manana de mayo, aunque no creo que necesites recurrir a ningun artificio. Eres muy bella. -La tomo del menton y sus labios rozaron tiernamente los de ella-. Hermosa, gentil y virtuosa -agrego, y la acerco mas a el-. ?Sabes cuantas veces he pensado en ti en todos estos anos, bella Rosamund?
– Su Majestad me halaga -alcanzo a decir ella, aunque no sabia de donde le salian las palabras. Apenas podia respirar.
– ?Te gustan los halagos? -le pregunto el, con una sonrisa en los labios y penetrandola con la mirada.
– Solo si son sinceros, milord.
– Jamas me dirigiria a una mujer sin sinceridad, bella Rosamund -murmuro el, con sus labios peligrosamente cerca de los de ella, otra vez.
?Se desvaneceria? Sentia las piernas de gelatina. La mirada de el era hipnotica. Su aliento olia a menta. Rosamund suspiro, sin poder contenerse. La boca del rey volvio a encontrar sus labios y esa vez la beso con los inicios de la pasion. Sus brazos la abrazaron con deseo. Ella percibio la fuerza de su cuerpo enorme y se sintio diminuta en el abrazo. Se dejo flotar. No se hallaba tan segura desde la muerte de Owein. ?Owein! Su nombre fue como una bofetada en su cerebro y, recuperando la compostura, se aparto del abrazo de Enrique Tudor.
– ?Ay, Su Majestad! -exclamo sorprendida al darse cuenta de lo que habian estado haciendo.
– Bella Rosamund… -comenzo a decir el. Ella retrocedio hacia la puerta del jardin.
– ?No, Su Majestad! Esto es muy impropio, y usted lo sabe tan bien como yo. Le ruego que me perdone por mi vergonzoso comportamiento. Nunca fue mi intencion jugar ni llevar a Su Majestad al pecado. -Hizo una rapida reverencia, se volvio y corrio hacia el jardin de su primo; cerro la puerta enseguida.
El oyo voces femeninas que la llamaban. Sonrio, complacido. Era deliciosa; el dulce mas tentador que habia encontrado en mucho tiempo. La suavidad de su entrega le habia encendido la entrepierna, pero esta vez contendria su lujuria. No tenia intenciones de que esas arpias entrometidas que servian a su esposa volvieran a sorprenderlo, aunque el estuviera tomando la flor mas bella de entre ellas. El recato de la muchacha le habia encantado, pero habia visto que tenia espiritu. Y nadie, ni siquiera sus amigos mas intimos, deberian saber de su interes en la dama de Friarsgate. Que conveniente que el primo de ella fuera su vecino. La poseeria en su propia cama. No habria entrometidos de palacio, ni nadie mas, que pudiera sorprenderlos. Nadie lo veria cruzar por los jardines a la medianoche. Solo el primo de ella lo sabria, para que dejara una puerta lateral abierta para el rey. Se decia de lord Cambridge que era un poquito excentrico, pero tambien que era un hombre muy sensato.
El rey se puso a tararear camino al palacio. Recogio para su esposa un ramito de flores silvestres que comenzaban a abrirse. Kate se estaba esforzando para concebir otro hijo para el. La sorprenderia con el ramo de la manana de mayo. Tal vez, incluso, pasara unos momentos intimos con ella antes de la caceria. El calor que sentia en la entrepierna era mucho, y su semilla necesitaba ser liberada de inmediato. Su lujuria seguramente la habia hecho potente. Si, seria en verdad muy placentero copular un poco con la reina antes de las actividades del dia. Y esa noche, o tal vez al dia siguiente de noche, buscaria a la bella Rosamund y gozaria con ella. Enrique Tudor sonrio, contento consigo mismo y con el mundo en general.
Como a la reina le gustaba la caza, Rosamund sabia que su presencia no seria necesaria hasta la hora del palo de mayo, a media tarde. Regreso a la casa con sus dos acompanantes, con los brazos llenos de flores y ramas con las que decoraron la sala de Bolton Greenwich. Cuando lord Cambridge se reunio con ella mas tarde, expreso su placer por los esfuerzos de las tres.
– Eres tan dormilon. Ahora ya se fue todo el rocio, y no tuviste nada.
El rio.
– No me digas que no me guardaste nada, muchacha egoista. Estoy ofendido, pero te perdono, porque la sala quedo preciosa.
– Tom, tengo que hablar en privado contigo.
El percibio la seriedad en su voz.
– Caminemos por el jardin, prima. Es un lindo dia, y no he tomado nada de aire hoy. Tampoco lo haria sin tu compania.
En un banco de piedra que daba al rio ella le conto de su aventura de la manana temprano. Thomas Bolton la escucho sin sorprenderse, porque el ya habia sospechado que, tarde o temprano, el rey abordaria a su prima con intenciones de seducirla. La voz de ella decia bien a las claras que estaba apenada por su comportamiento, pero, al mismo tiempo, tentada por la hermosura de Enrique Tudor y su poder.
