, astuto, con una sonrisa.

– Entonces, hay algo. ?Me lo imagine! Ni siquiera en un lugar tan remoto y tranquilo como Friarsgate puede pasar un ano sin que suceda algo. Gracias, buen padre.

Edmund estaba en la sala con Owein. Los dos conversaban en voz baja y sombria.

– ?Que ha sucedido? -pregunto ella.

Edmund Bolton miro a su sobrina. Habia crecido en los diez meses de ausencia. No solo estaba mas alta, sino que habia una nueva madurez en su rostro joven.

– ?Que dices?

– Tio, hable con el sacerdote. Ahora cuentame lo que ha sucedido mientras estuve lejos -repitio Rosamund. Se sento en las rodillas H Owein; la falda azul cubria sus largas piernas. Edmund suspiro.

– Tal vez no tenga demasiada importancia, pero los escoceses estuvieron merodeando. En los ultimos dias hemos observado jinetes en las cimas, sobre el valle. Se paran ahi y observan. Eso es todo.

– ?Nadie ha ido a hablar con ellos?

– No, sobrina, no hemos mandado a nadie. No hicieron nada. Solo permanecen alli -respondio Edmund Bolton. Se paso la mano por los cabellos plateados, con un gesto nervioso, y se movio en la silla.

– Quiero que me avisen la proxima vez que vengan -dijo Rosamund-. Yo misma ire a interrogar a esos intrusos.

– ?Rosamund, es peligroso! Debe ir tu esposo, no tu.

– No, tio, yo soy la senora de Friarsgate. Es mi deber y mi responsabilidad investigar esto. Y debo ir sola. No atacaran a una mujer, en especial si los hombres de esa mujer se quedan aqui abajo, vigilandola. Recuerda que soy amiga de la reina de los escoceses.

– Como si eso le importara a una banda de salvajes fronterizos -mascullo Edmund, irritado-. ?Owein, tienes que hablar con tu esposa!

– ?Que quieres que le diga? Estoy de acuerdo con mi esposa. Ella es la senora aqui. Yo soy apenas su marido. La tierra no es mia y seguramente nunca lo sea. No quiero heredar, pues para que yo heredara mi Rosamund deberia morir. No soy Henry Bolton.

– Pero si la dejas salir sola a caballo, ?no estarias exponiendola demasiado?

– ?Estos fronterizos han robado algo que pertenezca a Friarsgate, o han intentado hacerlo?

– No, no. Se sientan en sus caballos, en la cima de las colinas, sobre nosotros.

– ?Siempre se quedaron en la cima? ?No bajaron nunca?

Edmund Bolton nego con la cabeza.

– ?Y ademas de observarlos, aqui no se ha hecho nada?

Edmund Bolton volvio a negar moviendo la cabeza.

– La riqueza de Friarsgate es de conocimiento publico -concluyo. Pero tambien lo es la dificultad de escapar de aqui con ganado, fronterizos seguramente han venido a ver si no hay una manera de burlar los desafios naturales que les presentan nuestras defensas. Sospecho que si Rosamund los enfrenta, decidiran que no vale la pena En especial, si se enteran de que es amiga de su nueva reina.

Rosamund intervino.

– Me da curiosidad. ?No tienes idea de quienes pueden ser, tio?

– No, ninguna -admitio el-. No estuve cerca de ellos como para ver su falda o sus ensenas, sobrina. Hoy empezaremos la cosecha en el huerto de peras. Debo irme -sonrio-. Creo que encontraran como entretenerse durante mi ausencia, ?no? -Salio de la pequena sala, riendo para si.

– Me gusta que me respetes -le dijo Rosamund a Owein.

– Si, respeto tu posicion como senora de esta finca -respondio el, y comenzo a acariciarle los senos jovenes-. ?Que fecha decidiste para nuestro matrimonio religioso, querida? Me temo que a cada hora que pasa me vuelvo mas ansioso por poseerte. Ya hace un dia entero que estamos en casa.

– El 1° de agosto -murmuro ella, disfrutando de sus manos e inclinandose hacia adelante para besarle la

Вы читаете La Dama de Friarsgate
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату