– Es mejor que entremos -dijo el conde ayudandola a levantarse del banco de marmol donde se habian sentado- Lord Cambridge fue muy amable al invitar a mis hermanas a pasar unos dias en Greenwich. Ellas son mujeres del campo que llevan una vida sencilla. Marjorie tiene seis hijos; Susanna, cuatro. Sus esposos son un tanto aburridos, pero buenas personas.
Tomados de la mano, cruzaron el jardin y entraron en la casa. No quedaban rastros de la fiesta en el salon y el fuego ardia en la chimenea. El ayudante principal del mayordomo aparecio en el salon e hizo una reverencia.
– Les hemos preparado una pequena colacion. Sobre la mesa tienen carne fria, pollo, pan, mantequilla, queso y tartas de frutas. ?Prefieren servirse ustedes mismos?
– Si, Ralph, gracias -dijo Philippa-. ?Donde esta Lucy?
– ?Milady requiere su presencia?
?Milady! ?Ahora era milady!
– Ahora no, pero la necesitare mas tarde.
– Le avisare de inmediato, milady. Esta cenando en la cocina -informo Ralph y, tras hacer una reverencia, se retiro.
– ?Quieres comer ahora? -pregunto Philippa al conde.
– Todavia no. Tengo ganas de jugar al ajedrez contigo.
– ?No, milord! Seria injusto que te ganara en nuestro dia de bodas.
– Nuestra noche de bodas, querras decir -le recordo con una sonrisa picara y las mejillas encendidas.
– ?Ah, veo que piensas jugar sucio! -lo reto.
– Dicen que en el amor y en la guerra, todo esta permitido.
– ?Y lo nuestro que es? ?Amor o guerra?
– ?Buena pregunta, pequena!
– ?Por que me dices 'pequena'?
– Porque eres baja de estatura y mas joven que yo.
– Me agrada.
– Bien. Tratare de agradarte todo lo que pueda.
– Y yo tambien. Traere el tablero y las piezas.
El conde se acerco a ella.
– Promete que ganaras sin humillarme. -Poso los labios en su cabeza y cuando ella, sorprendida, alzo la vista, le dio un beso prolongado. Rodeo su delgada cintura con el brazo y la atrajo hacia el.
Philippa reculo instintivamente, pero enseguida recordo que era su esposo. Observo sus ojos grises, que la miraban serios, y no pudo descifrar sus emociones.
– No eres hermoso, pero me gusta tu rostro.
– ?Por que? -inquirio el conde. Luego aferro su mano y comenzo a besarle los dedos.
– Irradia fuerza y nobleza -afirmo, asombrada de sus propias palabras.
– ?Que hermoso cumplido, pequena! -sonrio y le recordo-: Prepara el tablero, senora.
Se sentaron y comenzaron a jugar. Como siempre, Philippa no tardo en ganar una posicion ventajosa, capturando las torres y la reina.
– Eres demasiado impaciente -opino ella-. Tienes que observar el tablero y pensar con anticipacion tres jugadas, por lo menos.
– ?Como? ?Si no se que pieza vas a mover tu!
– ?Crispin! -se exaspero-. Hay una cantidad limitada de movimientos en cada jugada. Debes calcular mentalmente cuales son esos movimientos y decidir cual es el mejor de todos.
AI conde lo sorprendio la explicacion.
– ?Tu haces eso? -pregunto sabiendo la respuesta.
– Si. No me gusta perder. Tendras que dejar que te ensene, pues eres un oponente muy facil. No me divierte jugar con alguien a quien se que le voy a ganar.
– ?Nunca te dijeron que es poco femenino vencer a un hombre en el ajedrez?
– Si, ya me lo advirtieron. Pero la reina jamas deja que el rey la derrote con facilidad y la mayoria de las veces gana ella. Solo sigo el ejemplo de Su Majestad, milord. No soy ni sere nunca como esas mujeres alborotadas de la corte.
