—Escucha con atencion. ?Sabes quien es Lansford, el tecnico? Los ha tenido dos o tres veces. He oido hablar a Waldstein, Robinson y la doctora Lewis. Creo que quizas el pequeno doctor hindu los ha tenido. E incluso Waldstein. Pero los suenos tambien suceden fuera del Centro.
—?Como sabes eso?
—Tengo buenas razones para creerlo.
Ferguson paso la mano suavemente sobre los muslos de Aleluya, deteniendose justo en la entrepierna. Su piel era suave como la seda. Tal vez incluso mas. Habia pasado media hora desde que habian hecho el amor y el todavia se sentia sudado, pero Aleluya no. Eso es lo que pasaba con las mujeres artificiales: eran perfectas, nunca sudaban demasiado.
—Tengo una amiga en San Francisco que me conto un sueno hace unas semanas, el mismo que tu tuviste una vez. ?Lo recuerdas? El ser cornudo, la losa de piedra blanca, los dos soles…
—Crei que eras tu quien habia tenido ese sueno.
—?Yo? No. Fuiste tu. Yo no tengo nunca esos suenos. Nunca. Te dije que fue mi amiga, la de San Francisco. Si los tienen aqui y los tienen alla, puedes apostar a que los tienen por todas partes.
—?Y entonces?
Deslizo la mano hasta el pecho de la mujer. Ella se repantigo y se apreto contra el. Le gusto eso. Se sentia casi dispuesto a hacerlo otra vez. Como un chaval, penso, siempre preparado para un coito.
—?Te conte por que me trajeron aqui?
—Me lo contaste, pero me lo borraron.
—Tenia organizada una estafa. Ofrecia enviar a la gente a otros planetas donde podrian empezar de nuevo, escaparse del tumulto de la Tierra, ?sabes? Deme unos pocos miles de pavos y en cuanto el proceso este perfeccionado, podra…
—?Todavia puedes recordar eso?
—No parece borrarse cuando paso por el tratamiento.
—?Y quieres iniciar otra vez tu estafa?
—?Como podria no hacerlo? Todo el mundo esta al caer. Los suenos son como anuncios de los planetas que puedo proporcionar, ?no lo ves? Esta el mundo de los soles rojo y amarillo, el planeta del cielo verde, el planeta de los nueve soles… Ya ves, los conozco todos. Tengo mi metodo, Ale. Haga su eleccion, deme el dinero, yo me encargo de todo, hare que se le envie al lugar adecuado. Los suenos son solo los otros planetas enviandonos sus carteles de turismo para decirle a la gente lo maravillosos que son. No puede fallar, chica. No puede fallar.
—Te atraparan de nuevo. Te atraparon una vez, y volveran a atraparte. Y esta vez no se conformaran con recluirte en el Centro Nepente.
—Eso no pasara.
—?No?
—Nunca. Lo primero que hare es salir de la jurisdiccion. Me ire al norte, a Oregon, a Washington. Usare una empresa como tapadera, ?sabes lo que es eso?, y otra tapadera encubriendo la primera, una serie de escudos, todo a traves de terceros. Con un apartado de correos en Portland, o tal vez en Spokane, y…
—Ed.
—?Si?
—No me interesa, Ed. ?Lo sabes?
—Claro. ?Por que iba a interesarte? No te interesa nada, ?verdad?
—Solo una cosa.
—Una cosa, si. Y bendito sea Dios por eso. Pero no lo comprendo. ?Que falta le hacen los impulsos sexuales a un sintetico? El sexo sirve para reproducirnos, ?no? Y vosotros no os reproducis, no por medio del sexo, ?no? ?No?
—Esta ahi por una razon. Para hacernos creer que somos humanos —dijo Aleluya—. Asi no nos sentimos infelices ni desplazados, y no intentamos dominar el mundo. Podriamos hacerlo, ?sabes? Somos seres altamente superiores. Cualquier cosa que puedas hacer, nosotros podemos hacerla cincuenta veces mejor. Si no tuvieramos impulsos sexuales, nos creeriamos todavia mas diferentes de lo que somos, una especie de raza suprema, ?sabes? Pero nos dieron sexo y eso nos mantiene en calma.