– ?Que voy a hacer, Tom? -le pregunto ella, desesperada.
– No recurrira a la violacion. Ese nunca ha sido su estilo. Seria una infraccion grave a su codigo personal de caballero, pues el rey tiene un altisimo concepto de si mismo y de su honor. No obstante, a pesar de sus votos maritales, no considerara que compromete su honor si fornica con una mujer que no es su esposa. La reina esta para engendrar herederos para Inglaterra. Esa es su razon de ser, querida nina. Para el y para su reino es ventajoso que la quiera, que la alcurnia de ella sea impecable y que ella sepa como conducirse como reina de Inglaterra. La reina Catalina cumple su proposito. Pero las otras mujeres, Rosamund, ah, las otras mujeres son otro tema. Estan para perseguirlas, cortejarlas y acostase con ellas. Son para el placer del rey, pero nada mas, sin duda. El no te forzara, pero te seducira, prima.
– Se mucho mas sobre el de lo que cree, porque Margarita Tudor me hablaba todo el tiempo de el. No aceptara de buen grado una negativa, Tom. ?Que voy a hacer? Yo tambien tengo mi honor y sirvo a la reina.
– Tienes dos posibilidades. Puedes pedirle permiso a la reina, hoy mismo, para regresar a Friarsgate, pero, si te lo niega, ?que haras? Te arriesgas a ofenderlos, a ella y al rey, sin resolver tu dilema. O puedes rendirte al rey si el te lo pide, pero, en ese caso, no debes contarselo a nadie. Si bien no seria raro que un rey tuviera una amante, la notoriedad no es buena para esas senoras, querida. Despues de todo, no somos franceses -dijo, frunciendo la nariz.
– ?Que? ?Los reyes franceses alardean de sus amantes? -le pregunto Rosamund, sorprendida-. ?Que mujer decente querria que se supiera que sirve a su rey como la oveja sirve al carnero?
– Mi querida nina, los franceses consideran un honor servir a su rey, como dices tu. Si ha habido hasta hermanas compartiendo los favores de un monarca. Y sus aliados, nuestros vecinos del norte, son igual de perversos. Los reyes Estuardo estan considerados como los hombres mas enamoradizos del mundo entero. Casi no hay familia en Escocia con la que no hayan mezclado su sangre, dicen. El actual rey Jacobo no se unio con nuestra propia princesa Margarita hasta que alguien de su Corte, con mas sentido que el mismo rey, enveneno a su amante, Maggie Drummond. Recien entonces Jacobo Estuardo honro su contrato con Inglaterra. Pero se sabe que tiene los favores de muchas otras senoras. Todos los reyes tienen amantes, pero aqui en Inglaterra intentamos mantener el hecho tan en secreto como sea posible.
– Para ser un hombre que no ama a las mujeres tienes una gran comprension de ellas y de la naturaleza humana, primo. Tal vez me convenga irme a casa, con mi descarado escoces -dijo Rosamund, con una sonrisita.
El tambien sonrio.
– Los dados estan echados, prima. Si, puedes rechazar al rey, pero sufriras las consecuencias. Debes tratar de ver comprender la situacion, querida nina. Si eres muy discreta y le ruegas al rey que lo sea por partida doble, es poco probable que alguien se entere de tu mala conducta. ?Quien creeria que el rey se acercaria a ti, una viuda de una familia sin importancia y sin conexiones? Y, dado el escandalo de la primavera pasada, el rey querra, sin duda, ser mas que discreto. -Lord Cambridge rio-. Asi que no es probable que alguien se entere de tu paso en falso en el camino de la virtud. El rey es joven y apuesto. Se sabe de su pasion y gentileza. Puede ser generoso, y tu tienes tres hijas que necesitaran esposos respetables algun dia, querida mia. Eres viuda, de modo que no llevaras la verguenza al nombre de tu esposo ni de su familia, a diferencia de las concupiscentes hermanas del duque de Buckhingham. Y se sabe que Enrique Tudor jamas olvida un favor.
– Razonas como el dueno de un burdel, primo.
– Tu no eres ninguna virgen, Rosamund -le recordo el con una sonrisa bastante maligna.
– ?Eres un sinverguenza, Tom! -lo reprendio ella, pero sonreia.
– ?No te gustaria imitarme? -bromeo el.
– Si -dijo ella, sorprendiendolo-. Creo que si. Durante toda mi vida he hecho exactamente lo que se esperaba de mi, aunque no lo deseara, primo. De todos modos, me remuerde la conciencia, porque quiero a la reina.
– Tu conciencia te molestara siempre en este asunto, mi querida nina -dijo el, sabiamente-, pero no podras evitarlo. Enrique Tudor no tendria que haberse casado con Catalina de Aragon. Deberia haberse tomado mas tiempo, pero ella era conveniente, estaba a mano y el siempre ha sido impaciente. Su padre lo tenia destinado a
