traje, mi querida nina. Insiste en esa ridicula fantasia de amor romantico, cuando todos sabemos que se caso con ella porque estaba disponible y el necesitaba engendrar un heredero de inmediato.
– Ay, Tom, ella es muy buena y muy valiente -dijo Rosamund, defendiendo a su senora.
– Si, mi querida Rosamund, lo es, pero yo soy un hombre de mundo. Creeme que, con contrato o sin el, Enrique Tudor se habria casado con otra si hubiera habido una princesa de la edad adecuada. Esa tonteria con la pequena Leonor de Austria fue una farsa, y todos lo sabiamos. El rey Fernando lo sabia, pero, al igual que su hija, insistio, con gran tenacidad. Solo al final, cuando fue obvio que el viejo rey se moria, Espana transfirio la dote de Catalina a sus banqueros flamencos del otro lado del canal. Entonces, el rey murio, y el principe se convirtio en el nuevo rey, y de pronto estaba muy interesado en tomar a Catalina por esposa. No, querida nina, el rey se caso con su esposa porque esperaba, como su padre cuando hizo el arreglo para el casamiento de ella con el principe Arturo, que Catalina fuera tan fertil como su madre. El rey ya ha mirado a otras y no sera la ultima vez, te lo aseguro.
– Es cierto. Yo suelo verlo en la capilla dirigiendo la vista hacia donde estan las mujeres.
– Mmmh -dijo lord Cambridge. Cambio el tono a uno de mayor intimidad-. ?Su mirada se demora en alguna dama en especial, querida nina?
Ella le dio un golpecito y rio.
– No lo he notado. Te aseguro que no mira a las damas de su esposa. Creo que el escandalo con las hermanas del duque de Buckingham lo curo de eso. Todas las damas de la reina tienen una opinion sobre quien fue, y casi todas se inclinan por lady Anne. -Cambiando de tema, le pregunto-: ?Que vestiras esta noche, primo?
– Algo negro. Es sencillo, y sospecho que lo sencillo estara a la orden del dia para no competir con el rey y su purpura. Ademas, se permitira el acceso del publico en general, lo que a mi me parece una mala idea.
Rosamund se puso el vestido anaranjado y bailoteo contenta por su habitacion. Doli le llevo una caja chata, otro regalo de Tom. Contenia una hermosa cadena de oro decorada con topacios dorados y un broche haciendo juego con forma de diamante y engarzado en oro. En lugar de la capa azul, Annie le puso sobre los hombros una nueva de un rico terciopelo castano oscuro bordeado de marta y, luego, le acomodo la capucha con bordes de piel, pues el dia de febrero estaba frio y ventoso.
– Me consientes de una manera espantosa, primo -le dijo Rosamund a lord Cambridge mientras se preparaban para salir hacia Westminster, cada uno en su propia barca-, ?y debo admitir que me encanta!
El sonrio, complacido.
– Que estes conmigo es como volver a tener a mi hermana, Rosamund. Se que tu no eres May, pero te pareces mucho a ella en tu juventud y tu dulzura.
Rosamund nunca habia visto el palacio tan lleno de gente. Se habia permitido entrar al publico para presenciar las festividades reales. Como habia sospechado lord Cambridge, habia sido una mala idea.
Cuando termino la representacion, la multitud avanzo y empezo a rasgar los trajes de los actores, para guardarlos de recuerdo. Al rey lo dejaron en calzas y jubon, y se reia a carcajadas, en especial cuando uno de sus caballeros, sir Thomas Knyvet, quedo desnudo y tuvo que treparse a una columna en busca de seguridad. Cuando la muchedumbre comenzo a rasgar los trajes de las damas que habian bailado en la representacion, el rey ordeno que se llamara a la guardia, y el publico fue firmemente retirado del palacio. Entonces, la Corte fue a comer un abundante banquete preparado para la ocasion, a pesar del estado de sus prendas, aunque sir Thomas Knyvet se vio obligado a retirarse.
Pero el 23 de febrero llego la noticia de que el pequeno principe de Gales habia muerto subitamente esa manana. Rosamund estaba en la habitacion de la reina cuando el rey fue a decirselo. La llevo a su habitacion privada y los repentinos gritos de angustia de la reina alertaron a sus damas de la tragedia. Para sorpresa de todos, el rey se quedo con su esposa, consolandola lo mejor que pudo, haciendo a un lado su propio dolor en su esfuerzo por aliviar la pena de ella.
– Comenzara otra vez -le murmuro lord Cambridge a su prima cuando se pusieron a hablar en voz baja en un corredor del palacio-. El tendria que haberse armado de paciencia y haberse buscado otra princesa. Ella ha perdido dos ninos ya. Que Dios ampare a Inglaterra. -Esta desesperada, pobrecita, pero tienes razon. Es malo para Inglaterra. Pero la madre y las hermanas de la reina han sido mujeres muy fertiles, y tambien han perdido algunos hijos. La proxima vez sera diferente.