—Si, lo comprendo. Tiene sentido.
Ferguson le beso la punta de los pezones, y luego los labios. Nunca habia pasado tanto tiempo con una sintetica, y estaba aprendiendo mucho. Como la mayoria de la gente, habia intentado guardar las distancias, pues consideraba a los sinteticos como una rareza. No eran demasiados, tal vez medio millon. O menos. Recordaba cuando los construyeron, unos treinta anos atras, mas o menos, justo antes de la Guerra de la Ceniza.
Los crearon para usos militares, segun recordaba: seres perfectos para combatir en una guerra perfecta. Un experimento de los viejos tiempos. Pero al parecer no salieron tan perfectos. Tenian un monton de defectos humanos, los suficientes para que tuvieran que encerrarlos en centros de terapia como habian hecho con esta. Bien, eran tambien lo bastante humanos para que les encantara joder. Sumando los pros y los contras, el resultado no era malo.
Le acaricio los pechos.
—Cuando salga de aqui, te vienes conmigo, ?vale? —le dijo suavemente—. Te ensenare algunos de mis trucos.
—Y yo te ensenare algunos de los mios.
5
La carretera se extendia como una gran serpiente gris sobre el agua, a veces dejandola muy abajo, otras a su mismo nivel, atravesando un tunel en un lugar, saltando y convirtiendose en dos enormes puentes colgantes en otro. Al final, blanca y resplandeciente a la luz de la tarde, estaba San Francisco, emplazada firmemente en su pequena parcela del planeta. El aire frio entraba por las abiertas ventanas de la furgoneta.
—Este puente data de tiempo atras —dijo Charley—. Lo construyeron hace mucho, y aun aguanta. A pesar de los terremotos y quien sabe que otras cosas, todavia esta en pie.
—?El Golden Gate! —dijo Buffalo—. ?Increible!
—No, el Golden Gate no —dijo Charley—. El Golden Gate esta en el otro lado, hacia el norte. Este es el Puente de la Bahia, ?verdad, Tom?
—No se —dijo Tom—. Nunca he estado en San Francisco.
Stidge se rio.
—Has estado en la Undecima Galaxia Zorch y no has estado en San Francisco. Eso si que esta bien.
—Yo tampoco he estado aqui nunca —dijo Buffalo.
—Bien, pues aqui estamos ya —intervino Charley—. Esta es la ciudad mas hermosa que existe. Cuando era un crio, vivi aqui seis anos. Apuesto a que no ha cambiado nada. Este sitio no cambia nunca.
—?Ni siquiera cuando hay terremotos? —pregunto Buffalo.
—Los terremotos no significan nada. Revuelven un poco las cosas, y despues la gente levanta la ciudad y todo queda como antes. Cuando yo tenia diez anos, uno lo destrozo todo. A los seis meses, no se podia notar la diferencia.
—?Estuviste aqui durante el Gran Terremoto? —pregunto Mujer.
—No. El Grande fue hace cien anos, en el dos mil seis. Lo llamaron el Segundo Gran Terremoto. El Primero lo tuvieron en mil novecientos seis, con el fuego y lo demas, que se lo cargo todo. Entonces, cien anos despues, cuando estaban preparando la conmemoracion del aniversario, con desfiles y discursos, ya sabeis, el hijo de puta del Segundo aparecio dos dias antes del aniversario, y lo destruyo todo otra vez. Asi es esta ciudad.
—Pero tu no estuviste aqui entonces —dijo Mujer.
—Claro que no. Eso fue hace noventa y siete anos. Me lo perdi. Y luego tuvieron el Pequeno Gran Terremoto, treinta o cuarenta anos mas tarde, no lo se. Eso fue tambien antes de mi epoca. Al terremoto que vivi no le pusieron nombre. Fue grande, pero no lo bastante. Lo tiro todo de los estantes, rompio ventanas, hizo que me cagara de miedo. Yo tenia entonces diez anos. Las casas se salieron de los cimientos, y algunas se veian con
