oreja-. Tienes unas orejas tan hermosas, Owein. Son largas y delgadas, y los lobulos me resultan deliciosos -le dijo, mordisqueandoselos.
– Comienzo a arrepentirme de mi nobleza al abstenerme de visitar tu lecho hasta que la Iglesia haya bendecido formalmente nuestra union con el sacramento del matrimonio. -La mano que habia estado acariciando su pecho ahora se metio por debajo de la falda. Rozo con los nudillos la carne satinada y suave de la entrepierna. Rodeo con su gran mano el monte de Venus de ella y apreto apenas, sintiendo subitamente la humedad que le cubrio la mano. Saber que la estaba excitando comenzo a excitarlo a el, que sintio como se le ponia duro el miembro. Sus labios se encontraron, las lenguas se desafiaron, juguetonas, y el beso que se dieron se hizo mas apasionado e intenso. El apoyo un dedo en la abertura de ella y lo deslizo entre sus labios inferiores. Enseguida encontro el incolume pimpollo de amor de ella y comenzo a acosarlo, la yema aspera de su dedo buscaba y atosigaba el boton de carne sensible hasta que lo sintio henchirse y oyo que Rosamund gemia contra la boca de el con un placer claro y abierto. Ella se estremecio, suspiro y el abandono el delicioso tormento, moviendo el dedo muy lentamente una y otra vez hasta que al fin introdujo el largo dedo en la vaina de amor de ella, con cuidado y delicadeza.
– ?Ah! -volvio a suspirar ella y, moviendo el cuerpo, trato de que el dedo que la penetraba fuera mas hondo.
El dedo se movia rapidamente hacia adentro y hacia afuera en el interior de ella hasta que Rosamund contuvo la respiracion y el dijo, con suavidad:
– Esto es apenas el principio, mi amor. Ahora tienes una pequena idea de lo que sucedera. -La beso con ternura.
– Quiero mas -dijo Rosamund, demandante-. ?Mas!
– En la noche de Lammas te dare mas -le dijo el, retirando la mano.
– Creo que eres muy mezquino al atormentarme de esta manera -se quejo ella.
El sonrio, travieso.
– Soy un malvado -bromeo, contento-. Pero puede llegar el momento en que me pagues con la misma moneda, mi dulce Rosamund. No puedo explicartelo, pero ya veras.
Al el banquete para el Dia de Lammas se le sumaria otro para que la finca celebrara el matrimonio de su senora con sir Owein Meredith. Se envolverian en sal gruesa dos mitades de res, que se asarian lentamente. Tambien habria dulces, petalos de rosa confitados y tartas de pera. Y, por supuesto, los productos habituales de los primeros granos cosechados y molidos.
El 28 de julio, los misteriosos jinetes aparecieron en la colina por primera vez desde el regreso de Rosamund. Apenas se entero, fue a los establos y monto su caballo para subir el cerro, donde no habia mas que tres jinetes. Desde abajo la observaban Owein y Edmund.
Al llegar a la cima, detuvo su caballo y dijo:
– Soy Rosamund Bolton, la senora de Friarsgate. Y ustedes, senores, son intrusos en mis tierras.
– Usted esta en sus tierras, senora, pero no son suyas donde estamos nosotros -dijo el vocero del grupo. Era el hombre mas alto que Rosamund hubiera visto jamas, montado sobre su caballo, que apretaba con unas piernas gruesas como troncos de arbol. Para sorpresa de ella, estaba afeitado, lo que no era usual en los fronterizos-. Soy el Hepburn de Claven's Carn -anuncio con una voz profunda que parecio tronar desde dentro de su amplio pecho.
– ?Que busca, milord? Hace ya semanas que se ha observado a sus parientes en las colinas. Si su proposito es honesto, siempre seran bienvenidos aqui.
– No podria venir a cortejar a nadie hasta su regreso, milady -respondio el. Llevaba muy corto el espeso cabello negro y tenia los ojos mas azules que ella habia visto. Mas azules, incluso, que los del principe Hal.
– ?A quien quieres cortejar?
Los dos escoceses que lo acompanaban rieron.
– A ti, claro.
– ?A mi? -Rosamund estaba muy sorprendida.
