Algo le hacia senas.
Figuras cristalinas, flexibles, casi delicadas. Sus cuerpos de largos miembros relumbraban. Sus ojos oscuros centelleaban, en grupos de tres en cada una de las cuatro caras de sus cabezas. Se movian hacia un resplandeciente pabellon en la colina, justo detras de ella, y la invitaban a acompanarles, llamandola por su nombre, Elszabet, Elszabet. Pero la forma en que lo decian era extrana, un susurro reverberante que resonaba una y otra vez, un eco que tenia una cualidad misteriosa en su silbido y un tono como el rugir de vientos distantes. Elszabet, Elszabet.
Ya voy, les dijo. Y puso su mano sobre sus frias manos cristalinas y se dejo llevar. Flotaba sobre el suelo. Ocasionalmente un anillo de densa hierba se aferraba a sus tobillos; cuando lo hacia, sentia un tintineo agudo, pero no desagradable, y oia el sonido de campanas.
Ahora entraba en el pabellon. Parecia hecho de cristal, pero un cristal peculiar, calido y suave al tacto, como lagrimas congeladas. A su alrededor la gente cristalina se movia, sonriendo, inclinandose, saludandola, diciendole sus nombres. El principe de esto, la condesa de aquello. Un gato de cristal se abrio camino entre ellos. Froto sus orejas cristalinas contra la pierna de Elszabet, y cuando ella miro hacia abajo vio que su pierna era tambien de cristal, que de hecho tenia un cuerpo como el de ellos, brillante y maravilloso.
Alguien le ofrecio una bebida. Sabia como a flores; estallo en un millar de brillantes colores mientras recorria su cuerpo. ?Te gusta?, le preguntaron. ?Quieres otra? Elszabet, Elszabet. Alli esta el duque de algo. Junto a el estan la duquesa y el duque de otra cosa, y el marques de algo mas. Mira, mira, ahi esta la ciudad. ?La quieres? Le pondremos a la ciudad tu nombre si te gusta. Ya esta: Elszabet, Elszabet. Todos la felicitaban. Se acercaron mas y ella oyo el suave tintineo de sus brazos y piernas al moverse, un susurro plateado, como los adornos de un arbol de Navidad mecidos por la brisa. ?Te gusta, Elszabet? ?Te gustamos? Tenemos un poema para ti. ?Donde esta el poema? ?Donde esta el poeta? Ah, aqui. Aqui. Dejad paso al poema. Dejad paso al poeta.
Un cristalino a quien no habia visto antes, mas alto que los demas, se le acerco, sonriendo timidamente. Ven, le dijo. Tengo un poema para ti. Salieron del pabellon y el color verde cayo sobre ellos como una lluvia esmeralda. El puso algo en su mano, un pequeno e intrincado objeto que parecia como un puzzle de cristal, un estrato dentro de otro estrato, transparente hasta el corazon, con una malla de brillantes encajes de cristal que daba vueltas y vueltas en el centro. Este es tu poema, dijo el. Lo llamo Elszabet. Ella lo toco y una llamarada de luz surgio de el y salto hacia el cielo, y desde el pabellon se oyo el tintineante sonido de aplausos. Elszabet, decian todos. Elszabet, Elszabet.
A su alrededor, la luz verde se hacia mas densa, mas espesa. Estaba envuelta en ella. El aire parecia casi tangible. Tan calido… Tan suave… Tan verde, tan verde, tan verde…
De repente se noto desasosegada, se dio la vuelta, gimio. A traves del verdor pudo divisar una distante senal de luz amarilla, y ese brillante rayo la lleno de preocupacion y de un vago temor. Una voz en su interior la urgia a regresar, y al cabo de un momento la reconocio como la suya propia. Debes tener cuidado, se dijo. ?Sabes adonde vas? ?Sabes lo que te sucedera alli? Que tentador es eso. Que seductor. Pero ten cuidado, Elszabet. Si vas demasiado lejos, puede que no consigas salir.
?O ha sucedido eso ya? Quizas ya estes demasiado dentro. Quizas ya no puedas salir. Toco de nuevo el poema, y otra vez la luz verde broto de el, y el poeta sonrio, y los cristalinos aplaudieron y susurraron su nombre. Que verde es todo, penso Elszabet. Que maravilloso. Tan verde, tan verde, tan verde…
2
Asi que iban a matar de nuevo.
Tom no se sobresalto por eso. Aunque seguia sin gustarle, comprendia que si viajaba con asesinos, tenia que esperar que mataran. «No mataras», decia claramente la Biblia. No se podia discutir un mandamiento como ese. Pero, naturalmente, en tiempo de guerra ese mandamiento se suspendia. Tom se dijo que esto era una especie de guerra, en que cada hombre peleaba contra los demas. Tal vez.
Se sento en la parte delantera de la furgoneta, mirando el cuerpo de Rupe en el asiento trasero. Rupe parecia dormido. Tenia los ojos cerrados y su cara estaba en paz. Tenia la cabeza algo caida hacia delante. Practicamente se le podia oir roncar. Mujer y Charley lo habian colocado asi, y Stidge lo habia cubierto con una manta para tapar la quemadura laser que le atravesaba la camisa y el vientre y salia por la espalda. Si, realmente parecia dormido. Ademas, Rupe nunca tuvo mucho que decir cuando estaba vivo.
Y ahora habian salido a matar de nuevo. Una vida por otra; dos vidas, en realidad. No, no era eso, penso Tom. No es solo venganza. Iban a matar porque era la unica forma en que podian considerarse a salvo con aquellos dos chicos huidos. En tiempo de guerra hay que eliminar a los enemigos.
Tal vez no conseguirian encontrar a los dos chicos de la granja, penso Tom. La ciudad tenia un millon de callejones, un millon de escondrijos. Esos chicos podian ocultarse en cualquier parte. Tenian cinco minutos de ventaja, ?no? Bueno, dos o tres minutos. Asi que a lo mejor conseguian escapar. Era una lastima tener que matar ahora, cuando los Ultimos Dias estaban tan cercanos, cuando el Cruce estaba a punto de comenzar. Si te morias ahora, te perderias el Cruce. Seria una pena perderselo y quedarse aqui, en el suelo de la Tierra, para pudrirse con todos los otros muertos de antes, ahora que todo el mundo iba a encaminarse a los cielos. Perderselo en el ultimo minuto, pobres chicos.
—?Rupe? —dijo Tom—. ?Me oyes, Rupe?
Atras todo permanecia tranquilo. Tom saco su piano de bolsillo y toco unas cuantas notas, en busca del tono adecuado.
—?Te importa que cante, Rupe?
A Rupe parecia no importarle.
—De acuerdo —dijo Tom, y canto:
—?Habias oido eso antes, Rupe? Seguro que no.
Oyo algo, como si alguien se moviera al otro lado de la furgoneta, pero no se molesto en mirar. ?Tan pronto estaba Charley de vuelta? Tom se encogio de hombros y continuo cantando.
Otra vez el ruido. Y una voz furiosa.
