mecanicamente todos los pasos que solia dar antes de acostarse. Pero esa noche seria distinta: habria un hombre en su cama.
– Muy bien, ya esta lista, milady -dijo la criada, y se retiro de la habitacion haciendo una reverencia.
– El cabello… -murmuro Philippa-. Bueno, tendre que peinarme sola -rio.
Sentada frente a la ventana que miraba a los jardines, comenzo a cepillarse. Maybel y su madre le habian ensenado que debia darse cien cepilladas todas las mananas y todas las noches. Las cerdas se movian a un ritmo constante a traves de su larga y ondulada cabellera.
Contemplo el paisaje. La luna estaba en cuarto creciente y, junto a ella, habia una estrella. Era un espectaculo maravilloso. '?Por que no sera asi siempre?'. De pronto, se abrio la puerta y escucho los pasos del conde entrando en la alcoba.
Ella no se dio vuelta, pero su mano se detuvo en el aire, a la altura de la nuca. Sin decir una palabra, Crispin tomo el cepillo y lo deslizo por su melena caoba. Inmovil y en silencio, la joven respiraba con dificultad.
– ?Ya llegamos a las cien? -pregunto el conde.
– Perdi la cuenta, pero creo que si, o mas.
– Entonces hemos terminado. Tienes un cabello hermoso. -Tomo un mechon, se lo llevo a los labios y lo beso.
Se sento junto a su esposa y le cino la cintura con los brazos. La muchacha dio un salto y el aflojo un poco la presion. Desnudo su cuello y lo beso amorosamente. Philippa sintio un ligero escalofrio. El conde comenzo a desatar las cintas de la camisa.
– No, por favor -suplico, oprimiendo sus manos contra las de Crispin.
– Solo quiero acariciar tus dulces senos, pequena -le susurro al oido, y le beso el lobulo de la oreja.
– Estoy asustada.
– ?De que?
– De todo esto. De ti. De lo que pasara esta noche. -Las palabras salian con torpeza de su boca.
– Solo estoy acariciandote. -Crispin logro liberarse de las manos de Philippa, le abrio la camisa y toco su seno-. Soy tu marido, pequena, no hay razon para que tengas miedo de mi. Debemos consumar el matrimonio para que tu familia quede satisfecha. De lo contrario -agrego jocoso-, robare tu dote y te dejare por no haber cumplido con tus deberes conyugales.
– Jamas harias algo asi -se enojo Philippa-. Eres un caballero honorable.
– Me alegra que tengas esa opinion de mi, pequena -sonrio Crispin-. Soy un hombre honorable y, precisamente por eso, aceptaras que hoy se consume nuestra relacion. Vamos, no temas. Uniremos nuestros cuerpos y nos brindaremos al placer.
– ?Y por que tiene que ser esta noche? ?No podemos esperar un poco mas?
– ?Cuanto tiempo mas quieres esperar? -rio el conde.
– No lo se.
– Tiene que ser esta misma noche. Cuanto mas lo posterguemos, mas miedo sentiras. En cambio, si lo hacemos ahora mismo, veras que no es tan terrible e incluso es probable que quieras repetirlo mas de una vez.
– La reina, y tambien la Iglesia, dicen que la unica finalidad de la union entre los esposos es la procreacion, milord.
– Ni la reina ni la Iglesia se meteran hoy en nuestra cama, Philippa -repuso el conde con voz firme-. ?Solo estaremos tu y yo! -y le dio un fogoso beso.
Primero, la joven mantuvo sus labios sellados, pero luego se doblego. El conde introdujo su lengua hasta tocar la de su amada, y la acaricio con frenesi. La beso hasta dejarla sin aliento. Ella se estremecio; de pronto, rodeo con sus brazos el cuello de Crispin.
– Me gusta que me beses -murmuro.
– Estas hecha para ser besada, acariciada y amada, pequena. Puedo ser un perfecto caballero mientras no te toque, pero cuando te estrecho en mis brazos y saboreo esos dulces senos que tienes, soy capaz de perder el control, Philippa. Ninguna mujer me excito tanto.
Philippa adivino la pasion del conde en sus ardientes ojos grises.
