tapices en todas partes, paredes, cielorrasos y todas las ventanas, salvo una, hermosos tapices que mostraban las escenas mas felices de la Biblia, para alegrar a la madre y al recien nacido. Se cubrian los pisos con espesas alfombras turcas. Solo una ventana quedaba sin cubrir, por si la parturienta deseaba aire fresco. Una vez dispuesto eso, se traia a la habitacion la gran cama de roble tallado en la que luego la reina recibiria a su esposo e invitados, y se la preparaba.

– ?Nunca vi una cama asi! -le susurro Rosamund a Ines.

– Supongo que porque nunca ha habido una cama asi -le susurro su companera-. El colchon esta relleno de lana y, por encima, tiene una capa de plumas. Las sabanas son del lino mas delicado y los bordes han sido bordados por las monjas de la isla de Madeira. Las almohadas y los almohadones son de edredon. El cubrecama es escarlata, con los bordes de armino, bordado con coronas de oro y el escudo de armas de la reina. Hace juego con el baldaquin y las cortinas de la cama, aunque estas son de saten escarlata, no de terciopelo. Estan adornadas con un borde de seda en azul, oro y bermejo. ?Y viste el tapiz escarlata en la mesa lateral y la pila bautismal, por si el nino es debil y requiere de un bautismo inmediato?

– ?Dios no lo permita! -dijo Rosamund, persignandose, recordando a su hijito.

Ines asintio y tambien se persigno.

– Y, por supuesto, hay un pequeno altar donde la reina puede rezar.

– ?Donde esta la silla de parir?

Ines sonrio.

– Aqui en la Corte la llamamos la silla de gemir. Hay una, claro, pero no creo que la reina quiera usarla. No es muy digna, y la reina es, por sobre todas las cosas, digna.

– No hay nada de dignidad en dar a luz -dijo Rosamund, y recordo su silla de parir, en la sala de Friarsgate. Penso en Maybel y en que Owein preferia quedarse con ella hasta que Maybel lo echaba, si podia. Los perros permanecian con ella, y los gatos andaban por ahi, restregandole las piernas desnudas con sus cuerpos, como consolandola. N se parecia en nada a esta habitacion roja y atiborrada de cosas donde la reina de Inglaterra ahora pujaba.

Como habia predicho Ines, no uso la silla de parir. Modosamente vestida con una camisa de fino lino de Holanda y corpinos dobles, estaba tendida sobre un camastro junto a su gran cama, donde, rodeada por sus damas, podria tener un minimo de privacidad. Toda la noche estuvo en trabajo de parto. No podian darle ninguna medicina para el dolor y, entonces, trajeron de la abadia de Westminster la faja de Nuestra Senora, una reliquia sagrada. Se decia que aliviaba el dolor de parto, y Catalina dijo que si la aliviaba, y daba gracias mientras seguia pujando. Al fin, cuando el nuevo dia comenzaba, nacio el nino. ?Era el hijo varon y heredero tan deseado! La reina se desmorono del alivio, y se notifico al rey. Se dispararon los canones a lo largo del muelle en la Torre de Londres en salutacion y todas las campanas de todas las iglesias de Londres comenzaron a repicar en tributo al nuevo principe. El rey estaba lleno de jubilo, y la Corte con el. Se encendieron fogatas en las calles. El alcalde de la ciudad ordeno que se sirviera un buen vino a todos los ciudadanos de Londres para que pudieran beber a la salud del nuevo principe. El rey recompenso generosamente a la partera y acepto las felicitaciones de sus amigos por haber engendrado un hijo varon. El nuevo principe se llamaria Enrique, como su padre. Envuelto en apretadas fajas, yacia bajo un cubrecamas de terciopelo carmesi con armino y oro. La cuna de madera pintada era de sesenta centimetros de ancho por un metro y medio de largo. Estaba decorada con plata y tenia hebillas del mismo metal para asegurar las fajas para que el nino no pudiera moverse en una cuna tan grande.

– La cuna en la que se lo exhibira a los visitantes importantes es incluso mas grande -senalo Ines.

Rosamund sacudio la cabeza y penso en sus ninas de recien nacidas, puestas en una sencilla cuna de roble, con un pequeno colchon de plumas y piel de cordero. Se pregunto tambien si el pobre principe podria respirar con esas fajas tan apretadas.

Pasaron a la reina a la cama grande, vestida con un manto circular de terciopelo rojo. La habian banado para quitar todo rastro del trabajo de parto. Su hermoso cabello estaba trenzado y adornado con perlas. Fray Diego, el primer hombre a quien se le permitio entrar en la habitacion de la reina despues del parto, celebro misa en un altar privado mientras Catalina permanecia sentada en su esplendida cama.

– En todo Londres se cantan Tedeums, mi reina, para dar gracias a Dios y a su santa Madre en honor suyo y del nuevo principe -le dijo Fray Diego.