– Por supuesto que no. Pero, a veces, las mujeres inteligentes que se jactan de su superioridad intelectual no ven lo mas evidente. Jaque mate, mi querida condesa -remato con una sonrisa triunfante mientras capturaba al rey.
Philippa miro el tablero azorada, pero al instante se echo a reir y a aplaudir.
– ?Brillante, milord, te felicito! Comienzo a descubrir que tienes mas virtudes de las que imaginaba.
– Poseo muchas virtudes, por cierto -declaro con absoluta seriedad. Luego se puso de pie y estiro los brazos-. Es hora de comer, no podemos postergar indefinidamente lo inevitable. -Tomandola de la mano, la condujo a la mesa y, con gesto galante, corrio su silla para que se sentara.
Philippa asintio ruborizada. La sola mencion de la noche que la esperaba le habia quitado el hambre. Crispin comia con buen apetito, sin dejar de observarla mientras ella pinchaba un trozo de pollo o bebia de un trago media copa de vino. Se dio cuenta de que la joven estaba asustada, aunque ignoraba cuan intenso era ese temor. Philippa era virgen, y al conde no le agradaba la idea de desflorar a una virgen aprensiva. No obstante, deberia hacerlo esa misma noche. El estaba seguro de que lord Cambridge querria comprobar la perdida de la virtud de Philippa para asegurarse de que el matrimonio se habia consumado. Vacio de un trago su copa de vino. Esa noche debia impartir una leccion de diplomacia y estrategia. Esperaba estar a la altura de las circunstancias.
CAPITULO 13
Cuando terminaron de comer y los sirvientes despejaron la mesa, se produjo un largo e incomodo silencio entre los recien casados.
– Creo que deberiamos retirarnos, querida. Me quedare en el salon. Cuando estes lista, dile a Lucy que avise a mi criado -ordeno el conde en un tono calmo que, sin embargo, no admitia replica. Luego, se puso de pie, tomo la helada mano de Philippa y la beso-. Mi paciencia tiene un limite, pequena.
Ella se inclino en una reverencia; el color habia desaparecido de sus mejillas, parecia mareada. Tras una profunda inspiracion, le respondio: -Tratare de no hacerte esperar. Cuando Philippa entro a su alcoba, grito asombrada:
– ?Lucy! ?Que paso aqui?
– Fue idea de su tio. Los sirvientes redecoraron la habitacion siguiendo instrucciones precisas de lord Cambridge. Dijo que los novios debian comenzar su vida en comun en un terreno neutral y que el escenario de su noche de bodas no podia ser de ninguna manera el cuarto de su infancia, milady.
Philippa miro a su alrededor. Los cortinados de terciopelo rosa de la ventana y de su antigua cama habian sido reemplazados por otros color borravino. Las alfombras persas eran de un rojo y un azul intensos. Los muebles eran los mismos, con excepcion de una enorme cama, donde cabian comodamente dos personas, rodeada por cortinas sujetas por unos brillantes aros de bronce.
– Bien, ha logrado su objetivo -reconocio riendo-, pero me gustaba el viejo terciopelo rosa, pero el tio Thomas es la persona mas sensible y atenta que conozco. A nadie, ni siquiera a mi madre, se le hubiese ocurrido una idea tan extravagante.
– El adora a sus sobrinas. Vamos, milady, no perdamos mas tiempo.
Philippa sonrio a la doncella.
– Me resulta extrano que me digas 'milady'.
– Ahora es la condesa de Witton, milady -replico la doncella con orgullo. Estaba muy concentrada en su laboriosa tarea. Desato los cordones de las mangas, le saco el corpino y lo aparto a un lado. Luego, desanudo la falda y las enaguas, que cayeron al suelo.
La condesa abrio el cofre de las joyas y guardo los pendientes y la sarta de perlas. Luego se sento en una silla y se lavo las manos y el rostro. Mezclo polvo de piedra y menta en un lienzo y se froto los dientes. Repitio