– Te deseo -repitio el conde- y me alegra que me hayas obligado a esperar hasta este momento. Quedaremos extasiados de tanto placer.
Philippa sintio que sus huesos se derretian; no tenia fuerzas para moverse ni emitir palabra. Crispin la paro frente a el y le quito la camisa. Sintio como la seda se deslizaba por sus caderas, sus muslos, sus piernas. Se sintio fragil, desnuda ante ese hombre. No sabia donde mirar, tenia un nudo en la garganta.
A excepcion de unas pocas mujeres, nadie la habia visto desnuda. ?Que diria la reina? ?Alguna vez se habria mostrado desnuda ante el rey? Probablemente no, supuso, pues Catalina jamas se sacaba la camisa, ni siquiera para banarse.
– No es justo -se quejo-. Te estas aprovechando de mi inocencia.
– Es cierto -admitio el conde-. Ya mismo me quitare la ropa para estar en igualdad de condiciones, -Se desnudo y arrojo las prendas junto a las de ella-.
En un acto reflejo, la joven se cubrio los ojos con ambas manos.
– ?No, milord! Las velas estan encendidas. Hay demasiada luz en la habitacion.
Crispin aparto las manos de su rostro, pero los ojos de Philippa permanecian cerrados.
– ?Por que cierras los ojos? -pregunto el conde.
– Porque no llevas nada puesto, milord. No es correcto que veamos nuestros cuerpos desnudos. La Iglesia dice que Dios nos dio la ropa para cubrir nuestra verguenza.
– Sera mas dificil hacerte el amor si estas vestida, Philippa -explico el conde-. Ademas, si la finalidad de nuestra union ha de ser la procreacion, como nos ensena la Iglesia, es necesario que estemos desnudos. -Sintio ganas de reir pero no lo hizo. Maldijo a la reina espanola y su beata mojigateria, y comprendio la frustracion del rey. ?Cuanto tiempo habia estado Philippa bajo la influencia de Catalina? ?Tres, cuatro anos? Aunque Crispin sabia que era imposible borrar en una sola noche todas las tonterias que le habia inculcado la reina, decidio hacer el intento.
– ?Abre los ojos! ?Soy tu esposo y me debes obediencia! -ordeno el conde.
Sobresaltada por la severidad de su voz, la joven abrio sus ojos color miel y los fijo en un punto situado por encima del hombro de su flamante esposo.
– Si, milord -susurro ruborizada y dio un paso hacia atras.
Con una brusca y veloz maniobra, Crispin la arrastro hacia el y la abrazo.
Philippa forcejeaba inutilmente contra el cuerpo solido de su marido.
En un momento, sus miradas se encontraron y Crispin procedio a explicarle cada detalle de lo que harian a continuacion:
– Ahora, Philippa voy a acariciar cada pulgada de tu delicioso cuerpo y tu, del mio. Nos besaremos, y cuando se encienda la pasion nos uniremos como marido y mujer. Eso puede servir a la procreacion, pero tambien provocar placeres insospechados, y no hay nada malo ni pecaminoso en ello. Lamento que la reina no haya experimentado jamas esos placeres. Pero tu, pequena, los sentiras en cada fibra de tu ser.
– Su Majestad asegura que la esposa debe rezar el rosario y orar sin cesar mientras el marido esta montado sobre ella.
– ?Nada de rosarios ni plegarias! El unico sonido que escuchare de tus labios seran gritos de jubilo y suplicas para que no me detenga. ?Comprendes, Philippa?
El conde calzo sus vigorosas manos en el trasero de la joven, y comenzo a acariciarle las nalgas.
Sobresaltada, trato de liberarse de esas garras que la apretaban contra el. Era imposible. De pronto, sintio que algo duro presionaba su vientre y el estupor fue aun mayor.
– ?Oh! -jadeo Philippa. Intento alejarse de el, pero fue en vano-. ?Crispin?
– ?Que? -pregunto. Sus ojos irradiaban una inmensa felicidad.
– Por favor…
– ?Por favor que?
– ?Eres muy cruel! -exclamo mientras una lagrima rodaba por su mejilla.
El conde lamio la lagrima. La muchacha comenzo a temblar. El gestito le parecio lo mas sensual que habia experimentado en su vida.