Entonces, el rey fue a felicitar a su esposa, y sonrio muy orgulloso al mirar al hijo que habia engendrado.

– Ire otra vez a Walsingham, como le prometi a la Virgen. Volvere a tiempo para el bautismo de nuestro hijo el 5 de enero. He escogido al arzobispo Warham, al conde de Surrey y a mis tios, el conde y la condesa de Devon, como padrinos de nuestro hijo. Sus augustos valedores seran el rey Luis de Francia y la duquesa de Savoy, Margarita de Austria, la hija del Emperador. Es lo que habiamos hablado, esposa mia.

– Que sea como tu desees, mi querido senor -dijo Catalina, obediente.

El rey sonrio, satisfecho.

– Eres una esposa tan obediente, Kate. Ningun rey podria tener mejor esposa ni reina. -Se inclino y le dio un beso en la frente-. Cuidate mientras yo no este. -Y salio de la habitacion de su esposa, casi sin saludar a sus damas, con quienes seguia muy enojado. Pero habia notado a la bonita dama de Friarsgate entre ellas. Se pregunto cuanto tiempo se quedaria en la Corte.

Rosamund fue llamada al lado de la reina y Catalina dicto varias cartas de agradecimiento a personas a las que queria recordar anunciandoles personalmente el nacimiento de su hijo.

– Puedes darle tu escrito a mi secretario, junto con la lista de personas a quienes se enviara. El hara que la correspondencia se copie en mi papel con sello -le dijo la reina a Rosamund.

La reina no amamantaria a su hijo, ni se involucraria mucho en la crianza. El nino se educaria en su propia casa, bajo una serie de normas dictaminadas por la Venerable Margarita. El personal a cargo de la criatura estaria a las ordenes de la senora Poyntz. Habria un ama de leche y un ama seca; doncellas y personal para hamacar la cuna y un medico para la casa del principe. La habitacion del nino en Richmond fue amueblada ricamente, y alli viviria, lejos de los peligros y el mal aire de la ciudad.

Despues de un mes, la reina fue llevada a la iglesia por primera vez desde el parto y la Corte volvio a Westminster, donde comenzaron las celebraciones en honor del nacimiento. Hubo magnificos torneos. Rosamund nunca habia visto ninguno. El rey habia adoptado el titulo de sir Coeur Loyal, o Corazon Leal. Se pulio su armadura. Los adornos de malla de oro, malla de plata, saten verde y terciopelo carmesi eran hermosos. Las representaciones alrededor de los torneos eran algo nunca visto. Se exhibio un inmenso carro, adornado como un bosque, con arboles, colinas y valles, con damas y caballeros. Los hombres vestian disfraces y representaron mascaradas antes y despues de la justa. Y por las noches hubo mas representaciones, y baile y musica.

Sir Thomas sorprendio a su prima con cuatro vestidos nuevos. Mientras ella estaba en la Corte, el habia tomado uno de Rosamund; la modista que hacia la ropa para el descosio el vestido completamente, tomo las medidas, volvio a coserlo y, con esas medidas, confecciono los cuatro vestidos.

– ?Te sorprende, querida nina? Los colores oscuros son elegantes, lo admito, pero eres demasiado joven para seguir mucho tiempo mas de luto. Los colores que elegi no son demasiado chillones, ?verdad? -Miro los cuatro vestidos que habia sobre la cama. Uno era de un naranja apagado; otro, de un rico color purpura; el tercero, violeta y el ultimo, de un autentico verde Tudor, distinto de su vestido de terciopelo verde oscuro. Los trajes seguian la moda de la temporada, bordados y cosidos con oro, pequenas gemas y perlas.

– ?Tom! Juro que sere la envidia de las damas de la reina -le agradecio ella, riendo-. No tendrias que haber hecho esto, pues no estare mucho tiempo aqui, pero, ?ay! ?Que hermosos son! ?Gracias! -Le echo los brazos al cuello y le dio un beso en la mejilla. El se ruborizo de placer.

– Claro que tengo que malcriarte, Rosamund -insistio-. Tu compania me ha hecho feliz por primera vez en mucho tiempo.

– Pero yo me ire a casa apenas pueda -dijo Rosamund-. Y tu te quedaras solo, y no quiero eso, querido primo.

– Entonces, ire a Friarsgate cuando la soledad me abrume. Y cuando me aburra, saciado de tanta vida sencilla del campo, volvere a la Corte. Es la solucion perfecta, ?no te parece?

– ?Que debo vestir esta noche? -le pregunto Rosamund-. Habra algo titulado Un interludio de los caballeros de su capilla ante Su Gracia, seguido de una pieza, El jardin del placer. Dicen que el rey se vestira de saten purpura.

– El rey podria aceptar mis consejos sobre moda -dijo lord Cambridge, frunciendo la nariz-. Pero no, se asesora con esos patanes con los que se lo pasa bebiendo y jugando. Se hara coser las letras E y C en todo el

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