– Mi padre, que Dios lo tenga en su gloria, trato de casarnos cuando tu eras jovencita, pero tu tio te caso con su esbirro para poder quedarse con tus tierras. Hace unos meses me entere de que tu esposo habia muerto, pero te habian llevado al sur. He apostado hombres en las colinas que rodean Friarsgate esperando tu regreso. Ahora he venido a cortejarte, senora, y me casare contigo lo quiera tu tio o no. -Mientras hablaba la miraba directo a los ojos.
Rosamund sintio que se ruborizaba, pero le sostuvo la mirada.
– Estoy comprometida -dijo, serenamente-, y por orden del rey, no de mi tio.
El esbirro tenia una cabeza sobre los hombros y no era el leon desdentado que creyo mi tio.
– Que espiritu tienes, muchacha -rio-. Me gusta. ?Y tu tio es el cobarde ingles que esta sentado sobre su caballo al pie colina con tu administrador?
– Owein esta sentado sobre su caballo al pie de la colina porque yo soy la senora de Friarsgate, no el. Yo hablo por mi y por mi gente Solo yo. -El escoces era arrogante, pero ella no se dejaria amilanar por su tamano ni por sus modales.
– ?Es uno de los galeses de Enrique Tudor, no? ?Y cuando es la boda muchacha?
– En Lammas.
– Si, esta bien pensado, porque tendran un feriado, de todos modos. -Los ojos azules se entrecerraron-. Podria robarte en este preciso momento, Rosamund Bolton. En la frontera robarse a la novia es una costumbre honorable. -Acerco la montura a la de ella, tan cerca que ella sintio su olor, pero no se movio.
– ?Y me llevarias a la Corte del rey Jacobo para exhibirme, milord? -Sus oscuras pestanas le acariciaron las mejillas en un mohin seductor.
– Si, haria eso -respondio el, estirando la mano para tocarle una trenza.
– Entonces, mi amiga, la reina de los escoceses, sentiria mucha curiosidad por saber por que no estoy con el hombre a quien ella eligio en persona para ser mi esposo -dijo Rosamund con una sonrisa traviesa.
– ?Conoces a la nueva reina de Jacobo? -pregunto, asombrado.
– He sido su acompanante durante los ultimos diez meses -le dijo Rosamund con el mas dulce de los tonos-. Mi prometido y yo viajamos hasta Newcastle en su sequito nupcial. Si, conozco muy bien a Meg Tudor.
– Que me trague la tierra…
– Si, milord, lo tragara algun dia -respondio Rosamund, sonriendo-. Ahora, dime, ?por que diablos tu padre ofrecio por mi? Tu eres escoces y su heredero. Yo soy inglesa, al igual que mis tierras.
– Somos fronterizos, milady, no importa de que lado. Te vi cuando eras una nina. En una feria de ganado; fuiste con Edmund Bolton.
– Tendria seis anos -recordo Rosamund-. ?Fue en el lado escoces de la frontera, en Drumfrie, no? Si, cumpli seis anos ese verano. ?Y tu cuantos anos tenias, milord?
– Dieciseis, y mi nombre de pila es Logan.
– ?Dieciseis y no tenias esposa? -pregunto ella, curiosa.
– Mi padre todavia vivia. Decidi no casarme hasta no ser el Hepburn de Claven's Carn.
– Y al no haberte casado, Logan Hepburn, has podido desparramar tus afectos con generosidad a ambos lados de la frontera, no me cabe duda -dijo ella, ironica.
– ?Celosa? -bromeo el-. No tienes motivo, muchacha, pues estuve guardando mi corazon para ti.
Ella volvio a ruborizarse.
– Milord, soy una mujer casada -se apresuro a decir Rosamund.
– El gales parece viejo, aunque lo bastante joven para llevarte a la cama -dijo, osado, Logan Hepburn-. Sera un matrimonio mas real que los dos que has tenido, Rosamund Bolton. Envidio a ese hombre. ?Y el avaro de tu tio lo aprueba?
– Su aprobacion no es necesaria.
– ?Ha sido invitado a la boda?
– ?Claro que si!
– ?Y a mi me invitaras? -Los ojos azules bailaron, divertidos.
– ?No, no te invitare! -Rosamund apreto la espuela y la yegua se agito, nerviosa.
– Puede que vaya, de todas maneras.
– ?No te atreverias!