– Espero que tengas razon, prima.
Caminaban juntos hasta los apartamentos de la reina cuando, en ese momento, se abrio la puerta y salio el rey. Sir Thomas Bolton hizo una gentil inclinacion y Rosamund, una reverencia. El rey hizo una brusca inclinacion de cabeza y se detuvo abruptamente.
Sus ojos azules se clavaron en Rosamund y dijo:
– ?La dama de Friarsgate, verdad, senora?
– Asi es, Su Majestad -le respondio ella, en voz baja para disimular los nervios. No le habia prestado atencion cuando era un nino, pero ahora era el rey quien le estaba hablando.
– Si, la recuerdo -le dijo el con una sonrisa-. Mi comportamiento hacia usted fue grosero, y sir Owein me lo dijo sin vueltas. Pero usted no se avergonzo al enterarse de que se habia hecho una apuesta concerniente a su virtud. Vaya repulsa que le dirigio al pobre Neville, que lo tomo muy mal, pero a mi no me reprendio, si mal no recuerdo.
– Una no reprende a un muchacho que un dia sera nuestro rey -dijo Rosamund-. Un rey no puede equivocarse y hace sus propias reglas, eso lo se. Ademas, milord, usted no me guardo animosidad, pues fue testigo de mi compromiso formal con sir Owein y me dijo que lo recordara, pues algun dia podria contarselo a mis hijos.
– Y mi padre me recordo que yo todavia no era el rey de Inglaterra -senalo Enrique y rio-. Siento mucho lo de sir Owein. ?Fue un buen esposo?
– ?Nunca hubo ninguno mejor, senor! -exclamo Rosamund y, para su sorpresa, sintio que se le llenaban los ojos de lagrimas.
– ?Tuvieron hijos?
– Tres ninas, senor, y un varon que murio al nacer. Y un tonto accidente se llevo a mi esposo de mi lado.
– Nos complace que estes aqui con nuestra reina, con quien fuiste tan bondadosa en sus anos dificiles -dijo el rey. Entonces hizo una pequena inclinacion, retomo su camino por el corredor y desaparecio.
– ?Por Dios! -dijo Thomas Bolton-. Hay una historia que no me contaste. Y que el cielo te ampare, porque vi su interes al mirarte. ?Todo lo que le dijiste estuvo bien! No vuelvas a decirme que la Corte no es un lugar para ti, Rosamund Bolton, porque eres mucho mas habil en los asuntos de la Corte de lo que yo creia.
– Yo se que es el rey, pero debes recordar que lo conoci de muchacho. Claro que lo respeto como mi rey, pero sigo pensando en el como aquel joven travieso, el principe Hal.
– ?Que Dios nos proteja! ?Esta vez seguro que te seduce, querida prima! ?Aunque no te des cuenta, has crecido! ?Ay, Dios, apiadate de nosotros! Ve con tu senora, la reina. Yo tengo que pensar en este nuevo orden de cosas.
– Estas exagerando -rio ella-. El rey fue amable y me recordo despues de tanto tiempo. Me halaga mucho. Es maravilloso que sepa quien soy, Tom. Yo no estoy entre sus encumbrados amigos, y sin embargo se acordo de mi nombre y un incidente del breve tiempo que compartimos.
– Va a embarazar a la reina lo antes posible, ya veras, y despues se pondra a buscar una mujer que lo divierta durante los meses del verano que se acerca. Y escucha lo que te digo, prima, tu estas en su cabeza en estos momentos.
– Te equivocas, estoy segura. El rey fue amable y gentil. Nada mas; no puede haber nada mas.
Lord Cambridge sacudio la cabeza, desolado. Su encantadora prima era muy inocente en algunas cosas. No tenia idea de como podria protegerla.
El pequeno principe fue enterrado en la abadia de Westminster, luego de un periodo de duelo durante el que su fragil cuerpecito fue exhibido en un elaborado feretro rodeado por cientos de velas que ardian dia y noche hasta el entierro, que fue a medianoche. Tuvo una ceremonia con antorchas a la que asistio la Corte entera, vestida del negro mas absoluto. Su alma estaba ahora con Dios y entre los inocentes.
Ya se encontraban en la temporada de penitencia de Pascua, mucho mas sombria por la reciente muerte real. La reina rezaba incesantemente, noche y dia, vestida con un cilicio, comiendo poco y solo una vez por dia. Las comidas que se servian en las habitaciones de la reina eran espartanas. Apenas pan negro y pescado. En Pascua, el rey recibio una rosa dorada del Papa, que el propio pontifice habia bendecido. Era senal de un gran favor. E
